En este país donde a los muertos se les vuelve inmaculados apenas cruzan el umbral del ataúd —como si el féretro tuviera poderes mágicos de blanqueo moral—, uno no puede evitar hacerse preguntas. ¿Será que todos los muertos son buenos? ¿Será que basta morirse para que las manchas de la vida se evaporen? ¿O será, …