El Exterminio de los Líderes Campesinos en Argelia: Que Llegue el Gobierno y Que También Llegue la Justicia

El Plateado, Cauca, conocido como bastión de la columna Carlos Patiño de las disidencias de las Farc desde 2018, fue escenario de la ‘Operación Perseo’ en octubre. El Gobierno Nacional, liderado por el ministro de Defensa, Iván Velásquez, buscó recuperar el control territorial y restablecer el orden en esta comunidad afectada por la violencia y el narcotráfico. Además, se anunció la implementación de programas sociales para fortalecer la presencia estatal y apoyar a la población civil.
La región de Argelia, históricamente habitada por los indígenas Guapíos, Telembias y Barbacoas, fue colonizada entre 1905 y 1918, experimentando un auge en la producción de cera de laurel hasta 1965. La llegada de inmigrantes de diversas partes de Colombia enriqueció la diversidad cultural del municipio, que fue creado oficialmente el 3 de noviembre de 1967.
En la década de 1970, el Frente 8 de las FARC se estableció en Argelia, mientras que grupos como el M-19 y el EPL realizaron incursiones esporádicas. Para finales de los años 90, las FARC consolidaron su poder con el Frente 60, convirtiéndose en el actor predominante.
En la década de 2000, el ELN amplió su influencia en la parte baja del municipio, mientras la militarización aumentaba bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. En 2007, con la instalación de puestos de policía, el grupo paramilitar Los Rastrojos tomó control de la región. Durante este periodo, el Frente 8 de las FARC fue casi eliminado, dejando al Frente 60 y al ELN como principales actores armados en el territorio. Según la Comisión de la Verdad, estas acciones, denominadas El Pacto de la Cordillera, marcaron un hito en el conflicto armado. La alianza entre el ELN, Los Rastrojos y el Ejército desplazó a las FARC, generando al menos 12.541 hechos de violencia entre 2000 y 2005.
En 2011, las FARC recuperaron el estratégico Cañón del Micay tras combates intensos. En Argelia, la asociación campesina de trabajadores de Argelia ASCAMTA consolidó su capacidad de incidencia política al establecer una Mesa de Interlocución y Acuerdos (MIA) con el gobierno, tras el Paro Nacional Agrario de 2013. Entre 2015 y 2016, los campesinos bloquearon operativos militares contra cultivos ilícitos, demostrando su fortaleza y capacidad de negociación con el gobierno nacional.
Con la firma de los acuerdos de paz en 2016 y la desmovilización de las FARC, el Cañón del Micay quedó bajo el control del Frente José María Becerra del ELN, que comenzó a hacer presencia en varios corregimientos desde El Plateado hasta San Juan de Micay.
En 2017, Óscar Eduardo Sandoval, alias “Andrés” o «El Mocho», lideró una facción disidente de las FARC que disputó con el ELN el control de corregimientos como El Plateado y El Mango. En 2018, esta facción se consolidó como la columna “Carlos Patiño” bajo el mando de Gentil Duarte e Iván Mordisco. Aunque el presidente Iván Duque ordenó la militarización del Cañón del Micay para combatir las disidencias, la Carlos Patiño se expandió, expulsó al ELN y consolidó una bonanza cocalera. Ese mismo año marcó el inicio del exterminio de líderes sociales, especialmente de ASCAMTA, en Argelia, Cauca.
La Alerta Temprana N° 018-181 de 2018 de la Defensoría del Pueblo advertía sobre el grave riesgo para 10,491 habitantes de los corregimientos El Sinaí, Puerto Rico, El Plateado y La Emboscada, en Argelia, debido a la violencia de grupos armados ilegales como las AUC y el ELN. Estos grupos cometían amenazas, extorsiones, homicidios selectivos, desplazamientos forzados y confinamientos, en una región marcada por la débil presencia estatal y los cultivos ilícitos de coca. Tras la desmovilización de las FARC, el ELN intensificó su control, restringiendo la producción y venta de coca, mientras emergían los primeros movimientos de la columna Carlos Patiño, cuyos actos se confundían con los de paramilitares, agravando el miedo y la violencia en la población civil.
María Caicedo Muñoz, lideresa social de ASCAMTA y del Comité de Mujeres de Argelia – Amar, fue secuestrada el 20 de octubre de 2018 en la zona rural de Argelia, Cauca. Su cuerpo fue hallado en el río Micay, cerca de la vereda La Cacharra, tras un violento ataque en su hogar donde sus hijas fueron amarradas por hombres armados.
Por otro lado, en la madrugada del 10 de abril de 2019, fue encontrado sin vida el campesino, defensor de derechos humanos y víctima del conflicto, Policarpo Guzmán Mage, en el corregimiento de El Plateado. Su cuerpo fue hallado tras escucharse disparos en la zona. Guzmán Mage era un destacado líder comunitario y fundador de la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (ASCAMTA).
La Alerta Temprana de Inminencia No. 010-2020, emitida el 7 de marzo de 2020, advierte sobre el conflicto armado entre la facción disidente de las extintas FARC-EP, conocida como “Carlos Patiño”, y el Frente “José María Becerra” del ELN, lo que representa un riesgo significativo para los derechos humanos de la población civil, especialmente en corregimientos como Puerto Rico, La Emboscada, El Mango, El Sinaí y Fondas. La alerta enfatizó la necesidad urgente de implementar estrategias de disuasión integral y brindar acompañamiento humanitario para proteger a las comunidades más vulnerables.
En este contexto de violencia, varios líderes comunitarios fueron asesinados. Uberney Muñoz Daza, destacado líder comunitario y campesino de Argelia, y Alberto Ruiz, ambos miembros activos de la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (ASCAMTA), fueron asesinados el 13 de agosto de 2020. Fueron interceptados por hombres armados mientras se desplazaban en su camioneta entre Argelia y Balboa.
Otro caso trágico ocurrió el 19 de agosto de 2020, cuando Fabio Andrés Gómez, presidente de la Junta de Acción Comunal de La Cristalina, fue asesinado en su casa en el corregimiento de La Angostura. Además de ser trabajador agrícola y pastor evangélico, Fabio era activo en proyectos de paz, y se sospecha que su asesinato fue a manos de disidencias de las FARC. El 29 de agosto de 2020, Jhon Montero, vicepresidente de la Asociación de Padres de Familia de la Institución Educativa de Sinaí, fue asesinado en la vereda Desiderio Zapata mientras se dirigía a El Mango. Su cuerpo fue encontrado en La Balastrera de la vereda La Leona, lo que resalta el aumento de la violencia en la región contra líderes comunitarios y defensores de derechos humanos.

La Alerta Temprana N° 047-20, emitida el 7 de octubre de 2020, advirtió sobre la crítica situación en el municipio de Argelia, Cauca, donde los defensores de derechos humanos enfrentaban constantes amenazas y ataques. Estos defensores, ligados a organizaciones comunitarias, se convirtieron en blanco de grupos armados que buscaban controlar el territorio y las economías ilegales, especialmente el narcotráfico. Entre los actores armados señalados en la alerta estaban las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), el ELN y disidencias de las FARC. La presencia de estos grupos armados generó un ambiente de violencia e intimidación en la región, afectando directamente a los defensores de derechos humanos y las comunidades organizadas.
A pesar de la advertencia de la Defensoría del Pueblo, varios líderes comunitarios y defensores fueron asesinados. Carlos Navia, defensor de derechos humanos, fue asesinado el 26 de octubre de 2020. Pompilio Narváez, médico tradicional ciego, fue ejecutado el 29 de octubre de 2020 por disidencias de las FARC. Libio Chilito, fiscal de la Junta de Acción Comunal de El Mango, fue asesinado junto a otros cuatro miembros de su comunidad el 21 de noviembre de 2020. Finalmente, Norbey Antonio Rivera, miembro de la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (ASCAMTA), fue asesinado el 30 de diciembre de 2020, luego de haber denunciado públicamente amenazas contra su vida. Estos asesinatos reflejan el agravamiento de la violencia en la región, en un contexto de impunidad y creciente persecución a líderes sociales y defensores de derechos humanos.
En agosto de 2021, el brigadier general Marco Mayorga, comandante de la Tercera División del Ejército, reveló la presencia del grupo «Los Pocillos» en Argelia, liderado por «Pocillo», un excombatiente de las FARC. Según Mayorga, este grupo tendría vínculos con sectores administrativos de la alcaldía, generando controversia sobre posibles conexiones entre reincorporados acreditados y estructuras armadas en la región.
En 2021, los asesinatos de líderes sociales persistieron. Uno de los casos más impactantes fue el de Fermiliano Meneses, concejal del municipio, quien el 15 de enero acudió a una emergencia en el corregimiento de El Plateado. Mientras se dirigía a la vereda El Pinche, fue secuestrado y asesinado por un grupo armado, presuntamente el ELN. Este acto de violencia obligó a los 11 concejales restantes a desplazarse a Popayán por temor a sus vidas, evidenciando el clima de inseguridad en la región.
A finales de marzo, las disidencias «Carlos Patiño», y el frente José María Becerra del ELN se enfrentaron en combates intensos en Argelia, buscando el control del corregimiento de El Plateado, un corredor clave del narcotráfico que conecta la cordillera occidental con el Pacífico.
En abril, el conflicto escaló cuando 14 miembros de la disidencia «Carlos Patiño» cayeron en combates con el Ejército en El Plateado. Como resultado, unas 250 personas fueron desplazadas y seis más cayeron en un campo minado. Tras estos eventos, la situación en la zona se complicó aún más cuando el Ejército reportó una asonada por parte de la comunidad, que exigía su retirada del corregimiento.
El 2 de octubre de 2021, Ildo Gutiérrez Gómez, miembro de la Junta de Acción Comunal de la vereda Mirolinda, también en el corregimiento de El Plateado, fue asesinado en su propia vivienda por integrantes del grupo armado «Carlos Patiño».
Días después, el 18 de octubre de 2021, Efrén España, dirigente campesino y fundador de la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (ASCAMTA), fue asesinado por hombres armados mientras se dirigía a su hogar en el corregimiento de Sinaí, en el mismo municipio.
En julio de 2019, el general Jorge Hernando Herrera Díaz, de la Brigada 29 del Ejército Nacional, admitió en una reunión con sus oficiales en Popayán su vínculo con la banda criminal «Los Pocillos», que opera en un corredor estratégico de la región. Según una investigación de Cambio y Noticias Uno en 2022, grabaciones de esa reunión revelaron que Herrera Díaz justificó sus encuentros con los cabecillas de la banda como parte de una estrategia militar para contrarrestar a las disidencias de «Carlos Patiño». Durante la reunión, describió el funcionamiento de «Los Pocillos» y expresó la complejidad del conflicto con la frase: «Esa es la puta guerra».
El 23 de enero de 2022, Deisy Sotelo Anacona, lideresa de la vereda Llano Alto, corregimiento de El Plateado, Argelia, Cauca, fue asesinada. Su esposo fue desaparecido forzosamente y su paradero sigue siendo desconocido. El 20 de marzo de 2022, Richard Nilson Betancourt Rengifo, presidente de la Junta de Acción Comunal del corregimiento de Santa Clara y fundador de la Guardia Campesina, fue asesinado cerca de su residencia en Argelia, Cauca.
En noviembre de 2022, el líder campesino Guillermo Andrés Mosquera Miranda, oriundo del corregimiento de El Sinaí y desplazado forzadamente por la estructura Carlos Patiño, sufrió un atentado contra su vida en el casco urbano del municipio del Tambo, Cauca. Irresponsablemente, la secretaría de educación lo trasladó para que continuara su labor como rector de un establecimiento educativo. Se salvó de milagro, ya que el arma del sicario se encasquilló. Actualmente, él y su familia se encuentran en el exilio. Ni siquiera las medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a favor de esta familia impidieron su destierro.
En 2023, la violencia en la región continuó siendo alarmante. El 2 de mayo, Diego Fernando Papamija Chilito, presidente de la Junta de Acción Comunal del corregimiento de Puerto Rico, Argelia, Cauca, fue asesinado por el grupo paramilitar «Carlos Patiño» en el cruce de San Alfonso, entre Balboa y Argelia. El 20 de octubre, Miller Silva Rosero, vicepresidente de la Junta de Acción Comunal del corregimiento de El Plateado, fue asesinado a balazos mientras recibía capacitación para ser jurado de votación en las elecciones regionales.
A pesar de la Alerta Temprana 015 de 2024 emitida por la Defensoría del Pueblo para el municipio de Argelia y diez corregimientos debido a la violencia entre grupos armados como el Frente Carlos Patiño y el ELN, los asesinatos de líderes sociales persisten. La Defensoría recomendó 23 medidas urgentes a entidades gubernamentales para mitigar los riesgos, que incluyen violaciones a derechos humanos, reclutamiento de menores y el uso de minas antipersonales. La Alerta también destaca la reactivación del ELN, que busca recuperar el control territorial y ganar legitimidad social.
El 7 de junio de 2024, Hernán Henríquez Mora, líder social y director del núcleo educativo de la región, fue asesinado tras participar en una actividad académica en Sinaí. Posteriormente, el 5 de octubre de 2024, Andrés Alberto Erazo Pérez, líder comunitario y promotor cultural, fue asesinado en el parque central de Argelia. Erazo, fundador del grupo folclórico Soles del Micay, era una figura clave en la cultura local. Estos hechos reflejan la gravedad de la situación y la ineficacia de las medidas de protección. Además, Sandra Betancourt, concejal de Argelia, fue liberada el 21 de septiembre de 2024 por las disidencias Carlos Patiño, tras 168 horas de secuestro, en una entrega realizada a una comisión humanitaria del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
La justicia debe llegar para los líderes de Argelia, Cauca, quienes han sido asesinados, desplazados forzosamente y desterrados, en su mayoría a manos de la Columna Carlos Patiño, el ELN y la Segunda Marquetalia. No tiene sentido que el gobierno nacional intervenga si este exterminio de 18 líderes sociales, ocurrido desde el 2018, queda en la impunidad. Es imperativo que se establezcan mecanismos efectivos para investigar y sancionar a los responsables de estos crímenes, garantizando así la protección de quienes luchan por los derechos de su comunidad y contribuyendo a la construcción de una paz verdadera y duradera en la región.

 

28 DE SEPTIEMBRE: UN LLAMADO URGENTE POR EL ACCESO AL ABORTO LEGAL Y SEGURO PARA LAS MUJERES INDÍGENAS

Cada 28 de septiembre se celebra el Día de Acción Global para el acceso al Aborto Legal y Seguro, fecha que fue designada por el movimiento feminista con el fin de promover la legalización del aborto y así evitar la muerte de muchas mujeres por el uso de prácticas clandestinas. Esta iniciativa surgió en Argentina, en 1990, en el marco del “V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe”. La propuesta fue presentada por la delegación brasileña, que planteó la fecha del 28 de septiembre por ser el aniversario de la promulgación en Brasil de la Ley de Libertad de Vientres en 1871, por la que se consideraron libres todos los hijos e hijas nacidos de mujeres esclavas.

El acceso a un aborto seguro constituye un derecho que debería poseer toda mujer, niña o persona que pueda quedar embarazada. La prohibición o la criminalización del aborto es una grave vulneración a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y provoca la violación sistemática de derechos como el derecho a la vida, a la integridad personal, a la salud, a la intimidad, a la autonomía y a no sufrir violencias y discriminación. Obligar a una mujer a continuar con su embarazo o buscar un método de aborto inseguro constituye una violación de sus derechos humanos.

La URSS fue el primer país que despenalizó el aborto el 18 de noviembre de 1920. El Comisariado del Pueblo para la Salud y la Justicia publicó un decreto sobre la terminación artificial del embarazo, es decir, autorizaba el aborto voluntario y gratuito. Para Lenin, líder de la Revolución Rusa, el aborto era «un derecho democrático básico de las mujeres ciudadanas«.

En el continente americano, Cuba fue el primer país en despenalizar completamente el aborto. En 1965, el aborto fue establecido como derecho legal y asistido dentro de los servicios médicos gratuitos dentro del primer trimestre de gestación.

En Colombia, la primera vez que se intentó despenalizar parcialmente el aborto por vía legislativa fue en 1975 por cuenta de un proyecto de ley presentado por el senador del Partido Liberal, Iván López Botero, en donde se establecía el permiso para la interrupción del embarazo antes de las doce semanas de gestación y en caso de que la madre corriera alto riesgo o el niño sufriera una lesión o enfermedad genética incurable. Las mujeres además necesitarían la autorización de un juez o de su cónyuge, y si estaban solteras, de quien tuviera su custodia. Posteriormente, en 1989, el senador liberal, Emilio Urrea presentó un proyecto de ley “por el cual se reconoce el derecho de toda mujer embarazada a interrumpir el proceso de gestación voluntariamente, hasta los primeros 90 días del embarazo”; existieron dos intentos adicionales en 1993, por cuenta de proyectos de ley presentados por las congresistas Ana Pechthalt y Vera Grabe y por último, en 1995, un proyecto de ley presentado por la senadora Piedad Córdoba, “por medio del cual se dictan normas sobre salud reproductiva”. Ninguna de estas iniciativas legislativas prosperó.

La Sentencia C-355 del 2006 de la Corte Constitucional constituye un avance importante para la garantía y en ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Colombia. Esta sentencia declaró la inconstitucionalidad de los artículos 122, 123, 124 y el numeral 7 de la Ley 599 de 2000 del Código Penal, que penalizaban el aborto en todos los casos. A través de esta sentencia se despenalizó parcialmente el aborto en tres condiciones: a) Cuando peligra la vida o la salud de la madre b) Cuando se presenta malformación del feto incompatible con la vida c) Cuando el embarazo es producto de abuso, violación, incesto, transferencia de óvulo o inseminación no consentida.

En la sentencia C-055 de 2022, la Corte Constitucional, despenalizó el aborto en todos los supuestos hasta las 24 semanas de embarazo. La decisión emblemática, sitúa a Colombia a la vanguardia de los derechos reproductivos de las mujeres en América Latina y el Caribe luego de una serie de decisiones que amplían el acceso al aborto legal en la región. En 2020, Argentina legalizó el aborto en las primeras 14 semanas de embarazo y, posteriormente se sumó México.

No obstante, los grandes avances en materia de derechos sexuales y reproductivos en Colombia, las mujeres indígenas se encuentran privadas de este derecho, y sus vidas continúan en riesgo. Las consultas a las autoridades indígenas sobre la interrupción voluntaria del embarazo -IVE- son un obstáculo para la garantía de los derechos de las mujeres y las niñas indígenas, más aún cuando el embarazo es producto de violencias sexuales y reproductivas ejercidas por personas internas o externas a la comunidad.

Las mujeres indígenas del Cauca que se encuentran afiliadas la Asociación Indígena del Cauca EPSI – AIC EPSI-, dependen de la decisión de las autoridades tradicionales de sus comunidades para que autoricen la IVE, y en la mayoría de los casos, su derecho es negado. La AIC manifiesta que la resolución interna número 050 de 2020 supedita la decisión de la IVE a la decisión de los gobernadores de los cabildos indígenas por encima de la decisión de las mujeres. La sentencia T-158 de 2023 de la Corte Constitucional en una postura bastante ambigua siguió permitiendo que la AIC obstaculice el acceso a la IVE indefinidamente. Es tan grave la situación que las niñas, adolescentes y mujeres indígenas son obligadas a continuar con sus embarazos y son remitidas con sus pequeños hijos a sus comunidades o a la fundación Sol y Vida cuando hay rechazo en la comunidad.

En una decisión que priorice la vida de las mujeres indígenas, la AIC debe dejar sin efectos la resolución número 050 de 2020, amparándose en la recomendación N°39 del 2022 de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), que obliga a los Estados que hacen parte del tratado “Garantizar que las niñas y mujeres indígenas reciban información precisa, rápida, completa y en formatos accesibles sobre servicios en salud sexual y reproductiva. Además, garantizar el acceso asequible a dichos servicios, incluido el aborto seguro y formas modernas de anticoncepción”, así mismo indican que los Estados “Deben emprender sin demora esfuerzos de recopilación de datos y garantizar que las mujeres y las niñas indígenas tengan acceso a sistemas de justicia no indígenas e indígenas que estén libres de discriminación, prejuicios y estereotipos raciales y/o de género”.

 

En los casos de embarazos adolescentes resultantes de violencia sexual contra niñas indígenas, se evidencia una grave falla en la justicia indígena, que no actúa para restablecer los derechos de las víctimas. En lugar de sancionar al agresor, quien frecuentemente queda en la impunidad, la adolescente es confinada en centros de atención donde se le obliga a continuar con el embarazo sin ninguna garantía de protección ni reparación de sus derechos. En estos centros, las adolescentes no reciben ni siquiera los utensilios básicos de aseo por parte de la AIC, profundizando la vulneración. Al negarles el acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), se perpetúa una situación de injusticia y violencia estructural en contra de las jóvenes, quienes sufren la doble victimización del abuso sexual y la imposición de la maternidad forzada.

Hacemos un llamado a la Consejería Regional Indígena del Cauca -CRIC-, para que garantice los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres indígenas, al programa Mujer para que abandere el clamor de las mujeres indígenas que exigen el acceso a un aborto legal, seguro y gratuito para salvaguardar su vida y demás derechos que se encuentran vulnerados por la AIC.

Por: Sofía López Mera, Abogada, periodista y defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad y del Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz.

 

Nuestro Segundo Hijo Recuperado: Jhojan Alexis Ramírez Vuelve a Casa

“La Paz no será total si la guerra se lleva a nuestros hijos e hijas”

El Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz celebra con profunda emoción la recuperación de nuestro segundo hijo, Jhojan Alexis Ramírez. Hemos logrado arrancarlo de las garras del monstruo de la guerra. Jhojan Alexis, un niño campesino de tan solo 16 años, fue arrebatado por los grupos armados que operan en la zona rural del municipio de Jamundí, Valle del Cauca, y forzado a un cruel e inhumano reclutamiento. Hoy, con inmenso alivio, podemos anunciar que ha sido liberado y se encuentra nuevamente en los brazos de su familia y su comunidad, donde siempre debió estar.

Desde el momento en que Jhojan Alexis fue separado de su padre, nos unimos como Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz para buscarlo incansablemente. No descansamos hasta que su caso llegó al conocimiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), quien ha exigido información al Estado sobre el paradero del menor. Acompañamos el proceso judicial ante la Fiscalía General de la Nación, y pusimos en conocimiento de este doloroso caso al Presidente Gustavo Petro y a la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).

Este logro no habría sido posible sin la valentía de cada madre y padre que levantaron su voz, sin el apoyo incondicional de nuestras comunidades campesinas que claman incansablemente por la paz, y sin la fortaleza de Jhojan Alexis, quien se ha convertido en un símbolo de resistencia para los niños campesinos ante la guerra. Hoy, con lágrimas de alegría, declaramos que Jhojan Alexis es nuestro segundo hijo recuperado de las garras de la guerra. Este es un triunfo de la paz, de la justicia, y de la lucha incansable de todas las Madres y Mujeres Colombianas, que no permitiremos que la guerra siga arrebatándonos a nuestros hijos e hijas. Seguiremos trabajando incansablemente para que ninguna otra madre ni padre sufra el dolor de perder a un hijo o hija en un conflicto que no nos pertenece.

Exigimos al Estado colombiano garantías plenas para el restablecimiento de los derechos de Jhojan Alexis y su familia. Es imperativo asegurar su protección continua y el acceso a los servicios adecuados para su recuperación integral, así como el apoyo necesario para su reintegración a la vida familiar y comunitaria. Asimismo, demandamos medidas contundentes para prevenir futuros casos de reclutamiento forzado.

Con Jhojan, ya son dos niños campesinos que hemos recuperado. Urge que el Estado Colombiano cree un programa de atención especial para niños y niñas campesinos recuperados de la guerra, que contemple un enfoque diferencial, ahora que los campesinos son reconocidos constitucionalmente como sujetos especiales de derecho.

Todas las madres y mujeres de Colombia, unidas, no descansaremos hasta que cada niño y niña de este país crezca en una tierra donde la paz y la justicia prevalezcan sobre la violencia.

¡Por la vida, la paz, la justicia y la dignidad!

MOVIMIENTO NACIONAL DE MADRES Y MUJERES POR LA PAZ

BALUARTE CAMPESINO JUANA JULIA GUZMAN

CORPORACION JUSTICIA Y DIGNIDAD

CORPORACION JUSTICIA Y DEMOCRACIA

CASA DE LA MUJER

LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE AYUDA SOLIDARIA ANDAS- NARIÑO

LA CASA DE EDUCACIÓN POPULAR LA CARACOLA

FUNDTERPAZ

GATAS -ECOFEMINIZARTE

CONFESPROD

COMUNIDAD INDÍGENA KWET LE’CXKWE

COMUNIDAD INDIGENA NASA UKA WEXS THA

ASFUPAZ

LA ROSA ROJA POESIA INSUMISA

CENTRO DE INVESTIGACION Y DE ASISTENCIA LEGAL

COMITÉ DE SOLIDARIDAD CANADA COLOMBIA

VEEDURIA CIUDADANA DE LA NACION -CALI

UNION DE CIUDADANAS DE COLOMBIA

CONSEJO COMUNITARIO URBANO TERRITORIOS ANCESTRALES

Nuestra Primera Hija Recuperada, Sandy Juliana Carrascal Arenas, vuelve a Casa

“La Paz no será total si la guerra se lleva a nuestros hijos e hijas”

El Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz celebra con profunda emoción la recuperación de nuestra primera hija, Sandy Juliana Carrascal Arenas. Hemos logrado arrancarla de las garras del monstruo de la guerra. Sandy Juliana, una niña campesina de tan solo 14 años, fue arrebatada por los grupos armados que operan en la zona rural del Catatumbo, en Norte de Santander, y forzada a un reclutamiento cruel e inhumano. Hoy, con inmenso alivio, podemos anunciar que ha sido liberada y se encuentra nuevamente en los brazos de su familia y su comunidad, donde siempre debió estar.

Desde el momento en que Sandy Juliana fue arrancada de su hogar, nos unimos como Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz para buscarla incansablemente. No descansamos hasta que logramos que su caso fuera asumido por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que otorgó medidas cautelares en su favor el 27 de agosto de 2024, exigiendo al Estado colombiano la adopción de acciones inmediatas para proteger su vida, su integridad personal y su salud. Acompañamos su proceso de justicia ante la Fiscalía General de la Nación, y mediante una acción constitucionales ante el Consejo de Estado, exigiendo la responsabilidad directa del Presidente Gustavo Petro, del Alto Comisionado para la Paz Otty Patiño, y de la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos en la mesa de diálogos de la Paz Total, para que entregaran a Sandy Juliana sana y salva.

Este logro no habría sido posible sin la valentía de cada madre que levantó su voz, sin el apoyo incondicional de nuestras comunidades campesinas que claman incesantemente por la Paz, y sin la fortaleza de Sandy Juliana, quien ha demostrado ser un símbolo de resistencia de nuestras niñas ante la guerra.  Hoy, con lágrimas de alegría, declaramos que Sandy Juliana es nuestra primera hija recuperada de las garras de la guerra. Este es un triunfo de la paz, de la justicia, y de la lucha incansable de todas las Madres y Mujeres Colombianas que no permitiremos que la guerra siga arrebatándonos a nuestros hijos e hijas. Seguiremos trabajando, incansablemente, para que ninguna otra madre sufra el dolor de perder a su hija o hijo en un conflicto que no nos pertenece.

Exigimos al Estado colombiano garantías plenas para el restablecimiento de los derechos de la niña Sandy Juliana Carrascal Arenas y su familia. Es imperativo que se asegure la protección continua y el acceso a servicios adecuados para su recuperación integral, así como el apoyo necesario para su reintegración a la vida familiar y comunitaria. Asimismo, demandamos medidas contundentes para prevenir futuros casos de reclutamiento forzado.

Todas las madres y mujeres de Colombia unidas, no descansaremos hasta que cada niño y niña de Colombia crezca en un país donde la paz y la justicia prevalezcan sobre la violencia.

MOVIMIENTO NACIONAL DE MADRES Y MUJERES POR LA PAZ

BALUARTE CAMPESINO JUANA JULIA GUZMAN

CORPORACIÓN JUSTICIA Y DIGNIDAD

CORPORACIÓN JUSTICIA Y DEMOCRACIA

CASA DE LA MUJER

LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE AYUDA SOLIDARIA ANDAS- NARIÑO

LA CASA DE EDUCACIÓN POPULAR LA CARACOLA

FUNDTERPAZ

GATAS -ECOFEMINIZARTE

CONFESPROD

COMUNIDAD INDÍGENA KWET LE’CXKWE

COMUNIDAD INDÍGENA NASA UKA WEXS THA

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LA ROSA ROJA POESIA INSUMISA

PARCIALIDAD INDÍGENA NASA KWEK

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COMITÉ DE SOLIDARIDAD CANADA COLOMBIA

VEEDURIA CIUDADANA DE LA NACION -CALI

UNIÓN DE CIUDADANAS DE COLOMBIA

CONSEJO COMUNITARIO URBANO TERRITORIOS ANCESTRALES

Primer Encuentro Intercultural por la Justicia para la Construcción de Paz en el Valle del Cauca La Ruiza, Pradera – Valle del Cauca | 20 y 21 de agosto de 2024

El Primer Encuentro Intercultural por la Justicia para la Construcción de Paz: Una Respuesta Urgente al Reclutamiento Forzado en Colombia

En medio de un contexto de dolor y resistencia, donde el reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes sigue siendo una cruda realidad en Colombia, desde el Suroccidente Colombiano nos estamos pensando salidas para recuperar a nuestros hijos e hijas de a guerra. El Primer Encuentro Intercultural por la Justicia para la Construcción de Paz, que se llevará a cabo en el corregimiento de La Ruiza, Pradera, en el territorio ancestral de la comunidad indígena Kwet Le’cxkwe, es más que un evento: es un llamado a la acción, un espacio de encuentro y una plataforma para que las voces de las madres y mujeres colombianas sean escuchadas.

Este encuentro surge como respuesta a la preocupación profunda que compartimos las madres y mujeres de Colombia ante el fenómeno del reclutamiento forzado que ha desgarrado a nuestras familias y comunidades. No podemos permanecer en silencio mientras nuestros hijos e hijas son arrancados de nuestros brazos y llevados a una guerra que no eligieron. El dolor de una madre que pierde a su hijo en medio del conflicto es indescriptible, y es ese dolor el que nos impulsa a luchar por un futuro en el que ningún niño o niña tenga que empuñar un arma.

El Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz, junto con las autoridades indígenas del Valle del Cauca y la Caravana Internacional de Juristas, ha unido fuerzas para organizar este encuentro. Nuestro objetivo es claro: construir propuestas de justicia que respondan a las realidades de nuestras comunidades y que se orienten hacia la protección y el rescate de los más vulnerables en medio del conflicto armado.

El principal propósito de este encuentro es presentar y debatir una propuesta de justicia especial indígena para la paz, adaptada al contexto específico de las comunidades indígenas. Queremos avanzar en el desarrollo del capítulo étnico del acuerdo de paz en Colombia, reconociendo y respetando la autonomía política de los pueblos indígenas y promoviendo acciones humanitarias que defiendan los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes afectados por la violencia.

En este sentido, se busca construir acuerdos especiales entre el gobierno colombiano y las comunidades indígenas, enmarcados en la Resolución 1612 de la Organización de Naciones Unidas. Esta resolución subraya la importancia de proteger a los menores de edad en situaciones de conflicto armado, y nos brinda una base sólida para exigir la implementación de medidas concretas que permitan la reintegración de combatientes indígenas, respetando sus usos y costumbres.

 

Además, este proceso contempla la adopción de medidas de justicia restaurativa, orientadas a lograr la entrega y protección de los niños, niñas y adolescentes, tanto indígenas como no indígenas, que han sido reclutados forzadamente. Estas acciones, respaldadas por pronunciamientos de la Corte Constitucional, representan un paso fundamental hacia la reparación y la reconciliación en las comunidades afectadas por el conflicto armado.

Para nosotras, como madres y mujeres que hemos visto de cerca el impacto devastador del conflicto armado en nuestros hijos e hijas, este encuentro es una oportunidad crucial para fortalecer nuestras acciones y legitimar nuestras demandas. No podemos permitir que nuestros hijos sigan siendo utilizados como carne de cañón en una guerra que solo ha traído destrucción y sufrimiento a nuestro país.

Es por ello que nuestra presencia en este encuentro es fundamental. Nosotras, las mujeres de Colombia, estamos decididas a construir alternativas humanitarias y de paz que promuevan la defensa de la vida y la dignidad en el suroccidente colombiano. Sabemos que la paz no se logra solo con palabras, sino con acciones concretas que transformen las realidades de nuestras comunidades.

Este encuentro intercultural representa una oportunidad única para que diversos actores sociales, políticos y jurídicos trabajen conjuntamente en la construcción de un futuro más justo y pacífico para Colombia. Invitamos a todos los sectores de la sociedad a unirse a este esfuerzo, a aportar sus ideas y experiencias, y a ser parte de este proceso transformador.

Sabemos que el camino hacia la paz es largo y lleno de desafíos, pero también sabemos que no estamos solas en esta lucha. Cada madre, cada mujer que se une a este esfuerzo, fortalece nuestra causa y nos acerca un paso más hacia un futuro en el que nuestros hijos e hijas puedan vivir en un país libre de violencia y temor.

Les invitamos a ser parte de este importante encuentro, a sumar sus voces y esfuerzos, y a construir con nosotras una Colombia donde la justicia, la paz y la dignidad prevalezcan. ¡No falten a este encuentro de esperanza y transformación!

 

EL APARTHEID PATOJO

El Parque Caldas, ese rincón encantador de Popayán que ha sido testigo de más historia y cultura que muchas de nuestras bibliotecas locales, ahora se ha convertido en el escenario de un entramado jurídico que, si no fuera por su impacto en derechos fundamentales, sería una comedia de enredos digna de una serie de televisión: el “Apartheid Patojo” dirigido por nuestro querido alcalde, Juan Carlos Muñoz. Gracias a una recomendación de la Procuraduría —que, como es bien sabido, tiene tanto peso vinculante como una pluma en un huracán— el parque Caldas ha sido sometido a una serie de restricciones que han dejado a todos, desde nuestros artistas locales hasta nuestra estimada llama Pepe, en una especie de purgatorio administrativo.

Mientras tanto, Pepe, la llama que ha aportado tanto encanto y autenticidad a la vida del parque, y Don Israel, su fotógrafo y adoptante, se ven forzados a correr cada vez que los funcionarios de la Alcaldía y la policía se les acercan. Estos guardianes del orden público no pierden oportunidad para imponer comparendos a Don Israel y a su fiel compañero, simplemente por trabajar en el Parque Caldas y capturar la esencia de este espacio. La situación ha transformado el parque en un escenario donde la burocracia y la vigilancia se combinan para crear una auténtica tragicomedia, que reflejan el profundo impacto de las decisiones administrativas en la vida comunitaria.

Pepe, la llama que no solo ha sido el leal compañero de Don Israel, nuestro fotógrafo local, sino también el símbolo de la autenticidad del parque, ahora se ve obligada a buscar nuevos pastos. ¿La razón? La reciente medida restrictiva impuesta por la Alcaldía ha convertido el Parque Caldas en un club exclusivo, donde el acceso es tan limitado como el espacio en un concierto de rock VIP. Mientras los ricos de la ciudad, organizadores del festival gastronómico, pueden disponer del parque sin preocupaciones, el resto de nosotros —incluidos los artistas, los fotógrafos, los bailarines, los músicos, los chirimeros, los skaters y, por supuesto, los vendedores ambulantes— debemos trasladar nuestros eventos culturales fuera del Parque Caldas.

Claro, Don Israel y su fiel llama Pepe no se quedaron de brazos cruzados. Hoy se unieron a la “tutelatón”, una emocionante carrera de obstáculos judicial. Los danzantes de «Jueves de Free», quienes fueron los primeros en acudir a la justicia para defender sus derechos fundamentales, tuvieron la mala suerte de que su caso cayera en manos del Juez Primero Administrativo de Popayán, Ernesto Andrade Solarte. Este juez decidió que, para que la tutela fuera siquiera considerada, era necesario agotar primero todas las vías administrativas, permitiendo que los derechos fundamentales de los ciudadanos comunes sigan vulnerados.

En una decisión de primera instancia, Solarte negó la tutela, argumentando que se debía adelantar el trámite ante la Alcaldía, a pesar de que es bien conocido que la postura de esta institución no ha cambiado: el Parque Caldas está reservado solo para los organizadores del festival gastronómico, quienes forman parte de las familias adineradas de la ciudad.

¿Por qué? Porque, por supuesto, el parque no es un lugar para la plebe ni para la cultura popular. No, solo para los eventos de la élite, que parecen tener la bendición divina para disfrutar del parque sin causar “detrimento” a su piedra. Esperamos que Don Israel y Pepe tengan mejor suerte y que su tutela sea revisada por un juez garantista que realmente entienda el valor de la igualdad y el acceso justo para todos.

Lo que se está viviendo en el Parque Caldas es una obra maestra de exclusión y segregación. Mientras el festival gastronómico recibe luz verde para ocupar cada rincón, los artistas, artesanos, vendedores ambulantes y jóvenes que practican danza urbana y andina y otros deportes se encuentran excluidos, relegados a un limbo administrativo que un ultimas es un capricho clasista de nuestro gobernante local.

Entonces, mientras esperamos que el sistema judicial, en su infinita sabiduría, decida revisar la situación de manera justa y garantista, la realidad es que el Parque Caldas sigue siendo un lugar donde la justicia se encuentra a un par de pasos de una utopía. Don Israel y su inseparable Pepe solo quieren regresar al parque para seguir ofreciendo alegría y capturando momentos auténticos de un lugar emblemático de nuestra ciudad.

Por Sofía López Mera, abogada, periodista y defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

CRÍTICA A LA INSTALACIÓN DE LA MESA DE NEGOCIACIÓN CON LA SEGUNDA MARQUETALIA Y EL TRÁGICO RECLUTAMIENTO FORZADO DE UNA NIÑA CAMPESINA

Hace un mes, parecía que se vislumbraba un avance en el tortuoso camino hacia la paz en Colombia, ya que el 29 de junio se llevó a cabo el evento de instalación de la mesa de negociación con la Segunda Marquetalia. Pero, paradójicamente, mientras los líderes de la Segunda Marquetalia se sientan en la mesa de diálogo de la paz total, la tragedia de una niña campesina reclutada forzosamente por este grupo armado marca la distancia entre las promesas de paz y la dolorosa realidad en el campo colombiano.

La instalación formal de la mesa con la Segunda Marquetalia, liderada por Iván Márquez, ha sido recibida con una mezcla de escepticismo y condena. La controversia en torno a la figura de Márquez, considerado por muchos como un traidor al Acuerdo de Paz de 2016, ensombrece el proceso. El panorama legal del proceso es igualmente problemático. La Ley 2272 de 2022 limita a aquellos que ya han negociado previamente su participación en procesos de paz a negociar solo su sometimiento a la justicia. Esta ley, diseñada para evitar la impunidad de los líderes de grupos armados, pone al gobierno en una posición difícil: ofrecer garantías a los líderes de la Segunda Marquetalia sin infringir la ley. La contradicción entre el estatus legal de los negociadores y el enfoque político del gobierno plantea serias dudas sobre la viabilidad y la justicia del proceso.

En medio de este debate legal, el reclutamiento forzado de una niña campesina de 14 años de la región del Catatumbo evidencia la dolorosa realidad de la guerra que persiste en las regiones más vulnerables de Colombia. Engañada por este grupo armado con la promesa de costearle un curso de enfermería y ofrecerle un empleo como enfermera, la niña fue arrancada de su hogar y sometida a los vejámenes de la guerra.

El reclutamiento forzado de menores es una violación flagrante de los derechos humanos y un crimen de guerra. La incorporación de niños en los conflictos no solo les priva de su niñez y educación, sino que también perpetúa el ciclo de violencia y sufrimiento en las comunidades afectadas. La noticia de que esta niña ha sido reclutada por la Segunda Marquetalia deja en evidencia la desconexión entre los procesos de paz total y la realidad sobre el terreno. Mientras los líderes de la Segunda Marquetalia negocian, en las zonas rurales del país continúan cometiendo atrocidades como el reclutamiento forzado de niñas, niños y adolescentes.

Resulta realmente irónico que, mientras el gobierno nacional invitó a una experta de las Naciones Unidas para investigar los problemas en la implementación del Acuerdo de Paz de 2016, con el supuesto objetivo de abordar las trampas y justificar una negociación con la Segunda Marquetalia, en Ocaña, Santander, la Defensoría del Pueblo, al enterarse del reclutamiento forzado de la niña campesina, en lugar de remitir el caso a las autoridades competentes para activar los mecanismos de búsqueda urgente, solo informó a los padres de la niña que no podía entregarles nada por razones de seguridad. De manera similar, la personería de Convención no solo falló en remitir el caso a la fiscalía, sino que tampoco proporcionó a los familiares de la niña una constancia de su denuncia ni activó las rutas de atención a las víctimas de reclutamiento forzado. Así, mientras se busca legitimación y se debaten los entramados políticos que involucran a la Segunda Marquetalia, parece que los niños campesinos no importan para las instituciones del Estado colombiano.

La niña campesina de 14 años reclutada forzosamente por la Segunda Marquetalia, enfrenta una situación de extrema vulnerabilidad debido a sus graves condiciones médicas. Diagnosticada con el síndrome de la articulación condrocostal de Tietze y bronquitis aguda no especificada, su salud requiere atención constante y especializada. Esta compleja situación médica agrava su sufrimiento físico y emocional, y hace evidente la brutalidad del reclutamiento forzado, que expone a los niños a un ciclo interminable de dolor y negligencia, desamparándolos en medio del conflicto.

La última vez que se tuvo noticia de la niña campesina fue el 9 de julio, cuando envió un último audio a sus padres. En ese conmovedor mensaje, la niña lloraba y les confesaba que estaba gravemente enferma y al borde de la desesperación, incluso mencionando que deseaba quitarse la vida debido a los severos maltratos que estaba sufriendo. Si la Personería y la Defensoría del Pueblo hubieran actuado con celeridad y remitido el caso a la Fiscalía General de la Nación, utilizando las comunicaciones de la niña, se podría haber intentado localizarla y ofrecerle asistencia urgente. Sin embargo, desde esa fecha, su paradero sigue siendo un misterio, sumiendo a sus familiares en estado de angustia extrema.

Es inconcebible que mientras se avanza en la negociación de la paz total, los reclutamientos forzados de niños, niñas y adolescentes se presentan casi a diario en varias regiones del país. La comunidad internacional y el gobierno colombiano deben enfrentar estas realidades de manera más contundente. La instalación de la mesa de negociación no puede ser una excusa para ignorar o minimizar las violaciones en curso. El proceso de paz debe ir acompañado de un compromiso real y efectivo para proteger a los más vulnerables y garantizar que los crímenes, como el reclutamiento forzado de menores, sean perseguidos y castigados con la máxima severidad.

En última instancia, la paz en Colombia no puede construirse sobre la base de concesiones a los grupos armados mientras se ignoran las atrocidades que siguen ocurriendo, como el reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes. La trágica historia de la niña campesina es una llamada de atención urgente para que el proceso de paz sea no solo un diálogo en los salones de negociación, sino una verdadera transformación de la realidad en las comunidades que han sufrido tanto.

Por: Sofía López, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad y del Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz

LA ÉLITE CONTRA EL PUEBLO EN EL PARQUE CALDAS: ARRANCÓ LA «TUTELATÓN»

Arrancó la «tutelatón» para preservar el emblemático Parque Caldas como patrimonio biocultural de los habitantes de Popayán. Esta iniciativa busca revocar una arbitraria decisión del alcalde Juan Carlos Muñoz, quien afirma basarse en una recomendación de la Procuraduría, tras una solicitud del jurisconsulto Mario Cajas, reconocido abogado de la academia de jurisprudencia. En su solicitud, Cajas argumentó que la piedra del Parque Caldas sufre deterioro con las actividades culturales y artísticas que allí se realizan, dejando entrever una visión clasista que prioriza la conservación material del mobiliario sobre la vida comunitaria y popular de los habitantes de Popayán.

La Procuraduría ha señalado que sus recomendaciones no tienen efectos jurídicos vinculantes, pero el alcalde insiste en aplicar esta medida clasista. Paradójicamente, mientras el uso del Parque Caldas está generosamente permitido para los organizadores del festival gastronómico de Popayán, quienes disfrutan de su abolengo y distinción social, al resto de la ciudadanía, esa misma ciudadanía que realmente da vida al parque, se le prohíbe el acceso. Porque claro, preservar la piedra es primordial, a menos que seas de la élite gastronómica, en cuyo caso el desgaste es aparentemente inexistente.

Para el jurista Mario Cajas, según nuestra interpretación, la piedra se desgasta de manera alarmante cuando los chirimeros tocan su música, los skaters practican con sus patinetas, los bailarines de música andina danzan junto a la torre del reloj, y el colectivo de danza urbana «Jueves de Free» se reúne, audazmente, los jueves para bailar frente a la Gobernación. Igualmente, los músicos afrocolombianos con sus ritmos de marimba frente a la alcaldía, los artesanos exhibiendo sus productos, los vendedores ambulantes ganándose la vida, los trabajadores informales buscando sustento, las cocineras tradicionales con sus chuzos y mazorcas, y los fotógrafos capturando recuerdos en papel, todos estos seres desgastan la piedra que tanto preocupa al doctor Cajas.

Curiosamente, creemos que la piedra se desgasta para los festivales de todo tipo, salvo el gastronómico, donde parece que la piedra adquiere propiedades mágicas de resistencia. Además, los transeúntes, los estudiantes que descansan en el parque, y los lustrabotas que dan brillo a los zapatos también contribuyen a esta supuesta erosión. Todos ellos, al parecer, están en una conspiración secreta para acabar con la integridad de la piedra que le quita el sueño al buen doctor Cajas. Para prevenir tal desgaste, llegan funcionarios sin identificar y hasta la policía a imponer comparendos, porque claro, la ley es solo para los de ruana.

El Parque Caldas fue creado con la ciudad en 1537; a su alrededor se construyeron las casas de los fundadores y las dependencias de los poderes religioso y gubernamental. Nació como una plaza de mercado, y en 1910 se instaló la estatua del Sabio Caldas, obra del escultor francés Raoul Verlet. En la misma época, fueron sembrados los árboles que hoy adornan y rodean la escultura.

Este enfoque basado en la ciudad aséptica ignora por completo que el Parque Caldas ha sido históricamente un espacio de encuentro donde confluyen relaciones sociales, económicas, políticas, culturales y espirituales de la comarca, otrora primera plaza de mercado de la ciudad de Popayán.

Con la campaña judicial que busca recuperar el uso colectivo y popular del Parque Caldas, los ciudadanos comunes de Popayán esperamos sentar un precedente para erradicar las prácticas clasistas en la ciudad. La medida adoptada por la Alcaldía de Popayán, basada en una recomendación no vinculante de la Procuraduría General de la Nación, vulnera derechos fundamentales como la igualdad, el trabajo, la libertad de expresión y la cultura. Esta decisión discrimina a toda la ciudadanía de Popayán privándola del uso del parque.

El principio de confianza legítima también se ve afectado, ya que las actividades económicas, sociales, artísticas y culturales en el Parque Caldas se han llevado a cabo durante siglos, un periodo considerablemente significativo en el que siempre han sido permitidas. La historia y tradición cultural, los permisos previos y la tolerancia de la administración local refuerzan la expectativa de que estas actividades son legítimas. Cualquier cambio en las condiciones de uso del parque debe considerar estas expectativas y no afectar desproporcionadamente la libertad creativa ni el acceso del público a expresiones económicas, sociales y culturales.

El derecho al espacio público, consagrado en la Constitución, establece que el Estado debe proteger la integridad del espacio público y asegurar su destinación al uso común. La prohibición de actividades culturales y económicas en el Parque Caldas no respeta este principio y constituye una clara vulneración de derechos fundamentales.

Con la campaña judicial que busca recuperar el uso colectivo y popular del Parque Caldas, los ciudadanos del común esperamos sentar un precedente para erradicar las prácticas clasistas en nuestra ciudad y garantizar un espacio verdaderamente inclusivo y representativo de la diversidad cultural y social de Popayán.

Por: Sofía López Mera, Abogada, Periodista y Defensora de Derechos Humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

 

LA DIFÍCIL TAREA DE RECUPERAR EL CAÑÓN DEL MICAY

Enclavado en la vertiente occidental de la cordillera de los Andes, el Cañón del Micay, en el departamento del Cauca, ha sido testigo de décadas de conflicto armado. En este cañón confluyen tres municipios caucanos: El Tambo, Argelia y López de Micay. Allí nacen ríos como el Guapi, el Timbiquí y el Plateado, siendo el más importante el río San Juan de Micay.
El río San Juan atraviesa el cañón desde la cordillera occidental hasta las costas del Pacífico, ubicándolo en una posición geoestratégica que conecta cañones ricos en reservas de agua dulce, recursos minerales (níquel, cobre y oro aluvial) y biodiversidad, con el océano Pacífico. Esta región abarca todos los pisos térmicos, desde tierras frías con cumbres de hasta 3,500 metros, hasta tierras bajas cálidas que descienden hacia el Pacífico. Según datos del Programa Nacional de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, los municipios del Cañón del Micay representan también el 75 % de las 25.000 hectáreas de cultivos de coca del Cauca.
En 1967 se constituyó legalmente el municipio Argelia en el departamento del Cauca. A fines de la década de 1970, el Frente 8 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se asentó en la región. Aunque otros grupos guerrilleros como el M-19 y el Ejército Popular de Liberación (EPL) también incursionaron en el área durante la época de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. Las FARC-EP consolidaron su poder estableciéndose también con el Frente 60 «Jaime Pardo Leal» a finales de los años 90.
La llegada del Ejército de Liberación Nacional (ELN) a la parte baja del municipio de Argelia desde El Tambo y el Pacífico en la década del 2000 marcó un nuevo capítulo en la historia del conflicto. Paralelamente, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez intensificó la militarización de la región. En 2007, se establecieron puestos de policía en El Mango y El Plateado, coincidiendo con la llegada de los paramilitares de Los Rastrojos al mando de Alias “Daniel”. Durante la década de los 2000, el Frente 8 de las FARC fue debilitado casi hasta su exterminio, dejando solo al Frente 60 en la región. El ELN tomó el control territorial de El Tambo y de 12 veredas del norte de Argelia. El Ejército Nacional entró a la región mediante las operaciones Espada I y Espada II, resultando en varias ejecuciones extrajudiciales bajo la modalidad de falsos positivos.
En 2011, las FARC-EP recuperaron el Cañón del Micay tras derrotar a los paramilitares en un combate con más de 30 muertos. Entre 2015 y 2016, miles de campesinos bloquearon las operaciones militares contra cultivos ilícitos, y la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (ASCAMTA) estableció una Mesa de Interlocución y Acuerdos (MIA) con el gobierno para resolver conflictos sociales y económicos. Esta Mesa, formada durante el Paro Nacional Agrario de 2013, se enfocó en iniciar el diálogo y alcanzar acuerdos específicos para el municipio de Argelia.
Con la firma de los acuerdos de Paz en 2016 y la desmovilización de las FARC, el Cañón del Micay quedó bajo el control del Frente José María Becerra del ELN, que hizo presencia en varios corregimientos desde El Plateado hasta San Juan de Micay.
En 2017, Óscar Eduardo Sandoval, alias “Andres” o «El Mocho», lideró una facción disidente que luchó contra el ELN para controlar corregimientos como El Plateado y El Mango. En 2018, esta facción se renombró como «Carlos Patiño» o «Floresmiro Acosta», bajo el mando de Gentil Duarte e Iván Mordisco.
En 2018, el presidente Iván Duque ordenó una mayor militarización del Cañón del Micay para acabar con las disidencias de las FARC. Sin embargo, esto coincidió con la expansión militar de la columna Carlos Patiño en la región, la expulsión del ELN y una bonanza cocalera.
En 2020, la columna Carlos Patiño intentó de nuevo avanzar hacia el corregimiento de El Sinaí, enfrentándose a la Segunda Marquetalia y al ELN. Esta ofensiva no prosperó debido a la contención de estos dos grupos.
Desde 2022, los habitantes han denunciado la aparición del grupo «Los Pocillos», formado por exguerrilleros-firmantes de paz, aliados con el ejército. Este grupo busca expulsar a la columna Carlos Patiño y controlar rutas de narcotráfico. Medios de comunicación como la revista Cambio han confirmado un supuesto acuerdo entre el Ejército Nacional y estos grupos, con audios del mayor general Hernando Herrera Díaz admitiendo reuniones con “Los Pocillos” y el ELN. Posteriormente, Los Pocillos se integraron a la Segunda Marquetalia y continúan enfrentando a la columna Carlos Patiño desde el corregimiento de Puerto Rico sin alcanzar a tener control sobre el corregimiento del Plateado y el cañón del Micay.
En 2023, el presidente Gustavo Petro lanzó la Operación Trueno para recuperar el control del Micay y fomentar el diálogo entre el gobierno y la sociedad. A pesar de la presencia militar, los grupos armados aún dominan la región. A finales de agosto, Petro ordenó movilizar 1,000 soldados para retomar el control del Cañón del Micay y promover la sustitución de economías ilícitas a favor del campesinado.
En junio de 2024, desde la Casa de la Moneda en Popayán, el director del DNP, Alexander López Maya, junto con el gabinete ministerial, el Ministerio de Defensa y el presidente Petro, lanzaron la Misión Cauca. Esta iniciativa busca transformar el Cauca, mejorar las condiciones de vida y sustituir economías ilícitas por proyectos productivos. Sin embargo, las organizaciones populares y la sociedad civil no fueron invitadas a la presentación ni consultadas para asegurar la efectividad de la política pública.
Desde mediados de julio, se realiza otra ofensiva del frente Carlos Patiño hacia el corregimiento de El Sinaí intensificando el conflicto armado en el Cañón del Micay. La columna Carlos Patiño se enfrenta al ejército y a la Segunda Marquetalia por el control de la parte alta de Argelia. Desde el 15 de julio, La Carlos Patiño ha sitiado a los habitantes de Argelia, establecido retenes ilegales, atacado poblaciones como El Sinaí, El Encanto, La Playa y La Belleza, y sembrado minas antipersonales que han confinado a la población campesina. Estos actos han resultado en desplazamientos masivos, amenazas a líderes, asesinatos y secuestros de campesinos. En El Plateado, un artefacto explosivo lanzado por Carlos Patiño en una cancha sintética mató a un niño de 10 años y dejó 12 heridos.
Desde 2018, se han asesinado 18 líderes campesinos de ASCAMTA. Desde 2020, aproximadamente 20,000 personas han sido desplazadas forzosamente. Estos desplazamientos son en su mayoría temporales, ya que muchos de los campesinos en Argelia provienen de otras regiones del país como Putumayo, Caquetá, Guaviare y Nariño, y suelen regresar a sus lugares de origen debido a la falta de una política pública seria por parte del Gobierno Nacional para atender a la población desplazada.
Los desplazados que llegan a Popayán enfrentan maltratos por parte de funcionarios del municipio de Popayán y de la Unidad para las Víctimas, quienes no permiten el acompañamiento de organizaciones defensoras de derechos humanos. Esto obliga a los desplazados a regresar a Argelia, donde se encuentran en medio de las confrontaciones armadas. El Ministro de Defensa, Iván Velásquez, ha pedido a los habitantes de Argelia no realizar asonadas contra la fuerza pública, pero no se ha implementado un plan de atención humanitaria para los civiles atrapados en los operativos militares y afectados por las infracciones al derecho internacional humanitario cometidas por grupos armados ilegales. Sin una protección efectiva de la vida de la población civil, la Misión Cauca y la recuperación del Cañón del Micay no tendrán éxito.
Por: Sofía López Mera, Abogada, Periodista y Defensora de Derechos Humanos de la Corporación Justicia y Dignidad

La Justicia Colombiana Falló a Favor del Pueblo Indígena Nasa Kwet Le’ Cxkwe – Piedra Pequeña

En un fallo histórico, el Juzgado Décimo Administrativo Oral del Circuito de Cali ha decidido a favor del pueblo indígena Nasa Kwet Le’ Cxkwe – Piedra Pequeña, que fue desplazado por la violencia paramilitar en la década del 2000. Esta sentencia por vía de acción de tutela marca un hito en la protección de los derechos territoriales indígenas en Colombia.

La sentencia reconoce y tutela los derechos fundamentales del pueblo Nasa Kwet Le’ Cxkwe, incluyendo su identidad cultural, autonomía, autodeterminación, y derechos a su territorio ancestral y colectivo. Asimismo, se ha ordenado a varias entidades gubernamentales iniciar el proceso de registro y caracterización de la comunidad, así como garantizar su retorno y reubicación en su territorio ancestral.

La decisión del Juzgado también requiere la conformación de un comité interinstitucional para verificar las condiciones de vulneración de derechos humanos en la zona afectada. Este comité estará integrado por representantes de la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría General de la Nación, el Ministerio del Interior, entre otros, y debe presentar un informe detallado sobre las medidas de mitigación del riesgo de seguridad para la comunidad.

El señala la necesidad imperiosa  de restaurar los derechos de las comunidades Kwet Le’ Cxkwe – Piedra Pequeña y Kwet Wala – Piedra Grande, que han sufrido gravemente a causa del conflicto armado.

Hoy celebramos esta decisión garantista que reafirma el compromiso de la justicia colombiana con los derechos territoriales y humanos de los pueblos indígenas. Hacemos un llamado a todas las autoridades involucradas para que cumplan con las órdenes de la sentencia y trabajen para restablecer plenamente los derechos de las comunidades Kwet Le’ Cxkwe – Piedra Pequeña y Kwet Wala – Piedra Grande en Pradera, Valle del Cauca.

Corporación Justicia y Dignidad

https://justiciaydignidad.org/

22 de julio de 2024

La educación no importa en una ciudad como Popayán

A lo largo de la historia, Popayán ha sido reconocida como la «ciudad culta» debido a su destacada contribución a la formación de presidentes, pensadores, escritores y personas influyentes que han aportado conocimiento fundamental para el desarrollo del país. Sin embargo, en la actualidad, este título parece quedarle grande a Popayán, ya que evidencia una lamentable tendencia de desprecio hacia la educación y la cultura. En el siguiente artículo, suministramos al lector ejemplos concretos que ilustran este alarmante desdén, centrándonos especialmente en la transformación de escuelas y colegios ubicados en el corazón de Popayán y su consecuente impacto simbólico en la ciudad.

En la década de los años 30, Popayán vio nacer una institución educativa pionera: la escuela de niñas Filomena Segura, situada en la carrera 5a con calle 2a Norte No 2N-36. Posteriormente, por decisión de la Asamblea el 12 de julio de 1935, se le otorgó el nombre de Centro Docente Filomena Segura, rindiendo así homenaje a la destacada educadora Filomena Segura de Ayerbe. Esta visionaria mujer fue la primera en liderar la educación no solo en Colombia, sino en toda Latinoamérica. En la Secretaría de Educación Departamental reposa una placa en su honor.

Este centro educativo desempeñó un papel fundamental en la formación de las niñas provenientes de familias trabajadoras de la plaza de mercado, así como de aquellas que residían en los asentamientos surgidos tras el devastador terremoto de 1983. Se erigió como un colegio público que brindó educación a las niñas de escasos recursos en este sector de la ciudad.

Paradójicamente, este emblemático espacio educativo ha experimentado una transformación deprimente, convirtiéndose en una estación de policía y en un lugar de detención transitoria. Esta metamorfosis desdibuja la esencia original para la cual fue concebido, enviando un mensaje claro: la ciudad parece priorizar el control y el castigo en detrimento de su compromiso con la educación. La reutilización del antiguo centro educativo refleja una preferencia por el control y la sanción en lugar de fomentar la educación y el desarrollo integral de la sociedad.

La Escuela Gerardo Garrido tuvo sus inicios en una residencia ubicada en la carrera 6a No 6N – 12 en 1954, bajo la dirección del profesor Alfredo Zúñiga. Posteriormente, se trasladó a su sede actual entre las carreras 5a y 6a No SN – 27, en un terreno donado por el entonces alcalde Gerardo Garrido, en cuyo honor recibió su nombre. El centro educativo fue inaugurado como Centro Docente en 1956.

Inicialmente, la escuela Gerardo Garrido, situada junto a la plaza de mercado del barrio Bolívar, desempeñaba un papel crucial en la educación de los niños cuyos padres trabajaban en la plaza. Lamentablemente, sin motivo aparente, la escuela cerró sus puertas, dejando a los niños de la plaza de mercado sin un lugar para estudiar. Tras su cierre, el edificio se deterioró y ahora se ha convertido en un lugar frecuentado por habitantes de calle y consumidores de sustancias alucinógenas, representando un alto riesgo para la seguridad.

Lo que antes era una oportunidad de educación para los niños de la plaza de mercado, hoy se ha transformado en un sitio de decadencia para la juventud, comparable a un pequeño Bronx del cual es difícil que un adicto pueda salir. Este cambio de destino transmite un mensaje desalentador a los niños de la plaza, sugiriendo que no merecen un futuro mejor y que su destino está condenado a la marginalidad.

La Institución Educativa Laura Valencia, situada en la carrera 9 con calle 1, en el sector del Monasterio, experimentó una transformación inusual durante el periodo de confinamiento por la pandemia del COVID-19 en 2020. Bajo el pretexto de la emergencia sanitaria, la escuela, conocida anteriormente como la «Escuela del Manguito», fue convertida en una carceleta.

Este plantel educativo tuvo un papel crucial en la comunidad, ya que fue inaugurado en 1967 en un terreno donado por la señora Laura Valencia, quien expresó claramente que el propósito de la donación era que funcionara como una escuela. Sin embargo, durante la pandemia, las autoridades tomaron la decisión de cerrar la escuela debido al riesgo que suponía su ubicación cercana al río Molino. A pesar de la importancia histórica y social que tuvo la institución, las autoridades no fueron capaces de construir un muro de contención para preservar el establecimiento. En un principio, la comunidad del sector presentó una solicitud para que los estudiantes de la Escuela Laura Valencia fueran trasladados a la Escuela La Filomena, donde ya operaba la estación de policía. Sin embargo, lamentablemente, esta petición no recibió atención por parte de la Secretaría de Educación. En su lugar, la secretaría tomó la decisión de cerrar la Escuela Laura Valencia.

Sorprendentemente, en lugar de invertir recursos en la protección y restauración de la escuela, las autoridades optaron por adaptarla como una cárcel. Esta medida ha generado indignación en la comunidad, ya que las autoridades, en lugar de salvaguardar un centro educativo importante, destinaron recursos para transformarlo en una institución penitenciaria.

La situación descrita revela una preocupante falta de compromiso con el derecho a la educación en la ciudad de Popayán. El hecho de que el principal sindicato de agremiación docente del departamento del Cauca no haya liderado ninguna lucha en defensa de la educación local es inquietante. Más aún, la transformación de este sindicato en un emporio empresarial con actividades que van desde supermercados, bombas de gasolina hasta una empresa inmobiliaria, sin duda, rebelan cuáles son sus prioridades y su compromiso con la educación en la ciudad.

La denuncia que pesa sobre el sindicato por su presunta participación en el despojo de tierras a una comunidad indígena, así como las prácticas de gentrificación llevadas a cabo por su empresa inmobiliaria, están generando un conflicto territorial de proporciones sin precedentes en la ciudad. Esta situación no solo impacta negativamente en la población rural, sino que también contribuye a la propagación de mensajes de odio y racismo dirigidos hacia la comunidad indígena pubenense. Lo alarmante es que estos mensajes discriminatorios son liderados por aquellos que tienen la responsabilidad de velar por la educación en la ciudad, haciendo más gravosa la problemática.

El cierre de instituciones educativas y la imposición de lógicas relacionadas con el crimen, el mercado, el control y la sanción penitenciaria indican una dirección preocupante para la ciudad. Popayán, al manifestar un simbolismo tan marcado de desprecio por la educación y promover prácticas que afectan negativamente a comunidades vulnerables, no augura señales positivas en términos de progreso, calidad de vida y desarrollo humano. Este es un llamado a la sociedad Payanesa, a sus autoridades y a las agremiaciones docentes para que aborden esta problemática, construyendo un entorno más inclusivo y equitativo en la ciudad desde el quehacer educativo.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

La piedra del parque Caldas y la piedra en el zapato para la gente de bien

«No hay respuestas únicas para nuestras realidades olvidadas. No existen soluciones claras y rápidas, simplemente no las hay. Aquí estoy, intentando sobrevivir, pero no puedo irme lejos, no alcanzo. Me dieron este refugio temporal, y desde aquí sigo pensando en el mundo allá en la periferia donde la Olla Comunitaria traza su camino contra el hambre. De algo estoy seguro: hay caminos, hay muchos caminos. Mientras haya caminos podemos seguir caminando. Personas como tú y yo estamos destinadas a seguir caminando, a seguir levantando la voz. Nunca dejaremos de caminar; caminamos la palabra para la memoria de la huella, caminamos en torno al fogón de la cocina, caminamos en el asentamiento, con las maricas, las víctimas, con las viudas y los huérfanos que dejó esta maldita guerra impuesta. Pero seguimos caminando y mientras haya camino y semillas, nuestra misión será caminar y sembrar.»

Eso dice Andrés Maíz, defensor de derechos humanos y líder social de Popayán y del Cauca, en el suroccidente de Colombia. Maíz enfrenta hoy una persecución atroz que busca su eliminación física y, sobre todo, política. Porque ciudades coloniales como Popayán y sociedades translesbohomofóbicas como la colombiana no soportan, ni desde la izquierda ni desde la derecha, que una persona de sexo-género diversa se enfrente al statu quo exigiendo dignidad para los más desfavorecidos, justicia para las víctimas y vida para seguir defendiendo la vida. Personas como Andrés Maíz se han convertido en una piedra en el zapato para la gente de bien en el departamento del Cauca.

Desde el año 2000, cuando denunció como periodista la venta de sustancias alucinógenas en la escuela de Puelenje, fue blanco constante de amenazas. El fiscal de turno, en su burocrática sabiduría, le dio un consejo: «Quédese en silencio». Pero Maíz hizo lo contrario, continuó su labor de denuncia.

En 2004, durante el paro estudiantil, su voz se hizo escuchar y fue víctima de señalamientos en medio de una asamblea universitaria. Dos años más tarde, después de una movilización, fue perseguido y sobrevivió a un atentado que quedó impune.

En 2013, su lucha en defensa de la plaza de mercado y su esfuerzo por preservar el patrimonio gastronómico y cultural de Popayán le valieron nuevas amenazas junto a otros líderes de la Cooperativa Mesalarga.

En 2018 fue señalado de insurgente cuando fungía como miembro gestor de la marcha de la comida, que es una apuesta política del proceso de liberación de la madre tierra en el norte del Cauca.

En septiembre de 2020, Andrés Maíz fue detenido bajo una orden de captura, acusado por homicidio en grado de tentativa contra el investigador del CTI de la Fiscalía, Diego Alejandro Quinayás, cuando el líder social se encontraba en una marcha exigiendo desde el movimiento de lxs sin techo la creación de un banco de tierras. Sin embargo, tras las audiencias preliminares, fue liberado debido a la falta de elementos probatorios.

En 2021, en medio de la represión estatal durante el paro nacional, el ministro de Defensa, Diego Molano, lo estigmatizó, ofreciendo una recompensa de 50 millones de pesos por su captura y acusándolo de pertenecer a las disidencias de las FARC y de ser responsable del incendio de la URI y los patios de tránsito en Popayán. Las amenazas se materializaron meses después en panfletos en los campamentos humanitarios de lxs Sin Techo, forzándolo al desplazamiento.

Al año siguiente, sufrió un intento de detención ilegal bajo una supuesta orden de captura, un hecho aún sin esclarecer. Las amenazas de muerte se intensificaron, llegando en forma de panfletos y mensajes de un grupo armado, persiguiendo su labor como defensor de derechos humanos, gestor cultural, cocinero e investigador de la memoria de sabores, saberes y haberes, vocero político del Movimiento Popular Comunitario Lxs Sin Techo y de la Colectiva Trans Marika Mariposas Negras.

En 2024, la policía advirtió sobre un posible atentado contra Andrés Maíz, información luego confirmada por la fiscalía. Tristemente, la amenaza se hizo evidente para su madre y su hija cuando hombres armados se apostaron frente a su casa, vigilando la entrada.

Desde la izquierda también acechan su liderazgo y el de las autoridades tradicionales del cabildo indígena de San José de Julumito, donde es comunero. En 2023, la junta directiva de Asoinca lo señaló en Radio Mil Cuarenta y redes sociales, mostrando su fotografía y acusándolo de contratar una oficina de cobro para atentar contra la directiva sindical. Esto marca solo el comienzo de otro capítulo de persecución y amenazas.

Pronto, panfletos del ELN en el corregimiento de Julumito lo declararon objetivo militar. Debido a esta amenaza, él y otras autoridades tradicionales han tenido que abandonar su hogar en Julumito por la incursión armada que pone en riesgo sus vidas. Los señalamientos de Asoinca, los panfletos del ELN y estas incursiones armadas buscan proteger los procesos de gentrificación rural que han desplazado a la población rural del municipio de Popayán.

¿Y por qué no mencionar que no se le permitió tomar posesión como concejal electo? Una simple advertencia de la Procuraduría bastó para que no se posesionara, sin que se agotara el debido proceso. No hubo decisión administrativa ni acciones legales que lo justificaran. A pesar de la voluntad de cerca de 1300 ciudadanos que lo eligieron concejal por el Pacto Histórico, su elección fue ignorada tanto por su partido como por las instancias electorales.

En este momento, Andrés Maíz lidera una campaña judicial para preservar el emblemático Parque Caldas como patrimonio biocultural de los habitantes de Popayán. Esta iniciativa busca revocar una recomendación de la Procuraduría, tras una solicitud del jurisconsulto Mario Cajas, reconocido abogado de la academia de jurisprudencia. En su solicitud, Cajas argumentó que la piedra del Parque Caldas sufre deterioro con las actividades culturales y artísticas que allí se realizan, dejando entrever una visión clasista que prioriza la conservación material del mobiliario sobre la vida comunitaria y popular de los habitantes de Popayán.

Para el jurista, según nuestra interpretación, la piedra se desgasta, cuando los chirimeros tocan su música, los skaters practican en sus patinetas, los bailarines de música andina danzan junto a la torre del reloj, cuando se celebran festivales gastronómicos y la gente disfruta de ellos, cuando los artesanos exhiben sus productos, o cuando el vendedor ambulante simplemente se gana su sustento en este lugar.

Este enfoque basado en la ciudad aséptica ignora por completo que el Parque Caldas ha sido históricamente un espacio de encuentro donde confluyen relaciones sociales, económicas, políticas, culturales y espirituales de la comarca, otrora primera plaza de mercado de la ciudad de Popayán.

En este contexto, Andrés Maíz enfrenta acusaciones infames, como la de supuestamente instigar desde la alcaldía, para que no se realice el Congreso Gastronómico en el Parque Caldas, pese a que no es funcionario ni contratista de la administración y, por el contrario, reclama por vía judicial su colectivo, comunitario y popular para la comunidad payanesa. A pesar de las calumnias, Andrés Maíz seguirá siendo la piedra en el zapato de la gente de bien de Popayán, perseverando porque mientras haya caminos y semillas, su misión será avanzar, resistir y defender los derechos y la vida de aquellos que luchan por su ciudad y su cultura.

Conflicto territorial del Pueblo Indígena de los Julumitos llega a la Corte Constitucional

El 24 de mayo de 2024, la Corte Constitucional de Colombia seleccionó un expediente de tutela que concierne al despojo de tierras sufrido por la comunidad indígena de San José de Julumito, asentada en zona rural de la ciudad de Popayán. Este paso marca un hito significativo para la comunidad, que ha librado una prolongada batalla legal por el reconocimiento de sus derechos territoriales a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. Se espera que el pronunciamiento judicial garantice por fin el restablecimiento de sus derechos territoriales y evite el exterminio del pueblo indígena de los Julumitos.

Simultáneamente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha dado curso a una solicitud de medida cautelar en favor de la comunidad, reconociendo la gravedad de la situación y los riesgos que enfrentan. La CIDH ha solicitado al Gobierno Colombiano información detallada sobre los procesos penales relacionados con el despojo de tierras, las amenazas y las agresiones sufridas por los lideres indígenas y las medidas de protección que se están adelantando a favor de la comunidad . Esta solicitud de protección abarca tanto el despojo perpetrado por ASOINCA-PROVITEC- Asociación de Institutores del Cauca y su empresa inmobiliaria- como los actos de violencia cometidos por grupos armados ilegales como el ELN, además de funcionarios de seguridad de la Unidad Nacional de Protección (UNP).

Desde 2015, la comunidad de San José de Julumito ha enfrentado múltiples actos de violencia y hostigamiento. Omar Edilberto Melo Bravo y Fernando Vargas quien fuera representante legal de ASOINCA-PROVITEC, engañaron a la comunidad permitiendo la ocupación del predio Limonar-Balcones con la falsa promesa de destinar el terreno para constituir el resguardo indígena de San José de Julumito. Sin embargo, en 2023, la empresa despojó definitivamente a la comunidad para construir casas de recreo para sus socios, sacrificando así los derechos territoriales de la comunidad indígena de San José de Julumito de manera injusta y violenta

La comunidad ha sido objeto de intimidación a través de señalamientos y acusaciones falsas. El ELN ha declarado objetivo militar a todos los miembros del cabildo indígena, así como a destacados líderes indígenas y civiles en la ciudad. Miembros de la Unidad Nacional de Protección (UNP) han realizado detenciones arbitrarias de líderes comunitarios, forzándolos a subir a vehículos de esquemas de protección y sometiéndolos a extensos interrogatorios. Además, se han hecho llamadas a lideresas del cabildo indígena ofreciéndoles dinero y propiedades dentro del predio Limonar-Balcones a cambio de que entreguen a los líderes indígenas de la comunidad y colaboren con la empresa ASOINCA-PROVITEC.

En abril y mayo de 2024, el gobernador indígena Pedro Ángel Casamachín sufrió incursiones armadas que lo obligaron a desplazarse. Además, miembros del cabildo y la abogada y periodista Sofía López, quien acompaña a la comunidad, hemos sido constantemente hostigados, seguidos y fotografiados en nuestras residencias por individuos en motocicletas sin placas y vehículos de empresas contratistas de la UNP. Estos incidentes han sido denunciados por la comunidad indígena en diversas instancias judiciales donde se conoce del caso.

La comunidad indígena exigió a ASOINCA-PROVITEC que detenga de inmediato cualquier acción de despojo y las actividades de construcción de casas de recreo en el predio Limonar-Balcones, en tanto la justicia resuelve el litigio territorial.  Asimismo, solicitó a la Unidad Nacional de Protección que lleve a cabo una investigación exhaustiva sobre los funcionarios de las empresas contratistas que están amenazando y hostigando a la comunidad y a la abogada Sofía López.  La comunidad también hizo un llamado a los docentes asociados al gremio empresarial de ASOINCA-PROVITEC para que cesen las prácticas racistas contra su pueblo y se abstengan de fomentar el despojo mediante la adquisición ilegal de los predios Limonar-Balcones.

La Comunidad Indígena de San José de Julumito invitó a la directiva sindical de ASOINCA a participar en un proceso de diálogo constructivo que permita encontrar soluciones conjuntas para la restitución de sus derechos territoriales.

La comunidad de San José de Julumito pertenece al pueblo Pubenense, una civilización que habitó el suroccidente de Colombia, que se caracterizó por su avanzada organización social, económica y política. A lo largo de los siglos, han enfrentado disputas por tierras con la Iglesia Católica y han luchado incansablemente por la reivindicación de su territorio ancestral. Desde 1924, han llevado a cabo batallas legales para obtener el reconocimiento de sus derechos territoriales, obteniendo recientemente un fallo favorable de la sala civil del Tribunal Superior de Popayán que ordenó la restitución de predios comunales reclamados por la Iglesia Católica.

Es inconcebible que hoy los encargados de la educación de niños y jóvenes en el departamento del Cauca estén inmersos en prácticas de despojo territorial y racismo. Esperamos que el pronunciamiento de la Corte Constitucional resuelva el conflicto territorial y evite el exterminio de los últimos Pubenenses que existen en la ciudad, así mismo que sea un precedente para erradicar practicas del racismo estructural en contra de nuestros pueblos indígenas.

 

El General (r) Iván Ramírez Quintero un monstruo de la doctrina de seguridad nacional

Iván Ramírez Quintero, de 81 años, nació en Roldanillo, Valle del Cauca. Ingresó al Ejército en 1963 en el Batallón de Ingenieros No. 5 Francisco José de Caldas y, aunque comenzó como Comandante de Pelotón en unidades de ingenieros, rápidamente se destacó en labores de inteligencia. Desde 1971 ocupó roles clave como Analista y Jefe de Sección en el Batallón Charry Solano, y posteriormente fue segundo Comandante y luego Comandante del mismo batallón hasta 1985. En 1985 asumió la comandancia del Comando Operativo de Inteligencia y Contrainteligencia, y en 1987 se integró a la Dirección de Inteligencia y Contrainteligencia del Ejército, siendo Comandante de la XI Brigada entre 1988 y 1989. En 1994 fue jefe de Sección II (Inteligencia) del Comando General de las Fuerzas Militares, y en 1995 Comandante de la 1ª División. Terminó su carrera como Inspector General del Ejército hasta 1998, con una comisión a Chile ese año.

En 1979 surgieron las primeras acusaciones en su contra, cuando cuatro miembros de Inteligencia Militar lo señalaron como uno de los creadores de la Triple A y coordinador de algunos de sus atentados dinamiteros. También fue responsabilizado por su papel en la operación de retoma del Palacio de Justicia en 1985, cuando era la máxima autoridad del Batallón Charry Solano, y por los delitos cometidos por esta unidad durante su comandancia.

Ramírez fue condenado por el delito de desaparición forzada, ocurrido durante la toma del Palacio de Justicia los días 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando la guerrilla del M-19 se apoderó del edificio. También se le señaló, en declaraciones ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), de haber ordenado la desaparición forzada y el homicidio de varios líderes de izquierda en las décadas de los 80 y 90.

En mayo de 2023, el gobierno de Estados Unidos le retiró la visa a Ramírez, argumentando que había cometido «graves violaciones a los derechos humanos». Esta acción reflejaba el creciente escrutinio internacional sobre sus actividades y decisiones durante su carrera militar.

Iván Ramírez Quintero es un fiel ejecutor de la doctrina de seguridad nacional en Colombia. Su alianza con el empresariado criminal y el paramilitarismo fue clave en la aplicación estricta política del enemigo interno, de la estrategia contra insurgente y la guerra de baja intensidad. Siendo uno de los ejes fundamentales para la planeación y ejecución de la política de persecución y eliminación implementada contra los sectores de izquierda en Colombia.

Recientemente, la Sala Plena del Tribunal Superior de Bogotá lo condenó en segunda instancia a 31 años de prisión por la desaparición forzada durante la toma del Palacio de Justicia. Esta condena se emitió tras resolver el recurso de apelación presentado por la Fiscalía General de la Nación y los representantes de las víctimas, en contra del fallo del 15 de diciembre de 2011, por el Juzgado 51 Penal del Circuito de Bogotá, que había absuelto a Ramírez Quintero por duda probatoria.

De acuerdo con la Sala Plena, existían pruebas suficientes tanto testimoniales como documentales para condenar al general (r) Iván Ramírez Quintero por la desaparición de Irma Franco, miembro del M-19. En el mismo caso, el coronel (r) Fernando Blanco Gómez también fue condenado. El fallo señala: “Está debidamente demostrada la ocurrencia y materialidad de la conducta desplegada por los procesados, junto con otros militares, para acometer, como lo hicieron, contra la libertad individual de la guerrillera Irma Franco Pineda, por lo que, siendo típica, objetiva y subjetivamente, la conducta, además de antijurídica y culpable, deben responder penalmente por ella”.

Recientemente el sargento José Leonairo Dorado Córdoba confesó ante la JEP su participación en crímenes durante los años noventa como miembro del Batallón de Contrainteligencia 1 y el Batallón de Inteligencia Charry Solano. Sus declaraciones implican al general (r) Iván Ramírez Quintero y otros altos oficiales del Ejército en el asesinato de líderes de izquierda, torturas, seguimientos y planes de asesinato, incluyendo al actual presidente Gustavo Petro. Dorado confesó que estos seguimientos buscaban eliminar a los líderes izquierdistas, como en el fallido intento de asesinato de Antonio Navarro.

Dorado relató su vinculación con el Ejército en 1984, comenzando una carrera criminal que incluyó seguimientos a políticos como Gustavo Petro, Antonio Navarro, Álvaro Leyva y Aida Avella, con reportes directos al general Ivan Ramírez Quintero. Según Dorado, la Brigada XX, bajo el mando de Ramírez, estaba alineada con grupos paramilitares.

Entre los crímenes más destacados confesados por Dorado y que involucran a Ivan Ramirez Quintero se incluyen:

  • Manuel Cepeda Vargas (1994): Asesinato del senador de la Unión Patriótica, ordenado por generales como Harold Bedoya y Martín Carreño, con el grupo de sicarios dirigido por el mayor César Corredor.
  • Eduardo Umaña Mendoza (1998): Abogado de derechos humanos asesinado tras meses de seguimiento ordenado por Ramírez Quintero.
  • Guillermo Marín (1986): Exmilitante del M-19 secuestrado y torturado por sargentos Garzón y Medina, sobrevivió al ataque.
  • José Cuesta Novoa (1988): Concejal de Bogotá sometido a torturas por orden del general Ramírez.
  • Amparo Tordecilla (1989): Integrante del EPL secuestrada y asesinada en un intento de sabotear acuerdos de paz.
  • Nydia Érika Bautista (1987): Exmilitante del M-19 secuestrada, victima de violencia sexual y torturada hasta la muerte, con órdenes de altos mandos militares.
  • Alirio Pedraza (1990): Abogado de derechos humanos secuestrado y asesinado, sus restos enterrados clandestinamente.
  • José Miller Chacón (1993): Asesinato del exintegrante de la Unión Patriótica, seguido y ultimado por sicarios de la Brigada XX.
  • Pedro Movilla (1993): Líder del Partido Comunista secuestrado, torturado y asesinado.

Dorado detalló la estructura criminal dentro del Ejército, dirigida por Ramírez Quintero y apoyada por otros altos oficiales, con operaciones lideradas por una Compañía de Operaciones Especiales.

Desde 1977 hasta finales de 1998, los organismos de inteligencia del Ejército Nacional utilizaron todos los recursos disponibles para perseguir a personas vinculadas a movimientos políticos de izquierda. Esta persecución siguió un patrón común: primero, se controlaba y vigilaba a estas personas, investigando su vida personal, horarios, hábitos, residencia, trabajo, y círculos sociales, a menudo mediante infiltración. Luego, miembros de las unidades de inteligencia del ejército, vestidos de civil o con uniforme, procedían al secuestro y/o privación ilegal de la libertad de estas personas.

Las víctimas eran llevadas a instalaciones de las Fuerzas Militares o a lugares clandestinos, normalmente utilizando vehículos particulares registrados bajo unidades militares. No se presentaban órdenes de captura autorizadas por jueces ni se informaba a los familiares sobre el paradero de las víctimas. En estos lugares, las víctimas eran sometidas a torturas y tratos inhumanos para obtener información sobre grupos insurgentes o para que señalaran a otras personas. La mayoría de estos casos culminaron en desapariciones forzadas.

Estas revelaciones ponen de manifiesto la urgente necesidad de que el Estado colombiano revise y transforme su doctrina militar. La actual doctrina de seguridad nacional, basada en la noción del «enemigo interno» , guerra de baja intensidad y la estrategia contra insurgente, ha propiciado un entorno donde violaciones de derechos humanos y crímenes atroces pueden cometerse con impunidad. Es imperativo que se adopten nuevas políticas y enfoques que prioricen la protección de los derechos humanos y la dignidad de todos los ciudadanos. Solo así se podrá garantizar que la institución castrense no vuelva a producir individuos capaces de cometer tales monstruosidades.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad

La lucha de los últimos Pubenenses contra el exterminio

La comunidad indígena de San José de Julumito sigue enfrentando un proceso discriminación y de despojo. Recientemente, durante un procedimiento de clarificación de resguardo realizado por la Agencia Nacional de Tierras en los terrenos pertenecientes al cabildo indígena, que incluyen la escuela, la cancha, el cementerio y el puesto de salud, tanto funcionarios gubernamentales como miembros de la comunidad fueron objeto de maltrato e insultos racistas. Se repitió constantemente la denigrante frase de que «esos indios quieren todo regalado». Es importante resaltar que la sala civil del Tribunal Superior de Popayán en proceso de declarativo de pertenencia presentando por la Iglesia Católica, decidió que esos predios por su carácter ancestral son de la Comunidad Indígena de San José de Julumito.

Esta situación se deriva de un contexto más amplio de violencia y segregación racial en el corregimiento de Julumito, zona rural de Popayán. Desde que la empresa Asoinca-Provitec se apoderó de los terrenos de Hispala y Limonar-Balcones, las agresiones contra los indígenas locales han aumentado. La presencia de esta empresa ha agudizado los conflictos territoriales y ha generado un clima de hostilidad hacia la comunidad indígena.

La gentrificación rural impulsada por Asoinca-Provitec en el corregimiento de Julumito y otras zonas rurales de Popayán ha sido especialmente perjudicial, exacerbando las tensiones en la región. La gentrificación rural visibiliza los procesos de transformación en la tenencia de la tierra en espacios rurales que pasan de estratos bajos a medios y altos, llevando a la transformación de su composición social, es decir un proceso de exterminio de población campesina e indígena en dichos territorios, por tanto, la no producción de alimentos para abastecer la ciudad.

Además, la presencia de grupos armados ha agravado la situación, amenazando y hostigando a los líderes del cabildo indígena. Desde el 2023, se han registrado amenazas por parte del ELN mediante panfletos contra los líderes indígenas, y en los meses de abril y mayo de 2024, se han producido incursiones armadas que han obligado al desplazamiento forzado de las autoridades tradicionales de la comunidad.

Pero para el común de la gente, incluido los afiliados de Asoinca-provitec— docentes agremiados encargados de la educación de Popayán— los indígenas del Cabildo de San José de Julumito son unos“indios invasores y quieren todo regalado”, desconociendo que esos predios de los que se han apropiado,  son ancestrales y llevan consigo la memoria indígena Pubenense de la ciudad de Popayán.

La comunidad de San José de Julumito, situada a 7 km del municipio de Popayán en el noroccidente de la cabecera municipal, es un asentamiento modesto con aproximadamente 150 habitantes de ascendencia julumiteña, según la antropóloga y exgobernadora indígena Lourdes González, con una presencia significativa de otras etnias relacionadas por parentesco.

El proceso de poblamiento especial ha sido una constante a lo largo de los años, remontándose a la llegada de los ibéricos. Según Carlos Vergara Cerón, los antepasados Pubenenses arribaron a las costas caucanas utilizando las mismas vías de acceso que hoy existen, especialmente marítimas. Los Pubenenses, de origen polinésico según Vergara, se distinguían por sus rasgos finos, proporciones agradables y la ausencia de rituales caníbales, además de su preocupación por la estética. Aunque preferían los climas fríos, se destacaban como músicos, legado que perdura en las chirimías, populares en la región. Antes de la guerra, se pintaban con achiote, una práctica aún presente en su gastronomía.

Este autor menciona la existencia del cacique Julumito, cuyo territorio abarcaba gran parte de la meseta, con límites delineados por los ríos que hoy bordean Popayán: Cauca, Ejido y Molino: “A demás se habla de la existencia del locuaz aborigen Julumito, con sus fantásticos relatos en Latacunga sobre las bellas condiciones de la planicie de Pubenense, este convenció a Belalcázar para ordenar la expedición de sus capitanes inmediatamente, obrando en ellos con tanta precipitud, debido a los encantadores paisajes que les pintaba con calor el sonreído indio, que extremeño, no alcanzo a solicitar el permiso de su jefe, el capitán Francisco Pizarro”

El archivo histórico del Cauca alberga documentos de encomiendas del Pueblo de Julumito desde el siglo XVII, indicando que formaban parte del gran pueblo Pubenense en la planicie de Popayán. Los Julumitos estaban sujetos al pago de impuestos a la corona española mediante la encomienda, como lo confirman censos y correspondencia oficial de la época. Esta información fue suministrada por la Agencia Nacional de Tierras, la Gobernación del Cauca y el Ministerio del Interior a la Comunidad. Quienes han reconocido que existe una territorio ancestral del pueblo de los Julumitos.

En 1920, el concejo municipal reconoció el padrón de familias indígenas en Julumito, contabilizando 90 familias. Desde 1924, el Cabildo Indígena de Julumito, liderado por Marcelino Medina, emprendió acciones legales para el reconocimiento de tierras comunitarias, enfrentando la oposición de la Arquidiócesis de Popayán, que reclamaba propiedad sobre los terrenos.

En 1926, se adjudicaron las tierras al Cabildo de San José de Julumito en usufructo para la Iglesia Católica, aunque la comunidad indígena conservaba la propiedad. A lo largo de los años, surgieron disputas sobre la propiedad de las tierras, lo que llevó al cabildo indígena a parcelarlas equitativamente entre los comuneros indígenas para preservarlas. Es decir por la presión de la iglesia católica, la comunidad indígena se disolvió mediante la parcelación de su territorio.

La población del Resguardo de San José de Julumito se identifica como descendientes de los Pubenenses. A pesar de la segregación racial, buscan afirmar su identidad como descendientes de los Julumitos, basándose en su ubicación geográfica, apellidos históricos y tradiciones. Las primeras familias portaban apellidos como Chamizo, Trujillo, Angucho, Guasca, Yacumal y Luligo.

En su resistencia contra la segregación y el exterminio, la comunidad se aferra a su historia como pueblo de los Julumitos y lucha por el restablecimiento de sus derechos territoriales.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

 

De la Asamblea Nacional Constituyente y otras Herejías

La teoría de la evolución de Charles Darwin fue considerada una herejía en su época porque hizo frente a las creencias religiosas y científicas predominantes sobre el origen de las especies. Hoy en día esta teoría es ampliamente aceptada como uno de los pilares fundamentales de la biología y ha inspirado avances significativos en nuestro entendimiento del mundo natural.

La música de compositores como Ludwig Van Beethoven y Richard Wagner desafió las convenciones musicales de sus tiempos, siendo considerada una herejía en algunos círculos. Beethoven, con sus innovadoras sinfonías y su música de cámara, amplió los límites de la música clásica, desafiando las expectativas de la época. Wagner, con sus óperas épicas y su concepto de «Gesamtkunstwerk» (obra de arte total), introdujo nuevas formas de expresión musical y teatral que influyeron en generaciones posteriores de compositores y directores, aunque también enfrentó críticas y controversias por sus ideas innovadoras.

El existencialismo, especialmente representado por filósofos como Jean-Paul Sartre y Friedrich Nietzsche, desafió las ideas tradicionales sobre el significado de la vida, la moralidad y la existencia humana. Aunque sus ideas fueron consideradas herejías en su momento, hoy son profundas reflexiones sobre la condición humana y la libertad individual.

Montealegre Lynett, refiriéndose a su propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente vía decreto legislativo, indicó: «Esto no es una ruptura constitucional, es una herejía constitucional«. En los últimos días, se ha generado un debate político debido a las declaraciones del ex Canciller Álvaro Leyva, quien afirmó que el presidente podría convocar una Asamblea Constituyente por decreto, en el marco del Acuerdo de Paz con las FARC. Esta idea ha sido respaldada por el presidente Gustavo Petro y es avalada por el ex fiscal general, Eduardo Montealegre, en su calidad de académico.

Montealegre sostuvo que el presidente podría convocar a una Asamblea Nacional Constituyente a través de un decreto autónomo, es decir, un decreto con fuerza de ley. Según él, esta facultad deriva de los Acuerdos de Paz de La Habana, que son considerados un tratado internacional de obligatorio cumplimiento.

Sin embargo, Montealegre señaló que «En estos casos no se requiere ir al Congreso, el presidente de la República en desarrollo directo de ese tratado de paz, puede expedir un decreto que se llama reglamento constitucional autónomo que tiene fuerza de ley, que equivale a la ley donde convoque la Asamblea». La legalidad del decreto presidencial estaría sujeta a la revisión de la Corte Constitucional, y eventualmente serían los colombianos quienes se pronunciarían en las urnas.

Lo cierto es que el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) buscaron dar estabilidad y seguridad jurídica al Acuerdo de Paz suscrito en 2016 mediante su internacionalización normativa. Este acuerdo fue firmado como un Acuerdo Especial conforme al derecho internacional humanitario y anexado a una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, vinculada a una declaración unilateral del Estado colombiano ante la organización.

Esta estrategia de internacionalización permitió identificar el estatus legal del Acuerdo y sus consecuencias tanto a nivel interno como internacional. Nos encontramos ante un documento jurídico de carácter internacional, abarcando derechos humanos y derecho internacional humanitario.

