Estados Unidos veta alto al fuego en Gaza mientras Francesca Albanese denuncia genocidio y empresas cómplices

El 18 de septiembre de 2025, el Consejo de Seguridad de la ONU votó una resolución que pedía un alto al fuego inmediato, incondicional y permanente en Gaza, además de la liberación de los rehenes retenidos por Hamás. Todos los países apoyaron la resolución, menos Estados Unidos, que usó su poder de veto y bloqueó la medida. Washington justificó su decisión alegando que el texto no condenaba lo suficiente a Hamás ni reafirmaba el “derecho de Israel a defenderse”. Pero, en la práctica, el veto mantiene la guerra abierta, el sufrimiento intacto y la catástrofe humanitaria sin freno.

En paralelo a esa votación, la relatora especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese, no mide palabras. En su más reciente informe del 16 de septiembre denunció que en Gaza se libra un genocidio cuyas cifras estremecen: más de 600.000 personas asesinadas, entre ellas 380.000 niños, una mortandad que desborda cualquier estadística oficial y que reduce a polvo las versiones diplomáticas que apenas reconocen unos 65.000 muertos.

Albanese no se detiene en los números. Señala con nombre y apellido a las empresas que, dice, alimentan la economía de la ocupación y del exterminio: desde gigantes tecnológicos como Google, Microsoft, Amazon, Palantir; hasta corporaciones de armamento como Lockheed Martin, Elbit Systems, Leonardo; pasando por bancos y fondos financieros —BlackRock, Vanguard, Barclays— que invierten y lucran. Incluso compañías de maquinaria como Caterpillar, Hyundai y Volvo aparecen en su lista, acusadas de proveer el hierro que derrumba casas palestinas.

Por este tipo de denuncias, Albanese carga un costo personal: Estados Unidos le prohibió la entrada a su territorio, bloqueó financiamiento y emprendió una campaña de descrédito en su contra, acusándola de “parcialidad”. Aun así, la relatora insiste: mientras la ONU siga despachando desde Nueva York, bajo la sombra de los intereses de Washington, el organismo seguirá atado de manos. Ha sugerido que cambiar la sede de la ONU podría ser la única forma de recobrar independencia frente al poder que hoy condiciona sus decisiones.

Mientras tanto, la barbarie continúa. En las calles deshechas de Gaza, dos niños huérfanos caminan perdidos entre ruinas, buscando a alguien que ya no está. Son la imagen muda de esas cifras que Albanese intenta gritarle al mundo y que el mundo prefiere no escuchar.

Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo