El barco fantasma del Comando Sur: mentiras que huelen a invasión

El gobierno de Estados Unidos, de la mano de Donald Trump y Marco Rubio, anunció con bombos y platillos que había “destruido un barco lleno de drogas procedente de Venezuela”. El Comando Sur, dijeron, realizó un “ataque letal” en el mar Caribe que dejó once muertos. Hasta aquí, la narrativa oficial suena firme. Pero al mirar más de cerca, todo comienza a desmoronarse.

¿Dónde están las pruebas?

Washington difundió un video como “prueba”, pero Caracas denunció que era un montaje generado por inteligencia artificial. La acusación no es menor: si el único sustento de una acción militar son imágenes manipuladas, estamos frente a una operación de propaganda.

Nunca se mostró evidencia clara de la supuesta droga: ni el cargamento, ni fotografías verificables, ni testigos independientes.

Tampoco se revelaron las identidades de las once personas asesinadas. ¿Eran realmente miembros del Tren de Aragua o simples pescadores criminalizados después de muertos?

Lo que no cuadra

Si el objetivo era frenar el narcotráfico, lo lógico habría sido interceptar y decomisar la embarcación para obtener pruebas judiciales. En lugar de eso, la hundieron, destruyendo cualquier evidencia.

El uso de un “ataque cinético” contra civiles en aguas internacionales roza la ejecución extrajudicial y viola el derecho internacional.

El discurso oficial de Marco Rubio habla de un “narco-terrorismo venezolano”, una etiqueta que se acomoda perfectamente al guion de una invasión preventiva.

El eco de la historia

No es la primera vez que Estados Unidos recurre a mentiras para justificar agresiones. En Irak fue el cuento de las “armas de destrucción masiva”, que jamás aparecieron. En Libia, la excusa de “salvar vidas” terminó en la destrucción de un país. Hoy, el barco fantasma del Caribe parece cumplir el mismo papel: fabricar un enemigo, generar alarma y preparar terreno para la intervención.

Detrás de la cortina de humo

La pregunta de fondo es: ¿qué se busca realmente? La respuesta no está en los mares del Caribe sino en las riquezas del territorio venezolano: petróleo, gas, oro, coltán. La historia es vieja: la excusa siempre es la seguridad, la droga o la democracia; el resultado, el exterminio de pueblos enteros y el saqueo de sus recursos naturales.

Suena demasiado familiar. Como las armas nucleares nunca encontradas en Medio Oriente, este barco hundido sin pruebas parece otra excusa de Washington para abrir la puerta a la guerra.

Por Justicia & Dignidad/Periodismo independiente e investigativo