La Iglesia Catolica y las elecciones 2026: el comunicado que incomoda a la derecha colombiana

​La Iglesia Católica colombiana hizo algo que no suele hacer: intervenir directamente en medio de una campaña presidencial. No respaldó candidatos, no pidió votos ni publicó una lista de recomendados; hizo algo mucho más peligroso: recordó el Evangelio. Y cuando una campaña política entra en abierta contradicción con el mensaje de Jesús de Nazaret, los nombres propios terminan sobrando. La Conferencia Episcopal de Colombia, máxima autoridad de la Iglesia en el país, recordó que el cristiano no debe votar guiado por el odio, el miedo o la venganza, sino que debe entender la política como un servicio a la vida, la paz, la justicia social, la dignidad humana y el cuidado de la casa común.

​Leído así, el comunicado parece una obviedad. Sin embargo, en la Colombia de 2026, estas palabras caen como una piedra sobre ciertos discursos que han hecho de la agresión, la exclusión y el exterminio simbólico su principal propuesta de gobierno. Resulta muy difícil imaginar a Jesús hablando de “destripar”, “erradicar” o “exterminar” a quienes piensan distinto, y más complejo aún imaginarlo llamando “plaga” a otros seres humanos. Sin embargo, ese ha sido el lenguaje utilizado reiteradamente por Abelardo de la Espriella para referirse a sus adversarios políticos. Uno podría buscar durante horas en los Evangelios y no encontrará una sola frase donde Cristo invite a eliminar a sus contradictores; por el contrario, su mandato es tajante: «Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen» (Mateo 5:44). Ese llamado no admite demasiadas interpretaciones: amar al enemigo no significa estar de acuerdo con él, sino reconocer que sigue siendo un ser humano. La diferencia entre la civilización y la barbarie empieza exactamente ahí.

​La Conferencia Episcopal también recordó que los ciudadanos deben preguntarse qué candidatos garantizan la protección de los líderes sociales y el cumplimiento de los acuerdos de paz. No parece una pregunta casual en un país donde miles de líderes comunitarios han sido asesinados y donde todavía existen sectores políticos que consideran sospechoso hablar de reconciliación. Al hablar de justicia social, los obispos tomaron distancia de la ley de la selva, del «sálvese quien pueda» y del privilegio disfrazado de mérito. Hablaron, en cambio, de reducir desigualdades, de cerrar brechas y de construir una sociedad menos cruel.

​Bajo esta óptica doctrinal, muchas propuestas actuales se quedan sin piso. Es imposible encontrar en el Evangelio a un Jesús diciéndole a los ancianos que trabajen hasta la extenuación porque representan una carga económica, o proponiendo que la vejez sea castigada con más producción en lugar de ser acompañada con dignidad. De igual forma, carece de sustento evangélico la estrategia de convertir a las personas homosexuales o trans en enemigos culturales de la nación. El Papa Francisco fue claro al recordar —en línea con el magisterio reciente de la Iglesia— que toda persona posee una dignidad infinita por el simple hecho de ser hija de Dios. Se puede discutir sobre teología, pero lo que no se puede hacer es utilizar el cristianismo como excusa para humillar y perseguir a seres humanos.

​El documento episcopal también abordó el cuidado de la «casa común», una expresión profundamente franciscana. Para la Iglesia, destruir la naturaleza en nombre del capital no es desarrollo; es pecado. Como lo recordó la encíclica Laudato si’, la Tierra no es una mina de la cual extraer riqueza hasta dejarla convertida en desierto, sino una creación confiada temporalmente a nuestra responsabilidad. Quien convierte montañas en escombros, ríos en cloacas y bosques en balances financieros podrá ser muchas cosas, pero difícilmente podrá presentarse como un auténtico defensor de la creación.

​Por eso el pronunciamiento de los obispos resulta tan sumamente incómodo. Porque sin mencionar a un solo aspirante a la presidencia, obliga a los electores a formularse una pregunta inevitable: ¿Qué candidato se parece más a los criterios que la Iglesia considera compatibles con el Evangelio? La respuesta queda a juicio de cada ciudadano. Pero hay algo evidente: cuando la Iglesia habla de paz, justicia social, protección de líderes, cuidado del medio ambiente, dignidad humana, reconciliación y rechazo del odio, algunos candidatos aparecen naturalmente más cerca de ese mensaje que otros. Y otros, simplemente, aparecen tan lejos que ni siquiera logran divisarse en el horizonte. No es usual que la Iglesia Católica se pronuncie de esta manera, pero cuando una candidatura amenaza con llevarnos al abismo mediante promesas de genocidio y exterminio, la institución se ha visto llamada a levantar la voz. Los obispos no dijeron por quién votar; no tuvieron que hacerlo. Les bastó con recordar quién fue Jesús.

Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo