En el mágico realismo colombiano, nada sorprende ya: 57 militares fueron secuestrados en El Tambo, Cauca, por un grupo de civiles presionados por las disidencias. Y no, no es la escena de una serie de narcoficción… es lunes en Colombia.
Los uniformados —4 suboficiales y 53 soldados— quedaron retenidos como si fueran invitados forzosos a un paseo ecológico por la selva. ¿El objetivo? Que no puedan mover ni un dedo mientras las disidencias actúan como si fueran el Estado. Y para rematar, la cereza del pastel: ¡escudos humanos! Porque si algo saben hacer las disidencias es poner al pueblo en medio del fuego… literalmente.
El presidente Petro reaccionó pidiendo su liberación inmediata, mientras el ministro de Defensa ofreció recompensas como si fueran tiquetes para un concierto. La Procuraduría, como siempre, pidió «presencia efectiva del Estado», como si ese Estado no llevara siglos en sabático. Spoiler: el Estado en el Cauca es una leyenda urbana con horario restringido.
¿Y los otros responsables? Ay no, de esos no se habla. Ahora caminan con discursos de reconciliación, sombrero campesino y cargo visible. Toman tinto caliente en despachos oficiales, cultivan discursos y cosechan aplausos.
Aquí el silencio no es cobardía, es método. Dinámicas sabias de Caucanistán.
¿El resumen? Soldados secuestrados, el Estado de vacaciones y un gobierno que hace como que no sabe… pero sabe.
Por Amaru Chasqui Periodista Independiente

