Yeimer Piamba, hallado decapitado en El Patía, Cauca: el crimen que no conmueve a los medios

A Yeimer Andrés Piamba Buitrón lo arrancaron del mundo como si su existencia no valiera nada. Tenía 30 años, una familia que lo esperaba, y un lugar en el tejido del pueblo. El 25 de junio salió de su casa en El Patía, Cauca, y el viento lo engulló. Solo el silencio volvió. Y ese silencio, que pesa más que un disparo, se convirtió en la angustia de su gente.

Una semana después, la tierra habló.

Allí, en el corregimiento de Piedra Sentada, unas ropas tiradas en medio del monte alertaron a la comunidad. Cavar fue un acto de amor y de espanto. El cuerpo estaba ahí. Desnudo. Decapitado. Sin nombre, sin rostro, sin alma aparente. Pero su familia lo reconoció, y al reconocerlo, le devolvió la dignidad que los criminales quisieron arrebatarle.

Su cabeza no apareció. Y eso lo dice todo. Decapitar es borrar. Es una forma de decir “no existes”. Pero no pudieron. Porque en la memoria del pueblo, Yeimer tiene rostro, nombre y corazón.

Esto no es noticia en los grandes medios de comunicación. Porque la barbarie se normalizó. Porque solo duelen las víctimas con apellidos y abolengo. Porque, como dijo Galeno, “los pobres valen menos que la bala que los mata”.

Prensa Justicia & Dignidad

Julio de 2025