Editorial Quincenal | Justicia & Dignidad Domingo de Dignidad – 20 de julio de 2025

Hay días en que el cuerpo no puede más y, en un acto secreto de honestidad, lo vomita todo. Vomita lo que el alma no quiere, lo que no puede digerir. Y queda el cuerpo tibio, tembloroso, pero libre. Entonces —solo entonces— aparece la verdad. Una verdad que no se impone con palabras ni con gestos. Aparece como una brisa densa que lo atraviesa todo.

La dignidad.

Que no se grita.

Que no se exhibe.

Que simplemente… se vive.

La dignidad —esa extraña flor que nace del fango— consiste en seguir danzando aunque duela el alma. Consiste en no negarse al amor, pero tampoco en arrodillarse por él. Consiste en sostener la causa con el corazón limpio, incluso cuando otros lo han ensuciado todo. Consiste en no dejarse atrapar por la lógica del rencor. Porque, aunque duela, una elige no odiar.

Elige ser libre.

Y así, entre el canto, la danza y la palabra tejida, vamos.

Aunque nos quieran deshacer desde dentro.

Justicia y Dignidad sigue viva —más viva que nunca— a pesar de las amenazas, los seguimientos, los hostigamientos de los señores de la guerra y sus aliados —lastimosamente camuflados en las mismas organizaciones sociales—. A pesar de los intentos mezquinos de sus exintegrantes misóginos, Alexander Montaña Narváez y Walter Mondragón, que buscaron silenciarla, liquidarla, apropiarse de lo que no les pertenece: los casos, los dolores, las luchas.

Y sigue también el Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz. Y resiste la Guardia Intercultural Humanitaria, continúa la búsqueda de las personas desaparecidas y de los menores y jóvenes reclutados por la guerra, gestando para luego parir la paz.

A pesar del desplazamiento forzado de sus lideresas y las amenazas de muerte.

A pesar de las voces de las mujeres indígenas que Rafael Ulcué y Geovany Goody, en convivencia con funcionarios corruptos de las alcaldías de Yumbo, han intentado callar, atacar, anular.

Pero no pudieron.

Porque la voz de una mujer, cuando es raíz, cuando es canto, cuando es memoria…

no se puede desaparecer.

La Bitácora del Horror se sigue escribiendo, con cada historia que las víctimas nos entregan como testimonio de la represión de Estado en el Paro Nacional de 2021, y como semilla. La Comisión de Esclarecimiento sigue siendo nuestra campaña, latiendo, aunque quieran imponernos el silencio.

Aunque la censura se vista de trámite.

Aunque la cobardía se maquille de legalidad.

A pesar del silencio —en todas sus formas— que también hiere, seguimos caminando.

Seguimos caminando.

Con pies heridos, pero firmes.

En busca de la justicia.

En busca de la dignidad.

 

Justicia y Dignidad: 15 años defendiendo los derechos humanos.

Y lo que falta, lo vamos a parir.