Las puertas del infierno están abiertas

Por Sofía López – Justicia & Dignidad

Trump y Netanyahu caminan por el mundo como dos profetas del fin, vendiendo paz en frascos llenos de pólvora. Uno con su bronceado de reality show y el otro con su gesto de cinismo bíblico, repiten sin rubor: “la paz nacerá de la fuerza”. Lo dijo Netanyahu, como si lanzar misiles sobre niños en Gaza o atacar Irán con ojivas nucleares fuera un acto de amor profundo. “Primero viene la fuerza, luego la paz”, sentenció, mientras el mundo contenía la respiración.

Pero lo que viene no es paz: es la Tercera Guerra Mundial.

Hoy no se necesita una ideología compleja para prenderle fuego al planeta. Basta un discurso inflamado, una provocación desde un portaaviones, o una firma en un decreto con olor a petróleo y pólvora. Y de eso, Donald Trump tiene experiencia. Después de regresar al poder como un emperador herido, solo necesita un conflicto global para erigirse como el “salvador” de su país. A su lado, Netanyahu ha hecho del crimen de guerra una rutina política. Ambos actúan como si la historia los fuera a absolver, cuando en realidad lo que están haciendo es abrir, otra vez, las puertas del infierno.

El reciente bombardeo a instalaciones nucleares iraníes no fue solo una operación militar: fue una declaración. Irán respondió, como era previsible, amenazando con cerrar el estrecho de Ormuz, un punto crítico por donde fluye el 20 % del petróleo del mundo. La economía global se tambalea con cada misil, y el silencio de las grandes potencias empieza a sonar más fuerte que cualquier explosión.

Desde Gaza hasta Teherán, el mundo vive al borde del colapso. Las sanciones se convierten en balas. Los tratados internacionales se deshacen. La diplomacia se ahoga entre las llamas de discursos vacíos. Y en medio de este delirio, los pueblos observan, impotentes. Nadie frena a Trump cuando amenaza con hacer de la guerra una estrategia electoral. Nadie limita a Netanyahu cuando bombardea hospitales y lo llama “defensa legítima”.

El planeta entero parece haber aceptado que estamos en manos de dos hombres que confunden fuerza con justicia y destrucción con liderazgo. Uno con armas nucleares, el otro con delirios de grandeza, ambos convencidos de que la paz se puede imponer con fuego y miedo.

Esto no es una distopía. Es el mundo en que vivimos. Y no se trata solo de Medio Oriente o de los Estados Unidos. Cada dron, cada misil, cada discurso de odio, nos acerca un poco más al abismo. Lo terrible es que no parece haber nadie con el valor de decirles basta.

Pero hay que decirlo: la paz no nace de la fuerza, sino del límite que los pueblos le ponen a los desquiciados.

Porque la historia no la escriben los que mandan, sino los que caminan.

Y en ese andar, está la esperanza.

Porque incluso frente al apocalipsis, el pueblo aún tiene la llave.

De la consulta popular a la Asamblea Constituyente: hablemos de herejías

Lo malo de las herejías no es que sean peligrosas, sino que a veces salen blanditas. Como esta que ronda hoy los pasillos del Palacio: una Constituyente a punta de firmas. No es un acto de rebelión, sino un suspiro institucional. Primero vino la consulta popular por decreto —una especie de plebiscito exprés para empujar reformas— que el registrador ya congeló mientras las cortes deciden si eso es democracia o anarquía. Luego vino el plan B: recoger ocho millones de firmas para “respaldar” la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Sin Congreso, sin ley, sin piso constitucional claro. Un acto de presión más que de convicción, como si juntar firmas bastara para reescribir la Carta.

El año pasado, el nuevo ministro de Justicia —ese Mazarino criollo— ya había soltado su tesis: que Petro puede convocarla por decreto. A palo seco. Como quien se amarra el pantalón y se lanza. Los guardianes del orden respondieron agitando la Constitución como si fuera la Biblia de un país que no lee ni una cosa ni la otra.

¿Puede hacerlo? Los constitucionalistas de manual dicen que no. Y lo dicen con ese tonito doctoral con el que se disfraza el miedo. Citan el artículo 376, que exige ley del Congreso para convocar una Constituyente: con número de delegatarios, límites temáticos, duración, y refrendación popular. Sin eso, nada. Punto. Amén.

Y la Corte Constitucional —ese oráculo que garantiza que todo siga igual— ya ha dejado claro su dogma. En 2003, frenó el referendo refundador de Uribe. En 2010, recortó la iniciativa popular. El mensaje es simple: la Constitución puede cambiarse… pero solo con corbata y pase del Congreso. Es decir, con permiso de quienes no quieren cambiar nada.

Pero hay quienes, como Darwin o Beethoven, prefieren las herejías a los dogmas. Uno de ellos es Eduardo Montealegre: exfiscal, académico, ministro, y ahora teórico de la “herejía constitucional”. Dice que no es ruptura, sino audacia con sustento. ¿El argumento? El Acuerdo de Paz con las FARC, firmado en 2016. Refrendado, reconocido por la ONU y elevado al bloque de constitucionalidad vía artículo 93. Es decir, tiene rango constitucional.

En su página 8 el acuerdo dice que Gobierno y FARC convocarán a todas las fuerzas vivas a un nuevo pacto político. ¿Eso no suena, acaso, a una Constituyente? Montealegre sostiene que, en desarrollo de ese tratado, el presidente puede emitir un decreto con fuerza de ley —lo llama “reglamento constitucional autónomo”— para convocarla. El pueblo refrenda, y listo. No se pasa por el Congreso, ese mausoleo del trámite inútil.

¿Es riesgoso? Por supuesto. ¿Contradice la letra de algunos artículos? Tal vez. Pero como decía Caballero: la Constitución no es una lápida. Es un pacto. Y si no le sirve al país, no sirve para nada.

Los defensores del statu quo, por supuesto, repiten su libreto: que Petro busca perpetuarse, que esto es chavismo, que es un golpe blando. Pero no hay aquí un afán caudillista, sino la necesidad de destrabar reformas pospuestas durante décadas. La paz, la tierra, la salud, la dignidad de los territorios… exigen nuevas reglas de juego.

Y no se diga que esta amenaza de Constituyente es mero capricho. Solo con nombrarla —decreto, consulta, firmas— se logró lo impensable: que el Congreso aprobara una reforma laboral decente. A veces, para que el burro camine, hay que mostrarle el garrote.

¿Servirá esta herejía para sacar adelante las otras reformas? Tal vez. ¿Será viable la Constituyente? Eso lo decidirá la Corte, ese tribunal que hace rato dejó de ser árbitro para convertirse en jugador de la oposición. Pero de que el debate se abrió, se abrió. Y de que el país necesita cambios de fondo, también.

Esto no es un delirio. Es una utopía jurídica, una urgencia política, una apuesta ética. Y sí, una herejía. Pero ya lo sabemos: cualquier herejía es válida si nos libra de cuatro años más de uribismo, o de una derecha fascista disfrazada de centro. Que en Colombia, eso es lo mismo.

Por Sofía López Mera, Abogada y Periodista de la Corporación Justicia & Dignidad .

¡El mundo patas arriba… y Colombia de rodillas!

Mientras el mundo se esfuerza por desaparecer con estilo, Gaza se convierte en el ensayo general de la barbarie. Israel, con precisión quirúrgica, bombardea hospitales, escuelas y cuanta sede humanitaria se cruce. Todo, claro, en nombre de la defensa propia, que en su idioma significa: “usted no tiene derecho a existir”.

Pero esta vez, el horror no se queda del otro lado del muro. Tel Aviv también está en ruinas. Ya no se distingue de Gaza. Los misiles iraníes hicieron polvo los techos de la soberbia. La amenaza nuclear dejó de ser un rumor diplomático: está sobre la mesa. Netanyahu, con la arrogancia de quien se cree el ungido, lo dice sin rubor: “Si cae el pueblo de Dios, caemos todos”. Es decir: si Israel se tambalea, él está dispuesto a llevarse al planeta completo.

¿Dónde están las instituciones llamadas a proteger la humanidad? Ni la ONU, ni la Corte Penal Internacional, ni una sola potencia se atreve a tocarlo. Netanyahu sigue libre, blindado, respaldado por los mismos que predican democracia mientras venden armas. Y sí: la Tercera Guerra Mundial ya no es una advertencia, es una amenaza en tiempo real. Se siente en el aire otro 11 de septiembre, pero esta vez multiplicado por mil. Y nadie lo detiene.

Y como si el horror necesitara expansión territorial, en Argentina ya aterrizan vuelos directos desde Israel a la Patagonia. Colonias “pacíficas”, dicen. Como si no conociéramos la historia. Si se conforman con esa puntica, tal vez haya paz. Pero si no… lo que se avecina es un genocidio silencioso disfrazado de migración, bajo la complicidad de gobiernos que han perdido el alma. Ya nos duelen nuestros hermanos mapuches: que esto no sea la antesala de un exterminio, porque el pueblo ha llegado a invadir tierras sudamericanas.

Y aquí abajo, en el trópico del absurdo, la tragicomedia nacional.

En Colombia, la derecha más rancia ahora anda mística. Rezan por la vida de Miguel Uribe con camándula en mano, rosario al cuello y cálculo electoral en la frente. Porque si vive, será el candidato. Y si no, su esposa asumirá el papel de mártir, o le entregará la candidatura a otro redentor del Centro Democrático. Todo listo, todo medido, todo manipulado.

Mientras tanto, líderes sociales siguen cayendo, el hambre crece en los barrios, y los jóvenes que soñaron con paz hoy solo buscan sobrevivir. Pero la patria está en oración… por un político.

¿Y el pueblo? Votando por quien lo reprime, aplaudiendo al que lo empobrece, y agradeciendo al que lo desprecia. Aquí, la democracia es un mal chiste contado en bucle.

El mundo arde. La amenaza nuclear es real. Y mientras nadie detiene al hombre que puede encender el apocalipsis, nos distraen con vírgenes de yeso, bustos, misas y slogans de campaña.

Y mientras el mundo está patas arriba…

Colombia sigue de rodillas.

Por Sofía Lopez, abogada y periodista de Justicia y Dignidad .

Las dos marchas del silencio

En febrero de 1948, el silencio fue un clamor de los que nunca tienen voz. La Séptima se llenó de pasos lentos, de campesinos bajados de las montañas, de obreros, de mujeres con los niños al hombro, de estudiantes con el cuaderno bajo el brazo. Todos vestidos de negro, enlutados por adelantado. No gritaban. No había pancartas, ni banderas, ni discursos. Solo el rumor de los pies sobre el asfalto. Era el pueblo entero diciéndole al Estado que los estaban matando, que les estaban robando la vida. Jorge Eliécer Gaitán los había convocado a ese silencio cargado de rabia contenida. Sabían que lo que venía era peor. Dos meses después, a Gaitán lo mataron. Y detrás del disparo vino el Bogotazo, la violencia que aún no hemos terminado de enterrar.

Setenta y siete años después, otro grupo bajó por la misma Séptima. Ya no vestían de negro, ni traían los rostros curtidos por el sol y la miseria. Esta vez el uniforme era otro: camisetas blancas, esas mismas que desde el estallido social de 2021 usaron los paramilitares urbanos y la autodenominada «gente de bien» para enfrentar a los jóvenes que pedían educación, salud y dignidad en las calles. No era un silencio de duelo, era un desfile de rabia contra el gobierno. Gritaban “Fuera Petro” mientras desfilaban las banderas planchadas, los escoltas en los bordes, los celulares grabando, los políticos de la derecha moviendo sus redes.

Pero esta vez el cinismo escaló un peldaño más. No solo transformaron la marcha en acto electoral; también atacaron a los periodistas de RTVC que intentaban cubrir los hechos. Los golpearon, los empujaron, los llamaron vendidos. En medio de la turba también expulsaron a Claudia López, quien intentó sumarse al recorrido. La sacaron con la misma violencia con la que antes la aplaudieron, cuando aún les era útil. Y como si la provocación no tuviera límites, ondearon con orgullo las banderas de Israel, mientras el mundo entero contempla el genocidio del pueblo palestino a manos del gobierno de Netanyahu. Así, en nombre de la “paz” y el “silencio”, marcharon del lado del ocupante.

En redes sociales, la rancia dirigencia conservadora dejó al descubierto la verdadera naturaleza de la jornada. María Fernanda Cabal no solo trinó contra el gobierno, llamando a Petro dictador y fracasado, sino que fue más allá: en un video público invitó a la Reserva Activa de las Fuerzas Militares a estar lista, insinuando la posibilidad de un golpe de Estado disfrazado de «restauración institucional». Paloma Valencia agitaba el fantasma del comunismo, llamando a defender la democracia del “autoritarismo populista” de Petro; y Polo Polo, sin matices, pedía a gritos “salvar la patria” de la amenaza de la izquierda.q

La marcha, que se vendió como un acto de paz, fue en realidad un mitin de campaña electoral montado sobre el viejo miedo de los privilegiados. No hubo duelo, hubo marketing. No hubo silencio, hubo ruido de campaña. No hubo pueblo, hubo élite.

En Colombia hasta el silencio tiene dueño, y el duelo tiene estratos. El primero fue del pueblo que sangraba; el segundo, de los que no toleran perder el poder. Y así seguimos, repitiendo el mismo camino por la Séptima, pero cada vez más lejos de la justicia.

Por Sofía López — Abogada y periodista de la Corporación Justicia y Dignidad

Catatumbo: la niña Bari que la guerra arrancó

En el Catatumbo, el miedo no es nuevo. Pero para el pueblo Bari, el dolor vuelve una y otra vez con los mismos rostros: los de sus hijos arrebatados. El pasado 8 de junio, en Tibú, dos hombres se llevaron a una niña Bari de 12 años. Desde entonces, nada se sabe de ella. Frente a este nuevo atropello, las autoridades tradicionales Bari emitieron un comunicado público, esperando que, al menos esta vez, alguna autoridad en Colombia escuche su llamado y actúe.

Los grupos armados que operan en la región han hecho del reclutamiento forzado su rutina. En sus comunicados, los líderes Bari denuncian lo que el Estado calla: los niños indígenas son hoy la carne de cañón de una guerra que no les pertenece. Las montañas que sus abuelos protegieron ahora son campos de cacería para quienes necesitan más fusiles y menos voces.

Mientras el gobierno firma acuerdos en Bogotá, en los resguardos Motilón Bari y Catalaura las familias rezan para que sus hijos regresen. Exigen al Estado cumplir su deber, proteger sus derechos, frenar el reclutamiento, detener el despojo. “No se puede hablar de paz mientras nos arrancan los hijos”, dicen.

La guerra en el Catatumbo sigue llevándose su herencia, su lengua, su futuro. Y cada niño que no regresa, es un pedazo de pueblo que también desaparece.

Por Prensa Justicia & Dignidad

¿Avanza el viejo plan sionista sobre la Patagonia? La peligrosa alianza entre Milei e Israel que reaviva temores geopolíticos

La fotografía dio la vuelta al mundo. Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, fue captado revisando un pequeño mapa de Sudamérica donde se distinguían claramente Argentina y Chile. No hubo discursos ni declaraciones oficiales. Solo el gesto de observar, en privado, un territorio lejano. Pero en América Latina la imagen activó viejos temores. No era un simple papel: era el viejo fantasma del Plan Andinia.

Mientras Israel atraviesa uno de los momentos más tensos de su historia, con guerra abierta contra Irán y crecientes condenas por la masacre en Gaza, el gobierno de Javier Milei avanza hacia un alineamiento total con Tel Aviv. Este giro reactiva un debate silenciado durante décadas: la Patagonia como territorio estratégico para intereses israelíes.

En junio de 2025, durante su visita a Israel, Milei selló acuerdos inéditos. Trasladará la embajada argentina a Jerusalén, desafiando las resoluciones de Naciones Unidas. Además, firmó pactos de cooperación militar, tecnológica y de inteligencia con Netanyahu, profundizando una alianza que va mucho más allá de la diplomacia.

El trasfondo es aún más inquietante: la reactivación de una vieja hipótesis geopolítica que nunca fue descartada del todo: el Plan Andinia.

Este plan surgió en el siglo XX como un proyecto alternativo del movimiento sionista para fundar un Estado judío fuera de Medio Oriente. La Patagonia, compartida por Argentina y Chile, destacaba por su baja densidad poblacional, sus recursos de agua, gas y minerales, y su lejanía de los conflictos globales.

Aunque Israel se consolidó en Palestina en 1948, sectores nacionalistas sudamericanos sostienen que la Patagonia siguió en la mira como eventual «plan B» ante un eventual colapso en Medio Oriente. Israel siempre negó esta posibilidad, pero múltiples movimientos económicos, migratorios y estratégicos mantienen viva la sospecha.

Durante las últimas décadas, los hechos alimentan la alarma. La empresa estatal israelí Mekorot gestiona sistemas de agua en el sur argentino, controlando recursos críticos. Empresarios como el judeo-británico Joe Lewis poseen más de 14.000 hectáreas en Lago Escondido, con reservas de agua dulce, corredores estratégicos y hasta un aeropuerto privado. Miles de ex soldados israelíes llegan cada año como mochileros tras cumplir su servicio militar; algunos informes indican que realizan relevamientos de terreno. Los incendios forestales recurrentes han facilitado la compra de tierras estratégicas a precios irrisorios.

Mientras tanto, el Estado argentino ha debilitado su control territorial. Las Fuerzas Armadas, tras años de privatizaciones y recortes, hoy tienen una capacidad operativa muy limitada. Argentina prácticamente no puede defender efectivamente sus propios recursos estratégicos en el sur.

En paralelo, avanza el control económico y mediático. Destaca Eduardo Elsztain, tesorero del Congreso Judío Mundial, uno de los mayores terratenientes de Argentina, con fuerte influencia sobre la Agencia Nacional de Bienes del Estado. Los medios de comunicación, bajo presión o autocensura, evitan el debate o lo reducen al terreno de la conspiración, desinformando a la población.

Argentina alberga la comunidad judía más numerosa de América Latina, con alrededor de 180.000 personas. Aunque su historia es diversa y no puede reducirse a una sola posición política, existen dentro de ella sectores fuertemente alineados con el sionismo internacional.

En este contexto crítico, Milei ha cometido un acto de enorme irresponsabilidad política e institucional. Firmó un acuerdo militar con Israel justo en las vísperas del ataque de Netanyahu a Irán. La pregunta es inevitable: ¿Milei sabía de antemano que ese ataque ocurriría e involucró a Argentina sin aprobación parlamentaria? ¿O actuó sin medir las consecuencias? En ambos escenarios, alineó a Argentina en una guerra armada por el imperialismo contra los pueblos del mundo.

Ya no se trata de teorías. Los hechos muestran un proceso real de penetración económica, militar y territorial israelí sobre la Patagonia, bajo el amparo de un Estado argentino debilitado y cómplice. Este modelo no sólo amenaza la soberanía argentina, sino la estabilidad de toda América Latina.

El sionismo ha demostrado, en distintos puntos del planeta, su capacidad para impulsar guerras, desplazamientos forzados, saqueo de recursos y despojo territorial. La Patagonia podría ser el próximo escenario de esa maquinaria global de expropiación y violencia. El viejo Plan Andinia, otrora una sospecha, hoy es un escenario geopolítico que América Latina no puede seguir ignorando.

Por Prensa Justicia & Dignidad

Tarazona presidenta: la campaña que comenzó en la clínica

Miguel Uribe Turbay grabó un video premonitorio días antes de que el presidente Gustavo Petro firmara el decreto de la consulta popular. En el video, ya con tono de candidato, se pronuncia sobre el futuro del país. Lo sorprendente no fue su contenido, sino el momento en que fue publicado: exactamente cuando Petro firmó el decreto.

¿Coincidencia? ¿Estrategia? ¿Un libreto cuidadosamente ejecutado?

Mientras se decía que el senador luchaba por su vida en la Clínica Santa Fe, su equipo subía el video a redes como quien pone en marcha la segunda etapa de una campaña. En lugar de silencio, hubo discurso. En vez de discreción, hubo narrativa. El mensaje político se impuso sobre la gravedad médica. Sin pruebas de montaje, el relato funciona. Y lo hace muy bien.

Desde entonces, la Clínica Santa Fe dejó de ser un lugar de atención médica para convertirse en la nueva sede de campaña. Micrófonos, partes médicos convertidos en proclamas, fotos, rosarios, y cadenas de oración: una atmósfera cuidadosamente administrada por Claudia Tarazona, esposa del senador y figura clave en sus campañas anteriores, quien asumió la vocería política desde el primer minuto.

Tarazona no improvisa. Ha coordinado las comunicaciones en las dos campañas que Miguel Uribe ha ganado. Conoce los tiempos, los mensajes, los medios. Y toma decisiones. En cuestión de días, ha pasado de ser la esposa en duelo a ser la figura visible de una maquinaria que no piensa detenerse. Tanto así que ya en los círculos uribistas algunos se atreven a decir en voz baja:

“Tarazona presidenta”.

La estrategia tiene nombre propio: Lester Toledo. Venezolano, exiliado, artífice de la victoria de Nayib Bukele en El Salvador y asesor de María Corina Machado. Toledo aterrizó en la campaña de Uribe Turbay desde 2024. En 2025 ha estado en Bogotá entre cámaras, ambulancias y redes, afinando cada palabra publicada en la cuenta oficial del senador (385 mil seguidores) y acompañando a Claudia Tarazona en sus intervenciones desde la Fundación Santa Fe.

Toledo no solo asesora. Orquesta. Dirige. Moldea. Sabe cómo transformar la crisis en narrativa y la narrativa en poder. Lo ha hecho antes. Está decidido a hacerlo de nuevo.

Pero hay un símbolo que inquieta: las botas y las insignias de los reservistas del ejército que Tarazona ha recibido en plena clínica, como una especie de ritual de iniciación. No se trata de un simple gesto. Son los mismos sectores que caminan al lado de Eduardo Zapateiro y han coqueteado públicamente con el golpismo. No lo dicen abiertamente, pero les hace agua la boca la idea de un poder militarizado y sin Petro.

Todo esto sucede ante los ojos de medios que cubren la escena con tono casi religioso, sin preguntas incómodas ni contexto crítico. La escenografía está montada. El libreto avanza. El uribismo no necesita experiencia, solo necesita cuerpo, cámara y consigna.

Si Miguel Uribe se recupera, lo sabremos pronto: será el candidato oficial, con una historia heroica y un mensaje de “segunda oportunidad”.

Si no se recupera, no se extrañen: Claudia Tarazona ya está lista para tomar la posta.

Una cosa es clara:

la obra está en marcha, y el título provisional es “Mano firme, corazón grande 2.0”.

Por Prensa Justicia & Dignidad

Mientras unos hacen campaña con sangre, otros reclutan niños

Miguel Uribe sigue en la Clínica Santa Fe. No sabemos con certeza su estado de salud. Pero ayer, 11 de junio —justo cuando el presidente firmó el decreto de la consulta popular— apareció en sus redes un video pregrabado, fechado desde el 7 de junio. «No a la consulta», dice. Como si antes del atentado ya supieran que iba a ocurrir. Como si el libreto estuviera escrito antes del disparo. Como si el atentado, más que tragedia, fuera parte de una estrategia milimétrica.

Y el país reaccionó como siempre lo hace cuando la víctima es de alcurnia: cadenas de oración, luto mediático, editoriales llorosos, la indignación organizada de las élites. La solidaridad automática de los de siempre.

Mientras tanto, hoy mismo, en las carreteras rurales del Huila, apareció otra postal de la Colombia real: el Bloque Central Isaias Pardo instaló vallas mostrando a cuatro niños —tres muchachos, una niña— camuflados, armados hasta los dientes, con las sonrisas congeladas de quienes fueron robados de la infancia. La guerra sigue reclutando niños mientras los noticieros miran para otro lado.

Porque aquí el sicario que intentó matar a Miguel Uribe tiene 14 años. Un niño. Pero en lugar de preguntarnos por qué lo empujaron a la guerra, el discurso es siempre el mismo: bajar la edad penal, castigar más temprano, encerrar más jóvenes. Educación, oportunidades, prevención: nada. Programas como Jóvenes en Paz los desmontan a escondidas. Mientras desmantelan el programa, no le pagan a sus trabajadores, orquestan una masacre laboral y abandonan forzosamente a cientos de jóvenes que, creyendo en la promesa de un futuro mejor, dejaron de estudiar y trabajar para poder participar en el programa. Hoy los tiran a la calle como basura, porque a este país y a este gobierno no les importan los niños ni los jóvenes. Todo fue una promesa, incluso escrita en el Plan Nacional de Desarrollo, y hoy la desechan sin pudor.

¿A dónde vuelven estos niños? A la delincuencia, a la guerra. Un país que no les da opciones, y unas políticas públicas que nunca se implementan.

Somos un país que llora según el apellido. Que arma escándalo según el estrato. Que ya se acostumbró a ver vallas con niños armados sin que le tiemble el alma.

Un país que hace rato dejó de proteger a sus hijos.

Un país fallido.

Por Prensa Justicia & Dignidad

No dejes de hablar de Palestina 🇵🇸

A veces la historia no da tregua. Golpea sin aviso, como las bombas que llueven en Gaza mientras el mundo duerme o mira hacia otro lado. A veces la historia nos pregunta, sin misericordia, qué hacemos mientras allá los niños nacen entre ruinas y los hospitales se convierten en cementerios.

Por estos días, las carreteras del norte de África se han vuelto ríos humanos. Desde Túnez partió el convoy Al Sumud —la firmeza, la resiliencia— cargado de alimentos, medicinas y esperanza. Miles de personas solidarias del Magreb —de Argelia, Marruecos, Libia, Mauritania y Túnez— caminan hombro a hombro. Entre ellos viajan médicos, periodistas, sindicalistas, abogados, jóvenes activistas. Llevan la voz de los pueblos y el peso de las conciencias que no aceptan el genocidio en silencio.

Partieron el 9 de junio. Avanzan por Túnez, atraviesan Libia —con sus milicias y sus rutas impredecibles—, cruzan hacia Egipto, con la esperanza clavada en la frontera cerrada de Rafah, sellada desde que Israel tomó su control directo en mayo de 2024. Su meta es clara: romper el asedio medieval impuesto sobre Gaza y presionar a Egipto para que abra el corredor humanitario, permita el ingreso de suministros vitales y facilite las evacuaciones urgentes.

Mientras las bombas siguen cayendo, los datos estremecen:

El 100% de los habitantes de Gaza —2.3 millones de personas— enfrenta hambre extrema.

244.000 personas están en fase de «catástrofe», según la ONU.

Más de 54.880 muertos desde octubre de 2023, víctimas de los bombardeos israelíes con armas suministradas por EE.UU.

Desde el 2 de marzo de 2025, Israel ha sellado completamente el acceso a Gaza, cortando el ingreso de alimentos, medicinas y ayuda humanitaria.

En el mar, el barco Madleen, de la Freedom Flotilla, intentó atravesar el bloqueo. Transportaba apenas arroz y leche para bebés. Fue secuestrado en aguas internacionales por buques israelíes, que capturaron a los 12 activistas a bordo, incluida Greta Thunberg, mostrando al mundo que ni la legalidad marítima ni la decencia humanitaria detienen la brutalidad sionista.

Ahora, por tierra, mar y aire, las manos se siguen alzando. Las voces siguen gritando.

📢 Llamamos a periodistas, activistas, pueblos y comunidades a unirse o respaldar esta marcha.

Por tierra, por mar y por aire, se levantan cuerpos, manos, voluntades.

La historia no nos preguntará qué pensamos, sino qué hicimos.

Porque Gaza no es sólo Gaza. Es el espejo donde se refleja nuestra dignidad o nuestra cobardía. Donde las ambulancias son tumbas rodantes. Donde los hospitales se convierten en fosas. Donde los niños duermen abrazados a la muerte.

La solidaridad es concreta:

7.000 voluntarios se han inscrito en el convoy, respaldados por organizaciones tunecinas como la Unión General de Trabajo y la Liga de Derechos Humanos.

La iniciativa Sumud coordina acciones con la Marcha Global a Gaza y la Freedom Flotilla, creando un frente común de resistencia civil internacional.

«Hablamos directamente a Gaza: ‘No están solos. Compartimos su dolor’», dice el argelino Yahia Sarri, organizador del convoy.

Hoy el pueblo marcha mientras los gobiernos negocian en despachos fríos. La historia no será clemente con los que callaron.

Si tú también quieres sumarte:

Organiza o participa en plantones, vigilias, marchas en tu ciudad o región.

Difunde en redes con los hashtags:

#PalestinaLibre #PalestinaResiste #GenocidioEnPalestina #SumudConvoy #RafahAbiertaYA #RomperElBloqueo

Sigue las rutas y apoya las iniciativas:

🔗 Más información: marchtogaza.net

Por tierra 👉 @globalmarchtogaza

Por mar 👉 @freedomflotilla

Por dignidad, por justicia, por Gaza.

#BreakingTheSiege #FreePalestine #RupturaConIsrael #SumudToGaza #GlobalMarchToGaza #FreedomFlotilla

 

Porque hay veces en que callar es traicionar.

No dejes de hablar de Palestina. 🇵🇸❤🖤💚

Golpes de Estado, uribismo, narcotráfico y otros demonios: el plan que acecha a Colombia

«Los bombazos no los recibe la oligarquía en Bogotá, ni los banqueros en sus clubes de la 82. Los bombazos los reciben los pobres en el suroccidente: el campesino de Timbiquí, el patrullero de Villa Rica, el tendero de El Bordo, la madre cabeza de hogar en Corinto. Ellos pagan el precio de la guerra que otros deciden desde sus escritorios.»

Un plan criminal en marcha

Colombia atraviesa hoy un momento de extrema gravedad institucional. El país enfrenta un plan de desestabilización articulado entre las élites ultraderechistas, sectores de poder militar, disidencias armadas, mafias del narcotráfico y operadores políticos locales e internacionales.

La convocatoria del presidente Gustavo Petro a una consulta popular para defender los derechos laborales de los trabajadores fue el punto de quiebre que activó una ofensiva que llevaba meses en preparación. Las élites tradicionales, desplazadas del manejo directo del Estado, han activado lo que fuentes de inteligencia ya denominan el Golpe Blando 2025 que ya no es tan blando.

Cronología del plan desestabilizador

El 6 de junio de 2025, el presidente Petro convoca por decreto la consulta popular. Las élites reaccionan con furia.

El 7 de junio de 2025 ocurre el atentado contra el senador Miguel Uribe Turbay en Bogotá. El hecho es rápidamente utilizado como herramienta de victimización y discurso de odio contra el gobierno.

El 9 de junio de 2025, Vicky Dávila denuncia presuntos atentados contra Uribe, Cabal y ella misma, atribuidos a las disidencias de las FARC. El Centro Democrático amplifica la narrativa.

El 10 de junio de 2025, Efraín Cepeda, presidente del Senado, llama públicamente a las Fuerzas Armadas a desconocer el orden constitucional.

Ese mismo 10 de junio se ejecuta una operación armada sincronizada en el suroccidente del país, atribuida a las disidencias de las FARC – Línea Mordisco, con atentados en 14 municipios del Valle y Cauca. La violencia selectiva incluyó explosiones en CAIs, estaciones de policía, peajes, edificios administrativos y homicidios de policías y civiles. Se reportan al menos siete muertos y 28 heridos. Municipios afectados: Palmira, Buenaventura, El Bordo, Corinto, Timbiquí, Toribío, Jamundí, Caloto, Meléndez (Cali), Manuela Beltrán (Cali), Morales, Buenos Aires (Cauca), Villa Rica, Los Mangos.

¿Quiénes están detrás?

La nueva junta del narcotráfico

Como ha revelado el propio presidente Petro, existe hoy en Colombia una organización criminal a la que denominan la Nueva Junta Directiva del Narcotráfico (NJDN). Este cuerpo operaría desde Dubái y estaría liderado por figuras como Julio Lozano (‘Patricia’) y alias ‘Chiquito Malo’, jefe del Clan del Golfo, con financiamiento, narcotráfico, y redes políticas y judiciales a su servicio.

Este grupo aliado con las disidencias de las FARC – Línea Mordisco, bajo Iván Mordisco – sería el financista y articulador de estos atentados, incluidos el plan para asesinar al presidente Petro y el ataque contra Miguel Uribe Turbay.

El vínculo con la política

Este entramado criminal no solo persigue ganancias ilícitas; tiene una estrategia política:

– Financiar manipulaciones del terror para deslegitimar la consulta popular.

– Apoyar sectores uribistas y alineados con un discurso de odio y caos.

– Preparar el terreno para una ofensiva de «mano dura» en 2026, que reinstale sus intereses económicos y judiciales.

Este grupo estaría vinculado directamente con el atentado contra Miguel Uribe Turbay. Según el presidente Petro, “la mafia internacional del narcotráfico” y la NJDN podrían estar detrás del ataque al senador. La Fiscalía, además, investiga si detrás del menor autor material existió una red criminal organizada.

El objetivo final: golpe de estado 2025 o la retoma electoral del uribismo en 2026

El objetivo estratégico es claro: generar miedo, paralizar la movilización social, provocar el fracaso de la consulta popular y deslegitimar al presidente para allanar el camino hacia el regreso del proyecto político de extrema derecha en 2026. No se trata de simples atentados aislados. Es un plan articulado, financiado, con logística, propaganda y operadores políticos al más alto nivel.

Señor presidente: el tiempo es ahora

No nos deje en manos del uribismo.

No nos deje en manos del narcotráfico.

Las piezas del rompecabezas están sobre la mesa. Hay suficiente evidencia, hay suficiente sangre derramada de los humildes, hay suficiente riesgo sobre la democracia.

Es el momento de que el Estado actúe con toda la legitimidad que le otorga el mandato popular. Es hora de proteger la vida, la democracia y la soberanía.

¿Decretar la conmoción interior?

La gravedad de los hechos amerita que el Gobierno Nacional evalúe la activación de los mecanismos constitucionales de defensa de la democracia. El país no puede ser rehén de los intereses mafiosos y autoritarios.

La historia juzgará.