Este 28 de julio se retomó la audiencia de lectura de sentido del fallo, clave en el proceso contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez, y lo que dejó la jueza Sandra Heredia en claro fue que no está ahí para decorar la toga.
En primer lugar, las grabaciones que comprometen a Uribe son legales. Sí, legales. No hay montaje ni trampa: hay pruebas. Segundo, el testimonio del exparamilitar Juan Guillermo Monsalve es creíble y, además, cuenta con soporte documental y testimonial sólido. Es decir, no está hablando solo por hablar.
Tercero, la corte dejó claro que los testigos que la defensa presentó para desacreditar a Monsalve no tienen fundamento. Algunos incluso parecen sacados de una telenovela de mala factura. Cuarto, la jueza fue enfática en que esta investigación no busca determinar si Uribe tiene o no nexos con el paramilitarismo, pero vaya que eso queda resonando.
En medio de la audiencia, la senadora María Fernanda Cabal creyó que estaba en su finca o en comité con traquetos, hasta que la jueza Heredia le ordenó guardar silencio. Respeto, senadora. Esto no es Twitter.
Y quinto, Heredia se mostró contundente y sólida. Tanto, que mientras la prensa tradicional hace piruetas para salvar la imagen del “mesías de la seguridad democrática”, se van quedando sin oxígeno ni credibilidad.
Esto no es el fin, pero es un precedente histórico y simbólico. Aunque Uribe no haya sido condenado todavía, ya no es intocable.
Y como dirían Tola y Maruja:
“Lo único que preocupa es que cuando terminen de leer el fallo… ya haya prescrito el caso”.
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