María Fernanda Cabal: la señora del mal

María Fernanda Cabal, esa mezcla criolla entre Margaret Thatcher, villana de Disney y tía furiosa en grupo de WhatsApp, lleva años cumpliendo con una misión sagrada: estar del lado equivocado de la historia con una constancia que ya quisiera tener el clima de Bogotá. Su brújula moral está tan desequilibrada que si apunta al norte, el mundo entero debería correr hacia el sur.

Su salto a la infamia comenzó en 2007, como directora de Asuntos Internacionales de la Fiscalía. Una oficina seria, encargada de la cooperación judicial y la protección de secretos del Estado, terminó pareciendo más bien una ventanilla de chismes de alto riesgo. Desde allí, salieron informes confidenciales rumbo a manos muy equivocadas: estructuras del narcotráfico y el Ministerio de Defensa. Cuando estalló el escándalo, ella no se escondió… ¡se fue a una feria ganadera en Houston! Mientras el país hablaba de la masacre de San José de Apartadó, ella sonreía junto a un cebú premiado. Finalmente, el fiscal Iguarán prefirió pedirle la renuncia antes de que la Fiscalía pareciera una novela de narcos mal escrita.

Desde entonces, Cabal se ha graduado con honores como la reina de la ultraderecha tropical. En el Congreso reparte discursos con chaleco antibalas y rezos al libre mercado. Y claro, adora a Donald Trump. Viajó a su posesión, se fotografió con toda la fauna ultra, y dijo que representa “todo lo que una nación necesita”: muros, militares y fake news. El pequeño detalle de que Trump nos tiene ad portas de la Tercera Guerra Mundial no le quita el sueño. Al contrario: lo celebra.

También idolatra a Javier Milei, el libertario argentino con peinado de tormenta eléctrica. Cabal lo cita como si fuera Aristóteles, propone privatizarlo todo —incluido el oxígeno— y si se descuida, nos cobra por pronunciar vocales.

Ni hablar de su vida privada: su esposo, José Félix Lafaurie, es una enciclopedia de Fedegán, paramilitarismo y frases célebres como “mi mujer se casó por mi plata y me quebré al mes”. Una historia de amor, ganado y parapolítica digna de telenovela.

En materia internacional, Cabal es fan de Israel y de Netanyahu. Defiende cada bomba en Gaza con fervor bíblico, y hasta demandó para que Colombia no deje de venderle carbón a un gobierno acusado de genocidio. ¿Los derechos humanos? Bah, ideología.

El feminismo le produce urticaria. Lo llama “movimiento de feas”, se burla de las cuotas de género, y sugiere que el éxito femenino solo se logra en silencio y con tacones. También ha dicho que los indígenas “adoctrinan” y que los afros, cuando tienen poder, “lo quieren solo para ellos”. Todo esto con la Constitución de adorno en su escritorio.

Sus hijos tampoco se salvan del show. Una usó escoltas del Estado para vender postres, otro se peleó con Miguel Uribe en Twitter mientras evitaba prestar servicio militar. La coherencia familiar brilla por su ausencia, pero el escándalo, nunca.

Y hablando de Miguel Uribe…

Mientras el joven político se debate entre la vida y la muerte  —acompañado de 14 comunicados de la Clínica Santa Fe redactados en realismo mágico— su esposa, Claudia Tarazona, reparte besos por la ventana, entre rumores de si es reina de belleza, candidata presidencial o todo lo anterior. Afuera, el pueblo prende veladoras, mientras el Centro Democrático arde en su propia hoguera de egos.

Y allí, como en toda buena historia de traiciones, aparece María Fernanda Cabal. No con flores, sino con gasolina. Ha sido una de las críticas más feroces de Miguel: no le gusta su estilo, sus gastos ni su historia. Lo ve como un advenedizo que quiere comulgar sin haberse confesado. Cabal no le perdona su paso por el liberalismo ni su falta de cicatrices de guerra ideológica. Para ella, ser uribista es tener sangre, sudor y columnas de Fernando Londoño.

Además, mientras Cabal exige consulta popular abierta para elegir candidato presidencial —con pueblo, tamales y banderas— Miguel propone encuesta interna, como buen tecnócrata. A ojos de Cabal, eso es evadir el juicio sagrado del pueblo uribista. Álvaro Uribe intenta calmar las aguas desde su finca.

En realidad, Cabal odia a Miguel Uribe.  Piensa  que llegó sin machete ni historia. Y en el Cabalverso no hay lugar para los moderados: solo para los fanáticos, los cruzados, los apocalípticos.

Y así termina —por ahora— este capítulo de tragicomedia criolla.

Porque mientras Miguel lucha por su vida en medio de la novela política, hay quien ya prepara el entierro… con discurso, peineta y misal.

Y ella, claro, llega puntual. Porque si el mal tiene una señora… lleva tacones, dice “soy frentera” y se llama María Fernanda Cabal.

Por Prensa Justicia & Dignidad

De la consulta popular a la Asamblea Constituyente: hablemos de herejías

Lo malo de las herejías no es que sean peligrosas, sino que a veces salen blanditas. Como esta que ronda hoy los pasillos del Palacio: una Constituyente a punta de firmas. No es un acto de rebelión, sino un suspiro institucional. Primero vino la consulta popular por decreto —una especie de plebiscito exprés para empujar reformas— que el registrador ya congeló mientras las cortes deciden si eso es democracia o anarquía. Luego vino el plan B: recoger ocho millones de firmas para “respaldar” la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Sin Congreso, sin ley, sin piso constitucional claro. Un acto de presión más que de convicción, como si juntar firmas bastara para reescribir la Carta.

El año pasado, el nuevo ministro de Justicia —ese Mazarino criollo— ya había soltado su tesis: que Petro puede convocarla por decreto. A palo seco. Como quien se amarra el pantalón y se lanza. Los guardianes del orden respondieron agitando la Constitución como si fuera la Biblia de un país que no lee ni una cosa ni la otra.

¿Puede hacerlo? Los constitucionalistas de manual dicen que no. Y lo dicen con ese tonito doctoral con el que se disfraza el miedo. Citan el artículo 376, que exige ley del Congreso para convocar una Constituyente: con número de delegatarios, límites temáticos, duración, y refrendación popular. Sin eso, nada. Punto. Amén.

Y la Corte Constitucional —ese oráculo que garantiza que todo siga igual— ya ha dejado claro su dogma. En 2003, frenó el referendo refundador de Uribe. En 2010, recortó la iniciativa popular. El mensaje es simple: la Constitución puede cambiarse… pero solo con corbata y pase del Congreso. Es decir, con permiso de quienes no quieren cambiar nada.

Pero hay quienes, como Darwin o Beethoven, prefieren las herejías a los dogmas. Uno de ellos es Eduardo Montealegre: exfiscal, académico, ministro, y ahora teórico de la “herejía constitucional”. Dice que no es ruptura, sino audacia con sustento. ¿El argumento? El Acuerdo de Paz con las FARC, firmado en 2016. Refrendado, reconocido por la ONU y elevado al bloque de constitucionalidad vía artículo 93. Es decir, tiene rango constitucional.

En su página 8 el acuerdo dice que Gobierno y FARC convocarán a todas las fuerzas vivas a un nuevo pacto político. ¿Eso no suena, acaso, a una Constituyente? Montealegre sostiene que, en desarrollo de ese tratado, el presidente puede emitir un decreto con fuerza de ley —lo llama “reglamento constitucional autónomo”— para convocarla. El pueblo refrenda, y listo. No se pasa por el Congreso, ese mausoleo del trámite inútil.

¿Es riesgoso? Por supuesto. ¿Contradice la letra de algunos artículos? Tal vez. Pero como decía Caballero: la Constitución no es una lápida. Es un pacto. Y si no le sirve al país, no sirve para nada.

Los defensores del statu quo, por supuesto, repiten su libreto: que Petro busca perpetuarse, que esto es chavismo, que es un golpe blando. Pero no hay aquí un afán caudillista, sino la necesidad de destrabar reformas pospuestas durante décadas. La paz, la tierra, la salud, la dignidad de los territorios… exigen nuevas reglas de juego.

Y no se diga que esta amenaza de Constituyente es mero capricho. Solo con nombrarla —decreto, consulta, firmas— se logró lo impensable: que el Congreso aprobara una reforma laboral decente. A veces, para que el burro camine, hay que mostrarle el garrote.

¿Servirá esta herejía para sacar adelante las otras reformas? Tal vez. ¿Será viable la Constituyente? Eso lo decidirá la Corte, ese tribunal que hace rato dejó de ser árbitro para convertirse en jugador de la oposición. Pero de que el debate se abrió, se abrió. Y de que el país necesita cambios de fondo, también.

Esto no es un delirio. Es una utopía jurídica, una urgencia política, una apuesta ética. Y sí, una herejía. Pero ya lo sabemos: cualquier herejía es válida si nos libra de cuatro años más de uribismo, o de una derecha fascista disfrazada de centro. Que en Colombia, eso es lo mismo.

Por Sofía López Mera, Abogada y Periodista de la Corporación Justicia & Dignidad .

¡El mundo patas arriba… y Colombia de rodillas!

Mientras el mundo se esfuerza por desaparecer con estilo, Gaza se convierte en el ensayo general de la barbarie. Israel, con precisión quirúrgica, bombardea hospitales, escuelas y cuanta sede humanitaria se cruce. Todo, claro, en nombre de la defensa propia, que en su idioma significa: “usted no tiene derecho a existir”.

Pero esta vez, el horror no se queda del otro lado del muro. Tel Aviv también está en ruinas. Ya no se distingue de Gaza. Los misiles iraníes hicieron polvo los techos de la soberbia. La amenaza nuclear dejó de ser un rumor diplomático: está sobre la mesa. Netanyahu, con la arrogancia de quien se cree el ungido, lo dice sin rubor: “Si cae el pueblo de Dios, caemos todos”. Es decir: si Israel se tambalea, él está dispuesto a llevarse al planeta completo.

¿Dónde están las instituciones llamadas a proteger la humanidad? Ni la ONU, ni la Corte Penal Internacional, ni una sola potencia se atreve a tocarlo. Netanyahu sigue libre, blindado, respaldado por los mismos que predican democracia mientras venden armas. Y sí: la Tercera Guerra Mundial ya no es una advertencia, es una amenaza en tiempo real. Se siente en el aire otro 11 de septiembre, pero esta vez multiplicado por mil. Y nadie lo detiene.

Y como si el horror necesitara expansión territorial, en Argentina ya aterrizan vuelos directos desde Israel a la Patagonia. Colonias “pacíficas”, dicen. Como si no conociéramos la historia. Si se conforman con esa puntica, tal vez haya paz. Pero si no… lo que se avecina es un genocidio silencioso disfrazado de migración, bajo la complicidad de gobiernos que han perdido el alma. Ya nos duelen nuestros hermanos mapuches: que esto no sea la antesala de un exterminio, porque el pueblo ha llegado a invadir tierras sudamericanas.

Y aquí abajo, en el trópico del absurdo, la tragicomedia nacional.

En Colombia, la derecha más rancia ahora anda mística. Rezan por la vida de Miguel Uribe con camándula en mano, rosario al cuello y cálculo electoral en la frente. Porque si vive, será el candidato. Y si no, su esposa asumirá el papel de mártir, o le entregará la candidatura a otro redentor del Centro Democrático. Todo listo, todo medido, todo manipulado.

Mientras tanto, líderes sociales siguen cayendo, el hambre crece en los barrios, y los jóvenes que soñaron con paz hoy solo buscan sobrevivir. Pero la patria está en oración… por un político.

¿Y el pueblo? Votando por quien lo reprime, aplaudiendo al que lo empobrece, y agradeciendo al que lo desprecia. Aquí, la democracia es un mal chiste contado en bucle.

El mundo arde. La amenaza nuclear es real. Y mientras nadie detiene al hombre que puede encender el apocalipsis, nos distraen con vírgenes de yeso, bustos, misas y slogans de campaña.

Y mientras el mundo está patas arriba…

Colombia sigue de rodillas.

Por Sofía Lopez, abogada y periodista de Justicia y Dignidad .

Las dos marchas del silencio

En febrero de 1948, el silencio fue un clamor de los que nunca tienen voz. La Séptima se llenó de pasos lentos, de campesinos bajados de las montañas, de obreros, de mujeres con los niños al hombro, de estudiantes con el cuaderno bajo el brazo. Todos vestidos de negro, enlutados por adelantado. No gritaban. No había pancartas, ni banderas, ni discursos. Solo el rumor de los pies sobre el asfalto. Era el pueblo entero diciéndole al Estado que los estaban matando, que les estaban robando la vida. Jorge Eliécer Gaitán los había convocado a ese silencio cargado de rabia contenida. Sabían que lo que venía era peor. Dos meses después, a Gaitán lo mataron. Y detrás del disparo vino el Bogotazo, la violencia que aún no hemos terminado de enterrar.

Setenta y siete años después, otro grupo bajó por la misma Séptima. Ya no vestían de negro, ni traían los rostros curtidos por el sol y la miseria. Esta vez el uniforme era otro: camisetas blancas, esas mismas que desde el estallido social de 2021 usaron los paramilitares urbanos y la autodenominada «gente de bien» para enfrentar a los jóvenes que pedían educación, salud y dignidad en las calles. No era un silencio de duelo, era un desfile de rabia contra el gobierno. Gritaban “Fuera Petro” mientras desfilaban las banderas planchadas, los escoltas en los bordes, los celulares grabando, los políticos de la derecha moviendo sus redes.

Pero esta vez el cinismo escaló un peldaño más. No solo transformaron la marcha en acto electoral; también atacaron a los periodistas de RTVC que intentaban cubrir los hechos. Los golpearon, los empujaron, los llamaron vendidos. En medio de la turba también expulsaron a Claudia López, quien intentó sumarse al recorrido. La sacaron con la misma violencia con la que antes la aplaudieron, cuando aún les era útil. Y como si la provocación no tuviera límites, ondearon con orgullo las banderas de Israel, mientras el mundo entero contempla el genocidio del pueblo palestino a manos del gobierno de Netanyahu. Así, en nombre de la “paz” y el “silencio”, marcharon del lado del ocupante.

En redes sociales, la rancia dirigencia conservadora dejó al descubierto la verdadera naturaleza de la jornada. María Fernanda Cabal no solo trinó contra el gobierno, llamando a Petro dictador y fracasado, sino que fue más allá: en un video público invitó a la Reserva Activa de las Fuerzas Militares a estar lista, insinuando la posibilidad de un golpe de Estado disfrazado de «restauración institucional». Paloma Valencia agitaba el fantasma del comunismo, llamando a defender la democracia del “autoritarismo populista” de Petro; y Polo Polo, sin matices, pedía a gritos “salvar la patria” de la amenaza de la izquierda.q

La marcha, que se vendió como un acto de paz, fue en realidad un mitin de campaña electoral montado sobre el viejo miedo de los privilegiados. No hubo duelo, hubo marketing. No hubo silencio, hubo ruido de campaña. No hubo pueblo, hubo élite.

En Colombia hasta el silencio tiene dueño, y el duelo tiene estratos. El primero fue del pueblo que sangraba; el segundo, de los que no toleran perder el poder. Y así seguimos, repitiendo el mismo camino por la Séptima, pero cada vez más lejos de la justicia.

Por Sofía López — Abogada y periodista de la Corporación Justicia y Dignidad

Tarazona presidenta: la campaña que comenzó en la clínica

Miguel Uribe Turbay grabó un video premonitorio días antes de que el presidente Gustavo Petro firmara el decreto de la consulta popular. En el video, ya con tono de candidato, se pronuncia sobre el futuro del país. Lo sorprendente no fue su contenido, sino el momento en que fue publicado: exactamente cuando Petro firmó el decreto.

¿Coincidencia? ¿Estrategia? ¿Un libreto cuidadosamente ejecutado?

Mientras se decía que el senador luchaba por su vida en la Clínica Santa Fe, su equipo subía el video a redes como quien pone en marcha la segunda etapa de una campaña. En lugar de silencio, hubo discurso. En vez de discreción, hubo narrativa. El mensaje político se impuso sobre la gravedad médica. Sin pruebas de montaje, el relato funciona. Y lo hace muy bien.

Desde entonces, la Clínica Santa Fe dejó de ser un lugar de atención médica para convertirse en la nueva sede de campaña. Micrófonos, partes médicos convertidos en proclamas, fotos, rosarios, y cadenas de oración: una atmósfera cuidadosamente administrada por Claudia Tarazona, esposa del senador y figura clave en sus campañas anteriores, quien asumió la vocería política desde el primer minuto.

Tarazona no improvisa. Ha coordinado las comunicaciones en las dos campañas que Miguel Uribe ha ganado. Conoce los tiempos, los mensajes, los medios. Y toma decisiones. En cuestión de días, ha pasado de ser la esposa en duelo a ser la figura visible de una maquinaria que no piensa detenerse. Tanto así que ya en los círculos uribistas algunos se atreven a decir en voz baja:

“Tarazona presidenta”.

La estrategia tiene nombre propio: Lester Toledo. Venezolano, exiliado, artífice de la victoria de Nayib Bukele en El Salvador y asesor de María Corina Machado. Toledo aterrizó en la campaña de Uribe Turbay desde 2024. En 2025 ha estado en Bogotá entre cámaras, ambulancias y redes, afinando cada palabra publicada en la cuenta oficial del senador (385 mil seguidores) y acompañando a Claudia Tarazona en sus intervenciones desde la Fundación Santa Fe.

Toledo no solo asesora. Orquesta. Dirige. Moldea. Sabe cómo transformar la crisis en narrativa y la narrativa en poder. Lo ha hecho antes. Está decidido a hacerlo de nuevo.

Pero hay un símbolo que inquieta: las botas y las insignias de los reservistas del ejército que Tarazona ha recibido en plena clínica, como una especie de ritual de iniciación. No se trata de un simple gesto. Son los mismos sectores que caminan al lado de Eduardo Zapateiro y han coqueteado públicamente con el golpismo. No lo dicen abiertamente, pero les hace agua la boca la idea de un poder militarizado y sin Petro.

Todo esto sucede ante los ojos de medios que cubren la escena con tono casi religioso, sin preguntas incómodas ni contexto crítico. La escenografía está montada. El libreto avanza. El uribismo no necesita experiencia, solo necesita cuerpo, cámara y consigna.

Si Miguel Uribe se recupera, lo sabremos pronto: será el candidato oficial, con una historia heroica y un mensaje de “segunda oportunidad”.

Si no se recupera, no se extrañen: Claudia Tarazona ya está lista para tomar la posta.

Una cosa es clara:

la obra está en marcha, y el título provisional es “Mano firme, corazón grande 2.0”.

Por Prensa Justicia & Dignidad

Mientras unos hacen campaña con sangre, otros reclutan niños

Miguel Uribe sigue en la Clínica Santa Fe. No sabemos con certeza su estado de salud. Pero ayer, 11 de junio —justo cuando el presidente firmó el decreto de la consulta popular— apareció en sus redes un video pregrabado, fechado desde el 7 de junio. «No a la consulta», dice. Como si antes del atentado ya supieran que iba a ocurrir. Como si el libreto estuviera escrito antes del disparo. Como si el atentado, más que tragedia, fuera parte de una estrategia milimétrica.

Y el país reaccionó como siempre lo hace cuando la víctima es de alcurnia: cadenas de oración, luto mediático, editoriales llorosos, la indignación organizada de las élites. La solidaridad automática de los de siempre.

Mientras tanto, hoy mismo, en las carreteras rurales del Huila, apareció otra postal de la Colombia real: el Bloque Central Isaias Pardo instaló vallas mostrando a cuatro niños —tres muchachos, una niña— camuflados, armados hasta los dientes, con las sonrisas congeladas de quienes fueron robados de la infancia. La guerra sigue reclutando niños mientras los noticieros miran para otro lado.

Porque aquí el sicario que intentó matar a Miguel Uribe tiene 14 años. Un niño. Pero en lugar de preguntarnos por qué lo empujaron a la guerra, el discurso es siempre el mismo: bajar la edad penal, castigar más temprano, encerrar más jóvenes. Educación, oportunidades, prevención: nada. Programas como Jóvenes en Paz los desmontan a escondidas. Mientras desmantelan el programa, no le pagan a sus trabajadores, orquestan una masacre laboral y abandonan forzosamente a cientos de jóvenes que, creyendo en la promesa de un futuro mejor, dejaron de estudiar y trabajar para poder participar en el programa. Hoy los tiran a la calle como basura, porque a este país y a este gobierno no les importan los niños ni los jóvenes. Todo fue una promesa, incluso escrita en el Plan Nacional de Desarrollo, y hoy la desechan sin pudor.

¿A dónde vuelven estos niños? A la delincuencia, a la guerra. Un país que no les da opciones, y unas políticas públicas que nunca se implementan.

Somos un país que llora según el apellido. Que arma escándalo según el estrato. Que ya se acostumbró a ver vallas con niños armados sin que le tiemble el alma.

Un país que hace rato dejó de proteger a sus hijos.

Un país fallido.

Por Prensa Justicia & Dignidad

No dejes de hablar de Palestina 🇵🇸

A veces la historia no da tregua. Golpea sin aviso, como las bombas que llueven en Gaza mientras el mundo duerme o mira hacia otro lado. A veces la historia nos pregunta, sin misericordia, qué hacemos mientras allá los niños nacen entre ruinas y los hospitales se convierten en cementerios.

Por estos días, las carreteras del norte de África se han vuelto ríos humanos. Desde Túnez partió el convoy Al Sumud —la firmeza, la resiliencia— cargado de alimentos, medicinas y esperanza. Miles de personas solidarias del Magreb —de Argelia, Marruecos, Libia, Mauritania y Túnez— caminan hombro a hombro. Entre ellos viajan médicos, periodistas, sindicalistas, abogados, jóvenes activistas. Llevan la voz de los pueblos y el peso de las conciencias que no aceptan el genocidio en silencio.

Partieron el 9 de junio. Avanzan por Túnez, atraviesan Libia —con sus milicias y sus rutas impredecibles—, cruzan hacia Egipto, con la esperanza clavada en la frontera cerrada de Rafah, sellada desde que Israel tomó su control directo en mayo de 2024. Su meta es clara: romper el asedio medieval impuesto sobre Gaza y presionar a Egipto para que abra el corredor humanitario, permita el ingreso de suministros vitales y facilite las evacuaciones urgentes.

Mientras las bombas siguen cayendo, los datos estremecen:

El 100% de los habitantes de Gaza —2.3 millones de personas— enfrenta hambre extrema.

244.000 personas están en fase de «catástrofe», según la ONU.

Más de 54.880 muertos desde octubre de 2023, víctimas de los bombardeos israelíes con armas suministradas por EE.UU.

Desde el 2 de marzo de 2025, Israel ha sellado completamente el acceso a Gaza, cortando el ingreso de alimentos, medicinas y ayuda humanitaria.

En el mar, el barco Madleen, de la Freedom Flotilla, intentó atravesar el bloqueo. Transportaba apenas arroz y leche para bebés. Fue secuestrado en aguas internacionales por buques israelíes, que capturaron a los 12 activistas a bordo, incluida Greta Thunberg, mostrando al mundo que ni la legalidad marítima ni la decencia humanitaria detienen la brutalidad sionista.

Ahora, por tierra, mar y aire, las manos se siguen alzando. Las voces siguen gritando.

📢 Llamamos a periodistas, activistas, pueblos y comunidades a unirse o respaldar esta marcha.

Por tierra, por mar y por aire, se levantan cuerpos, manos, voluntades.

La historia no nos preguntará qué pensamos, sino qué hicimos.

Porque Gaza no es sólo Gaza. Es el espejo donde se refleja nuestra dignidad o nuestra cobardía. Donde las ambulancias son tumbas rodantes. Donde los hospitales se convierten en fosas. Donde los niños duermen abrazados a la muerte.

La solidaridad es concreta:

7.000 voluntarios se han inscrito en el convoy, respaldados por organizaciones tunecinas como la Unión General de Trabajo y la Liga de Derechos Humanos.

La iniciativa Sumud coordina acciones con la Marcha Global a Gaza y la Freedom Flotilla, creando un frente común de resistencia civil internacional.

«Hablamos directamente a Gaza: ‘No están solos. Compartimos su dolor’», dice el argelino Yahia Sarri, organizador del convoy.

Hoy el pueblo marcha mientras los gobiernos negocian en despachos fríos. La historia no será clemente con los que callaron.

Si tú también quieres sumarte:

Organiza o participa en plantones, vigilias, marchas en tu ciudad o región.

Difunde en redes con los hashtags:

#PalestinaLibre #PalestinaResiste #GenocidioEnPalestina #SumudConvoy #RafahAbiertaYA #RomperElBloqueo

Sigue las rutas y apoya las iniciativas:

🔗 Más información: marchtogaza.net

Por tierra 👉 @globalmarchtogaza

Por mar 👉 @freedomflotilla

Por dignidad, por justicia, por Gaza.

#BreakingTheSiege #FreePalestine #RupturaConIsrael #SumudToGaza #GlobalMarchToGaza #FreedomFlotilla

 

Porque hay veces en que callar es traicionar.

No dejes de hablar de Palestina. 🇵🇸❤🖤💚

Golpes de Estado, uribismo, narcotráfico y otros demonios: el plan que acecha a Colombia

«Los bombazos no los recibe la oligarquía en Bogotá, ni los banqueros en sus clubes de la 82. Los bombazos los reciben los pobres en el suroccidente: el campesino de Timbiquí, el patrullero de Villa Rica, el tendero de El Bordo, la madre cabeza de hogar en Corinto. Ellos pagan el precio de la guerra que otros deciden desde sus escritorios.»

Un plan criminal en marcha

Colombia atraviesa hoy un momento de extrema gravedad institucional. El país enfrenta un plan de desestabilización articulado entre las élites ultraderechistas, sectores de poder militar, disidencias armadas, mafias del narcotráfico y operadores políticos locales e internacionales.

La convocatoria del presidente Gustavo Petro a una consulta popular para defender los derechos laborales de los trabajadores fue el punto de quiebre que activó una ofensiva que llevaba meses en preparación. Las élites tradicionales, desplazadas del manejo directo del Estado, han activado lo que fuentes de inteligencia ya denominan el Golpe Blando 2025 que ya no es tan blando.

Cronología del plan desestabilizador

El 6 de junio de 2025, el presidente Petro convoca por decreto la consulta popular. Las élites reaccionan con furia.

El 7 de junio de 2025 ocurre el atentado contra el senador Miguel Uribe Turbay en Bogotá. El hecho es rápidamente utilizado como herramienta de victimización y discurso de odio contra el gobierno.

El 9 de junio de 2025, Vicky Dávila denuncia presuntos atentados contra Uribe, Cabal y ella misma, atribuidos a las disidencias de las FARC. El Centro Democrático amplifica la narrativa.

El 10 de junio de 2025, Efraín Cepeda, presidente del Senado, llama públicamente a las Fuerzas Armadas a desconocer el orden constitucional.

Ese mismo 10 de junio se ejecuta una operación armada sincronizada en el suroccidente del país, atribuida a las disidencias de las FARC – Línea Mordisco, con atentados en 14 municipios del Valle y Cauca. La violencia selectiva incluyó explosiones en CAIs, estaciones de policía, peajes, edificios administrativos y homicidios de policías y civiles. Se reportan al menos siete muertos y 28 heridos. Municipios afectados: Palmira, Buenaventura, El Bordo, Corinto, Timbiquí, Toribío, Jamundí, Caloto, Meléndez (Cali), Manuela Beltrán (Cali), Morales, Buenos Aires (Cauca), Villa Rica, Los Mangos.

¿Quiénes están detrás?

La nueva junta del narcotráfico

Como ha revelado el propio presidente Petro, existe hoy en Colombia una organización criminal a la que denominan la Nueva Junta Directiva del Narcotráfico (NJDN). Este cuerpo operaría desde Dubái y estaría liderado por figuras como Julio Lozano (‘Patricia’) y alias ‘Chiquito Malo’, jefe del Clan del Golfo, con financiamiento, narcotráfico, y redes políticas y judiciales a su servicio.

Este grupo aliado con las disidencias de las FARC – Línea Mordisco, bajo Iván Mordisco – sería el financista y articulador de estos atentados, incluidos el plan para asesinar al presidente Petro y el ataque contra Miguel Uribe Turbay.

El vínculo con la política

Este entramado criminal no solo persigue ganancias ilícitas; tiene una estrategia política:

– Financiar manipulaciones del terror para deslegitimar la consulta popular.

– Apoyar sectores uribistas y alineados con un discurso de odio y caos.

– Preparar el terreno para una ofensiva de «mano dura» en 2026, que reinstale sus intereses económicos y judiciales.

Este grupo estaría vinculado directamente con el atentado contra Miguel Uribe Turbay. Según el presidente Petro, “la mafia internacional del narcotráfico” y la NJDN podrían estar detrás del ataque al senador. La Fiscalía, además, investiga si detrás del menor autor material existió una red criminal organizada.

El objetivo final: golpe de estado 2025 o la retoma electoral del uribismo en 2026

El objetivo estratégico es claro: generar miedo, paralizar la movilización social, provocar el fracaso de la consulta popular y deslegitimar al presidente para allanar el camino hacia el regreso del proyecto político de extrema derecha en 2026. No se trata de simples atentados aislados. Es un plan articulado, financiado, con logística, propaganda y operadores políticos al más alto nivel.

Señor presidente: el tiempo es ahora

No nos deje en manos del uribismo.

No nos deje en manos del narcotráfico.

Las piezas del rompecabezas están sobre la mesa. Hay suficiente evidencia, hay suficiente sangre derramada de los humildes, hay suficiente riesgo sobre la democracia.

Es el momento de que el Estado actúe con toda la legitimidad que le otorga el mandato popular. Es hora de proteger la vida, la democracia y la soberanía.

¿Decretar la conmoción interior?

La gravedad de los hechos amerita que el Gobierno Nacional evalúe la activación de los mecanismos constitucionales de defensa de la democracia. El país no puede ser rehén de los intereses mafiosos y autoritarios.

La historia juzgará.

 

 

¿Mano firme, corazón grande 2.0 (2026 – 2030)?

Escena 1. Petro anuncia que convocará consulta popular por decreto

Titular: “Presidente Gustavo Petro dice que convocará por decreto consulta popular que el Congreso hundió” – El Tiempo, 6 de junio de 2025

Desde la Plaza de Bolívar, el presidente Gustavo Petro anunció que convocará por decreto una consulta popular para definir reformas sociales. La decisión se da luego de que el Congreso negara el trámite de la propuesta. El mandatario advirtió que quienes no respalden la medida dentro del gobierno deberán hacerse a un lado.

 

Escena 2. Atentado contra Miguel Uribe Turbay

Titular: “Atentado contra Miguel Uribe Turbay EN VIVO: senador del Centro Democrático recibió varios disparos en Bogotá” – El Tiempo, 7 de junio de 2025

Mientras realizaba un recorrido en el barrio Modelia, occidente de Bogotá, el senador Miguel Uribe Turbay fue atacado por un menor de 15 años armado, quien le disparó por la espalda. El senador fue trasladado en estado crítico a la Clínica Santa Fe. El hecho generó conmoción nacional.

 

Escena 3. Congreso suspende actividades

Titular: “El Senado suspendió su plenaria en señal de apoyo al senador Uribe Turbay” – El País, 10 de junio de 2025

El Senado de la República suspendió sus sesiones plenarias en solidaridad con el senador herido. Varios congresistas aprovecharon para viajar al exterior. Otros aprovecharon las cámaras para mostrar su indignación mientras revisaban sus cálculos electorales para 2026.

 

Escena 4. Vicky, Cabal y Uribe alertan sobre plan criminal

Titular: “Disidencias de las FARC ordenaron atentado contra Uribe y contra mí”: Vicky Dávila – Diario Las Américas, 9 de junio de 2025

La periodista Vicky Dávila denunció haber recibido información sobre un supuesto plan de las disidencias de las FARC para atentar contra ella, el expresidente Álvaro Uribe Vélez y la senadora María Fernanda Cabal. Las declaraciones fueron respaldadas por el propio Uribe y reproducidas por líderes del Centro Democrático, que hablan de una persecución sistemática contra la oposición.

 

Escena 5. Ola de atentados en el suroccidente del país

Titular: “Una serie de atentados de las disidencias de las FARC deja al menos siete muertos” – El País (España), 10 de junio de 2025

Titular: “Al menos cuatro muertos en una ola de explosiones en el suroccidente de Colombia” – AP News, 10 de junio de 2025

En menos de 72 horas se registraron explosiones y ataques armados en Jamundí, Cajibío, Morales y Buenaventura. Las disidencias del Estado Mayor Central de las FARC se atribuyeron los atentados. En Jamundí, un carro bomba fue detonado cerca de una estación de policía. En Cajibío, hombres armados lanzaron explosivos desde motocicletas. En Morales, atacaron con ráfagas de fusil a la fuerza pública. El saldo fue de al menos siete personas muertas, entre civiles y uniformados, además de más de 20 heridos.

 

Escena 6. Cali, epicentro de violencia y sede de la consulta

Titular: “Nueva explosión en Cali: crece tensión en el Valle del Cauca” – Caracol Radio, 10 de junio de 2025

Justo en Cali, donde el gobierno contempla convocar la consulta popular por decreto, se han concentrado varios de los más graves atentados. Las explosiones en Cali y el aumento de la militarización del sur del Valle han generado alarma. Algunos observadores señalan que este contexto podría disuadir a la población de acudir masivamente a las urnas. Pareciera que alguien no quiere que la gente vote.

 

Título de la obra: Mano firme, corazón grande 2.0 (2026 – 2030)

Señores de la ultraderecha: ya conocemos su libreto. No pasarán.

Del sueño de Alicia al conejo de Angélica: la hora gloriosa del trabajo por horas

En 2018, Alicia Arango, ministra de Trabajo del gobierno de Iván Duque y alfil insigne del uribismo, lanzó una idea que parecía una broma de mal gusto: que en Colombia se pudiera contratar por horas y pagar por esas mismas horas las prestaciones sociales. Una maravilla de “flexibilización laboral” que, según ella, nos haría más competitivos. Como quien dice: usted trabaja una hora, le pagan esa hora, y luego a rebuscarse lo que queda del día, porque el capitalismo también necesita que usted aprenda a “emprender”.

En ese momento, la propuesta generó resistencia. Y aunque esa figura ya existía en la ley, no había sido aplicada porque no contaba con la reglamentación necesaria. Es decir, el monstruo dormía. Pero tranquilos, que llegó Angélica Lozano a despertarlo.

Sí, la misma Angélica que hablaba de proteger derechos laborales y que ahora, desde la presidencia de la Comisión Cuarta del Senado, impulsa con entusiasmo una contra-reforma que termina por hacer realidad el sueño neoliberal que Alicia Arango no pudo concretar. Con la reglamentación que impulsa, el trabajador podrá, por fin, ser oficialmente contratado por una sola hora al día. ¡La hora gloriosa!

Porque no se trata solo de un tecnicismo. Esta reglamentación es el engranaje que faltaba para institucionalizar por completo una forma de vinculación laboral que la OIT y la OCDE han advertido —en todos los idiomas y formatos posibles— que genera precarización. Es decir: empleos inestables, ingresos insuficientes, evasión de derechos, fragmentación contractual, y por supuesto, un desfinanciamiento progresivo de los sistemas de seguridad social. ¿Y qué podría salir mal?

De hecho, esta modalidad está íntimamente relacionada con el aumento de la desigualdad y la discriminación, sobre todo hacia mujeres, jóvenes y migrantes. También se ha vinculado con un incremento en los problemas de salud física y mental de los trabajadores, debido a la imprevisibilidad de horarios, la inseguridad económica y la absoluta imposibilidad de planear una vida cotidiana. Pero eso son detalles, ¿no?

Lo irónico (o cínico, según se mire) es que se nos vende como “modernización” algo que en realidad es un retroceso. Porque sí, en otros países también hay contratación por horas, pero bajo regulaciones estrictas. La OCDE y la OIT recomiendan, por ejemplo, un número mínimo de horas garantizadas por semana o mes, protecciones colectivas, seguridad en la afiliación social y previsibilidad. En Colombia, en cambio, preferimos la libertad… la libertad empresarial, por supuesto.

Esta propuesta —que usted, senadora Angélica Lozano, y la mayoría de la Comisión Cuarta respaldan— no solo termina de abrir la puerta, sino que pone la alfombra roja. Se legaliza y normaliza un modelo donde el trabajador labora una hora al día y el resto del tiempo se queda con el silencio del celular, sin salario ni cobertura, pero con todas las obligaciones del sistema.

Y lo mejor: todo esto sin que se note demasiado. Porque se hace en nombre de la «modernización», mientras se desmantelan los derechos laborales por la puerta de atrás. Así, la reforma laboral de Petro fue frenada, pero esta contra-reforma sí va avanzando, con menos ruido y más eficacia.

En conclusión, lo que Alicia Arango soñó, Angélica Lozano lo está ejecutando. Lo que parecía un disparate de la derecha pura, lo está consolidando el centro ilustrado. Y así, Colombia avanza hacia el futuro… pero uno en el que la gente trabaja una hora, cotiza una hora, vive con media hora de comida y sueña con quince minutos de dignidad.

Por Prensa Justicia & Dignidad