Netanyahu como modelo: la derecha colombiana y su plan de un genocidio a la colombiana

En Colombia, la derecha no gobierna: imita. Y su espejo favorito es Israel.

Álvaro Uribe vio allí lo que siempre soñó: un Estado que se llama “democracia” mientras encierra, expulsa y bombardea poblaciones enteras. Si Netanyahu combate a Hamas, Uribe combatía a las FARC. Si Israel compra legitimidad a punta de lobbies en el exterior, Colombia compra drones y radares para bendecir la “seguridad democrática”.

La veneración es transversal: Paloma Valencia, María Fernanda Cabal y el Centro Democrático recitan de memoria el catecismo pro-israelí. Cualquier crítica a Tel Aviv se responde con la misma fórmula: “terroristas” de allá, “terroristas” de acá, y mano dura para ambos. Hasta acción judicial metieron contra Petro por expulsar diplomáticos israelíes, como si la Embajada en Bogotá fuera más importante que el Congreso de la República.

El expresidente Iván Duque completó el álbum en agosto de 2025, cuando viajó sonriente a Jerusalén para posar con Netanyahu. Fue la postal perfecta: dos hombres señalados por crímenes de Estado, celebrando “amistades eternas” y rodeados de banqueros como Gabriel Gilinski. En vez de protocolo diplomático, parecía un reencuentro de viejos socios de negocios.

La prensa cómplice no se queda atrás: Vicky Dávila celebró la compra de drones israelíes como si fueran el último iPhone en promoción, sin decir que son las mismas armas que arrasan Gaza. Para ella, el shopping militar en Tel Aviv es “defensa de la democracia”.

Y en el show político, Miguel Polo Polo no falla: jura que Israel es “nuestro hermano mayor” y sueña con que Colombia copie su “modelo de seguridad”. Claro, ese modelo incluye colonias ilegales, bloqueos y bombardeos contra civiles. ¿Será que también quiere muros de separación en el Cauca o la Guajira?

Pero lo más grave no son las fotos ni las frases, sino las promesas:

Paloma Valencia sugirió que comunidades indígenas que protesten se queden sin agua, comida y transferencias. ¿Les suena familiar? Es el manual de Gaza: castigo colectivo hasta la inanición.

María Fernanda Cabal proclamó que “ser de izquierda debería ser ilegal”. Netanyahu estaría orgulloso: ilegalizar partidos y perseguir disidentes es parte del combo.

Abelardo de la Espriella pidió “destripar” a la izquierda. No es simple metáfora: es la versión criolla de las ejecuciones extrajudiciales israelíes.

La similitud es obscena: lo que Netanyahu ejecuta en Palestina con bloqueos, colonias y bombardeos, la derecha colombiana sueña con aplicarlo aquí contra indígenas, sindicalistas y opositores. El uribismo y sus satélites ven en Israel no solo un aliado, sino un modelo: el genocidio como política de seguridad.

Y que nadie se llame a engaño: si esta derecha llega al poder con esas ideas y ese lenguaje, ejecutarán al pie de la letra su propio “apartheid a la colombiana”. Marcarán al enemigo interno como ilegal, le cortarán el agua y la comida, lo desplazarán de sus territorios y, llegado el caso, lo aniquilarán. Lo dicen ellos mismos: criminalizar la izquierda, dejar sin recursos a los pueblos, “destripar” a la oposición.

En resumen: la derecha colombiana idolatra a Israel porque quiere ser Israel. Y si llega al poder, tendremos nuestra propia versión de Gaza en los Andes.

Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo