En Colombia, hay una enfermedad que no se cura con medicamentos ni con cirugía. Se llama EPS, y es el cáncer más letal del sistema de salud. Mata lentamente, sin escándalo, sin sangre, pero con burocracia y abandono.
¿Cuánto deben las EPS?
La Contraloría General dice que las EPS deben 32 billones de pesos al sistema de salud. Pero el presidente Petro habla de una deuda cercana a 100 billones. ¿Por qué la diferencia? Porque Petro no solo cuenta lo que se debe hoy, sino todo lo que se han robado durante décadas: anticipos sin justificar, pagos dobles, recobros ficticios y una maquinaria de saqueo legalizado.
¿Y qué provoca esa deuda?
El paseo de la muerte, donde los pacientes son rechazados de clínica en clínica.
La no entrega de medicamentos vitales.
Centros de salud quebrados, médicos sin sueldo y pacientes tratados como estorbo.
¿Y esto de dónde viene?
De la Ley 100 de 1993, cuyo ponente fue Álvaro Uribe Vélez. Esa ley convirtió la salud en un negocio y a los colombianos en clientes que deben rogar por lo que ya pagaron. Desde ahí, la salud dejó de ser un derecho y se volvió una mercancía.
Un sistema que nació mal y creció peor. Y cuando alguien se atreve a decirlo, cuando el presidente denuncia que la salud está secuestrada por intereses privados, no debaten los datos: dicen que está borracho o drogado.
Pero no. No es Petro el que está drogado. Droga es este país que se anestesió ante el dolor ajeno.
El verdadero delirio es defender un sistema que nos está matando.
Por Prensa Justicia & Dignidad

