, , , , , , , , ,

Voces de Resistencia: La Gira Europea del Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz, Corporación Justicia y Democracia y Corporación Justicia y Dignidad

Las infancias que la guerra devora y el Estado abandona

Caminamos por Europa con el peso de un país a cuestas. No era el peso de la nostalgia ni del miedo. Era el peso de los nombres sin lápida, de las madres que han parido hijos e hijas para la guerra, de las infancias que han cambiado los pupitres por los fusiles.

Vinimos a denunciar lo que en Colombia se oculta, lo que en los noticieros se menciona con vergüenza y se olvida con rapidez. Vinimos a decirle al mundo que en el suroccidente colombiano niños y niñas desaparecen y reaparecen como combatientes, que sus cuerpos se desvanecen en las montañas y sus nombres se borran de los registros del Estado. Vinimos sin recursos, sin apoyo, sin nada más que la certeza de que callar también es ser cómplices de la violencia.

Ginebra: denuncia ante el Comité de los Derechos del Niño de la ONU

El invierno suizo nos recibió con su frialdad habitual. No nos sorprendió. Nosotros y nosotras venimos del frío de la indiferencia, de la burocracia que sella expedientes y archiva vidas. En las salas del Comité de Derechos del Niño de la ONU, desplegamos nuestras denuncias como si fueran heridas abiertas.

Hablamos de lo que nadie quiere oír: del reclutamiento forzado que arranca a los niños y niñas de los patios de las escuelas y les devuelve convertidos en sombras, de la desaparición forzada que se traga sus nombres y sus historias, de cómo el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en vez de protegerles, les maltrata y les estigmatiza, empujándolos de nuevo a la guerra.

El comité escuchó. Preguntaron. No hubo respuestas fáciles, porque no hay reparación para una infancia que ya no existe.

Nos encontramos con la Federación Internacional de Derechos Humanos, FIAN, Francisco Javier Vera, la Plataforma Colombiana por el Protagonismo de Niños, Niñas y Jóvenes y Acción Global, con la comisionada Rosaria Isabel Correa, con quienes cruzamos palabras, ideas y esperanzas. Sabemos que, en este juego de poderes, la solidaridad internacional es un resguardo necesario.

Barcelona: las redes de resistencia

Desde Suiza transitamos a Barcelona, a donde nos llevó la palabra y el compromiso de Betty Puerto, una luchadora curtida en la defensa de derechos humanos. Nos abrió las puertas de su casa y de la Taula Catalana, un espacio donde se discute la justicia más allá de las fronteras.

Nos sentamos frente a ellas y hablamos de nuestras muertes, pero también de nuestros sobrevivientes: de quienes hemos rescatado con nuestras propias manos, de aquellos y aquellas que lograron escapar de la guerra pero que el Estado sigue tratando como delincuentes. Presentamos nuestras propuestas de justicia indígena para la paz y la Guardia Intercultural Humanitaria, esa forma de resistencia que nació desde el Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz, en el corazón de las comunidades rurales, y se levantó con la dignidad de quienes han sido despojados de todo.

Nos escucharon. Nos creyeron. Y eso, en estos tiempos, ya es una victoria.

Madrid: la lucha de quienes defendemos con las leyes

Madrid nos esperaba con otro escenario. Aquí, la lucha se libra con códigos y leyes, con sentencias que, en el mejor de los casos, llegan cuando ya el daño está hecho. Nos sentamos en la mesa del Observatorio Internacional de la Abogacía del Consejo General de la Abogacía Española y dijimos lo que en Colombia nos puede costar la vida: que los abogados y abogadas defensores de derechos humanos están en la mira, que denunciar significa llevar una diana en la espalda.

Fuimos al Colegio de Abogados de Madrid y a la Asociación Libre de Abogados, donde compartimos no solo nuestra labor, sino nuestras cicatrices. La defensa de los derechos humanos como abogados y abogadas no es una profesión, es una condena.

En el Congreso de los Diputados de España, nos reunimos con Enrique Santiago (Izquierda Unida) y Agustín Santos (Sumar). Les hablamos de las infancias sin tumba, de quienes mueren sin haber vivido, de quienes sobreviven sin haber nacido del todo. También nos encontramos con Podemos Internacional, donde les mostramos la verdad cruda de nuestro país y pedimos respaldo. No para nosotros y nosotras, sino para quienes aún pueden ser salvados.

Volver con el corazón ardiendo

Aunque Europa prestó atención a nuestro clamor, el eco auténtico aún resuena en Colombia. Aquí, las madres seguimos esperando a nuestros hijos e hijas; aquí, la selva continúa tragándose nombres; y aquí, la guerra sigue arrebatando la infancia a quienes deberían estar jugando, no huyendo..

Nosotros y nosotras, Sofía López Mera y Víctor Javier Velásquez, volvemos con la certeza de que este viaje no fue en vano. Regresamos con la esperanza de que nuestras denuncias no se pierdan en el olvido y con la convicción de que la lucha sigue, aunque a veces duela, aunque a veces mate.
Porque la historia de Colombia no la escriben los poderosos en los palacios, la escribimos nosotros y nosotras, quienes hemos visto la guerra de cerca y seguimos, tercamente, empeñados en la justicia, la dignidad y la construcción de la paz y la democracia.

Este viaje lo hicimos como delegados y delegadas de la Corporación Justicia y Dignidad y la Corporación Justicia y Democracia, organizaciones que integramos con orgullo en el Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz y la Guardia Intercultural Humanitaria. Seguimos en pie. Seguimos en la lucha. Porque la paz no se suplica, se construye, y así llegarán, por fin, la justicia, la dignidad y la democracia.