Las cifras llegan como llegan siempre: ordenadas, comparables, aparentemente tranquilizadoras. Pero cuando se miran juntas, cuando se leen sin prisa, lo que muestran no es una emergencia pasajera sino una estructura de violencia sostenida contra las mujeres y las niñas en Colombia.
Según datos consolidados por la Fiscalía General de la Nación y la Defensoría del Pueblo, en 2024 se registraron 16.947 casos de violencia intrafamiliar contra mujeres. De ellos, 11.255 correspondieron a mujeres mayores de 18 años, 2.437 a niñas y adolescentes y 620 a mujeres OSIGDH–LBT, sigla que hace referencia a mujeres con Orientación Sexual e Identidad de Género No Hegemónica, en particular lesbianas, bisexuales y mujeres trans, quienes enfrentan violencias agravadas por prejuicio y discriminación.
En 2025, entre el 1 de enero y el 30 de noviembre, los casos reportados fueron 12.873: 8.396 mujeres adultas, 1.980 niñas y adolescentes y 454 mujeres OSIGDH–LBT. La reducción numérica no implica una mejora estructural: en los territorios se interpreta como subregistro, miedo y desgaste institucional.
La violencia sexual es aún más contundente. En 2024, la Fiscalía registró 17.076 delitos sexuales contra mujeres. De estos, 9.857 tuvieron como víctimas a niñas y adolescentes, 3.687 a mujeres mayores de edad y 446 a mujeres OSIGDH–LBT. En 2025, la cifra acumulada asciende a 13.832 casos, con 7.603 niñas y adolescentes, 3.105 mujeres adultas y 312 mujeres OSIGDH–LBT. La mayoría de las víctimas siguen siendo menores de edad. No se trata de hechos aislados: es una violencia repetida, cotidiana y silenciosa.
La explotación sexual de niñas y adolescentes confirma esa continuidad. En 2024 se reportaron 211 casos, y en 2025, 129. Aunque el número disminuye, la Defensoría advierte que estos delitos suelen estar profundamente subregistrados, especialmente en zonas rurales, de frontera y atravesadas por economías ilegales.
La trata de personas con fines de explotación, otra violencia organizada contra las mujeres, dejó 209 víctimas mujeres en 2024: 111 mayores de 18 años, 48 niñas y adolescentes y 6 mujeres OSIGDH–LBT. En 2025, los registros alcanzan 175 casos, con 86 mujeres adultas, 36 niñas y adolescentes y 6 mujeres OSIGDH–LBT. La persistencia en departamentos fronterizos revela un patrón conocido: donde el Estado es débil, el cuerpo de las mujeres se convierte en mercancía.
La forma más extrema de esta violencia es el feminicidio. En 2024, la Fiscalía reportó 171 feminicidios consumados y 391 tentativas. En 2025, las cifras son 111 feminicidios y 297 tentativas. A estos se suman los transfeminicidios: 20 casos identificados en 2024 y 26 en 2025, una señal clara de la vulnerabilidad extrema de las mujeres trans en un país que aún duda en protegerlas.
Leídas juntas, estas cifras no describen hechos excepcionales. Describen una normalidad violenta. El hogar, la infancia, el territorio y el cuerpo femenino siguen siendo espacios de riesgo. Colombia no enfrenta una ola repentina de violencia de género: enfrenta su fracaso histórico para prevenirla.
Las cifras ya están ahí. No faltan diagnósticos. Lo que falta es decisión política. Porque mientras estas violencias sigan tratándose como estadísticas y no como una prioridad nacional, el país seguirá contando mujeres como quien cuenta ausencias.
Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo

