Sobre cerdos, pegasos y lechonas. Espionaje en Colombia 2026

En Colombia tenemos el dudoso privilegio de coleccionar presidentes mediocres. Pero Iván Duque se convirtió en la flor y nata de ese estercolero: el peor presidente de la historia reciente y, para colmo, ahora se inaugura como el peor expresidente. Su legado no necesita adornos: bombardeos a campamentos donde dormían niños reclutados, el conteo macabro de ochenta jóvenes asesinados durante el estallido social y la moda siniestra de dejar tuertos a los que se atrevieron a protestar. Sus compinches, Eduardo Zapateiro, ese alumno aplicado de la Escuela de las Américas, y Diego Molano, pistolero con fuero ministerial, completan la tríada de lesa humanidad que tarde o temprano la justicia —o la memoria— pondrá contra las cuerdas.

Pero lo verdaderamente obsceno no está solo en la sangre. Está en la sonrisa congelada de Duque al lado de Benjamin Netanyahu. En la complicidad fotográfica con el genocidio de Gaza. Allí no le tembló la voz para posar, como si la muerte de niños fuera apenas un decorado para sus selfies diplomáticas.

Hoy, sin embargo, no venimos a hablar de cadáveres —aunque inevitablemente asomen—, sino de Pegasus. El software espía comprado en 2021 bajo su gobierno, en un turbio negocio de once millones de dólares en efectivo que volaron, literalmente, de Catam a Tel Aviv. No fue magia ni fueron unicornios: fue el Estado colombiano comprando tecnología para espiar opositores, periodistas y quizá hasta a los mismos que firmaban los cheques.

Lo paradójico es que, tras destaparse el escándalo, Estados Unidos apareció en escena como financista antinarcóticos y la Fiscalía abrió investigaciones que, como siempre, duermen en algún cajón. La novela de Pegasus parecía enterrada hasta que, en 2025, Duque reapareció sonriente en Jerusalén, estrechando la mano de Netanyahu. Oficialmente hablaban de innovación social y de libros. En realidad, más parece un reencuentro de proveedores. Un repaso de manual de espionaje a la criolla.

Porque la derecha uribista ya tiene juguetero nuevo. Y juguete nuevo también. Nadie sabe si es otro Pegasus más sofisticado, o un acuerdo más turbio. Pero todos sabemos para qué sirve: para vigilar, para intimidar, para manipular elecciones. Para preparar el terreno del 2026.

Al final, lo único cierto es que Duque sigue representando el país de papel maché que nos vendieron: un país que exporta muertos, importa espías y, paradójicamente, apenas ahora —en tiempos de Petro y no en los de Duque— logra exportar lechona. La historia, ya se sabe, tiene un humor extraño. Entre Pegasus, Netanyahu, sangre y chicharrones, lo que nos queda es reír para no llorar.

Por Justicia y Dignidad. Periodismo Independiente e Investigativo.