Iván Cepeda puntea las encuestas presidenciales en Colombia

La última encuesta Invamer, publicada el 30 de noviembre, llega como una ráfaga fría en medio de un país en tensión permanente. No es cualquier medición: es la de una encuestadora históricamente cuestionada por sus sesgos favorables hacia sectores conservadores, por privilegiar muestras urbanas y por metodologías que dejan fuera la voz profunda del país rural. Y, aun así, esta vez trae un dato imposible de maquillar: Iván Cepeda encabeza la intención de voto en Colombia.

 

Los números son contundentes. Según Invamer, los cinco primeros lugares de intención de voto para la elección presidencial son:

 

1. Iván Cepeda – 31,9 %

 

2. Abelardo de la Espriella – 18,2 %

 

3. Sergio Fajardo – 8,5 %

 

4. Miguel Uribe Londoño – 4,2 %

 

5. Claudia López – 4,1 %

 

Los porcentajes, fríos en apariencia, son en realidad una postal política: mientras la derecha más dura intenta reorganizar su narrativa alrededor de figuras mediáticas y punitivistas, la izquierda —desgastada, atacada, sitiada por Washington, cuestionada por el Consejo Nacional Electoral— mantiene una fuerza social que no se puede negar.

 

La encuesta incluye también escenarios de segunda vuelta. En el más probable, Cepeda vence a Abelardo de la Espriella con un 59,1 % frente a 36,2 %. En un balotaje con Fajardo, Cepeda también lleva ventaja, aunque más estrecha: 48,9 % contra 46,4 %. Incluso en el escenario donde Fajardo se enfrenta a De la Espriella, el país se inclina hacia el centro-izquierda: 51,7 % para Fajardo y 38,9 % para De la Espriella.

 

La fotografía no solo muestra preferencias. Muestra un país que sigue apostando por el proyecto progresista pese a la campaña de desgaste permanente. Un país que, incluso en las encuestas hechas por quienes históricamente han favorecido a la derecha, sigue colocando a un senador de izquierda como favorito para la presidencia. Es una paradoja política: mientras se intenta acorralar al progresismo desde instancias de poder económico, judicial y mediático, la voluntad popular se mueve en dirección contraria.

 

A veces las cifras dicen más que miles de discursos. Incluso cuando provienen de una encuestadora cuestionada, el mensaje queda claro: la continuidad del proyecto progresista no depende del ruido de las élites, sino de la decisión íntima y colectiva del país que resiste. Colombia, una vez más, parece gritar desde abajo: aquí seguimos, aquí estamos, y aquí votamos.

 

Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo