Mientras se anuncia con bombos y platillos un supuesto “alto al fuego” entre Israel y Hamas, la realidad sobre el terreno desmiente el discurso oficial. Horas después de firmado el acuerdo de la llamada “primera fase”, se reportaron nuevos ataques israelíes en distintas zonas de Gaza, especialmente en el norte, dejando claro que no existe una verdadera voluntad de detener la agresión.
La población palestina vive entre la esperanza frágil y la desconfianza acumulada por décadas de ocupación y promesas incumplidas. No es la primera vez que Israel utiliza treguas parciales para reacomodar sus fuerzas, mientras sigue asfixiando a la Franja con bloqueos y bombardeos selectivos.
A esto se suma la detención de más de 150 activistas internacionales que integraban una flotilla humanitaria con destino a Gaza. La embarcación fue interceptada ilegalmente en aguas internacionales por las fuerzas israelíes entre el 5 y 6 de octubre. Los activistas —que transportaban ayuda médica y alimentos— denunciaron maltratos, condiciones inhumanas de detención y deportaciones forzadas, en una clara muestra de cómo se castiga la solidaridad con el pueblo palestino.
Ni Estados Unidos ni Israel tienen credibilidad alguna en este proceso. Washington ha sido cómplice histórico del apartheid israelí, y hoy actúa como mediador parcial que respalda a su aliado estratégico. Por su parte, Hamas, lejos de representar una alternativa de liberación, fue originalmente tolerado e instrumentalizado por Israel para dividir al pueblo palestino y justificar su política de exterminio, según reconocen incluso exfuncionarios israelíes.
No hay paz real cuando se sigue bombardeando, bloqueando la ayuda y persiguiendo a quienes defienden la vida.
No hay neutralidad posible frente a un genocidio.
¡Palestina libre, ya!
Paren el genocidio.

