Si algo caracteriza al Cauca, además de su belleza natural y su riqueza cultural, son los infaltables bloqueos en la carretera Panamericana. Una actividad que ya se ha convertido en parte del folclor regional, cortesía de ciertos personajes que parecen disfrutar más cerrando vías que trabajando en soluciones. Y en esta ocasión, el protagonista indiscutible es Luis Enrique Yalanda Hurtado, el dirigente Misak que ha decidido que la mejor manera de hacer política es secuestrando el tráfico.
Pero, ¿quién es este noble defensor de la incomodidad ajena? Yalanda, un exaspirante al Congreso de la República, parece haber encontrado su verdadera vocación no en la política convencional, sino en el arte de la protesta prolongada. Aparentemente, cuando los votos no son suficientes, la mejor estrategia es hacer ruido… y de paso, hacer que miles de caucanos se queden atrapados en un embotellamiento sin fin.
Un liderazgo… cuestionado
Luis Enrique Yalanda se proclama como el legítimo gobernador del Resguardo Indígena Guambiano de La María en Piendamó, aunque el propio resguardo lo ha desmentido con comunicados oficiales. Detalle menor, por supuesto. Para Yalanda, la democracia parece ser un concepto flexible, adaptado a sus necesidades personales.
Desde su separación del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), Yalanda ha estado en una cruzada personal, enfrentándose tanto a su propia comunidad como a las instituciones del Estado. Acusado de usurpar la identidad del resguardo y de manipular cargos con fines políticos, ha encontrado en los bloqueos una manera eficaz de seguir siendo relevante. Después de todo, ¿quién necesita legitimidad cuando puede generar caos con unos cuantos troncos y piedras en la carretera?
Un bloqueo con sabor a revancha
Ahora que el Ministerio del Interior ha dejado claro que Yalanda no es la autoridad legítima del resguardo, él ha decidido que todos los caucanos deben pagar las consecuencias. Porque nada dice “defensa de los derechos indígenas” como perjudicar a miles de ciudadanos que no tienen nada que ver con sus disputas internas.
Además, su historial no solo incluye interrupciones viales, sino también denuncias de violencia política contra mujeres indígenas y la perpetuación de divisiones dentro de su comunidad. Todo esto mientras se presenta como el gran defensor de los intereses Misak. Un ejemplo brillante de cómo el activismo mal enfocado puede convertirse en una forma de autoritarismo disfrazado de lucha social.
¿Y ahora qué?
Mientras los conductores siguen atrapados en la Panamericana y los comerciantes ven sus negocios afectados, Yalanda sigue firme en su papel de líder autoproclamado, ignorando los llamados de su propia gente y utilizando cualquier artimaña disponible para mantener su influencia.
Tal vez algún día encontremos una solución a los bloqueos, pero hasta entonces, los caucanos seguirán preguntándose: ¿cuándo convertimos los trancones en una atracción turística? Quizás así, al menos, podríamos sacar algún provecho de este espectáculo repetitivo que Luis Enrique Yalanda insiste en protagonizar.
Por: Prensa Justicia y Dignidad