Crónica de la cordura patriarcal
Por: Prensa Justicia & Dignidad
ATENCIÓN: si una mujer alza la voz, está loca.
Si denuncia un abuso, es histérica.
Si exige respeto, una exagerada.
Pero si un hombre toma un hacha, mata a su hermana, quema la casa y deja tres niños huérfanos, entonces… “pobrecito, estaba mal de la cabeza”.
Y así seguimos: entre diagnósticos convenientes y silencios cómplices.
Este 28 de junio, mientras algunas celebraban el Orgullo de ser libres y diversas, en la vereda Valle Nuevo del resguardo Honduras, municipio de Morales, Cauca, dos mujeres fueron asesinadas con un hacha. El presunto responsable: un joven de 25 años.
Después de matarlas, incendió la casa con sus cuerpos adentro.
Uno de los cuerpos quedó totalmente calcinado.
Del otro, solo quedaron las quemaduras.
Tres niños presenciaron el horror.
Tres niños que lograron salir corriendo de las llamas.
Tres niños que ahora son huérfanos.
Pero el diagnóstico oficial no hablará de eso.
Hablará de “trastornos mentales”.
¿Y saben qué más tenía este joven, además de un arma homicida y fósforos?
Impunidad patriarcal.
Sí, esa impunidad que diagnostica locura cuando él mata, pero llama “exageración” a cualquier intento nuestro por defender la vida.
Porque claro, si lo hace él, está enfermo.
Pero si lo denuncia ella, está loca.
Y ni se te ocurra llorar, protestar o hacer plantón.
“Ahí están las locas feministas otra vez”.
Las mismas que intentan salvar a las que ya nadie escucha.
Ya basta.
No es una locura defenderse.
No es una enfermedad gritar “¡no me mates!”.
No estamos trastornadas por exigir vivir.
Lo trastornado es este sistema que prefiere proteger al agresor con excusas clínicas, mientras nosotras cargamos el peso de la culpa, el juicio social y los féretros de nuestras hermanas.
Hoy, tres niños —una niña de 7 años y dos mellizos de 1 y 2— quedaron huérfanos.
Y nadie va a decir que su infancia fue incendiada por el machismo.
Solo hablarán del desequilibrio mental del agresor.
A ver si así suena más digerible.
Pero no.
Esto no es una tragedia aislada.
Es un síntoma.
Y como toda enfermedad crónica, solo se cura con verdad.
No somos locas.
Locura es normalizar esto.
Locura es silenciarlo.
Locura es seguir justificando lo injustificable.
Ya no más.
Ni una menos.
Ni una silenciada.

