En altamar, bajo la noche cerrada, los barcos israelíes cayeron sobre la Flotilla Global Sumud.
A bordo del HIO quedaron retenidas Manuela Bedoya y Luna Barreto, dos colombianas que no llevaban fusiles ni pólvora: cargaban leche en polvo, medicinas, un poco de pan para Gaza.
Son defensoras de la vida, no políticos de escritorio. No son Uribe, que bendijo la impunidad de la Mavi Marmara, ni Duque, que se abrazó con Netanyahu mientras Palestina sangraba.
Desde Colombia se grita lo obvio: si bloquean la ayuda humanitaria, bloqueemos el negocio. La ANDI, que posa de neutral, sostiene vínculos con la misión económica de Israel.
La solidaridad no se tuitea: se camina, se grita, se planta frente a las puertas del poder.
Hoy exigimos la libertad inmediata de Manuela y Luna y el fin del genocidio contra el pueblo palestino.
Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo

