La historia vuelve, como un bumerán que nunca se pierde en el viento. Un juzgado especializado de Medellín ordenó compulsar copias a la Fiscalía para que investigue al expresidente Álvaro Uribe Vélez, a su hermano Santiago Uribe y a un general del Ejército como presuntos determinadores de los asesinatos de Eduardo Umaña Mendoza y Jesús María Valle Jaramillo, dos de los más emblemáticos defensores de derechos humanos de los años noventa. La decisión, contenida en la sentencia condenatoria contra José Miguel Narváez, exsubdirector del DAS, por el secuestro de Piedad Córdoba, reabrió heridas que nunca cicatrizaron.
La compulsa de copias es un mecanismo jurídico por el cual un juez, al encontrar elementos que podrían comprometer penalmente a otras personas no procesadas en el caso principal, remite la información a la Fiscalía para que investigue. No es una condena, pero sí una puerta abierta a procesos judiciales. En este caso, la jueza Claudia Marcela Castro consideró que había motivos suficientes para enviar el expediente a los fiscales y revisar si Uribe y su hermano tuvieron alguna responsabilidad en esos crímenes.
La base de la decisión es un testimonio que Francisco Enrique Villalba Hernández, exparamilitar del Bloque Metro, rindió en 2008. Villalba relató una reunión en 1997 en la finca La Marranera, en San Roque, Antioquia. Allí —según su versión— estaban presentes Carlos Castaño, Salvatore Mancuso, mandos militares y policiales, y también Álvaro y Santiago Uribe Vélez, entonces gobernador y ganadero, respectivamente. En ese encuentro, aseguró, se habló de “callar” a quienes denunciaban la alianza entre paramilitares y militares: Umaña, Valle y también Jaime Garzón. Mencionó incluso una lista escrita en computador que Carlos Castaño habría entregado a Santiago Uribe, con los nombres de quienes “tenían que ser silenciados como fuera”.
Jesús María Valle fue asesinado en su oficina en Medellín en febrero de 1998, tras haber denunciado públicamente la complicidad entre el Ejército y las autodefensas en la masacre de El Aro. Eduardo Umaña, abogado incansable y crítico feroz de las violaciones de derechos humanos, fue asesinado en abril del mismo año en Bogotá por sicarios que se hicieron pasar por periodistas. Ambos crímenes permanecen impunes en sus niveles más altos de responsabilidad.
En su defensa, Álvaro Uribe recurrió a X (antes Twitter) para responder con virulencia. Llamó a la decisión judicial “una compulsa miserable por una declaración fantasiosa, investigada hace años, sobre una reunión inexistente”. Pero en el mismo mensaje citó, palabra por palabra, el testimonio que reposa en una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, un documento que recoge con detalle la violencia paramilitar de aquellos años.
Alguien debería recordarle al señor de las sombras que tiene derecho a guardar silencio y a no autoincriminarse. Pero tal vez sean tantos los muertos que le respiran en la nuca, que es su propia conciencia negra la que no lo deja callar.
Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo

