Corte Constitucional ordena a Miguel Polo Polo pedir disculpas a las madres de los falsos positivos

Un día, un congresista con nombre de eco y arrogancia decidió que la memoria le estorbaba.

Miguel Polo Polo, así se llama, pero podría llamarse infamia, crueldad o uribismo,

porque detrás de su voz se escuchan las risas viejas del poder que mandó a matar y luego negó todo.

En el Congreso, frente a los retratos de la patria,

arrancó las botas del homenaje a los falsos positivos:

las botas de los muchachos que fueron engañados, asesinados y presentados como guerrilleros muertos en combate.

Las metió en bolsas negras, como si fueran basura.

Grabó el acto. Lo celebró.

No midió que esas botas eran los pasos de miles de madres que aún buscan justicia.

La Corte Constitucional habló.

Dijo que su gesto fue una violencia simbólica,

que rompió el derecho a la memoria,

y le ordenó pedir perdón a las madres,

devolver lo que destruyó y reconocer la verdad.

Y sin embargo, las madres siguen.

No con odio, sino con dignidad.

Con los pies firmes sobre la tierra que guarda a sus hijos.

Con la voz gastada de tanto repetir sus nombres.

A pesar del desprecio, de los insultos y de la indiferencia,

ellas siguen exigiendo justicia.

Siguen pidiendo que el país mire su vergüenza a los ojos.

Polo Polo representa a los que dispararon y a los que callaron,

a los que dieron la orden y a los que aplaudieron el crimen.

Representa la maldad, la impunidad

y ese vertedero de sangre que el uribismo quiere volver a llamar Colombia.

Pero las madres no se rinden.

Porque donde el poder pone miedo, ellas siembran memoria.

Y donde los verdugos levantan la voz, ellas responden con verdad.

Las madres no olvidan.

Las madres no se cansan.

Las madres no se arrodillan.

 

Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz