Colombia amaneció con un nuevo escándalo, tan útil políticamente como inverosímil en los hechos: ahora resulta que Iván Mordisco —el mismo que “estaba muerto”, según Iván Duque— habría financiado la campaña de Gustavo Petro. Sí, Mordisco, el que supuestamente cayó en un bombardeo mientras el entonces presidente celebraba su “operación impecable”, se robaba la recompensa y posaba de héroe. Ese mismo que meses después reapareció vivito, armado y burlándose del Estado colombiano.
Pues bien: ahora dicen que financió la campaña del gobierno que más lo ha enfrentado. Sí, señores: estas son las fantasías de Ricardo Calderón y Caracol Noticias.
Y, sin embargo, la historia aparece justo en el momento más conveniente: cuando en Washington se cocina un expediente político contra Petro, su familia y su minsitro Benedetti, quienes ya fueron incluidos en la Lista Clinton, una decisión con más ingredientes geopolíticos que jurídicos.
La pregunta no es por qué aparece el escándalo.
La pregunta es por qué aparece ahora.
Basta mirar el peregrinaje internacional de la derecha colombiana. En estos meses, Washington ha recibido más políticos nuestros que la carrera Séptima:
— Álvaro Uribe
— Paloma Valencia
— María Fernanda Cabal
— Miguel Uribe Londoño
— Katherine Miranda
— Juan Carlos Pinzón
— Vicky Dávila
— Efraín Cepeda
— el excanciller Álvaro Leyva
— y los inútiles alcaldes Alejo Éder y Federico Gutiérrez, siempre listos para saludar cámaras y estrechar manos republicanas.
Todos visitando a los mismos senadores ultraconservadores de siempre: Díaz-Balart, Marco Rubio, Carlos Giménez, María Elvira Salazar y Berni Moreno, el senador republicano primo de la esposa de Uribe. Sí: Uribe tiene un senador ultraconservador de cabecera, y es de su familia.
Todos repitiendo el mismo estribillo:
“Ayúdennos a presionar al gobierno Petro.”
Y entre tanto, Tomás Uribe —el hijo de Álvaro Uribe— ya nos anunció el final de las historias que fabrica Caracol, o al menos lo que buscan: la extradición de los que él llama “ideólogos del narcotráfico”, es decir, la extradición del presidente Petro. Ahí se entiende el montaje.
Es imposible no notar la sincronía:
Visitas → alarmas → titulares → “informes exclusivos” → presiones “antinarcóticos” → Lista Clinton → escándalo local → y, como colofón, el cuento de Mordisco financiando campañas.
Pero el pueblo sabe que Petro no fue financiado por Mordisco, y también sabe que el gobierno ha depurado a las Fuerzas Militares. El pueblo sabe que Caracol y Ricardo Calderón mienten.
Lo realmente inquietante es otra cosa: la Presidencia no tiene un equipo jurídico sólido para enfrentar esta guerra jurídica y diplomática. ¿Dónde están los abogados del Estado? ¿Quiénes son? ¿Por qué no aparecen? El presidente está judicialmente solo. Su única defensa es su palabra en X. Mientras llueven montajes, presiones internacionales y campañas mediáticas coordinadas, el gobierno aparece sin defensa, sin estrategia y, muchas veces, sin respuesta.
La Fiscalía General, por su parte, parece instalada en un letargo propio de la Bella Durmiente. Ante una posible operación internacional contra la estabilidad institucional del país, reacciona como si estuviera revisando un trámite de multas de tránsito. Tanto así que un gobernador —Andrés Julián Rendón— insinuó que habría que meter a la fiscal en la Lista Clinton. Una ligereza peligrosa que evidencia el nivel de degradación del debate público. ¿Será que así la fiscal Luz Adriana Camargo se mosquea?
Mientras políticos, lobistas y periodistas viajan a Washington para presionar sanciones contra su propio país, aquí no se habla de traición a la patria, sedición, concierto para delinquir, constreñimiento al sufragante u obstrucción a la justicia. Nada. Silencio institucional absoluto. No hay investigaciones ni abogados; solo escándalo y silencio.
Y lo peor: todo esto ocurre mientras algunos sectores preparan su camino al poder en 2026, a como dé lugar.
Lo que se está jugando no es un escándalo más.
Es la salud de la democracia.
Y Colombia parece dispuesta a dormirse justo cuando más debería estar despierta.
Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo

