Gracias Iván

Por años, en este país donde decir la verdad es un acto de suicidio político, moral o literal, hubo un hombre que no se arrodilló. Un hijo, un testigo, un sobreviviente. Un hijo de Manuel Cepeda Vargas, asesinado por el Estado. Un sobreviviente de una familia entera señalada, perseguida y despedazada por pensar distinto. Y sin embargo, allí estuvo. Y aquí sigue.

Iván Cepeda no solo fue víctima del crimen de Estado. Fue —es— una de sus voces más dignas. Fundador del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, puso el cuerpo, el alma y la historia familiar al servicio de una causa imposible: exigir justicia en el país del olvido.

Cuando todos temblaban, él habló. Cuando muchos callaron, él documentó. Cuando los asesinos vestían corbata y se sentaban en el poder, él los nombró. Y cuando se pensó que Álvaro Uribe Vélez era intocable, fue Iván Cepeda quien lo sentó en el banquillo de los acusados.

Gracias, Iván, por recordarnos que no toda la justicia está podrida, que aún existen senderos legales para enfrentar a quienes convirtieron el Estado en una maquinaria de exterminio. Gracias por no rendirte, por hacerlo con método, con firmeza y con dignidad. Por llevar, con serenidad estoica, la cruz de la persecución, el señalamiento y la amenaza. Y aun así, avanzar.

Hoy, cuando Colombia escucha la lectura de un fallo que por primera vez pone en juicio el nombre del expresidente Álvaro Uribe Vélez, genocida, patrón político del paramilitarismo, responsable del horror de los falsos positivos y de una doctrina de guerra contra su propio pueblo, la figura de Iván Cepeda se alza como símbolo de resistencia civil, ética y legal.

Gracias, Iván, por devolvernos la esperanza de que la justicia no puede seguir siendo esquiva para las víctimas. Gracias por no dejar solos a los nadies, por mirar de frente al poder y por no dejar que el miedo ganara la partida.

Este país te debe más de lo que se atreve a reconocer.

Gracias por no olvidar cuando todo el país parecía empeñado en enterrar su propia memoria.

Por Prensa Justicia & Dignidad

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