El viento gélido de la Patagonia —territorio ancestral de los pueblos mapuche, tehuelche y aonikenk— arrastra un murmullo que se parece demasiado a una advertencia. A ambos lados de la cordillera, en Argentina y Chile, la tierra se siente sitiada. Lo que hace pocos años era desestimado como “teorías conspirativas” hoy comienza a materializarse: un proceso de avanzada económica, militar y territorial que amenaza con despojar a comunidades enteras.
El gobierno de Javier Milei se prepara para recibir, en septiembre, al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, sobre quien pesa desde noviembre de 2024 una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por el genocidio contra el pueblo palestino en Gaza. La visita se da en el marco de una alianza geopolítica tejida con sigilo: Milei ya viajó dos veces a Israel desde que asumió la presidencia, comprometiendo cada vez más la política exterior argentina a los intereses de Netanyahu, hoy aislado y repudiado en gran parte del planeta.
Mientras Francia y Reino Unido anuncian el reconocimiento al Estado de Palestina si Israel no detiene su ofensiva, la Casa Rosada redobla su cercanía con un régimen señalado por crímenes de guerra. Milei firmó incluso un acuerdo militar con Israel justo antes del ataque israelí a Irán. La pregunta es inevitable: ¿sabía el presidente argentino lo que iba a suceder? ¿Involucró al país en un conflicto bélico internacional sin consultar al Parlamento?
¿Qué es el Plan Andinia?
El llamado Plan Andinia es una estrategia atribuida al sionismo internacional que contempla la ocupación progresiva de la Patagonia argentina y chilena para el establecimiento de un enclave territorial bajo control israelí. Según documentos históricos y denuncias de organizaciones sociales, esta iniciativa se ha manifestado a través de:
1. Compra masiva de tierras en zonas estratégicas, especialmente aquellas con acceso a agua, minerales y energía.
2. Penetración militar y de seguridad bajo la cobertura de acuerdos bilaterales, entrenamiento o ejercicios conjuntos.
3. Desplazamiento de comunidades originarias mediante persecución judicial, criminalización y hostigamiento.
4. Control político y mediático para deslegitimar cualquier denuncia, catalogándola como “antisemita” o “conspirativa”.
Durante décadas, el Plan Andinia fue minimizado como una “leyenda urbana”. Sin embargo, la acumulación de hechos en la última década —y particularmente en el último año— muestra que la hipótesis se está convirtiendo en un escenario geopolítico real.
La visita de Netanyahu: el Plan Andinia toma cuerpo
La visita descarada de Benjamin Netanyahu a Buenos Aires, en pleno aislamiento internacional, es un paso concreto hacia la consolidación del Plan Andinia. La Patagonia es hoy uno de los territorios más codiciados del mundo por sus recursos hídricos, energéticos y minerales.
Argentina, tras décadas de privatizaciones y recortes, ha debilitado su control territorial. Sus Fuerzas Armadas tienen hoy una capacidad operativa mínima. La defensa del sur es prácticamente simbólica, mientras que el poder económico y mediático consolida su penetración.
El nombre de Eduardo Elsztain, tesorero del Congreso Judío Mundial y uno de los mayores terratenientes del país, se repite en las denuncias de organizaciones sociales. Su influencia sobre la Agencia Nacional de Bienes del Estado le permite acceder a tierras estratégicas a precios irrisorios. Al mismo tiempo, los medios de comunicación —sometidos a presiones o autocensura— evitan el debate público, reduciendo cualquier denuncia al terreno de la “conspiración”.
Judicializaciones y mochileros: testimonios desde el territorio
“Nos están matando con causas judiciales”, afirma Moira Millán, weychafe mapuche. “Tenemos más de sesenta compañeros criminalizados por defender la tierra. Cada audiencia es una herramienta de hostigamiento para sacarnos de nuestros territorios”. A su voz se suman comunidades de Chubut y Río Negro, que han denunciado la presencia de israelíes camuflados de mochileros en zonas cercanas a ríos y reservas naturales. “No pasan por controles, aparecen de golpe, se quedan meses, generan disturbios y nadie responde por ellos”, relata un werken de Corcovado. Para los mapuche, estos hechos confirman el avance encubierto de la militarización y el espionaje en la región.
El riesgo de un nuevo exterminio
En la Patagonia viven comunidades mapuche, tehuelche y aonikenk, históricamente perseguidas y despojadas. Hoy, la amenaza se extiende como una sombra. Diversos analistas y organizaciones alertan que el proceso de militarización, acaparamiento de tierras y control de recursos podría desembocar en desplazamientos forzados y una ola de violencia institucionalizada contra quienes se resistan.
El paralelismo con Palestina no es casual: los métodos de ocupación, criminalización de comunidades originarias y control territorial recuerdan el patrón aplicado por el sionismo en Medio Oriente.
América Latina no puede mirar hacia otro lado
La Patagonia se perfila como el próximo tablero de una estrategia global de expropiación. Ya no es una hipótesis: la visita de Netanyahu a Buenos Aires es la evidencia más clara de que el Plan Andinia está en marcha.
Si este modelo se consolida, no solo estarán en riesgo los pueblos originarios de la región. La soberanía argentina y chilena, así como la estabilidad de toda América Latina, quedarán comprometidas.
La memoria de los pueblos mapuche, tehuelche y aonikenk recuerda que ya hubo exterminios antes. La pregunta es si el continente permitirá que ocurra otra vez. Los sionistas de Israel, que se autoproclaman el “pueblo de Dios”, parecen seguir en búsqueda de su “tierra prometida” y todo indica que la han encontrado en la Patagonia. Si no se detiene esta avanzada, otro genocidio podría estar gestándose ante nuestros ojos.
Por Prensa Justicia & Dignidad

