Sarmiento, Odebrecht y el país de los vivos

En Colombia, ese país mágico donde las leyes tienen la elasticidad de un chicle masticado, ocurrió el milagro empresarial del siglo: a Luis Carlos Sarmiento Ángulo, el hombre más rico del país, le dieron un contrato de un billón de pesos para construir una carretera.

La idea era sencilla: construir la famosa Ruta del Sol II, un proyecto vial para conectar al país y mejorar la infraestructura. Pero en lugar de hacer lo que cualquier contratista serio haría —construir la bendita carretera—, el señor Sarmiento (a través de su empresa Corficolombiana, en alianza con los brasileños de Odebrecht) optó por otro camino:

1. Recibió el billón.

2. No hizo la obra.

3. No devolvió la plata.

4. Y ahora exige indemnización.

Sí, así como lo lees. Después de que el contrato se cayó por corrupción —porque Odebrecht pagó sobornos para quedarse con la licitación—, el Tribunal de Arbitramento en Colombia dijo: “Uy sí, pobrecito el consorcio, hay que pagarle lo que invirtió”.
Y adivina qué: ese consorcio es Sarmiento + Odebrecht.

En resumen: le dieron un billón, no hizo la carretera, se destapó el escándalo de corrupción, y ahora se va con otro cheque como premio de consolación. Como diría cualquier mamá sensata: esto solo pasa en esta casa.

Mientras Miguel Uribe se lanza al estrellato como actor de reparto en la serie “Golpe de Estado no tan blando”, y nuestro presidente Gustavo Petro tiene que pelear no solo contra la oposición sino contra el fuego amigo,
Sarmiento Ángulo está de fiesta.

Colombia: el país de los absurdos.

Prensa Justicia & Dignidad