El humo que se levanta sobre el puerto de Túnez no es solo humo: es un mensaje para el mundo. El Family, uno de los barcos principales de la Flotilla Global Sumud for Gaza, había zarpado de España rumbo a Gaza, cargado no de armas ni soldados, sino de pan, medicinas y dignidad. En su cubierta viajaban seis personas, entre ellas Greta Thunberg, símbolo de la juventud que todavía se atreve a soñar que la vida puede salvarse.
El viaje era sencillo en su propósito: romper el cerco, llevar ayuda, hacer visible lo que el poder quiere ocultar. Pero los sueños son peligrosos para quienes viven de la guerra. Según la Flotilla, un dron israelí descendió sobre el Family y prendió fuego a la cubierta principal y a las bodegas. Túnez niega la agresión. Habla de accidente. Como siempre: las versiones oficiales se redactan en embajadas extranjeras, mientras las cenizas hablan otro idioma.
La escena remite inevitablemente a otras páginas de esta misma historia. El Mavi Marmara, en 2010, atacado por comandos israelíes en aguas internacionales, dejó nueve muertos y un mensaje: nadie puede desafiar el bloqueo sin pagar un precio. Antes de eso, Sabra y Chatila en 1982: centenares de palestinos masacrados bajo la mirada cómplice del ejército israelí. Cada generación de palestinos lleva cicatrices distintas, pero todas dibujan la misma cartografía del horror.
La Flotilla Global Sumud for Gaza eligió el nombre árabe sumud, que significa resistencia, permanecer en pie cuando todo te quiere derribar. Desde los puertos de España hasta las aguas del Mediterráneo, estos barcos pequeños cargan una dignidad más grande que cualquier fragata de guerra. Y es esa dignidad la que incendian con drones, como quien quiere apagar una llama que no se deja sofocar.
Pero lo que ocurre en Gaza no se queda en Gaza. Es el laboratorio de un genocidio transmitido en tiempo real, bajo la indiferencia de gobiernos que callan y de pueblos que miran de reojo. Si el mundo tolera esto, mañana esos mismos métodos de exterminio se aplicarán en otras geografías. Ya se escuchan amenazas de invasión en Venezuela. Ya Milei, en Argentina, entrega la Patagonia en bandeja a Netanyahu bajo el viejo fantasma del Proyecto Andinia. Ya Colombia se asoma al abismo con bases militares extranjeras y un territorio cada vez más disputado.
La humanidad entera está a prueba. Si no se frena el genocidio en Gaza, terminaremos todos a merced de los mismos criminales que convierten los mares en cementerios y las fronteras en paredones. Hoy es Gaza. Mañana puede ser aquí, en nuestras montañas, en nuestros ríos, en nuestros hijos.
Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo

