La derecha quedó gringa

La derecha soñó con una intervención de Estados Unidos que barriera al chavismo y despertó con resaca: el chavismo sigue intacto y la oposición quedó mirando el techo. No quedó María Corina Machado, no quedó ningún héroe exportable; quedó el mismo aparato de siempre, ahora con traje de administrador.

El episodio fue raro desde el inicio. Nicolás Maduro apareció en Nueva York, tranquilo, saludando en inglés y deseando feliz año, no como víctima de una agresión. Al mismo tiempo, Delcy Rodríguez estaba en Moscú, conversando —¿de qué?— mientras en Caracas todo seguía en “normalidad”. Muy poco épico para una guerra y demasiado ordenado para no oler pactos comerciales debajo de la mesa.

Ni China ni Rusia enviaron mensajes contundentes. Silencio diplomático, tono bajo, nadie rasgándose las vestiduras. Y eso dice más que mil comunicados: cuando el negocio manda, el ruido estorba. Celebran algunos el “secuestro”, pero olvidan el detalle incómodo: queda el chavismo, con Delcy al frente y su entorno —Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López— llamando a la calma, no a la protesta permanente.

Washington, por su parte, no habló de elecciones ni de alternancia. Habló de administrar. Porque, si se hila fino, lo que importa es el petróleo; y ese negocio no camina con guerra civil entre oposición y chavismo. Resultado: la oposición fue descartada y la “democracia” quedó para después. A María Corina le dijeron “gracias por participar”; Edmundo Castillo ni apareció en el guion.

El remate fue cómico: la derecha regional borrando tuits a la carrera —Paloma Valencia incluida— y la prensa sin saber qué decir. Donald Trump dicta, el comercio manda, el chavismo administra… y la derecha, confundida, aprende una lección vieja: cuando manda el negocio, la ideología hace fila.

 

Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo