María Corina Machado: Nobel de Paz sin ceremonia

Por fin alguien se atrevió a decirlo en voz alta: el discurso de María Corina Machado, la señora guerrerosta que fue reconocida oficialmente con el Premio Nobel de la Paz 2025 por el Comité Nobel Noruego, no es paz, ni democracia, ni libertad. Es guerra disfrazada de solemnidad, un show de bravatas donde cada palabra suena a cañón y cada aplauso a metralla.

¿Cómo se le otorga un premio de paz a alguien que pide invasión militar para su propio pueblo? ¿A quien dedica el galardón a Donald Trump, maestro del tuit bélico, y a quien felicita a Netanyahu, ese señor con orden de captura internacional por genocidio en Palestina? Es como darle la medalla de buen samaritano a alguien que incendia la casa del vecino y luego se sienta a repartir sopas.

Pero aquí viene la ironía suprema: aunque María Corina Machado sea ganadora oficial del Nobel, el Consejo Noruego por la Paz, encargado de la ceremonia de entrega, decidió cancelarla. La justificación fue que realizar la ceremonia no estaba alineado con los valores de la institución, que promueve la paz y la resolución no violenta de conflictos.

Así que al menos hay un consuelo: no quedará en la foto oficial la imagen que avala la guerra y la infamia. No habrá medalla, no habrá diploma, no habrá aplausos de Oslo, aunque el nombre de María Corina Machado seguirá en la lista de laureados.

“Para que haya paz debe haber libertad, y la paz y la libertad se imponen con la fuerza”, dice ella, como si la libertad fuera un fusil y la paz un tanque. Lo que estamos viendo no es filosofía política, es la receta de la guerra pura y dura, sazonada con discursos de mármol y fotos con líderes cuestionables.

Si alguna vez alguien dudó de que los premios Nobel pudieran ser irónicos, esta es la prueba de que la historia se ríe a carcajadas: un galardón a la paz que se celebra con himnos de guerra y cuya ceremonia ni siquiera se atreve a hacerse. Mientras tanto, el mundo observa boquiabierto, preguntándose si acaso hemos cambiado de siglo o simplemente el Nobel ha decidido convertirse en un festival de contradicciones.

Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo