¿A qué Dios le rezan los genocidas?

Marco Rubio y Benjamin Netanyahu se inclinan ante las piedras sagradas.

Cierran los ojos.

Mueven los labios.

Ponen notas en un muro.

¿A qué Dios rezan los genocidas?

¿Al que bendice los misiles?

¿Al que sonríe mientras un niño arde bajo las bombas?

En Gaza ya no hay infancia: hay tumbas pequeñas.

Más de 61.800 palestinos asesinados desde octubre de 2023, entre ellos 18.430 niños y 9.735 mujeres.

Más de 155.000 heridos, cuerpos quebrados, vidas mutiladas.

Las cifras parecen frías, pero cada número es un rostro, una historia, una canción interrumpida.

La Corte Penal Internacional ya habló: órdenes de captura contra Benjamin Netanyahu y Yoav Gallant por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Se les acusa de usar el hambre como arma, de privar a un pueblo de agua, de comida, de electricidad, de todo lo que sostiene la vida.

Crímenes cometidos a plena luz, en vivo y en directo, transmitidos como espectáculo del horror.

Es una catástrofe civilizatoria: nunca la humanidad había visto un genocidio en tiempo real, con cada bomba retransmitida, con cada cadáver compartido en pantallas.

Es una derrota moral, una herida que nos dice que la barbarie camina entre nosotros con traje y corbata, que reza con manos ensangrentadas, que sonríe frente a las cámaras.

Lo que buscan es imponer el terror: que un pueblo aprenda a vivir arrodillado, que la humanidad se acostumbre a mirar el crimen como paisaje.

Pero hay algo que no han podido ni podrán borrar: la dignidad de un pueblo que resiste.

Palestina resistirá. La humanidad vencerá en contra de los misterios del mal.

Y en Colombia también sabemos de verdugos con sotana política.

Aquí los defensores de la masacre llevan corbata tricolor y se arrodillan ante su patrón eterno: Álvaro Uribe Vélez, el capo que aún mueve alfiles y peones mugrosos para justificar la barbarie.

Los mismos que aplauden a Netanyahu son los que aquí justifican las masacres, los “falsos positivos”, la tierra ensangrentada.

La pregunta sigue abierta:

¿A qué Dios le rezan los genocidas?

Al de los banqueros, al de los ejércitos, al del miedo.

Pero no al Dios de los niños, ni al de la vida, ni al de la humanidad.

Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo