¡El mundo patas arriba… y Colombia de rodillas!

Mientras el mundo se esfuerza por desaparecer con estilo, Gaza se convierte en el ensayo general de la barbarie. Israel, con precisión quirúrgica, bombardea hospitales, escuelas y cuanta sede humanitaria se cruce. Todo, claro, en nombre de la defensa propia, que en su idioma significa: “usted no tiene derecho a existir”.

Pero esta vez, el horror no se queda del otro lado del muro. Tel Aviv también está en ruinas. Ya no se distingue de Gaza. Los misiles iraníes hicieron polvo los techos de la soberbia. La amenaza nuclear dejó de ser un rumor diplomático: está sobre la mesa. Netanyahu, con la arrogancia de quien se cree el ungido, lo dice sin rubor: “Si cae el pueblo de Dios, caemos todos”. Es decir: si Israel se tambalea, él está dispuesto a llevarse al planeta completo.

¿Dónde están las instituciones llamadas a proteger la humanidad? Ni la ONU, ni la Corte Penal Internacional, ni una sola potencia se atreve a tocarlo. Netanyahu sigue libre, blindado, respaldado por los mismos que predican democracia mientras venden armas. Y sí: la Tercera Guerra Mundial ya no es una advertencia, es una amenaza en tiempo real. Se siente en el aire otro 11 de septiembre, pero esta vez multiplicado por mil. Y nadie lo detiene.

Y como si el horror necesitara expansión territorial, en Argentina ya aterrizan vuelos directos desde Israel a la Patagonia. Colonias “pacíficas”, dicen. Como si no conociéramos la historia. Si se conforman con esa puntica, tal vez haya paz. Pero si no… lo que se avecina es un genocidio silencioso disfrazado de migración, bajo la complicidad de gobiernos que han perdido el alma. Ya nos duelen nuestros hermanos mapuches: que esto no sea la antesala de un exterminio, porque el pueblo ha llegado a invadir tierras sudamericanas.

Y aquí abajo, en el trópico del absurdo, la tragicomedia nacional.

En Colombia, la derecha más rancia ahora anda mística. Rezan por la vida de Miguel Uribe con camándula en mano, rosario al cuello y cálculo electoral en la frente. Porque si vive, será el candidato. Y si no, su esposa asumirá el papel de mártir, o le entregará la candidatura a otro redentor del Centro Democrático. Todo listo, todo medido, todo manipulado.

Mientras tanto, líderes sociales siguen cayendo, el hambre crece en los barrios, y los jóvenes que soñaron con paz hoy solo buscan sobrevivir. Pero la patria está en oración… por un político.

¿Y el pueblo? Votando por quien lo reprime, aplaudiendo al que lo empobrece, y agradeciendo al que lo desprecia. Aquí, la democracia es un mal chiste contado en bucle.

El mundo arde. La amenaza nuclear es real. Y mientras nadie detiene al hombre que puede encender el apocalipsis, nos distraen con vírgenes de yeso, bustos, misas y slogans de campaña.

Y mientras el mundo está patas arriba…

Colombia sigue de rodillas.

Por Sofía Lopez, abogada y periodista de Justicia y Dignidad .