¿Autoexterminio indígena? El conflicto en el Cauca que mata desde adentro

En el Cauca, el conflicto armado no solo llega con fusiles. También habita en las casas, en las cocinas, en los mismos territorios ancestrales. Esta semana, el país volvió a llorar a sus líderes: el mayor indígena Marcos Yonda y la guardia ancestral Aída Dámaris Flor Camayo fueron asesinados. Dos muertes, dos símbolos, una misma herida.

A Marcos Yonda, sabedor espiritual del pueblo Nasa, lo asesinaron con arma blanca en su vivienda, en la vereda Taravira del municipio de Páez. Era guía espiritual y protector del equilibrio territorial. Su muerte no ocurrió en combate: fue una ejecución. Un mensaje. Una ruptura del respeto ancestral.

A Aída Dámaris Flor Camayo, comunera del Resguardo de Honduras en Morales, la asesinó un comunero: Didier Campo, también indígena. No fue un grupo armado. Fue un feminicidio cometido dentro del mismo territorio. Su resguardo lo denunció con claridad: “Rechazamos los feminicidios contra nuestras mujeres dadoras de vida”. Porque la violencia no solo llega desde afuera: también brota cuando se rompe el tejido comunitario.

Estos crímenes no son hechos aislados. Reflejan una crisis profunda del movimiento indígena. Muchos de los comandantes de grupos armados son hoy indígenas que fueron reclutados siendo niños. Jóvenes que regresan a sus tierras convertidos en verdugos. Indígenas matando indígenas. La guerra por dentro.

A esto se suma la desconexión entre las bases y las autoridades. Las decisiones ya no se tejen desde la comunidad. El movimiento indígena está fracturado, y esa fractura se refleja en los asesinatos, el reclutamiento forzado de menores, la imposición de normas armadas y la impunidad.

Según Indepaz, en lo que va de 2025 han sido asesinados 90 líderes y lideresas sociales en el Cauca. Desde la firma de los Acuerdos de Paz, más de 360. No es una casualidad. Es una estrategia de exterminio. Matar a sabedores, guardias y lideresas es matar la raíz misma del pueblo.

La paz en el Cauca no puede pensarse desde los escritorios. Tiene que construirse desde las comunidades, desde las mujeres, desde los sabedores. Desde adentro.

Por Prensa Justicia & Dignidad