Si Petro hiciera lo que hace Trump

Supongamos, solo por un momento, que Gustavo Petro amaneciera con el mismo humor imperial de Donald Trump —ese humor de bulldozer con peluquín— y anunciara que el Congreso colombiano no legislará durante tres años, porque está cansado de los políticos “corruptos y obstruccionistas”.

Que, en un arrebato de eficacia tropical, declarara que gobernará solo, por decreto, y que si no le firman el presupuesto, pues se cierra el Gobierno y que cada funcionario se coma su cédula.

Imaginen el espectáculo.

En cuestión de minutos, Vicky Dávila abriría un especial de emergencia titulado:

“El Golpe de Estado tropical: Petro cierra el Congreso.”

Con música de fondo de película catastrofista, entrevistaría a generales retirados —Zapateiro, embravecido— amenazando con más crímenes de lesa humanidad; a juristas alarmados de la Sergio Arboleda; y a exministros con rostro compungido.

María Fernanda Cabal, en Twitter, pediría intervención militar “para salvar la República”.

Paloma Valencia recitaría una oda a la división de poderes mientras culpa a los indígenas del Cauca, que tanto detesta.

Y desde su finca, el mismísimo Álvaro Uribe Vélez escribiría en mayúsculas:

“PETRO QUIERE SER DICTADOR COMO MADURO.”

El mismo libreto, pero con subtítulos en inglés.

Porque si el que hace exactamente eso no es Petro, sino Trump, entonces el guion cambia.

Cuando el magnate rubio anuncia que no se aprobará ninguna ley en tres años y cuarto, no es autoritarismo:

es estrategia política.

No es un golpe, sino una “jugada de ajedrez contra el pantano de Washington”.

Juan Carlos Pinzón, candidato presidencial y sobrino de narcotraficante, saldría a decir que “Trump está modernizando la gobernanza”.

Mauricio Cárdenas, exministro uribista, explicaría que “los parlamentos son ineficientes y el mundo necesita líderes fuertes como Peluquín”.

Y Abelardo de la Espriella, fiel a su estilo performático, se grabaría bailando con la bandera estadounidense al cuello, coreando Make Colombia Great Again en su cuenta de Instagram.

La contradicción no les incomoda.

Mientras el autoritario hable inglés y tenga residencia en Mar-a-Lago, todo es democracia.

Solo se vuelve dictadura cuando el populismo se pronuncia con acento bogotano.

Lo que Trump amenaza con hacer al Congreso —y lo que ya hizo en su primer gobierno: bloquearlo, gobernar por decreto, culpar a todos menos a sí mismo— es exactamente lo que la derecha colombiana acusa a Petro de soñar con hacer.

Solo que Trump lo hace en el país que ellos veneran como modelo de civilización.

Y allí, los mismos que aquí gritarían “dictadura”, allá lo llaman “liderazgo fuerte”.

Quizá porque no les molesta el poder concentrado, sino quién lo concentra.

Si lo hace un multimillonario blanco, es patriotismo.

Si lo hace un presidente progresista, es comunismo.

 

Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo