¿Y si Petro hiciera lo que hace Bukele?

Imagínese esta escena: Gustavo Petro, en cadena nacional, sonriente, anuncia que ha destituido a toda la Corte Constitucional porque “ya no le sirven al país”. Luego propone eliminar la segunda vuelta presidencial —“muy costosa, muy lenta”— y de paso, extender su mandato a seis años. Mejor aún: plantea que se le permita reelegirse indefinidamente, porque “el pueblo lo ama”.

¿La reacción? Titulares incendiarios: “¡Dictadura chavista en Colombia!”; “¡Golpe a la democracia!”; “¡Petro perpetúa el castrochavismo!”. Saldrían las cacerolas, los trinos furiosos, los editoriales apocalípticos. La OEA enviaría comunicados. Semana lanzaría edición extra.

Pero respire. Porque todo eso no lo hizo Petro. Lo hizo Nayib Bukele, el presidente de El Salvador. Y no, no es teoría conspirativa: el 31 de julio, su Asamblea Legislativa (que él controla como si fuera un videojuego) aprobó:

▪️ Eliminar la segunda vuelta presidencial.

▪️ Extender el mandato presidencial a seis años.

▪️ Autorizar la reelección indefinida.

Y como no confía en la democracia, Bukele preparó el terreno: destituyó magistrados, controló el Tribunal Electoral, sometió al Congreso, silenció medios y encarceló a más de 78 mil personas con un régimen de excepción permanente.

Pero aquí eso no es dictadura. No. Aquí, según la derecha criolla, eso es orden. Por eso María Fernanda Cabal lo aplaude de pie, JP Hernández se autoinvitó a su posesión, Miguel Uribe contrató a su asesor venezolano Lester Toledo , y Paloma Valencia lo cita en cada charla como “el presidente que necesitamos”.

¿Y Petro? Petro no ha hecho ninguna de esas cosas. No ha tocado la Constitución para quedarse. No controla las Cortes. Ni siquiera ha podido pasar una reforma laboral. Pero a él sí lo llaman dictador.

Porque en Colombia, al parecer, lo peligroso no es el que destruye la democracia, sino el que cuestiona los privilegios.

El Salvador no es una distopía: es un espejo.

Y lo que preocupa no es solo lo que pasa allá, sino lo que algunos quieren importar para acá… con moño y todo.

Prensa Justicia & Dignidad