Siendo un instrumento jurídico internacional, el Acuerdo de Paz se incorporó a la constitución política colombiana a través del bloque de constitucionalidad, conforme al artículo 93 de la Constitución. Este artículo establece la integración de tratados internacionales de derechos humanos en el ordenamiento jurídico nacional.

En la página 8, párrafo 2 del Acuerdo de Paz en el instrumento jurídico internacional, se establece: «Por lo anterior, el Gobierno de Colombia y las FARC-EP, con el ánimo de consolidar aún más las bases sobre las que edificará la paz y la reconciliación nacional, una vez realizado el procedimiento de refrendación, convocarán a todos los partidos, movimientos políticos y sociales, y a todas las fuerzas vivas del país a concertar un gran ACUERDO POLÍTICO NACIONAL encaminado a definir las reformas y ajustes institucionales necesarios para atender los retos que la paz demande, poniendo en marcha un nuevo marco de convivencia política y social.»

Este, es entonces un mandato constitucional, a través del bloque de constitucionalidad, que abre el camino para la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Según Montealegre Lynett, esta convocatoria puede realizarse por vía de decreto con fuerza de ley, cumpliendo así con un tratado internacional. Por lo tanto, la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente tiene una base legal sólida y representa un paso necesario y urgente para la implementación de las reformas necesarias para consolidar la paz y la reconciliación en Colombia.

Al final, solo podemos afirmar que, de ser posible la expedición del decreto con fuerza de ley, la Corte Constitucional, muy alineada a las estrategias de golpe de estado judicial, cerrará la posibilidad de la Asamblea Constituyente. Sin duda alguna, la rama judicial colombiana es una férrea opositora del Gobierno de Gustavo Petro. No es una herejía, es una utopía constitucional, soñar con que, por fin, los cambios que necesita este país se materialicen con la tan anhelada Asamblea Nacional Constituyente.

Por: Sofía López Mera, Abogada, Periodista y Defensora de Derechos Humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

La historia de Valery Chilgueso y la lucha por la justicia

“Buenas tardes, Doctora Sofía. Habla Valery Chilgueso”. Con una voz de niña, pero con la elocuencia de una adulta, así saludó Valery en un mensaje de voz de WhatsApp, contándome cómo fue su reclutamiento forzado. Era evidente que la dinámica de la guerra le arrebató su infancia, enfrentándola a situaciones que ningún niño colombiano debería vivir. Continuó su relato explicando que la habían reclutado en las filas de la columna Urias Rondón mediante engaños. Señaló que desde que su hermano se fugó del grupo armado, la persecución contra la familia se hizo insostenible, clamando por ayuda: «Yo necesito ayuda, como me pueden colaborar, sinceramente esto se pasó a mayores, nos buscan ya la marquetalia, elenos, y necesitamos unas ayudas de ustedes, como nos pueden colaborar por favor, a mi madre, a mis hermanos, a mi familia». Envió el mensaje de voz cuando se encontraba en el hogar que le asignó el ICBF, donde fue discriminada por ser indígena y haber sido combatiente. Luego, en la última carta que le escribió a su madre, dijo: «Somos una desgracia para la familia, pero recuerda que por estudiar no pagan, y por eso tomamos esa decisión de irnos para donde usted ya sabe y queremos ayudarla. Nunca se olvide de mí y de mi hermano. Yo siempre la voy a apoyar, querer, amar y respetar. Si algún día llega a ocurrir algo conmigo, no intente lo que usted me dijo». Lo que Valery temía que ocurriera, sucedió. El 8 de marzo fue asesinada en un combate entre las estructuras de las EMC de las FARC y el ELN. Ella, menudita, con tan solo 14 años, a quien esta maldita guerra le arrebató su infancia.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha adoptado la Resolución 34/2024, otorgando medidas cautelares a Valery Chilgueso y a Diana Montilla Moreno, abogada defensora de derechos humanos, así como a sus respectivos núcleos familiares. Esta decisión se adoptó por la gravedad y urgencia de la situación en la que se encuentran, con sus derechos a la vida e integridad personal enfrentando un riesgo de daño irreparable.

La medida cautelar evidencia el flagelo del reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes en el departamento del Cauca. Esta práctica, que constituye una grave violación a los derechos humanos, se ha visto exacerbada por la intensificación de la guerra en la región. Grupos armados ilegales han aumentado sus actividades de reclutamiento forzado, aprovechando la vulnerabilidad de las comunidades rurales, sumiéndolas en un ciclo de violencia y desplazamiento forzado interminables.

Además, también aborda la preocupante situación de seguridad de los abogados defensores de derechos humanos en el suroccidente colombiano. En el contexto actual, los defensores enfrentamos crecientes amenazas y hostigamientos por la realización de nuestra labor. El recrudecimiento del conflicto armado en Colombia ha intensificado los ataques y persecuciones contra  quienes buscamos el acceso a la justicia para la superación de la impunidad y la defensa de los derechos humanos.

En el 2021, cuando la menor indígena Valery Chilgueso Dagua, hija de Sonia Chilgueso, tenía 12 años, fue reclutada a la fuerza por estructuras de las EMC de las FARC. En agosto de 2023, Valery llegó herida al hospital de Pasto, donde pidió ayuda a la abogada defensora de derechos humanos Diana Montilla. Con la asistencia de Montilla, la menor fue remitida a un hogar del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Sin embargo, Valery fue discriminada por ser indígena y haber sido combatiente, y no fue escolarizada, razones por las cuales se fugó mientras estaba bajo custodia del ICBF. Mientras tanto en la ciudad de Pasto la abogada Diana Montilla empezó a sufrir seguimientos y hostigamientos por haber ejercido su labor de acompañamiento a la menor.

El 8 de marzo, Sonia Chilgueso recibió la noticia de que su hija había fallecido en un combate con el ELN en el municipio de Cumbitara, Nariño. El cuerpo sin vida de Valery permaneció a la intemperie durante aproximadamente tres semanas hasta que la familia, a través de la Corporación Justicia y Dignidad, presentó una solicitud de medida cautelar ante la Comisión Interamericana. Su cuerpo fue trasladado a Medicina Legal de Cali, donde hasta la fecha no ha sido entregado a sus familiares.

El caso de Valery no es único, ya que su hermano, también menor de edad e indígena, fue reclutado forzadamente, aunque logró escapar de las filas de las EMC de las FARC y fue remitido al ICBF. Al igual que su hermana, se escapó del ICBF y se instaló en una zona rural del Cauca. Después de la desaparición de Valery, el menor y su madre, Sonia Chilgueso, empezaron a ser perseguidos por el grupo armado, sufriendo tres desplazamientos forzados en el Cauca antes de salir del departamento debido a la inminente materialización de las amenazas de muerte. Ante esta situación, la familia de Valery y la comunidad indígena exigen respuestas claras y acciones concretas por parte de las autoridades para esclarecer el caso y garantizar justicia para la menor y su familia, pero también protección integral en salvaguarda de su vida e integridad..

La Comisión Interamericana determinó que las personas beneficiarias de la medida cautelar están expuestas a amenazas graves, incluyendo ser declaradas objetivos militares, seguimientos por parte de grupos armados, desplazamientos forzados e intentos de secuestro. “Un caso particularmente preocupante es el de la hija de Sonia Chilgueso, cuyo paradero es desconocido y se teme que haya fallecido en un enfrentamiento entre grupos armados. Este caso ilustra la urgencia y gravedad de la situación”.

En respuesta a estos riesgos, la CIDH ha solicitado al Estado de Colombia que adopte las siguientes medidas:

  1. Implementar medidas necesarias y culturalmente adecuadas para proteger los derechos a la vida e integridad personal de las beneficiarias.
  2. Determinar la situación de V.C.D., hija de Sonia Chilgueso Dagua, cuyo paradero es desconocido.
  3. Concertar las medidas a adoptarse con las beneficiarias y/o sus representantes.
  4. Informar sobre las acciones adelantadas para investigar los hechos que dieron lugar a la medida cautelar y evitar su repetición.

«No te preocupes por mí, mamá, voy a estar bien», dijo Valery en su última carta a doña Sonia. «Te quiero mucho, te amo y gracias por tu cariño, comprensión y por apoyarme. Te amo de todo corazón. Cuídate mucho, madre. Te quiero un montón, madre«. Así se despidió una niña que jamás debió conocer la guerra ni morir asesinada en un combate. Los familiares de Valery esperan que, con la medida cautelar otorgada por la Comisión Interamericana, puedan al menos darle una sepultura digna a sus restos, que aún se encuentran en Medicina Legal.

«Que pare el reclutamiento, nosotras las mujeres no parimos hijos para la guerra».

Por: Sofía López Mera, abogada, defensora de derechos humanos y periodista de la Corporación Justicia y Dignidad.

El Lawfare a la Colombiana

La oposición al gobierno de Petro aplica con destreza las técnicas del «lawfare» o guerra judicial, una táctica utilizada por la rama judicial y la derecha uribista para socavar al gobierno legítimamente electo. El término «lawfare», derivado de la combinación de «law» (ley) y «warfare» (guerra), originalmente se empleaba en contextos militares para describir el uso de la ley como herramienta en conflictos asimétricos. Sin embargo, su definición ha evolucionado para abarcar el uso de acciones judiciales con el objetivo de causar perjuicio a un adversario político.

En América Latina, el concepto ha cobrado relevancia en casos como los procesos judiciales contra figuras prominentes como Dilma Rousseff y Lula da Silva en Brasil, o las acusaciones de corrupción dirigidas a Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y Rafael Correa en Ecuador.

En el contexto colombiano, el lawfare se manifiesta a través de una alianza entre sectores judiciales, medios de comunicación y entidades de derecha o ultraderecha, con el propósito de deslegitimar al gobierno y revertir avances de las reformas progresistas. Esta táctica busca imponer una narrativa de corrupción y desestabilización, presentando acciones judiciales como instrumentos de defensa de la democracia cuando en realidad se trata de una manipulación de la justicia con fines políticos.

El Consejo de Estado y la Corte Constitucional están desempeñando roles protagónicos en el actual escenario antidemocrático de lawfare. Una serie de reformas progresistas propuestas por el gobierno de Petro han sido derribadas mediante acciones judiciales, y han sido destituidos congresistas importantes dentro del proyecto del Pacto Histórico, generando una significativa desestabilización dentro del proyecto de izquierda que llegó al poder.

La sección quinta del Consejo de Estado, el tribunal supremo en asuntos electorales, ha emitido decisiones que han impactado de manera contundente al gobierno. Recientemente, esta sección suspendió al alcalde de Duitama por doble militancia en el Pacto Histórico y anuló el nombramiento del cónsul en México. También, esta sección del Consejo de Estado invalidó la elección de María José Pizarro como primera vicepresidenta del Senado, junto con la elección de cuatro congresistas del Pacto Histórico, incluyendo a Roy Barreras y Alexander López durante sus presidencias en el Senado, y a César Pachón y Luz Marina Munera, destacados líderes de izquierda.

Entre los golpes más duros que la Corte Constitucional ha dado en contra de las reformas del gobierno Petro se destacan los siguientes:

  • Declarar inexequible la Ley 2281 de 2023, que creó el Ministerio de Igualdad y Equidad, por considerar que hubo vicios de trámite en su estructuración, ya que no se realizó un correcto análisis de su impacto fiscal.
  • Declarar la inexequibilidad del Decreto 1085 de 2023, que declaró el Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica (EESE) en La Guajira.
  • La reforma tributaria del gobierno Petro ha experimentado modificaciones abruptas. La Corte Constitucional dejó sin efecto el párrafo 1 del artículo 19, el cual había eliminado la deducibilidad del impuesto de renta sobre las regalías que pagan las petroleras y empresas mineras al Estado por el aprovechamiento de recursos en el subsuelo. Esto resultó en una pérdida de cerca de 5 billones de pesos en impuestos a favor de multinacionales extranjeras. Además, por vicios de trámite en el Congreso, la Corte Constitucional tumbó el artículo 95 de la reforma tributaria, que establecía una contribución para beneficiar a estudiantes con créditos del Icetex. Asimismo, el tribunal Constitucional declaró inexequible el inciso 2º del artículo 96 de la reforma tributaria, que prorrogaba hasta el 31 de diciembre los efectos de decretos legislativos expedidos por el gobierno de Iván Duque en el marco de la pandemia del Covid-19 sobre insolvencia de las empresas. Condicionó la aplicación de una sobretasa contemplada en la reforma tributaria a personas y entidades dedicadas a generar energía eléctrica como actividad económica principal, aplicable entre los años 2023 y 2026. También fue declarado inexequible el aparte de la reforma que establecía que, para reducir el impuesto de renta, las empresas en zonas francas debían aumentar las exportaciones y suscribir un plan de internacionalización.
  • La Corte Constitucional declaró inexequible el cambio de nombre de fuerza aérea a fuerza aeroespacial propuesto por el ministerio de defensa y determinó que este último no tenía la facultad para cambiar el nombre mediante una ley ordinaria, ya que este aspecto estaba establecido en el artículo 217 de la Constitución política.

La Procuraduría General también es protagonista en la guerra judicial que se libra contra el gobierno del cambio. La bancada del Pacto Histórico expresó preocupación por lo que consideran una persecución de la Procuraduría hacia funcionarios del gobierno. Respaldaron a Luis Guillermo Pérez Casas, sancionado con destitución e inhabilidad por 12 años. Consideran la decisión cuestionable y sugieren motivaciones políticas detrás de la acción de la Procuraduría. Advierten sobre una tendencia de persecución por parte del Estado, interpretándola como un «golpe blando» contra el gobierno.

Además, es importante recordar que la Procuraduría General de la Nación extendió por tres meses la suspensión provisional del ministro de Relaciones Exteriores, Álvaro Leyva Durán, debido a presuntas irregularidades durante el proceso de licitación de pasaportes.

La Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes está llevando a cabo varias investigaciones contra el presidente Gustavo Petro por presunta financiación irregular de su campaña presidencial de 2022, así como por delitos de lavado de activos y dudosa procedencia de los fondos de campaña. Estas investigaciones se basan en denuncias sobre ingresos ilegales de dinero y aportes adicionales. Alirio Uribe del Pacto Histórico lidera la investigación sobre ingresos irregulares. También se están investigando conversaciones entre Armando Benedetti y Laura Sarabia sobre la obtención de fondos en la costa Caribe.

Y como si no fuera suficiente, los nueve magistrados del Consejo Nacional Electoral evaluarán y votarán una ponencia de 313 páginas presentada este miércoles 8 de mayo por los magistrados Benjamín Ortiz y Álvaro Hernán Prada, que imputa cargos a la campaña presidencial de Gustavo Petro por violar los topes electorales. La ponencia también señala a Ricardo Roa, exgerente de la campaña y actual presidente de Ecopetrol.

En conclusión, el fenómeno del «lawfare» es una poderosa herramienta para debilitar gobiernos progresistas en América Latina, y Colombia no es una excepción. A través de una combinación de acciones judiciales selectivas, manipulación mediática y alianzas políticas, sectores de la derecha están buscando minar la legitimidad y el avance de las agendas progresistas. En este contexto, el gobierno de Gustavo Petro ha enfrentado una serie de obstáculos legales y políticos que dificultan la capacidad para implementar reformas y avanzar en su agenda. El lawfare es la antesala del Golpe de Estado y solo el poder constituyente primario que sale a las calles materializado en una asamblea constituyente será la única alternativa para salvar la democracia colombiana.

Por: Sofía López Mera, abogada, periodista y defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad

 

¡Comisión de esclarecimiento YA!

Por: Sofía López Mera, Abogada, periodista y defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

En el contexto de la conmemoración de los tres años del estallido social en Colombia, las víctimas y organizaciones sociales que han sufrido la represión del gobierno de Iván Duque se reunieron con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Su objetivo fue solicitar apoyo para la creación de la Comisión de Esclarecimiento de los Hechos del Estallido Social de 2021, así como pedir una audiencia temática durante el 190º periodo de sesiones, que se celebrará en la sede de la CIDH en Washington DC en julio de este año.

Las víctimas y organizaciones de los departamentos de Risaralda, Valle del Cauca, Cauca y Nariño denunciaron la violencia sufrida y los mecanismos de impunidad instaurados por la Fiscalía General de la Nación. Se destacaron las amenazas, persecuciones y hostigamientos recibidos por las víctimas que denunciaron los hechos, así como la falta de funcionamiento de los mecanismos de garantías para la protesta social y la mesa de víctimas de la fuerza pública que se caracterizan por la escasa participación de las regiones.

Durante el encuentro con la CIDH, se resaltaron los incumplimientos del Estado de Colombia respecto a las recomendaciones emitidas por este organismo durante su visita de trabajo en 2021. Se puso énfasis en la persistencia de mecanismos de impunidad en el suroccidente del país, especialmente en la ineficacia de la Fiscalía General de la Nación para identificar y sancionar a los responsables, tanto agentes estatales como no estatales, que perpetraron graves violaciones a los derechos humanos, especialmente contra los jóvenes manifestantes. Se denunciaron las deficiencias en los procesos forenses llevados a cabo por el Instituto de Medicina Legal, señalando que estas instituciones parecen estar más enfocadas en montajes judiciales contra los jóvenes que en buscar justicia para las víctimas de las violaciones a los derechos humanos.

Se resaltó la situación de desamparo en la que se encuentran las víctimas, muchas de las cuales han sido sometidas a múltiples desplazamientos forzados tras presentar sus denuncias. Sin embargo, se ha encontrado obstáculos para recibir atención humanitaria por parte de la Defensoría del Pueblo y la Unidad de Víctimas, argumentando que no califican como víctimas del conflicto

 

 

rmado. Es fundamental aclarar que estas personas son víctimas de acciones irregulares perpetradas por la Policía Nacional y los escuadrones paramilitares conformados durante el paro nacional.

Durante la reunión se pusieron de relieve casos específicos de violencia, como los homicidios de Michael Aranda y Daniel Sánchez, llevados a cabo por la policía el 28 de mayo en Siloé, así como el atentado contra la Minga indígena el 9 de mayo, que dejó gravemente heridos a 8 comuneros indígenas, en estos hechos criminales participaron tanto la policía como de individuos armados de civil. También se mencionó el trágico asesinato de Angie Valencia en el sector de Calipso y el caso de Lucas Villa en el viaducto de Pereira. Además, se abordaron los casos de desapariciones forzadas en el Valle del Cauca durante el paro nacional, así como la persecución de los jóvenes líderes de las protestas y su actual situación de indefensión.

Se señalaron los hechos ocurridos el 28 de mayo en Pasto, Nariño, que dejaron un número indeterminado de heridos, incluido Cristian Yovani Bastidas, quien fue víctima de mutilación ocular y posteriormente se suicidó debido a las profundas afectaciones emocionales que sufrió. En el departamento del Cauca, se denunciaron los ataques sufridos por defensores de derechos humanos y periodistas, quienes a pesar de haber informado a la Defensoría del Pueblo sobre los actos de agresión, hostigamiento y amenaza durante el paro en Popayán, no vieron avances en las investigaciones.

También se denunciaron las prácticas racistas que quedaron instaladas desde el paro nacional, donde a los miembros de pueblos indígenas se les prohibió el acceso a ciertos lugares exclusivos de la ciudad de Cali, así como los ataques a las sedes del Consejo Regional Indígena del Cauca y sus instalaciones de salud en Popayán por parte de sectores extremistas que reprimen la protesta social.

El Paro Nacional de 2021 fue una acción política importante que llevó al presidente Gustavo Petro al cargo, pero las víctimas del estallido social se sienten abandonadas y enfrentan una desesperanzadora impunidad. Por esta razón la Comisión de Esclarecimiento de los Hechos del Paro busca establecer los derechos a la verdad, la justicia y la reparación integral de las víctimas, así como garantizar la no repetición de los hechos.

Este viernes, las víctimas del suroccidente y sus organizaciones presentarán la propuesta de la Comisión de Esclarecimiento de los Hechos del Paro Nacional ante los Ministerios de Defensa y Justicia. Además, están a la espera de una reunión con el Vice Ministerio de Juventudes para abordar esta importante iniciativa.

En América Latina, se han establecido diversas comisiones de esclarecimiento para abordar casos de violaciones a los derechos humanos y corrupción. Por ejemplo, la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en el caso Ayotzinapa fue creada en 2014 por el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, tras la desaparición de 43 estudiantes en Iguala, México. Esta comisión, integrada por expertos nacionales e internacionales en derechos humanos y criminología, se encargó de investigar los hechos de manera independiente.

Otro ejemplo es la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), establecida en 2006 mediante un acuerdo entre el gobierno guatemalteco y la ONU. La CICIG tenía como objetivo apoyar al Estado de Guatemala en la lucha contra la impunidad, fortaleciendo las instituciones para combatir la corrupción y el crimen organizado. Cabe destacar que en esta comisión participaron destacados profesionales como el actual ministro de defensa de Colombia, Iván Velásquez, y la actual Fiscal General de la Nación, Adriana Camargo.

Considerando la relevancia y el éxito de iniciativas similares en la región, se espera que la propuesta de las víctimas del estallido social sobre la creación de una comisión de esclarecimiento sea bien recibida por el gobierno nacional y se inicien las rutas para el restablecimiento de los derechos de las víctimas.

¡Comisión de esclarecimiento Ya !

Crisis en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) Parte uno: Sin justicia restaurativa no hay Paz

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ha experimentado un proceso de deslegitimación y crisis, con una creciente desviación de los principios de la justicia restaurativa. Esta situación ha sido denunciada por diversas figuras políticas, incluyendo al presidente de la república, al suspendido canciller, al exsecretariado de las FARC y hasta el mismo Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ONU.

El presidente Petro reafirmó el compromiso del Estado colombiano con los términos del acuerdo de paz en una carta enviada a la Asamblea de las Naciones Unidas el pasado 20 de octubre de 2023. Sin embargo, en esta carta, Petro también expresó duras críticas hacia la JEP, instándola a cumplir sin dudas las normas que la crearon para garantizar la justicia. El presidente destacó la importancia de que la JEP aplique el mandato universal y garantista de la favorabilidad penal, así como el derecho a la amnistía en los términos pactados.

Por su parte el canciller suspendido Álvaro Leyva también criticó a la JEP durante una presentación ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Leyva señaló que la JEP se estaba alejando de las normas establecidas con el esfuerzo conjunto, dejando de lado principios fundamentales a favor de las víctimas, como la verdad, la reparación y la no repetición.

En el mes de febrero de 2024 siete antiguos miembros del secretariado de las FARC han enviado una carta al presidente Gustavo Petro, expresando sus preocupaciones sobre la implementación del Acuerdo de Paz, particularmente en relación con la JEP. La misiva, que coincidió con la visita del Consejo de Seguridad de la ONU, denuncia que la JEP está apartándose del espíritu del acuerdo, lo que genera inseguridad jurídica para los excombatientes.

Los puntos críticos de la denuncia son:

  1. Los excombatientes argumentan que la JEP ha adoptado una interpretación propia del acuerdo, llevándolo hacia un enfoque judicial punitivo, alejado del espíritu original del acuerdo de paz.
  2. Los excomandantes critican el enfoque de la JEP en la resolución de macrocasos, argumentando que esto contradice la ley estatutaria del tribunal, que establece la necesidad de una resolución única de conclusiones.
  3. Expresan preocupación por la lentitud en la resolución de solicitudes de amnistía por parte de la JEP. De un total de 4.485 solicitudes tramitadas, solo 688 han sido concedidas, mientras que 3.804 han sido negadas. Esta situación, afirman, afecta la confianza en el proceso de paz y podría tener consecuencias negativas para la estabilidad del país.
  4. Los excomandantes argumentan que la vinculación de exintegrantes de bajo rango en las investigaciones va en contra del objetivo de buscar a los máximos responsables y centra el esfuerzo en casos menos representativos. Esto, afirman, genera desconfianza en el proceso de paz.
  5. Denuncian una supuesta vulneración al debido proceso y a la presunción de inocencia por parte de la JEP, al tener la capacidad de expulsar de manera repentina a los comparecientes si considera que ha habido incumplimientos graves. Esto, según los exjefes guerrilleros, niega la posibilidad de ejercer el derecho de defensa y contradecir la prueba.

