La declaratoria de invasión de Donald Trump en Venezuela

Las guerras del siglo XXI ya no siempre empiezan con un misil. A veces comienzan con una frase dicha frente a micrófonos. Donald Trump habló y convirtió la retórica en doctrina: Estados Unidos puede imponer su voluntad “en cualquier lugar”. No fue un exceso verbal. Fue una declaratoria de invasión.

Trump afirmó que Estados Unidos “administrará” Venezuela porque, según él, “no hay quien tome el poder”. Dijo que Washington no puede retirarse, que gobernará “de manera apropiada y profesional” mientras se define una transición. En su relato, Venezuela dejó de ser un país soberano para convertirse en un territorio tutelado.

Confirmó que hubo conversaciones previas entre su secretario de Estado, Marco Rubio, y la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Según Trump, ella habría dicho: “haremos lo que necesiten”. No describió diplomacia, describió subordinación. Fue más lejos: sostuvo que, al haber sido electa vicepresidenta bajo el mandato de Nicolás Maduro, es ahora quien gobierna. La transición, en su voz, no nace del voto ni del consenso interno, sino del aval de Washington.

También negó haber hablado con María Corina Machado y la descartó como liderazgo porque “no tiene el apoyo de todos”. En una frase, Estados Unidos decidió quién sí y quién no puede encabezar el país. La soberanía quedó reducida a una opinión externa.

Luego vino el petróleo. Trump lo dijo sin rodeos: Estados Unidos llevará a sus petroleras a Venezuela y administrará el crudo. No habló de cooperación ni de acuerdos multilaterales, habló de control directo. Las empresas estadounidenses, dijo, entrarán para “reconstruir” la industria energética mientras su gobierno administra los recursos estratégicos. El petróleo dejó de ser riqueza nacional para convertirse en garantía de ocupación: razón suficiente para quedarse, gobernar y mandar.

El mensaje no se detuvo en Caracas. Trump lanzó una amenaza directa al presidente de Colombia, Gustavo Petro: “tendrá que cuidar su trasero”. No es metáfora diplomática; es lenguaje de intimidación. América Latina entera quedó advertida.

La frase que lo resume todo fue dicha sin pudor: “Nuestros adversarios están notificados de que Estados Unidos puede imponer su voluntad en cualquier lugar”. Con esas palabras, Trump enterró el derecho internacional, borró la autodeterminación de los pueblos y declaró que la fuerza sustituye a la ley.

Así se anuncia hoy una invasión: con petróleo, micrófonos y soberbia. No necesita cascos azules ni resoluciones de la ONU. Basta un presidente diciendo que puede gobernar donde quiera. Y cuando eso ocurre, no solo invade a Venezuela: pone al mundo entero bajo amenaza.

 

Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo