La Corte Constitucional es la guardiana de la Carta Magna, el tribunal que marca el rumbo de los derechos fundamentales en Colombia. En sus manos se han definido decisiones trascendentales sobre la vida, la libertad, la igualdad, los derechos sexuales y reproductivos, la protección de las minorías y la dignidad humana. Pero la pregunta que flota hoy en el Senado, que tiene la responsabilidad de elegir un nuevo magistrado o magistrada, es si esa Corte puede seguir siendo representativa, plural y justa cuando aún está lejos de la paridad de género.
Actualmente, en la Corte hay nueve sillas. De esas, solo dos están ocupadas por mujeres: Natalia Ángel Cabo y Lina Marcela Escobar. La presencia femenina, aunque es un paso frente a lo que había hace unos meses, sigue siendo insuficiente en un país donde las mujeres son más de la mitad de la población y han estado en la primera línea de defensa de los derechos y la democracia. Por eso la eventual elección de María Patricia Balanta, quien sería la primera mujer afrodescendiente en la historia de la Corte Constitucional, representa una oportunidad única no solo para avanzar en paridad, sino también para darle voz y rostro a comunidades históricamente invisibilizadas.
El nombre de Balanta llega cargado de simbolismo. Su trayectoria de más de tres décadas en la Rama Judicial la respalda con solidez técnica. Pero más allá de eso, su elección marcaría un mensaje político profundo: que la Corte no puede seguir siendo un club de hombres privilegiados que deciden sobre la vida de todos y todas, sino un espacio abierto a la diversidad y la pluralidad. Elegir a Balanta sería un acto de justicia con las mujeres, con la población afro y con quienes sueñan con una Corte más cercana al país real.
La terna, sin embargo, también incluye a Carlos Camargo, exdefensor del pueblo, cuya postulación resulta indigna para un tribunal que debe ser garante de derechos. Durante el estallido social de 2021, cuando el país vivió una de las represiones estatales más violentas de las últimas décadas, Camargo optó por darle la espalda a las víctimas. Amarró de manos a los funcionarios de la Defensoría del Pueblo en el Valle del Cauca, prohibiéndoles acompañar a quienes denunciaban desapariciones, torturas, violencias sexuales y ejecuciones extrajudiciales. En lugar de proteger a la ciudadanía, prefirió mandar emisarios desde Bogotá con línea directa a su despacho, funcionarios que no denunciaban lo que estaba ocurriendo en las calles. Su omisión fue tan descarada que varias organizaciones de derechos humanos lo señalaron de encubrir las graves violaciones cometidas bajo el gobierno de Iván Duque.
Pero el prontuario de Camargo no termina allí. Investigaciones periodísticas revelaron que, durante su paso por la Defensoría, contrató a familiares de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el mismo tribunal que ahora lo postuló. Es decir, su candidatura no se explica por méritos jurídicos o éticos, sino por favores burocráticos y clientelismo. Un intercambio vergonzoso que deja al descubierto cómo se siguen utilizando las instituciones del Estado para pagar cuotas de poder. Resulta asqueante pensar que alguien con esa trayectoria pueda aspirar a ser guardián de la Constitución.
La Corte Constitucional no puede ser cómplice de ese pacto de silencios y favores. El Senado tiene en sus manos la posibilidad de elegir entre la dignidad y la indecencia, entre la representación plural y el continuismo clientelista. La elección de Balanta no resolvería todos los problemas, pero sí enviaría un mensaje claro de que el país no tolera más exclusiones ni pactos de élites. Que la Corte, como guardiana de la Constitución, debe reflejar la sociedad que dice proteger: diversa, justa y con igualdad de género.
El futuro de la democracia en Colombia también se juega en estas elecciones. Apostarle a Balanta es apostar por una Corte más legítima y más cercana al pueblo; elegir a Camargo sería hundirla en el descrédito y la desconfianza. El Senado tiene la palabra, y la historia está mirando.
Por Justicia & Dignidad/Periodismo independiente e investigativo

