En Popayán, cuando noviembre abre su corazón de montaña, la memoria se hace tambor y guitarra. En el Primer Festival Rock y Otras Artes sobre la Memoria, no solo suena la música: suenan las voces que el país quiso callar. Allí estará el Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz, esas guardianas de la vida que caminan con los retratos de los desaparecidos pegados al pecho, con los nombres de sus hijos escritos en el alma.
Ellas llegarán con su fuerza mansa y su grito firme, recordando que la patria aún debe respuestas. Irán por los niños y niñas desaparecidos, por los jóvenes reclutados a la guerra, por las víctimas de trata y de olvido, por todas esas vidas truncadas que siguen reclamando justicia desde los ríos, los caminos y los sueños.
Entre el rock, el teatro y la poesía, se teje la resistencia. Los jóvenes que cargan guitarras y tambores son también hijos de la memoria. Saben que la historia no se cuenta solo en los libros, sino en las canciones que nacen del dolor y de la esperanza.
Porque la resistencia no es solo aguante, es rocksistencia: la capacidad de transformar la rabia en arte, el duelo en canto, el miedo en abrazo. En cada acorde vibra la dignidad, en cada paso de las madres florece la justicia que no ha llegado pero que sigue caminando.
Popayán será entonces un territorio sagrado de memoria viva, donde los ecos del pasado se mezclan con los gritos del presente. Y allí, en medio del ruido del rock y el murmullo del viento andino, las madres dirán una vez más: “Aquí estamos, por la vida, por la verdad, por la paz.”
Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz
Guardia Intercultural Humanitaria