Los excomandantes concluyen que estas preocupaciones ponen en riesgo el Acuerdo de Paz, generando falta de confianza y violando principios del Derecho Internacional Humanitario. Asimismo, instan al presidente Petro a abordar estas preocupaciones para garantizar la seguridad jurídica y la estabilidad del proceso de paz en Colombia.

En la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU del 9 de abril de 2024, durante la presentación del informe trimestral de la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, se produjo un llamado por parte de la mayoría de los países que integran el Consejo de Seguridad a la JEP. En este llamado se instó a la JEP a aplicar de manera irrestricta los principios de la justicia restaurativa, señalando que la aplicación de principios de carácter punitivo desnaturaliza lo acordado en el acuerdo de paz del 2016.

En respuesta a las crecientes controversias en torno a la JEP, el Gobierno ha anunciado un acuerdo con la Corte Penal Internacional (CPI) como parte de sus esfuerzos por abordar estas preocupaciones. Este acuerdo, revelado después de un encuentro entre el Canciller encargado, Luis Gilberto Murillo, y el Fiscal de la CPI, Karim Khan, tiene como objetivo fortalecer la cooperación y complementariedad en materia judicial entre Colombia y las autoridades internacionales.

La iniciativa busca encontrar salidas a las disputas y desafíos que han surgido en torno a la implementación de la JEP, especialmente con respecto a su enfoque y procedimientos. En particular, se enfatiza la necesidad de incorporar el enfoque restaurativo en las jurisdicciones ordinaria y transicional, así como medidas para garantizar la reparación integral a las víctimas del conflicto armado.

Este acuerdo representa un paso para abordar las preocupaciones planteadas por los firmantes del Acuerdo de Paz y otros actores interesados en el proceso de reconciliación y justicia en Colombia.

La JEP está atravesando una crisis, por la influencia de intereses afines a la derecha que buscan desmantelar los acuerdos de paz alcanzados en 2016. Existe una preocupación creciente de que el lema de «hacer trizas la paz» se esté infiltrando en la JEP, un sistema en el que muchos firmantes del acuerdo depositan su esperanza.

Además, en las mesas de paz instaladas en el marco del proceso de paz, se está explorando la posibilidad de no crear más mecanismos de justicia transicional y de aplicar el modelo de la JEP en futuros acuerdos de paz. Sin embargo, la persistencia de intenciones punitivas dentro de la JEP podría obstaculizar estos esfuerzos y minar la confianza en el sistema de justicia transicional.

En varias regiones del suroccidente colombiano se ha informado por delegados del gobierno nacional que se está contemplando la posibilidad de aplicar el modelo de la Ley 975 de 2005, también conocida como la Ley de Justicia y Paz, para los combatientes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) que participen en los procesos de diálogos de paz. Sin embargo, esta medida ha suscitado diversos interrogantes, dado que es poco probable que dichos combatientes acepten cumplir una pena mínima de ocho años de cárcel, tal como establece este modelo de justicia transicional. En este contexto, la única alternativa viable en caso de no implementarse un mecanismo de justicia transicional propio, sería la JEP. Sin embargo, la JEP ha sido objeto de duras críticas por parte de diversos sectores, principalmente debido a su negativa masiva a conceder amnistías a los firmantes del acuerdo de paz.

La firma apresurada de los acuerdos de paz en 2016 ha generado una serie de situaciones complejas, incluyendo la formación de grupos armados disidentes y la improvisación de un sistema de justicia que no ha logrado cumplir con las expectativas ni de firmantes de paz ni de las víctimas de crímenes de Estado.

En un próximo artículo, se explorará más a fondo el impacto nefasto de este modelo de justicia transicional en las víctimas, que no han encontrado ni verdad, ni justicia, ni reparación integral en el sistema actual.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

 

Hallazgos y recomendaciones preliminares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre la situación de Colombia.

Por invitación del presidente Gustavo Petro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos realizó una visita in loco en Colombia con el propósito de observar los impactos de las distintas formas de violencia en la situación de los derechos humanos. La delegación que condujo la visita estuvo liderada por la Presidenta de la CIDH, Comisionada Roberta Clarke; el segundo vicepresidente y Relator para Colombia, José Luis Caballero; los Comisionados Stuardo Ralón y Arif Bulkan, y las Comisionadas Andrea Pochak y Gloria De Mees, junto a la Secretaria Ejecutiva, Tania Reneaum, la Secretaria Ejecutiva Adjunta, María Claudia Pulido, la Jefa de Gabinete, Patricia Colchero, y especialistas de la Secretaría Ejecutiva. Así mismo, integraron la delegación los Relatores Especiales para la Libertad de Expresión, Pedro Vaca, y sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Javier Palummo.

La delegación visitó la ciudad de Bogotá y los departamentos de Antioquia, Cauca, Chocó, La Guajira, Magdalena, Nariño, Putumayo y Valle del Cauca. En dichos lugares, la CIDH se entrevistó con autoridades de los diferentes poderes del Estado y se escuchó a organizaciones de la sociedad civil, grupos indígenas y afrocolombianos, activistas, personas defensoras y con liderazgo social y comunitario, sindicatos y gremios empresariales, así como de partidos políticos. La CIDH también visitó algunos de los principales centros de reclusión del país.

En la rueda de prensa del viernes 19 de abril, la CIDH presentó sus observaciones preliminares destacando varios aspectos de la crítica situación de derechos humanos y humanitaria que padece Colombia.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos indicó que Colombia, un país caracterizado por desigualdades extremas y arraigada pobreza, enfrenta una compleja transformación socioeconómica en medio de prácticas históricas de racismo y discriminación de clases. La presencia de grupos armados delincuenciales en territorios vulnerables agrava esta situación, generando un clima de violencia que socava los derechos humanos en el país.

El acuerdo de paz de 2016, centrado en el abandono de armas, la justicia transicional y el dejar las economías ilegales, se percibía como un punto de inflexión hacia una sociedad más justa e incluyente. Sin embargo, la implementación de estas acciones ha enfrentado  obstáculos significativos, incluida la persistencia de la violencia contra firmantes de paz,  defensores de derechos humanos y líderes sociales.

Las comunidades indígenas, afrocolombianas, raizales y palenqueras, así como el pueblo ROM, han sido sistemáticamente excluidas. Además, el patriarcado ha instaurado una jerarquía de género que subyuga a mujeres, adolescentes, niñas y personas LGBTI. Esta discriminación se agudiza al entrelazarse con factores económicos, fortaleciendo así la exclusión social y política.

En las áreas habitadas principalmente por comunidades étnicas, persisten una serie de problemas graves, como asesinatos, amenazas a líderes y lideresas, reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes, y un aumento en la extorsión y el secuestro. La presencia y control territorial de los grupos armados han llevado a situaciones de resistencia, confinamiento y desplazamiento interno de la población, lo que representa una crisis que amenaza la identidad cultural y la supervivencia de estas comunidades

Las mujeres y personas LGBTI, especialmente aquellas pertenecientes a comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas con discapacidad o en situación de movilidad, continúan siendo víctimas de violencia sexual y reproductiva en las áreas rurales bajo control de grupos armados.

A pesar de que  a pesar de que los grupos étnicos, mujeres y población LGBTI sufren de manera desproporcionada los impactos de los conflictos, siguen siendo excluidos de manera sistemática de participar equitativamente en los procesos de paz y en la gobernanza. Además, enfrentan mayores barreras para acceder a la educación, la tierra y otros recursos productivos.

La raíz del conflicto armado en Colombia, así como de las recientes manifestaciones masivas en 2019, 2020 y 2021, reside en la desigualdad y la discriminación arraigadas en el país. En muchos territorios rurales, el Estado tiene una presencia mínima, lo que resulta en la falta de seguridad, servicios sociales, acceso a la educación e infraestructuras básicas. Los grupos armados aprovechan esta vulnerabilidad para reclutar principalmente a niñas, niños y adolescentes.

El conflicto armado en Colombia, desideologizado y centrado en economías ilícitas como la minería ilegal y el tráfico de drogas y de personas, ha generado violencia indiscriminada, reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes, y desplazamiento interno masivo. La falta de presencia estatal en zonas rurales profundiza la inseguridad y la exclusión.

Además, la crisis humanitaria se agrava con el flujo masivo de personas en movimiento, incluyendo venezolanos, haitianos, ecuatorianos y personas de otros países fuera de la región, lo que incrementa el riesgo de trata de personas, explotación sexual y otras formas contemporáneas de esclavitud.

A pesar de los avances en la implementación del acuerdo de paz, no existe una efectiva coordinación entre entidades gubernamentales para la ejecución de las medidas acordadas. Es necesario priorizar la participación efectiva de las comunidades étnicas en la implementación y garantizar la protección de los derechos de quienes participan en el proceso de paz.

La continuidad de estos problemas se atribuye a la impunidad sistemática, que implica una falta de diligencia en las investigaciones y una falta de identificación y sanción de los responsables intelectuales incluso cuando hay condenas. La impunidad sistemática en Colombia supone un obstáculo significativo para la justicia y la superación de violaciones de derechos humanos. Es fundamental fortalecer la coordinación entre autoridades y garantizar una investigación y sanción efectivas de los responsables de violaciones de derechos humanos.

Además, la Comisión Interamericana visitó centros de detención y observó condiciones inaceptables a pesar de los esfuerzos para tratar a la población penitenciaria.

Los testimonios recopilados de diversas regiones del país reflejan la angustia, la incertidumbre y el sufrimiento que experimentan frente a la violencia reinante, la imposición del dominio territorial por parte de grupos armados y la convivencia forzada con ellos. Todo esto se desarrolla en un contexto de abandono histórico por parte del Estado.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomendó al Estado de Colombia lo siguiente:

  • Desarrollar políticas redistributivas que garanticen el acceso pleno a los derechos y disminuyan la desigualdad en Colombia.
  • Cumplir con la obligación internacional de proteger la vida y la integridad de las personas en todo el territorio nacional, especialmente en las zonas donde se hayan decretado ceses al fuego bilaterales, alineando las nuevas negociaciones con grupos armados a la ruta establecida en el acuerdo de paz de 2016.
  • Priorizar el debate constructivo y los consensos en el Congreso para la aprobación de leyes necesarias para la implementación del acuerdo de paz, incluyendo la reforma a la ley de víctimas.
  • Exhortar a la fiscalía general de la nación y al poder judicial a investigar, juzgar y sancionar a los responsables de graves violaciones de Derechos Humanos.
  • Fortalecer la coordinación entre autoridades nacionales, departamentales y municipales, garantizando la participación efectiva de las comunidades en el desarrollo de proyectos productivos, infraestructura, acceso al agua, construcción de vías de comunicación y oferta de alternativas para todas las personas, especialmente la juventud.

La CIDH espera que el Estado y la sociedad en su conjunto pueden lograr los acuerdos sociales y políticos necesarios para impulsar las transformaciones que permitan alcanzar la paz y garantizar la vigencia de los Derechos Humanos en Colombia. Reconociendo que esto requerirá de un compromiso firme con el diálogo participativo y el respeto a los derechos humanos en todas las esferas de la sociedad colombiana.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

Cuarta huelga de hambre de los detenidos políticos del estallido social

En el incendio ocurrido el 28 de junio de 2022 en la cárcel de Tuluá (Valle del Cauca), cincuenta y una personas privadas de la libertad fallecieron. Uno de estos fallecidos fue Jonathan Sabogal, un joven de 30 años que participó activamente en el Paro Nacional de 2021en las movilizaciones en el municipio de Bugalagrande. Mientras se resolvía su situación judicial, Jonathan permanecía en el patio octavo del penal de mediana seguridad de Tuluá, donde ocurrió el siniestro. La causa oficial de muerte del joven fue la inhalación de gases calientes.

Casi dos años después de su muerte, los detenidos que pertenecen al «Colectivo de Detenidos Políticos del Estallido Social ‘Jonathan Sabogal'», quienes se encuentran privados de la libertad en la cárcel de máxima seguridad de Palmira, llevaban 6 días en huelga de hambre a la espera de que el Gobierno del presidente Gustavo Petro, y en especial Otty Patiño, Alto Comisionado para la Paz, cumplan su palabra de poner en funcionamiento la Mesa de Diálogo que instalaron en el mes de julio de 2023. Estos jóvenes, injustamente procesados y víctimas del olvido estatal y social, esperaban que con la instalación y puesta en funcionamiento de la «Mesa de Diálogo» se reconociera su estatus político, y así poder exigir medidas de protección, justicia y condiciones dignas de salud, tanto física como emocional.

El fiscal general de la Nación, Francisco Barbosa, implementó contra los detenidos del Paro Nacional el llamado “derecho penal del enemigo”, dentro del cual, quienes sean contrarios a su posición política e ideológica, serán tratados como sujetos sin derechos y no como ciudadanos. Este derecho es un concepto acuñado por Günther Jakobs desde 1985, y se refiere a que alguien puede ser castigado sin haber cometido delito alguno utilizando como medio de justificación la pretendida “peligrosidad” del sancionado. Es una forma de negar, parcial o totalmente, los derechos procesales y sustantivos que corresponden a toda persona. Así, el enemigo no se considera “ciudadano”, sino que es algo menor que éste y, por ello, no merece la aplicación de las garantías y derechos de la ciudadanía.

Cinco relatores especiales adscritos a la ONU y al Grupo de Trabajo sobre la detención arbitraria cuestionaron la legalidad de las privaciones de la libertad de jóvenes judicializados en medio del Paro Nacional de 2021, muchos casos fueron estudiados por los relatores. Los hallazgos describen un patrón de violación a los derechos humanos en el contexto de las manifestaciones pacíficas, cuyas características fueron la judicialización mediante «el uso inapropiado del derecho penal» o implementación del «derecho penal del enemigo», así como la estigmatización a las personas que participaron en las manifestaciones.

El 24 de marzo de 2023, se dio a conocer el comunicado del Relator Especial sobre los Derechos a la Libertad de Reunión Pacífica y de Asociación, del Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria, de la relatora especial sobre la Promoción y Protección del Derecho a la Libertad de Opinión y de Expresión, de la relatora especial sobre la situación de los defensores de derechos humanos, y de la relatora especial sobre la Promoción y la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales en la lucha contra el Terrorismo, en los que se presentó un diagnóstico sobre los hechos ocurridos en el año 2021 en nuestro país relacionados con las detenciones y las judicializaciones en el marco de la represión estatal en el paro nacional. Dentro de sus principales hallazgos, los relatores de la ONU comunicaron su preocupación por la existencia de «un patrón de uso indiscriminado del derecho penal y del poder fiscalizador del Estado con la finalidad de judicializar a personas que participaron en la protesta ». Dicho patrón tendría dos modalidades:

  • La primera se presentó simultáneamente con el Paro Nacional durante los primeros meses del estallido social, por medio de la judicialización de manifestantes mediante la aplicación indiscriminada de figuras jurídicas tales como “captura en flagrancia” y el “traslado por protección”. En esta modalidad, la Fiscalía apeló al uso de tipos penales como “daño en bien ajeno”, “violencia contra servidor público”, “perturbación en servicio de transporte”, “empleo y lanzamiento de sustancias u objetos peligrosos”. A pesar de que la mayor parte de las personas judicializadas en esta modalidad recuperaron su libertad, en muchos casos se presentaron imputaciones para estigmatizar y desincentivar la protesta social.
  • La segunda modalidad a la que se refirieron los relatores de la ONU se presentó entre junio de 2021 y 2023 en una etapa posterior a las movilizaciones. Las judicializaciones en este caso se produjeron mediante capturas con orden judicial sustentadas en posibles montajes, y apelando al uso de tipos penales desproporcionados como “terrorismo”, “concierto para delinquir”, “tentativa de homicidio”, “instigación a delinquir”, “secuestro”, “tráfico, fabricación y porte de explosivos”, entre otros. Ante esta modalidad, los relatores expresaron su preocupación, ya que identificaron que el objetivo de este tipo de imputaciones es desestimular a la ciudadanía y a los manifestantes a ejercer sus derechos y a estigmatizar a las personas que participaron en la protesta social.

Los relatores subrayaron su preocupación por la interpretación consagrada en la Directiva No 002 de 2021, y promovida por Francisco Barbosa, actual fiscal General de la Nación, que ordenaba investigar los posibles actos delictivos de la protesta como “terrorismo”, en contraste con el criterio que hasta ese momento consagraba la derogada Directiva No 008 de 2016, la cual indicaba que debían tipificarse bajo el delito político de “asonada”, otorgando un carácter político. En el informe, los relatores de ONU destacan que las personas judicializadas en esta modalidad son, en su mayoría, jóvenes entre los 18 y 30 años de edad, quienes se encontraban en condición de vulnerabilidad socioeconómica, y cuestionaron la consideración de Las Primeras Líneas como grupos de delincuencia común organizada -GDCO- para justificar un tratamiento más restrictivo de la libertad.

El caso de los detenidos políticos del Estallido Social en el Valle del Cauca, especialmente en Cali, se distingue por la magnitud y la forma en que se desarrollaron las protestas durante el Paro Nacional del 2021. Estos detenidos enfrentan una situación especialmente difícil a nivel nacional, con escasas posibilidades de obtener libertad. La represión estatal en Cali fue tan intensa que incluso la ONU no pudo evaluar adecuadamente los casos de detenidos políticos en la ciudad, lo que resulta lamentable dado que la mayoría de los detenidos provienen de allí. Esto se debe en parte a que las defensas de estos detenidos son llevadas a cabo por la Defensoría del Pueblo y abogados sin especialización. El informe de la ONU describe prácticas como tortura, detenciones prolongadas y desapariciones forzadas que fueron frecuentes en Cali y el Valle del Cauca durante el Paro Nacional. Sin embargo, la ONU no pudo caracterizar completamente estas prácticas, lo que sugiere que en las judicializaciones en el Valle del Cauca hay una sistemática y generalizada violación de los derechos humanos

Pese a que el Gobierno Nacional indica que la Fiscalía y Procuraduría han obstaculizado las acciones para la libertad de los detenidos políticos, consideramos que el Gobierno de Gustavo Petro sí puede adelantar más acciones que garanticen los mínimos de dignidad humana para los detenidos del Paro Nacional, en especial para quienes se encuentran en la cárcel de máxima seguridad de Palmira organizados en el Colectivo “Jonathan Sabogal”.

Por: Sofía López Mera, abogada, periodista y defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad

¿Dónde está la Política de Salud Mental en la Universidad del Cauca?

La Universidad del Cauca, reconocida por su excelencia académica, enfrenta los conflictos generados por la carencia de una política integral de salud mental para asegurar el bienestar emocional y la dignidad de su comunidad universitaria. Esta falta se evidencia en la experiencia de un estudiante de la Facultad de Ingeniería Civil, quien actualmente libra una batalla judicial que expone las deficiencias del sistema y revela la dureza de los directivos académicos, con consecuencias devastadoras para la salud emocional de los estudiantes.

Este estudiante, cuya identidad se mantiene en el anonimato por respeto a su privacidad, ha estado librando una batalla silenciosa desde septiembre de 2023. Con el peso abrumador de la depresión y la ansiedad, se vio obligado a tomar la difícil decisión de cancelar su semestre. Respaldado por informes médicos exhaustivos de psicólogos y psiquiatras, presentó su solicitud de cancelación de semestre ante la decanatura de la facultad. Sin embargo, la respuesta de la decanatura llegó tardíamente, en el mes de noviembre, cuando ya había acumulado notas perdidas y faltas. La falta de sensibilidad y comprensión por parte de las autoridades académicas es alarmante, pues no solo ignoraron la gravedad de la situación, sino que también pusieron en peligro el futuro académico y emocional del estudiante, ya que fue balanceado, es decir, quedó sin cupo para seguir cursando el programa de ingeniería civil.

La respuesta de la decanatura consistió en la transcripción de una normativa no aplicable al caso, donde justificaron su demora alegando que la fecha de cancelación del semestre solo se tendría en cuenta cuando la decanatura respondiera, es decir, en el mes de noviembre, cuando ya no había opción de recuperar ninguna materia perdida por faltas y por notas de cero por no haberse presentado, y no desde el mes de septiembre, cuando el estudiante presentó oportunamente su solicitud de cancelación de semestre, antes de que se registraran notas y faltas en el sistema. Además, indicaron que, debido a los trastornos padecidos por el estudiante, era mejor que no continuara con su labor académica justificando la decisión de quitarle un cupo en el programa.

Este pronunciamiento que no se sustenta en ningún concepto psicológico ni psiquiátrico, que justifica la negligencia administrativa y demuestra la crueldad de la decanatura de la Facultad de Ingeniería Civil, evidencia la falta de una política universitaria de salud mental al interior de la Universidad del Cauca.

La burocracia y la falta de una política clara en materia de salud mental han convertido a la universidad en una trampa para este estudiante, en lugar de ser un entorno propicio para su crecimiento y desarrollo personal. La indiferencia institucional hacia los problemas de salud mental de los estudiantes no solo pone en peligro su educación, sino también su vida y bienestar. Esta preocupante situación se agrava aún más si consideramos que las autoridades de salud han lanzado alarmas debido a los constantes casos de suicidio en la ciudad de Popayán y en el Departamento en general. El Cauca es una de las regiones con mayor incidencia de suicidios, independientemente de la edad o condición económica de las personas. Al parecer, esta tendencia está relacionada con problemas de salud mental que requieren atención urgente por parte de las autoridades competentes. El trágico suicidio de un estudiante de la facultad de derecho de la Universidad del Cauca en el mes de febrero de este año recalca la urgencia de implementar programas de atención en salud mental en beneficio de toda la comunidad universitaria.

Afortunadamente, el estudiante de nuestra historia no se rindió y buscó la intervención de la administración de justicia para hacer valer sus derechos a la educación y a la salud. En una primera instancia judicial, la decisión de la decanatura fue revocada y se ordenó al consejo académico de la facultad que reevaluara la situación, tomando en cuenta los informes médicos proporcionados por el estudiante.

Además, la orden judicial incluyó un exhorto importante para la universidad: establecer un programa de atención en salud mental que aborde tanto la atención personalizada como los conflictos administrativos con un enfoque holístico. Esta medida es un paso fundamental hacia la creación de un entorno universitario más compasivo y empático, donde se priorice el bienestar emocional de los estudiantes sobre cualquier otra consideración.

Sin embargo, la universidad ha incumplido con esta orden judicial. A pesar de que el fallo del Juzgado Administrativo de Popayán fue emitido el 23 de febrero de 2024, hasta la fecha la decanatura de la Facultad de Ingeniería Civil no ha proporcionado ninguna respuesta al estudiante. Esta falta de acción ha prolongado su sufrimiento y ha agravado sus padecimientos emocionales. La universidad del Cauca es la responsable en este momento de cualquier ideación suicida que pueda estar rondando en la mente del estudiante, para quien la posibilidad de continuar sus estudios es su tabla de salvación. Esta falta de respuesta es profundamente preocupante y refleja una cultura institucional que prioriza la burocracia sobre el bienestar humano.

Es urgente que la Universidad del Cauca reconozca la importancia de la salud mental en el éxito académico y personal de sus estudiantes. Implementar una política integral de salud mental y contar con un equipo adecuado de profesionales capacitados no solo garantizará una educación de excelencia y calidad, sino que también promoverá un enfoque humano en el proceso educativo. Los profesionales formados en la Universidad del Cauca contarán con herramientas indispensables en salud mental que les permitirán contribuir de manera significativa al mejoramiento de la sociedad.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

El Espíritu de Joel y su legado en la Justicia Propia

El pasado 9 de marzo, el movimiento indígena perdió a uno de sus más valiosos líderes, Joel Peña Guetio, quien partió hacia el mundo espiritual dejando tras de sí un legado imborrable. Su compromiso con la defensa de los derechos de los pueblos indígenas y su contribución al fortalecimiento de la Justicia Especial Indígena en el departamento del Cauca trazan un camino que deberá recorrerse.

Para quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y trabajar junto a él, Joel no solo fue un dirigente indígena Nasa, sino un guía, un sabedor ancestral y un defensor acérrimo de los valores cosmogónicos y las tradiciones de su pueblo. Como jurista del derecho propio, como estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad del Cauca y como docente de la Universidad Autónoma Indígena, trazó un camino firme hacia el reconocimiento y la protección de la Justicia Propia de los pueblos originarios.

El legado de Joel se manifiesta en su incansable labor por caracterizar las justicias propias de los 11 pueblos indígenas que integran el CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca), así como en la estructuración de la Justicia Indígena en sus fundamentos, principios y competencias. Su visión de que la Justicia Propia Indígena sea concebida como un sistema autónomo dentro del CRIC es una apuesta que dejó planteada a consideración de las autoridades tradicionales de la organización.

En un contexto de pluralismo jurídico en Colombia, el valioso aporte investigativo de Joel Peña Guetio constituye una guía esencial para entender y valorar el ejercicio del derecho a la jurisdicción especial indígena y la autodeterminación de los pueblos indígenas. Ofreció claridad sobre las complejidades y riquezas de los sistemas de justicia indígena y un entendimiento más profundo sobre el ejercicio legítimo de la jurisdicción especial indígena, un espacio donde las comunidades definen y aplican sus propias normas, preservando así su identidad cultural y su visión única de justicia, garantizando la continuidad y pervivencia de las comunidades.

Desde los orígenes de la espiritualidad que impregna todos los aspectos de la vida indígena hasta el reconocimiento internacional de los derechos fundamentales de los pueblos indígenas en Colombia a través del convenio 169 de la OIT, el trabajo de Joel desentrañó los fundamentos, principios y estructuras que sustentan la justicia indígena en el CRIC. Se caracterizó por una profunda conexión espiritual que trascendía las fronteras entre el ámbito jurídico y el medicinal. Además de ser jurista del derecho propio, Joel también era un médico tradicional, lo que le otorgaba una comprensión holística de la justicia indígena, integrando los elementos de la naturaleza en su ejercicio.

En sus prácticas espirituales de mambeo y del cateo, Joel no solo veía a la coca como una planta sagrada, sino que comprendía los mensajes de la montaña, el río, la lluvia, la piedra y otros elementos naturales en el ejercicio y compresión de la justicia propia. Esta conexión con la naturaleza enriquecía su visión de la justicia, permitiéndole incorporar los principios de equilibrio, armonía y respeto por la tierra en su trabajo.

Su experiencia como médico tradicional también influyó en su enfoque hacia la estructuración, comprensión y definición de las justicias propias de cada uno de los pueblos indígenas. Joel no solo sistematizaba sus conocimientos dentro del ámbito académico, sino que también los enriquecía con su sabiduría ancestral y su profundo respeto por las tradiciones indígenas.

El legado de Joel en el contexto de los 11 pueblos indígenas que integran el CRIC es un testimonio de su compromiso y dedicación hacia la preservación de la cultura y la justicia propia de estas comunidades. Su profunda investigación ha revelado la intrincada relación que estos pueblos mantienen con la tierra y la espiritualidad, fundamentando su cosmovisión en principios arraigados en la creación y el equilibrio con la naturaleza.

Joel destacó, por ejemplo, cómo los Nasas, organizados en resguardos y asociaciones, han sabido mantener vivas sus tradiciones ancestrales utilizando la Ley de Origen y el Derecho Propio como pilares fundamentales en la resolución de conflictos y en la preservación de su identidad cultural.

En el caso de los Yanaconas, el legado de Joel ha sido fundamental para resaltar su resistencia y fortaleza frente a los procesos de colonización y asimilación. A pesar de las presiones externas, este pueblo ha logrado mantener su cosmovisión y sistemas jurídicos autónomos, guiados por principios como «un solo corazón» y «un solo pensamiento». La investigación de Joel ha permitido entender cómo los Yanaconas, liderados por sus cabildos, ejercen competencias en la resolución de una amplia gama de delitos, desde disputas por tierras hasta violencia de género, utilizando procedimientos participativos que involucran a toda la comunidad en la búsqueda de la armonía y el equilibrio social.

Además, el legado de Joel ha puesto en relieve la importancia de la estructura política y jurídica de los Eperara-Siapidara, un pueblo arraigado en la costa pacífica colombiana. Su investigación ha resaltado cómo este pueblo ha sabido preservar su identidad cultural y su conexión con la naturaleza a pesar de las presiones externas, como el conflicto armado y la explotación de recursos naturales. Gracias a su trabajo, se ha podido comprender mejor la importancia del idioma propio y las autoridades tradicionales en la resolución de conflictos y en la búsqueda del Vivir en Alegría en el pueblo Eperara-Siapidara.

Por último, el estudio de Joel sobre el pueblo Ampiuile destaca cómo han forjado su identidad cultural y su autonomía a lo largo del tiempo, enfrentando desafíos y luchando por la preservación de su territorio ancestral. Reconociendo la importancia de elementos naturales como el agua, la tierra, el sol y el aire, el pueblo Ampiuile busca mantener la armonía y el equilibrio en su comunidad a través de una estructura organizativa que incluye autoridades espirituales, culturales y tradicionales, así como espacios de resolución de conflictos como las juntas de trabajo y la comisaría indígena.

La propuesta de un sistema propio de justicia indígena en el Consejo Regional Indígena del Cauca, liderada por Joel Peña Guetio, adquiere una gran importancia ahora que la organización se encuentra en la vanguardia de una lucha por las garantías de la jurisdicción especial indígena. Esta lucha busca garantizar el reconocimiento y la legitimación efectiva de la jurisdicción especial indígena, tal como lo dispone el artículo 246 de la Constitución Política de Colombia. En este contexto, es necesario exigir garantías para el adecuado funcionamiento de la jurisdicción especial indígena dentro del sistema judicial nacional, al tiempo que se avanza en la consolidación de la propuesta de Justicia Especial Indígena para la Paz. El propósito principal de este enfoque es contribuir a la construcción de la paz en los territorios indígenas, reconociendo la importancia y la legitimidad de los sistemas de justicia propios de estas comunidades en el contexto colombiano.

Es con profundo respeto y gratitud que recordamos a Joel, amigo, maestro y médico tradicional, cuyo legado perdura en las luchas por la justicia propia. Aunque ahora esté en el mundo espiritual, su presencia sigue acompañando y guiando nuestros pasos en este camino.

 

¡Buen viaje Joelito!

Impacto Mancuso: Revelaciones que remueven los cimientos de la derecha uribista colombiana

Salvatore Mancuso, quien fuera uno de los más temidos jefes paramilitares de Colombia, fue deportado el martes 27 de febrero por Estados Unidos tras cumplir una condena por narcotráfico, para enfrentar cuentas pendientes con la justicia colombiana. El exjefe paramilitar Salvatore Mancuso permanecerá arrestado en una celda especial de la cárcel La Picota de Bogotá y no tendrá contacto con ningún otro recluso. Entre las medidas especiales que adoptó el INPEC para la seguridad del paramilitar, se encuentra recluirlo en el pabellón de extraditables y estar custodiado por un grupo especializado de guardias que fueron capacitados por la embajada de Estados Unidos.

Las confesiones de Mancuso revelan la implicación en graves crímenes, así como la promoción y respaldo al paramilitarismo por parte de expresidentes, grandes empresas, generales y figuras prominentes de la vida pública nacional. En este artículo, destacaremos las acusaciones más graves surgidas de sus declaraciones.

  1. En sesiones reservadas ante la Justicia Especial para la Paz -JEP-, el comandante paramilitar Salvatore Mancuso vinculó al expresidente Álvaro Uribe Vélez en las masacres de El Aro y La Granja, así como en el asesinato del defensor de derechos humanos, Jesús María Valle Jaramillo. Según Mancuso, Pedro Juan Moreno, quien fuera el secretario de Gobierno, cuando Uribe fue Gobernador de Antioquia, transmitió directamente las órdenes del expresidente a los paramilitares, siendo también partícipe en reuniones donde se planearon dichos crímenes.

 

  1. Mancuso reveló que el Bloque Catatumbo desapareció a más de 200 personas de origen colombiano en Venezuela por orden de la fuerza pública y del comandante Carlos Castaño, con el fin de no afectar las cifras de los mandos militares en la región.

 

  1. Además, mencionó que Uribe retiró la seguridad al alcalde de El Roble, lo que llevó a su tortura y asesinato en 2003. “Denunció ante el entonces presidente Uribe que lo iban a matar, Uribe lo que hizo fue quitarle el esquema de seguridad y nosotros lo matamos”, dijo Salvatore Mancuso,

 

  1. Respecto a las masacres perpetradas por los paramilitares en Norte de Santander y en Bolívar, Mancuso afirmó que hubo coordinación con la fuerza pública en la masacre de Tibú, en 1999, y en 14 masacres en la región de Montes de María, entre 1999 y 2001. Mencionó la participación de altos mandos militares como el vicealmirante Rodrigo Quiñonez Cárdenas, el mayor Juan Bautista Cárcamo, el coronel Ricardo Díaz Granados Mantilla, el mayor Zea, el capitán Estupiñán, el capitán Pastrana y el cabo Barreto, quienes participaron directamente mezclados entre Infantería de Marina con autodefensas.

 

  1. Mancuso denunció que el DAS declaró como objetivos militares al Presidente Gustavo Petro y al canciller Álvaro Leyva, según información proporcionada por José Miguel Narváez. Además, mencionó que Narváez también incluyó en esta lista a otras figuras como Gustavo Gallón, Alirio Uribe, Piedad Córdoba y Wilson Borja.

 

  1. Por otra parte, desde 2007, Mancuso afirmó que el exvicepresidente Francisco Santos le solicitó la creación de un bloque paramilitar en Bogotá— Bloque Capital – en los años noventa, y destacó el papel de Santos en la legitimación del discurso paramilitar a través de su familia y el periódico El Tiempo.

 

  1. Asimismo, acusó al coronel (r) Publio Hernán Mejía, imputado por la JEP por su implicación en casos de «falsos positivos» durante su mando en el Batallón La Popa en Valledupar, señalando que fue quien inició los contactos para la cooperación entre paramilitares y militares en esa unidad, delegando luego esa responsabilidad en Rodrigo Tovar Pupo, alias «Jorge 40».

 

  1. De acuerdo con lo señalado por Mancuso, los paramilitares incidieron de manera directa en elecciones al Congreso y en elecciones de presidencia del 2002. “Las Autodefensas intervinieron de manera directa en las elecciones al Congreso el 10 de marzo del 2002 y también en las elecciones de mayo del 2002 de presidencia. Solicito que estos temas podamos hablarlos en privado, su señoría, y también hubo apoyos en elecciones a Horacio Serpa, al presidente Pastrana y a Uribe”, expresó. El mismo Mancuso dijo en 2005 que “el 35 por ciento del Congreso fue elegido en zona de influencia de las AUC”.

 

  1. En su relato, también destacó que estos apoyos no solo fueron nacionales, sino además regionales, al reafirmar algunos nombres de políticos como «Eleonora, Miguel Alfonso, Mario Salomón, Zulema, Juan Manuel López Cabrales, Julio Manzur». Todos en el departamento necesitaban hacer algún tipo de pacto con las autodefensas.

 

  1. Mancuso también destacó cómo las autodefensas se entrometieron en el poder político y administrativo de Córdoba, incluso manejando fondos públicos. Se refirió a la producción de oro que no era local, sino traída por narcotraficantes desde Panamá y luego legalizada a través de alcaldías. Asimismo, mencionó contratos en los municipios donde se desviaban fondos públicos para beneficiar a alcaldes y a las autodefensas.

 

  1. Estos acuerdos también se hicieron con varias multinacionales del país como Ecopetrol, que les permitía extraer combustible para su venta y obtener financiamiento, esto fue acordado mediante altos funcionarios en 1998 y 1999. También señaló a las compañías como las bananeras, Bavaria y Postobón quienes pagaban impuestos a las autodefensas para su financiamiento.

 

  1. Salvatore Mancuso reveló una presunta coordinación con altos mandos militares y funcionarios del gobierno nacional para llevar a cabo una falsa desmovilización del EPL, con el propósito de integrarlos a las filas paramilitares. Según sus declaraciones, el comandante Carlos Castaño mantuvo comunicación directa con el ministro Serpa para informar sobre estas operaciones, asegurando que el Gobierno estaba al tanto. Este episodio, denominado desmovilización ficticia, ha sido documentado y corroborado, tanto es así que alias «Otoniel», líder histórico del Clan del Golfo, fue uno de los guerrilleros del EPL que se unió a las AUC durante ese período.

 

  1. Ante la JEP, Mancuso reveló que un grupo de venezolanos, entre ellos un general y varios políticos, les propusieron a él y a Carlos Castaño infiltrarse en Venezuela para derrocar y asesinar al entonces presidente Hugo Chávez. La propuesta planteaba un golpe de Estado con el apoyo de una facción de las fuerzas militares venezolanas aliadas a los paramilitares.

 

Las confesiones de Salvatore Mancuso han desencadenado un terremoto político en Colombia, especialmente entre las filas de la derecha. Sus revelaciones apuntan directamente a figuras prominentes de los anteriores gobiernos uribistas y altos mandos militares, implicándolos en graves crímenes y maniobras ilegales. Desde masacres hasta alianzas políticas y económicas, las declaraciones de Mancuso han puesto al descubierto una red de corrupción y violencia paramilitar.

Este panorama presenta desafíos inéditos para el sistema judicial colombiano, ya que pone a prueba su capacidad para abordar estos casos con la debida diligencia y transparencia. De no lograrlo, existe la posibilidad de que la Corte Penal Internacional tenga que intervenir, lo que plantea serios interrogantes sobre la eficacia y la legitimidad de las instituciones nacionales en la persecución de crímenes de lesa humanidad y violaciones graves de los derechos humanos.

 

Por: Sofía López Mera, Abogada Defensora de Derechos Humanos y Periodista de la Corporación Justicia y Dignidad.

¡Fiscal Ya!: Una mirada al proceso de elección de la nueva Fiscal General de la Nación

Este jueves 22 de febrero, en la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia, se llevó a cabo una nueva jornada de votación; sin embargo, ninguna de las tres aspirantes logró alcanzar la mayoría de los votos. La Sala Plena de la Corte decidió aplazar nuevamente la votación para la elección de la nueva Fiscal General de la Nación después de varias horas de deliberación. Según el presidente de la Corte Suprema, Gerson Chaverra, la sesión se desarrolló en completa normalidad. Además, aseguró que una de las candidatas obtuvo una mayoría importante de votos, pero no fue suficiente para ser elegida como fiscal. La candidata en cuestión sería Amelia Pérez, quien obtuvo 13 votos de los 16 requeridos. Por el momento, Martha Mancera continuará encargada de la Fiscalía.

El procedimiento para elegir al Fiscal, está regulado por la Constitución Política y los reglamentos de la Corte Suprema de Justicia. Conforme al artículo 249 de la Constitución Política, el Fiscal es elegido por la Corte Suprema de Justicia, de una terna enviada por el Presidente de la República. Ahora bien, el procedimiento y las reglas para esa elección están previstos en el Acuerdo No. 006 de diciembre de 2002, es decir, en el Reglamento General de la Corte.

Este reglamento es emitido por la misma Corte, conforme a la atribución prevista en el numeral 6 del artículo 235 de la Constitución Política: «darse su propio reglamento». Dicho reglamento debe estar supeditado a la Constitución y a las leyes.

Conforme a los artículos 4, 5 y 6 del reglamento, las sesiones para elegir al Fiscal deben ser ordinarias, las votaciones serán secretas y para que sea electo algún candidato o candidata, se necesitan 2/3 partes de los 23 votos que emiten los 23 magistrados, es decir, 15.33; se redondea a 16 votos para que una persona ternada como candidata sea electa.

En el artículo 39 del reglamento se establece que los magistrados deben analizar las hojas de vida de los candidatos y, para ello, deliberarán sobre aspectos relacionados con las mismas. La Corte Suprema anunció oficialmente en noviembre de 2023 que las tres candidatas propuestas para el cargo de Fiscal cumplen con todos los requisitos constitucionales y legales. Se supondría entonces que, con esta decisión, la fiscal que sucederá a Francisco Barbosa será una mujer, ya que el presidente Gustavo Petro ternó a Ángela María Buitrago, Luz Adriana Camargo y Amelia Pérez. Además, quedó descartada la posibilidad de que el presidente Gustavo Petro pueda modificar la terna de candidatos.

Los pasos siguientes para la deliberación de las hojas de vida fueron:

  • Observaciones de la ciudadanía a las candidatas: del 7 de noviembre al 14 de noviembre de 2023.
  • Evaluación de las observaciones por parte de la Sala de Gobierno de la Corte Suprema de fecha 20 de noviembre de 2023.
  • Audiencia pública en la Sala Plena de la Corte Suprema para que las candidatas presenten sus propuestas y respondan preguntas de los miembros de la Corte con fecha del 23 de noviembre de 2023.

Es decir, se cumplió con todas las etapas señaladas en el artículo 39 del reglamento.

Este mismo artículo 39 del reglamento prevé que, terminada la deliberación para analizar a las candidatas, se someterá a votación. Según el artículo 40 del reglamento, el voto es obligatorio, pero se puede optar por votar en blanco. Esto resulta absurdo, dado que las hojas de vida de las candidatas ya fueron aceptadas por la Corte conforme a lo establecido en el artículo 39. Es tan absurdo como inconstitucional, ya que se trata de la elección de un cargo del Estado, no de una elección popular, y las candidatas ya han sido aceptadas.

Es importante señalar que la Corte, al elegir al Fiscal, cumple una función administrativa. Esta función se desarrolla bajo los principios constitucionales, en particular los relacionados con la buena fe, igualdad, moralidad, celeridad, economía, imparcialidad, eficacia, eficiencia, participación, publicidad, responsabilidad y transparencia. Aunque el reglamento permita el voto en blanco, esto no implica que sea constitucionalmente permitido. El voto en blanco es contrario en este caso al principio de celeridad y el voto secreto contrario al principio de publicidad y transparencia.

Finalmente, el artículo 41 establece el trámite de la votación: si en una primera votación ninguno de los candidatos obtuviera el número de votos requerido para su elección, se efectuará seguidamente una segunda, circunscrita a los dos que hayan obtenido la mayor votación. Si en esta tampoco resultara ninguno electo, se someterá a cada uno de ellos separadamente a una tercera votación en sesión posterior, si fuera solicitada por alguno y aprobada por la mayoría de los asistentes.

Instalada la primera sesión, los magistrados deben votar por una de las tres candidatas puestas en su conjunto, (el voto en blanco cuenta como voto, y no se anotará a ninguna de las candidatas), si ninguna de las candidatas obtiene los 16 votos necesarios para ganar, en esa misma sesión, se hará otra ronda de votación, pero sólo respecto a las dos candidatas que hayan obtenido el mayor número de votos, es decir, en la otra ronda, los magistrados solo votarán por dos de las candidatas. Si en estas dos rondas de votación, realizadas en esa misma sesión, ninguna de las candidatas obtiene los 15 votos, entonces, a solicitud de alguno de los magistrados y aprobada esa solicitud por la mayoría de los magistrados, se convocará a una segunda sesión. Para que haya una tercera votación, dónde los candidatos serán sometidos, ya no en su conjunto, si no por separado, para que cada uno de los magistrados manifiesten el voto frente a ese candidato por separado.

Ni la Constitución Política ni el reglamento de la Corte permiten a los magistrados diferir el proceso de votación de la Fiscal. Por el contrario, los Numerales 1 y 2 del artículo 43 del reglamento les imponen los deberes de hacer cumplir la Constitución, las leyes y los reglamentos, y desempeñar con celeridad, moralidad e imparcialidad las funciones asignadas. Por otra parte, es importante indicar que la función de elegir Fiscal es una función administrativa y no judicial que se rige por los principios de la función administrativa, en particular los atinentes a la buena fe, igualdad, moralidad, celeridad, economía, imparcialidad, eficacia, eficiencia, participación, publicidad, responsabilidad y transparencia. Por lo tanto, caen por su propio peso las versiones de la derecha golpista que indican que se está violando el principio de autonomía e independencia judicial, ya que este principio opera cuando la Corte actúa como juez; en el caso de la elección del Fiscal, actúa como administración, por tanto, es legítimo el reclamo popular y del gobierno al cumplimiento de los principios de la función administrativa.

La Corte está llevando a cabo maniobras dilatorias con el único propósito de garantizar la permanencia de la Fiscalía de derecha instaurada durante el gobierno de Duque, sin tener en cuenta los graves señalamientos que se hacen en diversos medios de comunicación sobre el presunto favorecimiento de la fiscalía a reconocidos narcotraficantes.

En un comunicado emitido este 14 de febrero, la Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia enfatizó la importancia crucial de elegir pronto al próximo Fiscal . Destacando el papel fundamental que desempeña la Fiscalía en la garantía del acceso a la justicia, la consolidación democrática y el Estado de Derecho, la ONU instó a la Corte Suprema a concluir el proceso de selección en el menor tiempo posible. En los mismos términos se pronunció la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Organización de los Estados Americanos OEA.

El voto secreto y en blanco establecido en el reglamento de la Corte es abiertamente inconstitucional, pero es la herramienta preferida por la Corte Suprema de Justicia para mantener en la interinidad a la cuestionada fiscal Martha Mancera.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista de la Corporación Justicia y Dignidad

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos convoca a Audiencia Pública sobre menores indígenas reclutados forzadamente en el Cauca

El 12 de febrero se conmemora el Día Internacional contra el Reclutamiento Forzado de Niños, Niñas y Adolescentes, una jornada en la que se levantan las voces para poner de relieve la realidad actual del reclutamiento en Colombia y en todo el mundo, rechazando enérgicamente esta práctica que constituye una grave violación a los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Este día también es conocido como el «Día Mundial de las Manos Rojas», en referencia al Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en conflictos armados, que entró en vigor en el año 2002.

Tras la firma de los Acuerdos de Paz entre las extintas FARC y el Gobierno de Juan Manuel Santos, vastas zonas del departamento del Cauca quedaron a merced de los grupos armados Organizados no desmovilizados. Según las alertas tempranas emitidas por la Defensoría del Pueblo, se estima que cerca de ocho de estos grupos operan y disputan el control del departamento del Cauca.

La prisa con la que se firmaron los Acuerdos de Paz, en un intento por poner fin a cinco décadas de conflicto armado en un proceso negociador que duró apenas cuatro años, omitió considerar la situación de los mandos medios de las FARC. Estos optaron por no unirse al proceso de desmovilización ni firmar los acuerdos, y en la actualidad constituyen lo que se conoce como las disidencias de las FARC.

Estas disidencias han sido señaladas como responsables de una serie de delitos graves, que incluyen: amenazas, hostigamientos, homicidios, secuestros, desplazamientos y reclutamientos forzados de la población civil. Entre las principales víctimas de estas acciones se encuentran los miembros de las comunidades indígenas del Cauca. La situación ha alcanzado tal gravedad que está llevando a estas comunidades al borde del exterminio.

El reclutamiento forzado es una de las prácticas más recurrentes de los grupos armados, representando una grave amenaza para la supervivencia de los diversos pueblos indígenas. Este fenómeno forma un círculo vicioso que se agrava continuamente: muchos indígenas, una vez reclutados, se convierten en futuros reclutadores de otros menores indígenas. Algunos son sometidos a severos castigos por parte de la propia justicia indígena, mientras que otros se convierten en enemigos acérrimos de sus comunidades de origen.

Néstor Gregorio Vera Fernández, también conocido como «Iván Mordisco», líder de las disidencias del Estado Mayor Central de las FARC, fue reclutado a la fuerza a la temprana edad de 13 años. Comenzó su camino en las filas armadas como soldado raso para luego ascender a roles de liderazgo y mando en diversas estructuras armadas donde ha operado. Esto es un ejemplo de que el reclutamiento forzado perpetúa los ciclos de violencia, explotando y alienando a los menores de edad.

El Consejo Regional Indígena del Cauca- CRIC, reveló un aumento alarmante de los casos de reclutamiento de indígenas menores de edad, por parte de los grupos armados presentes en la región. Durante los meses de enero a noviembre de 2023, el observatorio de derechos humanos del CRIC reportó 175 casos de reclutamiento forzado de menores indígenas entre 12 y 15 años de edad. Para la Defensoría del Pueblo esta cifra está cercana a los 200 casos al finalizar el mes de diciembre.

La Defensoría del Pueblo emitió una denuncia alarmante en el año 2023, revelando que la Columna Móvil “Dagoberto Ramos”, perteneciente a las disidencias de las FARC, ha transformado al municipio de Toribío, en un centro neurálgico de operaciones militares, financieras y un lugar de reclutamiento forzado, concentración y entrenamiento militar de niños, niñas y adolescentes procedentes de los municipios del norte del Cauca. Los menores son captados por la fuerza y, tras un breve período de entrenamiento, son incorporados a las diversas subestructuras del Comando Coordinador de Occidente de las FARC. Los docentes de las zonas rurales del norte del Cauca han reportado que los estudiantes desaparecen durante aproximadamente 15 días, tiempo en el cual son entrenados en los centros de operaciones militares del grupo armado. Al regresar, lo hacen con dinero y se ven involucrados en actividades delictivas y en el microtráfico de drogas en beneficio de los grupos armados.

Lo que es aún más preocupante es que, desde el mes de diciembre, circula en el municipio de Caldono un comunicado que amenaza con la posible formación de un grupo armado compuesto por 200 jóvenes indígenas cansados de este flagelo. Este grupo tendría la intención de armarse siguiendo el modelo de la antigua guerrilla Quintín Lame, que operó en la década de los 80. Esta situación es extremadamente grave, intensifica la guerra y pone en entredicho las aspiraciones de paz del gobierno actual.

En diversas zonas del departamento del Cauca, se pueden observar retenes establecidos por grupos ilegales, a menudo dirigidos por niños y niñas fuertemente armados. Muchos de estos menores se encuentran en esta situación debido a necesidades económicas apremiantes, mientras que otros están allí por la falta de acceso a la educación. Resulta preocupante ver cómo algunos de ellos se sienten atraídos por el poder y el dinero fácil asociado con el porte de armas, a pesar de su corta edad.

Es lamentable que en las redes sociales se compartan memes y chistes que trivializan y normalizan esta realidad, haciendo alusiones humorísticas a la vida en el Cauca y la presencia de niños uniformados. No hay conciencia sobre la gravedad del reclutamiento forzado de niños indígenas en nuestra región.

El reclutamiento forzado de niños indígenas es una grave violación de los derechos humanos que causa daño tanto a la infancia como a las culturas indígenas y la sociedad en general. Al separar a los niños de sus raíces culturales y tradiciones, esta práctica rompe el vínculo esencial que tienen las comunidades indígenas con su tierra y herencia, lo que puede provocar una pérdida significativa de diversidad cultural y un impacto duradero en la identidad de los niños afectados, materializándose el exterminio de los pueblos indígenas.

Es por estas razones que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha convocado a una Audiencia Temática para el 27 de febrero de 2024, donde se abordará el grave problema del reclutamiento forzado de menores indígenas en el Cauca. En esta audiencia participarán El CRIC, la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca – ACIN y la Corporación Justicia y Dignidad, en presencia de representantes del Gobierno Nacional. Se denunciará la falta de una política pública efectiva para erradicar esta práctica, así como la falta de prioridad del tema de reclutamiento en los puntos a negociar de las mesas de diálogos de paz. Se instará al gobierno del presidente Gustavo Petro y al Alto Comisionado para la Paz a implementar urgentemente una política de prevención del reclutamiento forzado para proteger los derechos de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes indígenas durante los procesos de paz. Además, se presentarán propuestas para abordar esta problemática dentro del marco de la justicia especial indígena para la paz.

Si persiste el reclutamiento forzado de menores indígenas y se llegare a formar un grupo armado con jóvenes indígenas, la política de paz del gobierno será un fracaso total y se abrirá paso a la llegada al poder del uribismo y la ultra derecha en 2026. Es imperioso proteger desde ahora el futuro de nuestros pueblos indígenas para lograr una Paz Total efectiva.

Por: Sofía López Mera, Abogada, periodista y defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad

La Comisión Internacional contra la Impunidad: una promesa de campaña y una solución ante la crisis institucional

En las entrañas del poder colombiano se gesta un conflicto silencioso que amenaza con sacudir las bases de la democracia. Gustavo Petro, un presidente en el filo de la contienda, enfrenta una persecución judicial y disciplinaria orquestada por la Fiscalía y la Procuraduría, con el beneplácito de las Altas Cortes de la justicia, generando un oscuro escenario que pretende llevarlo a un juicio político para materializar el tan anhelado golpe de estado con el que fantasea la ultraderecha colombiana.

El gobierno de Petro resiste en medio de una estructura estatal completamente derechizada y su defensa, lejos de estrategias jurídicas sólidas— porque no las tienen— o un aparato de comunicación consistente, descansa legítimamente en la movilización social, la única carta que se  juega en una partida, donde la verdad se desdibuja entre las mentiras proferidas por los medios tradicionales de comunicación, que imponen los intereses de la ultraderecha y los intereses económicos multinacionales que la respaldan.

Desde el 7 de agosto de 2022, la oligarquía nacional pretende derrocar al primer gobierno popular y de izquierda en la historia del país. El poder económico legal y mafioso ya ha dado la orden, el viejo régimen de derecha establecido, conspira, los medios de comunicación, ambientan y la derecha judicial ejecuta el plan golpista. Los magistrados de las Altas Cortes, la Procuraduría y la Fiscalía, se erigen como los anclajes antidemocráticos en el Estado. En este juego retorcido, el discurso del «respeto a las instituciones» revela su verdadero rostro: el fin de este gobierno antes del 2026.

Las amenazas de un Golpe de Estado no deben ser subestimadas en un país donde son frecuentes en la historia los magnicidios y la violencia oligárquica. Petro, cuyo gobierno se sustenta en la movilización popular, responde a las amenazas llamando a la acción ciudadana, el corazón mismo del proyecto democrático. Pero no será suficiente la movilización popular, ¿entonces? ¿qué se puede hacer? El presidente tiene la solución a la crisis institucional generada por el absolutismo judicial con el solo cumplimiento de una promesa de su campaña presidencial: La creación de una Comisión Internacional contra la Impunidad.

La Comisión Internacional contra la Impunidad puede dar solución a la crisis institucional generada por los intentos de Golpe de Estado de la Derecha. El discurso anticorrupción fue usado ampliamente durante la campaña presidencial y generó una alta expectativa entre la ciudadanía respecto a lograr resultados más efectivos contra la corrupción y esa expectativa generada durante la campaña debe ser correspondida con hechos concretos por parte del Gobierno.

La propuesta de la Comisión Internacional contra la Impunidad tiene como modelo inmediato la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que fue una comisión creada el 12 de diciembre de 2006 y disuelta el 3 de septiembre de 2019. Surgió del acuerdo firmado entre las Naciones Unidas (ONU) y el Gobierno de Guatemala, tras la opinión consultiva favorable de la Corte de Constitucionalidad de ese país y aprobada posteriormente por el Congreso de la República.

La CICIG se gesta a raíz de los esfuerzos de la Sociedad Civil guatemalteca preocupada por la amenaza a la democracia, que representaban las redes criminales en Guatemala después del acuerdo de paz de 1996. Como reacción a este clamor popular, en 2006 el gobierno guatemalteco le pidió a la ONU que le ayudara a establecer una iniciativa para auxiliar a las instituciones locales a investigar, enjuiciar y a desmantelar poderosas redes criminales generadas en el posconflicto.

Esta comisión operó como un organismo internacional de investigación independiente que actuaba bajo la ley guatemalteca y dependía del sistema de justicia local, su finalidad era apoyar al Ministerio Público (entiéndase que en Colombia es la Fiscalía), la Policía Nacional Civil y a otras instituciones del Estado, mediante el apoyo a la investigación y persecución penal de un número determinado de casos complejos, así como mediante otras acciones dentro de su mandato, destinadas a fortalecer a las instituciones del sector Justicia para enfrentar a los grupos ilegales en el futuro. Priorizó cinco grandes temas en la investigación y persecución penal: El primero es el contrabando y defraudación tributaria, que ponen en riesgo la legitimidad y la sostenibilidad financiera del Estado; el segundo es la corrupción en el sector público; el tercero es la financiación de los partidos políticos y de las campañas electorales; el cuarto es la corrupción judicial, y el último es el narcotráfico y lavado de activos. Desde que se instaló la Comisión en 2007, ha investigado y desarticulado varias estructuras que operaban bajo el manto de la impunidad en Guatemala.

El 7 de enero de 2019, el acuerdo entre la ONU y Guatemala fue unilateralmente finalizado por el presidente Jimmy Morales, aludiendo a la participación de la CICIG en actos ilegales, abuso de poder y actos en contra de la constitución del país. La ONU rechazó y condenó este proceder. Desde 2007, Esta Comisión apoyó investigaciones de corrupción que resultaron en acusaciones contra el expresidente y vicepresidente de Guatemala; el procesamiento de altos funcionarios del gobierno, como un magistrado de la Corte Suprema de Justicia, dos presidentes anteriores, miembros del Congreso y ministros del gobierno; la destitución de jueces corruptos y miles de agentes de policía; y la detención de narcotraficantes poderosos.

El comisionado a cargo para el período 2014-2019 fue el colombiano, hoy ministro de defensa, Iván Velásquez Gómez, que por realizar este trabajo fue galardonado con el Premio Right Livelihood del año 2018. La CICIG es considerada uno de los mecanismos más exitosos para combatir la corrupción y el crimen organizado en el mundo. Por ello, la organización se ha ganado reconocimientos de las Naciones Unidas, la Unión Europea, la sociedad civil guatemalteca y también recibió apoyo bipartidista en los Estados Unidos.

Ante la decidida oposición al gobierno que hace la rama judicial y el ministerio público, quienes a su vez son cómplices y encubridores de los crímenes de la derecha colombiana, es imperioso establecer nuestra propia Comisión Internacional Contra la Impunidad. Esta comisión será fundamental para desentrañar lo que la justicia colombiana ordinaria y transicional no ha esclarecido hasta ahora: las responsabilidades relacionadas con la implementación de la doctrina de seguridad nacional, los vínculos entre el narcotráfico y el poder político, las graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos de carácter socio-político cometidas en el país y todos los delitos de corrupción que mantuvieron a la derecha local, regional y nacional en el poder durante tanto tiempo.

Las víctimas de la represión en el paro nacional y sus organizaciones acompañantes tendrían una gran oportunidad de contar con su propia comisión de esclarecimiento, no debe olvidarse que en gran medida la fuerza de movilización popular que llevó a Gustavo Petro a la Presidencia fue el estallido social de 2021.

La sola movilización popular no será suficiente para detener los intentos de Golpe de Estado. Por tanto, es nuestro deber democrático exigir la existencia y respaldar la creación y funcionamiento de la Comisión Internacional contra la Impunidad como la solución más efectiva para desmantelar la criminalidad de derecha y golpista en Colombia.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

Objeción de conciencia frente a una justicia misógina que instaura impunidad.

El aparato judicial del Estado, compuesto por la Fiscalía y la Rama Judicial, en casos de graves violaciones a los derechos humanos, especialmente aquellos relacionados con la violencia contra la mujer y de género presentan graves falencias. Este sistema se erige sobre la premisa simplista de la «verdad procesal» como fundamento de su concepto de «justicia». Sin embargo, esta verdad procesal, en la mayoría de los casos, no representa la verdad real, ya que se construye mediante la técnica de la mercantilización judicial o del testimonio, como señala el Sacerdote Jesuita Javier Giraldo Moreno. En realidad, esta práctica no es más que la manifestación de diversos tipos de corrupción en el proceso judicial. Esta discrepancia genera un abismo entre la llamada «verdad» procesal y la verdad efectiva. En este contexto, se evidencia la fragilidad de un sistema judicial cuyas decisiones son fundamentadas en una verdad procesal que, no garantiza una administración de justicia justa e imparcial y más bien se convierte en un terreno propicio para la corrupción y la falta de integridad en el proceso judicial.

La justicia colombiana para identificar y castigar a aquellos que perpetran violencia contra las mujeres no es eficaz ya que existe un patrón generalizado de impunidad. En cambio, parece estar orientada hacia la repetición constante y sistemática de las mismas conductas criminales. En nuestra experiencia legal, hemos sido testigos directos de procesos judiciales que involucran señalamientos, estigmatización, revictimización por parte de los órganos judiciales en perjuicio de las mujeres que buscan justicia frente a hechos violentos.

Hoy, en la conmemoración de los 4 años de la desaparición forzada de Nárly Gómez Jimenes, reafirmamos que la justicia colombiana, que se basa en establecer verdades procesales en lugar de verdades efectivas, se transforma en este caso en una justicia misógina que perpetúa la impunidad. Frente a esta lamentable situación judicial, familiares de las víctimas y abogadas han presentado la declaratoria pública de objeción de conciencia, apelando a la justicia popular y la censura moral contra los responsables y el sistema judicial.

Nárly Gómez Jiménez, fue desaparecida forzadamente el día 27 de enero de 2020 y la última persona con quien fue vista fue su excompañero sentimental y padre de su hija, el militar Ever Yobany Muñoz Imbachi en zona rural de Popayán. Ever Yobany era soldado profesional adscrito al Grupo de Caballería Liviano Meteoro.

El 27 enero de 2020, Nárly y su menor hija se trasladaron a un colegio para realizar diligencias de matrícula para la menor. Posteriormente y por averiguaciones de la familia se supo que Nárly, el militar y su hija se trasladaron a una zona rural a ver unos lotes. La niña manifestó que el día de los hechos su papá se había ido con su mamá y que la dejó encerrada en una casa de paredes de tierra y luego llegó sólo y con los brazos manchados de sangre. Otros testimonios que obran en el proceso penal indican que la pareja bajó discutiendo en dirección a un río y que de regreso el militar subió mojado, sin camisa y bastante asustado. Posteriormente el militar se trasladó en una camioneta alquilada y en un campero, hasta el corregimiento de Guachicono del municipio La Vega, junto a su hermana Ruby Muñoz, en este lugar, pretendieron regalar a la niña a unos familiares, quienes no quisieron recibirla porque no tenía autorización de Nárly. Por ello, la niña fue dejada donde la madre del militar, posteriormente la señora les entregó la menor a los familiares de Nárly.

El día el 22 de abril de 2020, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas cautelares, tras considerar que Nárly y sus familiares se encuentran en situación de extrema gravedad e instó al Estado colombiano a actuar inmediatamente ordenando medidas para dar con su paradero.

Desde el 16 de diciembre de 2019, ante la fiscalía, Nárly ya había denunciado al militar sobre la violencia intrafamiliar de la que venía siendo víctima, nadie protegió a Nárly a pesar de que ella denunció oportunamente, y Nárly finalmente se encuentra en situación de desaparición forzada.

Los allegados de Nárly han llevado a cabo acciones de investigación y de búsqueda de manera independiente en las zonas rurales de Timbío y Rosas, sin el respaldo institucional, contando con el apoyo solidario de residentes locales, amigos y líderesas sociales. La Fiscalía 1 Especializada y la Fiscalía 7 Especializada tardaron nueve meses en emitir una orden de captura contra el presunto responsable. Más tarde, informaron que el militar en cuestión habría fallecido en circunstancias misteriosas en el departamento del Huila.

Los familiares de Nárly solicitaron pruebas de ADN para la identificación efectiva del militar pero la Fiscalía 1 Especializada ha estado presionando desde diciembre de 2021 para la preclusión y archivo del caso. Existe preocupación de que, con el cierre de la investigación, se detengan las labores de búsqueda adicionales.

El director seccional de fiscalías nunca envió el caso a una fiscalía destacada en género o a una unidad para violaciones a los derechos humanos. Las búsquedas institucionales de Nárly por parte de las autoridades judiciales se limitaron a formatos digitalizados y promesas de diseño de rutas que nunca se materializaron. Los familiares continúan la búsqueda de Nárly sin el respaldo institucional.

En el transcurso del acompañamiento legal de este caso, se han evidenciado diversas afrentas. Entre ellas, se destaca la actitud despectiva de un investigador de la policía judicial, quien expresó su negativa a realizar labores de búsqueda en la zona rural alegando que se le ensuciarían las botas. Asimismo, se registró la solicitud por parte del director seccional de fiscalías a los familiares de Nárly para que evitaran contactar a los funcionarios de la policía judicial, argumentando que generaban estrés.

Sin embargo, la omisión más significativa recae en el incumplimiento de la orden de captura por parte de las fiscales Martha Liliana Cerón y Paula Andrea Salamanca Carrasquilla. Estas fiscales, actualmente, buscan precluir y archivar de manera insistente la investigación contra el militar responsable de la desaparición forzada de Nárly, justificando dicha acción en la supuesta muerte del militar.

 

Instituciones como la Cancillería, Medicina Legal y la Fiscalía han omitido compartir los resultados de las pruebas de ADN necesarios para la identificación del militar. Mientras tanto, en el municipio de la Sierra, hay testimonios de personas que aseguran haber visto al militar visitando a sus familiares, lo que genera aún más preocupación e incertidumbre en torno a la situación.

Frente a la instauración de la impunidad en este grave caso de violencia contra la mujer, los familiares y abogadas de Nárly se han declarado en objeción de conciencia por las acciones de la fiscalía y el juzgado cuarto especializado itinerante de Popayán. No participarán en las diligencias judiciales de archivo y preclusión, ya que consideran que constituyen impunidad y una burla, además de ser un proceso de revictimización contra los familiares. La Constitución colombiana de 1991 protege la libertad de conciencia, permitiendo que cada individuo se abstenga de actuar en contra de su conciencia. Aunque la justicia colombiana pueda parecer misógina, la sociedad payanesa no lo es.

Por esta razón, hoy familiares de las víctimas, organizaciones sociales y de mujeres y ciudadanía en general nos encontramos en la casa de la moneda en un plantón, en donde se realizarán actividades de muralismo y olla comunitaria en conmemoración de los 4 años de la desaparición forzada de Nárly Gómez Jiménez, exigiendo Justicia.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista de la Corporación Justicia y Dignidad

El retiro de las distinciones al General Arias Cabrales, una medida restaurativa a favor de las víctimas

El Gobierno del presidente Gustavo Petro ha decidido retirar las condecoraciones al general en retiro Jesús Armando Arias Cabrales, antiguo comandante de la Décima Tercera Brigada del Ejército de Colombia. Arias Cabrales, conocido por dirigir el operativo de retoma del Palacio de Justicia en 1985, fue condenado por delitos dolosos, principalmente la desaparición forzada de cinco personas, que constituyen graves violaciones a los derechos humanos.

Arias Cabrales, en sus días de gloria, recibió cuatro medallas de distinción por su participación en la retoma del Palacio de Justicia. Sin embargo, nuevas evidencias surgieron, revelando que algunas de las personas dadas por muertas durante el operativo salieron con vida y nunca fueron encontradas. Arias Cabrales reconocido como un héroe militar es ahora un condenado por delitos de lesa humanidad. Por esta razón, el Gobierno de Petro, en consonancia con los principios de derechos humanos, ha decidido retirar las condecoraciones otorgadas en el marco del decreto 1070 de 2015. Al exgeneral del Ejército le retiraron:  la “medalla de Servicios Distinguidos en Orden Público; la Orden al Mérito Militar Antonio Nariño; Orden al Mérito Naval Almirante Padilla, y la cruz de la Fuerza Aérea al Mérito Aeronáutico”.

En 2011, un juez penal del circuito especializado condenó al general en retiro a 35 años de prisión por el delito de desaparición forzada, sentencia que fue ratificada posteriormente por el Tribunal de Bogotá y la Corte Suprema de Justicia. La condena del general Arias Cabrales se basa en su papel como coautor mediato del delito de desaparición forzada. El Tribunal Superior de Bogotá estableció que, como comandante de la Brigada 13 del Ejército, tenía conocimiento de las directrices que propiciaron la comisión de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra durante la retoma del Palacio de Justicia.

El tribunal destacó que Arias Cabrales incumplió con las leyes de guerra y no actuó para evitar los abusos cometidos por sus subalternos. Se enfatizó que el general no solo tenía la obligación de aplicar las leyes de la guerra, sino también de dar ejemplo de vida y honor a las tropas, lo cual no cumplió según la sentencia. En el 2014, la Corte Interamericana de Derechos Humanos responsabilizó al Estado colombiano por violaciones a los derechos humanos durante la retoma del Palacio de Justicia en 1985.

Familiares de las víctimas, como Helena Urán Bidegain, hija de un magistrado desaparecido, ha promovido activamente la retirada de las distinciones al general Arias Cabrales. En el mes de junio de 2023 presentó derecho de petición al ministerio de Defensa solicitando el retiro de las distinciones por considerar esta medida como un acto de justicia y un mensaje claro de no repetición de abusos por parte de la Fuerza Pública. Las víctimas también exigen acceso a los archivos clasificados, buscando respuestas sobre la participación de Estados Unidos en los trágicos eventos del Palacio de Justicia.

Arias Cabrales, en un intento de acogerse a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), se enfrentó a las víctimas durante audiencias en las cuales se esperaba aclarara los hechos. Sin embargo, la JEP decidió expulsarlo del proceso al considerar que no contribuyó significativamente a esclarecer la verdad. La sala concluyó que el general en retiro no brindó información detallada sobre los eventos y vulneraciones a los derechos humanos durante la operación de retoma del Palacio de Justicia.

El retiro de las distinciones al general Arias Cabrales se da como la respuesta del Estado colombiano garante de los derechos de las víctimas frente a los abusos cometidos por la Fuerza Pública y el compromiso hacia la no repetición de tales atrocidades.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, Defensora de Derechos Humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.