En el reciente debate de la llamada “Gran Consulta por Colombia”, organizado por Blu Radio y transmitido también por Noticias Caracol, quedó expuesto algo más revelador que cualquier promesa de campaña: la tranquilidad con la que buena parte de la derecha colombiana parece mirar la guerra.
Ante la pregunta sobre la intervención militar de Estados Unidos e Israel contra Irán —una operación que muchos juristas consideran una violación del derecho internacional— varios aspirantes levantaron sin rubor la paleta del “sí”. Como si se tratara de aprobar un proyecto de infraestructura y no de respaldar una guerra que ya ha dejado víctimas civiles, entre ellas niñas de una escuela, además de la muerte del líder religioso iraní.
La escena habría resultado cómica si no fuera inquietante. Allí estaban, con absoluta serenidad, aspirantes que dicen querer gobernar el país: Vicky Dávila, Paloma Valencia, Enrique Peñalosa y Mauricio Cárdenas, entre otros, alineados con la idea de que bombardear un país lejano puede ser una política aceptable.
Otros, como Aníbal Gaviria y Juan Manuel Galán, prefirieron la cómoda ambigüedad: ni respaldo abierto ni rechazo claro. La vieja técnica política de no incomodar a nadie, ni siquiera a la guerra.
El único que expresó desacuerdo con la intervención fue Juan Daniel Oviedo. Un detalle que, en medio de tanto entusiasmo bélico, resulta casi una rareza.
No es un episodio aislado. En debates anteriores, varios de estos mismos sectores también habían defendido las acciones militares de Israel en Palestina negando que constituyan genocidio, pese a las advertencias de organismos internacionales y expertos en derecho humanitario.
Todo esto ocurre justo cuando Colombia se prepara para votar este domingo 8 de marzo en elecciones legislativas. Un momento que debería invitar a una reflexión elemental: elegir representantes no solo define políticas internas, también define la posición del país frente a la guerra o la paz.
Una cosa es la retórica de un debate televisivo y otra muy distinta la política exterior de un Estado. Pero cuando varios candidatos levantan con entusiasmo la paleta para justificar bombardeos en países lejanos, la pregunta es inevitable: ¿quieren gobernar Colombia o convertirse en comentaristas entusiastas de la guerra mundial?
Conviene recordarlo este domingo en las urnas. La derecha colombiana ha dejado claro que su idea de política internacional pasa más por aplaudir misiles que por defender el derecho internacional.
La conclusión es sencilla: votar por la derecha es votar por la lógica de la guerra y la muerte. Colombia necesita exactamente lo contrario: líderes capaces de defender la vida, la paz y el derecho internacional. Porque los pueblos que normalizan la guerra suelen descubrir demasiado tarde que el abismo también existe para ellos.
Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo

