La Justicia Colombiana Falló a Favor del Pueblo Indígena Nasa Kwet Le’ Cxkwe – Piedra Pequeña

En un fallo histórico, el Juzgado Décimo Administrativo Oral del Circuito de Cali ha decidido a favor del pueblo indígena Nasa Kwet Le’ Cxkwe – Piedra Pequeña, que fue desplazado por la violencia paramilitar en la década del 2000. Esta sentencia por vía de acción de tutela marca un hito en la protección de los derechos territoriales indígenas en Colombia.

La sentencia reconoce y tutela los derechos fundamentales del pueblo Nasa Kwet Le’ Cxkwe, incluyendo su identidad cultural, autonomía, autodeterminación, y derechos a su territorio ancestral y colectivo. Asimismo, se ha ordenado a varias entidades gubernamentales iniciar el proceso de registro y caracterización de la comunidad, así como garantizar su retorno y reubicación en su territorio ancestral.

La decisión del Juzgado también requiere la conformación de un comité interinstitucional para verificar las condiciones de vulneración de derechos humanos en la zona afectada. Este comité estará integrado por representantes de la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría General de la Nación, el Ministerio del Interior, entre otros, y debe presentar un informe detallado sobre las medidas de mitigación del riesgo de seguridad para la comunidad.

El señala la necesidad imperiosa  de restaurar los derechos de las comunidades Kwet Le’ Cxkwe – Piedra Pequeña y Kwet Wala – Piedra Grande, que han sufrido gravemente a causa del conflicto armado.

Hoy celebramos esta decisión garantista que reafirma el compromiso de la justicia colombiana con los derechos territoriales y humanos de los pueblos indígenas. Hacemos un llamado a todas las autoridades involucradas para que cumplan con las órdenes de la sentencia y trabajen para restablecer plenamente los derechos de las comunidades Kwet Le’ Cxkwe – Piedra Pequeña y Kwet Wala – Piedra Grande en Pradera, Valle del Cauca.

Corporación Justicia y Dignidad

https://justiciaydignidad.org/

22 de julio de 2024

La piedra del parque Caldas y la piedra en el zapato para la gente de bien

«No hay respuestas únicas para nuestras realidades olvidadas. No existen soluciones claras y rápidas, simplemente no las hay. Aquí estoy, intentando sobrevivir, pero no puedo irme lejos, no alcanzo. Me dieron este refugio temporal, y desde aquí sigo pensando en el mundo allá en la periferia donde la Olla Comunitaria traza su camino contra el hambre. De algo estoy seguro: hay caminos, hay muchos caminos. Mientras haya caminos podemos seguir caminando. Personas como tú y yo estamos destinadas a seguir caminando, a seguir levantando la voz. Nunca dejaremos de caminar; caminamos la palabra para la memoria de la huella, caminamos en torno al fogón de la cocina, caminamos en el asentamiento, con las maricas, las víctimas, con las viudas y los huérfanos que dejó esta maldita guerra impuesta. Pero seguimos caminando y mientras haya camino y semillas, nuestra misión será caminar y sembrar.»

Eso dice Andrés Maíz, defensor de derechos humanos y líder social de Popayán y del Cauca, en el suroccidente de Colombia. Maíz enfrenta hoy una persecución atroz que busca su eliminación física y, sobre todo, política. Porque ciudades coloniales como Popayán y sociedades translesbohomofóbicas como la colombiana no soportan, ni desde la izquierda ni desde la derecha, que una persona de sexo-género diversa se enfrente al statu quo exigiendo dignidad para los más desfavorecidos, justicia para las víctimas y vida para seguir defendiendo la vida. Personas como Andrés Maíz se han convertido en una piedra en el zapato para la gente de bien en el departamento del Cauca.

Desde el año 2000, cuando denunció como periodista la venta de sustancias alucinógenas en la escuela de Puelenje, fue blanco constante de amenazas. El fiscal de turno, en su burocrática sabiduría, le dio un consejo: «Quédese en silencio». Pero Maíz hizo lo contrario, continuó su labor de denuncia.

En 2004, durante el paro estudiantil, su voz se hizo escuchar y fue víctima de señalamientos en medio de una asamblea universitaria. Dos años más tarde, después de una movilización, fue perseguido y sobrevivió a un atentado que quedó impune.

En 2013, su lucha en defensa de la plaza de mercado y su esfuerzo por preservar el patrimonio gastronómico y cultural de Popayán le valieron nuevas amenazas junto a otros líderes de la Cooperativa Mesalarga.

En 2018 fue señalado de insurgente cuando fungía como miembro gestor de la marcha de la comida, que es una apuesta política del proceso de liberación de la madre tierra en el norte del Cauca.

En septiembre de 2020, Andrés Maíz fue detenido bajo una orden de captura, acusado por homicidio en grado de tentativa contra el investigador del CTI de la Fiscalía, Diego Alejandro Quinayás, cuando el líder social se encontraba en una marcha exigiendo desde el movimiento de lxs sin techo la creación de un banco de tierras. Sin embargo, tras las audiencias preliminares, fue liberado debido a la falta de elementos probatorios.

En 2021, en medio de la represión estatal durante el paro nacional, el ministro de Defensa, Diego Molano, lo estigmatizó, ofreciendo una recompensa de 50 millones de pesos por su captura y acusándolo de pertenecer a las disidencias de las FARC y de ser responsable del incendio de la URI y los patios de tránsito en Popayán. Las amenazas se materializaron meses después en panfletos en los campamentos humanitarios de lxs Sin Techo, forzándolo al desplazamiento.

Al año siguiente, sufrió un intento de detención ilegal bajo una supuesta orden de captura, un hecho aún sin esclarecer. Las amenazas de muerte se intensificaron, llegando en forma de panfletos y mensajes de un grupo armado, persiguiendo su labor como defensor de derechos humanos, gestor cultural, cocinero e investigador de la memoria de sabores, saberes y haberes, vocero político del Movimiento Popular Comunitario Lxs Sin Techo y de la Colectiva Trans Marika Mariposas Negras.

En 2024, la policía advirtió sobre un posible atentado contra Andrés Maíz, información luego confirmada por la fiscalía. Tristemente, la amenaza se hizo evidente para su madre y su hija cuando hombres armados se apostaron frente a su casa, vigilando la entrada.

Desde la izquierda también acechan su liderazgo y el de las autoridades tradicionales del cabildo indígena de San José de Julumito, donde es comunero. En 2023, la junta directiva de Asoinca lo señaló en Radio Mil Cuarenta y redes sociales, mostrando su fotografía y acusándolo de contratar una oficina de cobro para atentar contra la directiva sindical. Esto marca solo el comienzo de otro capítulo de persecución y amenazas.

Pronto, panfletos del ELN en el corregimiento de Julumito lo declararon objetivo militar. Debido a esta amenaza, él y otras autoridades tradicionales han tenido que abandonar su hogar en Julumito por la incursión armada que pone en riesgo sus vidas. Los señalamientos de Asoinca, los panfletos del ELN y estas incursiones armadas buscan proteger los procesos de gentrificación rural que han desplazado a la población rural del municipio de Popayán.

¿Y por qué no mencionar que no se le permitió tomar posesión como concejal electo? Una simple advertencia de la Procuraduría bastó para que no se posesionara, sin que se agotara el debido proceso. No hubo decisión administrativa ni acciones legales que lo justificaran. A pesar de la voluntad de cerca de 1300 ciudadanos que lo eligieron concejal por el Pacto Histórico, su elección fue ignorada tanto por su partido como por las instancias electorales.

En este momento, Andrés Maíz lidera una campaña judicial para preservar el emblemático Parque Caldas como patrimonio biocultural de los habitantes de Popayán. Esta iniciativa busca revocar una recomendación de la Procuraduría, tras una solicitud del jurisconsulto Mario Cajas, reconocido abogado de la academia de jurisprudencia. En su solicitud, Cajas argumentó que la piedra del Parque Caldas sufre deterioro con las actividades culturales y artísticas que allí se realizan, dejando entrever una visión clasista que prioriza la conservación material del mobiliario sobre la vida comunitaria y popular de los habitantes de Popayán.

Para el jurista, según nuestra interpretación, la piedra se desgasta, cuando los chirimeros tocan su música, los skaters practican en sus patinetas, los bailarines de música andina danzan junto a la torre del reloj, cuando se celebran festivales gastronómicos y la gente disfruta de ellos, cuando los artesanos exhiben sus productos, o cuando el vendedor ambulante simplemente se gana su sustento en este lugar.

Este enfoque basado en la ciudad aséptica ignora por completo que el Parque Caldas ha sido históricamente un espacio de encuentro donde confluyen relaciones sociales, económicas, políticas, culturales y espirituales de la comarca, otrora primera plaza de mercado de la ciudad de Popayán.

En este contexto, Andrés Maíz enfrenta acusaciones infames, como la de supuestamente instigar desde la alcaldía, para que no se realice el Congreso Gastronómico en el Parque Caldas, pese a que no es funcionario ni contratista de la administración y, por el contrario, reclama por vía judicial su colectivo, comunitario y popular para la comunidad payanesa. A pesar de las calumnias, Andrés Maíz seguirá siendo la piedra en el zapato de la gente de bien de Popayán, perseverando porque mientras haya caminos y semillas, su misión será avanzar, resistir y defender los derechos y la vida de aquellos que luchan por su ciudad y su cultura.

Conflicto territorial del Pueblo Indígena de los Julumitos llega a la Corte Constitucional

El 24 de mayo de 2024, la Corte Constitucional de Colombia seleccionó un expediente de tutela que concierne al despojo de tierras sufrido por la comunidad indígena de San José de Julumito, asentada en zona rural de la ciudad de Popayán. Este paso marca un hito significativo para la comunidad, que ha librado una prolongada batalla legal por el reconocimiento de sus derechos territoriales a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. Se espera que el pronunciamiento judicial garantice por fin el restablecimiento de sus derechos territoriales y evite el exterminio del pueblo indígena de los Julumitos.

Simultáneamente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha dado curso a una solicitud de medida cautelar en favor de la comunidad, reconociendo la gravedad de la situación y los riesgos que enfrentan. La CIDH ha solicitado al Gobierno Colombiano información detallada sobre los procesos penales relacionados con el despojo de tierras, las amenazas y las agresiones sufridas por los lideres indígenas y las medidas de protección que se están adelantando a favor de la comunidad . Esta solicitud de protección abarca tanto el despojo perpetrado por ASOINCA-PROVITEC- Asociación de Institutores del Cauca y su empresa inmobiliaria- como los actos de violencia cometidos por grupos armados ilegales como el ELN, además de funcionarios de seguridad de la Unidad Nacional de Protección (UNP).

Desde 2015, la comunidad de San José de Julumito ha enfrentado múltiples actos de violencia y hostigamiento. Omar Edilberto Melo Bravo y Fernando Vargas quien fuera representante legal de ASOINCA-PROVITEC, engañaron a la comunidad permitiendo la ocupación del predio Limonar-Balcones con la falsa promesa de destinar el terreno para constituir el resguardo indígena de San José de Julumito. Sin embargo, en 2023, la empresa despojó definitivamente a la comunidad para construir casas de recreo para sus socios, sacrificando así los derechos territoriales de la comunidad indígena de San José de Julumito de manera injusta y violenta

La comunidad ha sido objeto de intimidación a través de señalamientos y acusaciones falsas. El ELN ha declarado objetivo militar a todos los miembros del cabildo indígena, así como a destacados líderes indígenas y civiles en la ciudad. Miembros de la Unidad Nacional de Protección (UNP) han realizado detenciones arbitrarias de líderes comunitarios, forzándolos a subir a vehículos de esquemas de protección y sometiéndolos a extensos interrogatorios. Además, se han hecho llamadas a lideresas del cabildo indígena ofreciéndoles dinero y propiedades dentro del predio Limonar-Balcones a cambio de que entreguen a los líderes indígenas de la comunidad y colaboren con la empresa ASOINCA-PROVITEC.

En abril y mayo de 2024, el gobernador indígena Pedro Ángel Casamachín sufrió incursiones armadas que lo obligaron a desplazarse. Además, miembros del cabildo y la abogada y periodista Sofía López, quien acompaña a la comunidad, hemos sido constantemente hostigados, seguidos y fotografiados en nuestras residencias por individuos en motocicletas sin placas y vehículos de empresas contratistas de la UNP. Estos incidentes han sido denunciados por la comunidad indígena en diversas instancias judiciales donde se conoce del caso.

La comunidad indígena exigió a ASOINCA-PROVITEC que detenga de inmediato cualquier acción de despojo y las actividades de construcción de casas de recreo en el predio Limonar-Balcones, en tanto la justicia resuelve el litigio territorial.  Asimismo, solicitó a la Unidad Nacional de Protección que lleve a cabo una investigación exhaustiva sobre los funcionarios de las empresas contratistas que están amenazando y hostigando a la comunidad y a la abogada Sofía López.  La comunidad también hizo un llamado a los docentes asociados al gremio empresarial de ASOINCA-PROVITEC para que cesen las prácticas racistas contra su pueblo y se abstengan de fomentar el despojo mediante la adquisición ilegal de los predios Limonar-Balcones.

La Comunidad Indígena de San José de Julumito invitó a la directiva sindical de ASOINCA a participar en un proceso de diálogo constructivo que permita encontrar soluciones conjuntas para la restitución de sus derechos territoriales.

La comunidad de San José de Julumito pertenece al pueblo Pubenense, una civilización que habitó el suroccidente de Colombia, que se caracterizó por su avanzada organización social, económica y política. A lo largo de los siglos, han enfrentado disputas por tierras con la Iglesia Católica y han luchado incansablemente por la reivindicación de su territorio ancestral. Desde 1924, han llevado a cabo batallas legales para obtener el reconocimiento de sus derechos territoriales, obteniendo recientemente un fallo favorable de la sala civil del Tribunal Superior de Popayán que ordenó la restitución de predios comunales reclamados por la Iglesia Católica.

Es inconcebible que hoy los encargados de la educación de niños y jóvenes en el departamento del Cauca estén inmersos en prácticas de despojo territorial y racismo. Esperamos que el pronunciamiento de la Corte Constitucional resuelva el conflicto territorial y evite el exterminio de los últimos Pubenenses que existen en la ciudad, así mismo que sea un precedente para erradicar practicas del racismo estructural en contra de nuestros pueblos indígenas.

 

El General (r) Iván Ramírez Quintero un monstruo de la doctrina de seguridad nacional

Iván Ramírez Quintero, de 81 años, nació en Roldanillo, Valle del Cauca. Ingresó al Ejército en 1963 en el Batallón de Ingenieros No. 5 Francisco José de Caldas y, aunque comenzó como Comandante de Pelotón en unidades de ingenieros, rápidamente se destacó en labores de inteligencia. Desde 1971 ocupó roles clave como Analista y Jefe de Sección en el Batallón Charry Solano, y posteriormente fue segundo Comandante y luego Comandante del mismo batallón hasta 1985. En 1985 asumió la comandancia del Comando Operativo de Inteligencia y Contrainteligencia, y en 1987 se integró a la Dirección de Inteligencia y Contrainteligencia del Ejército, siendo Comandante de la XI Brigada entre 1988 y 1989. En 1994 fue jefe de Sección II (Inteligencia) del Comando General de las Fuerzas Militares, y en 1995 Comandante de la 1ª División. Terminó su carrera como Inspector General del Ejército hasta 1998, con una comisión a Chile ese año.

En 1979 surgieron las primeras acusaciones en su contra, cuando cuatro miembros de Inteligencia Militar lo señalaron como uno de los creadores de la Triple A y coordinador de algunos de sus atentados dinamiteros. También fue responsabilizado por su papel en la operación de retoma del Palacio de Justicia en 1985, cuando era la máxima autoridad del Batallón Charry Solano, y por los delitos cometidos por esta unidad durante su comandancia.

Ramírez fue condenado por el delito de desaparición forzada, ocurrido durante la toma del Palacio de Justicia los días 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando la guerrilla del M-19 se apoderó del edificio. También se le señaló, en declaraciones ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), de haber ordenado la desaparición forzada y el homicidio de varios líderes de izquierda en las décadas de los 80 y 90.

En mayo de 2023, el gobierno de Estados Unidos le retiró la visa a Ramírez, argumentando que había cometido «graves violaciones a los derechos humanos». Esta acción reflejaba el creciente escrutinio internacional sobre sus actividades y decisiones durante su carrera militar.

Iván Ramírez Quintero es un fiel ejecutor de la doctrina de seguridad nacional en Colombia. Su alianza con el empresariado criminal y el paramilitarismo fue clave en la aplicación estricta política del enemigo interno, de la estrategia contra insurgente y la guerra de baja intensidad. Siendo uno de los ejes fundamentales para la planeación y ejecución de la política de persecución y eliminación implementada contra los sectores de izquierda en Colombia.

Recientemente, la Sala Plena del Tribunal Superior de Bogotá lo condenó en segunda instancia a 31 años de prisión por la desaparición forzada durante la toma del Palacio de Justicia. Esta condena se emitió tras resolver el recurso de apelación presentado por la Fiscalía General de la Nación y los representantes de las víctimas, en contra del fallo del 15 de diciembre de 2011, por el Juzgado 51 Penal del Circuito de Bogotá, que había absuelto a Ramírez Quintero por duda probatoria.

De acuerdo con la Sala Plena, existían pruebas suficientes tanto testimoniales como documentales para condenar al general (r) Iván Ramírez Quintero por la desaparición de Irma Franco, miembro del M-19. En el mismo caso, el coronel (r) Fernando Blanco Gómez también fue condenado. El fallo señala: “Está debidamente demostrada la ocurrencia y materialidad de la conducta desplegada por los procesados, junto con otros militares, para acometer, como lo hicieron, contra la libertad individual de la guerrillera Irma Franco Pineda, por lo que, siendo típica, objetiva y subjetivamente, la conducta, además de antijurídica y culpable, deben responder penalmente por ella”.

Recientemente el sargento José Leonairo Dorado Córdoba confesó ante la JEP su participación en crímenes durante los años noventa como miembro del Batallón de Contrainteligencia 1 y el Batallón de Inteligencia Charry Solano. Sus declaraciones implican al general (r) Iván Ramírez Quintero y otros altos oficiales del Ejército en el asesinato de líderes de izquierda, torturas, seguimientos y planes de asesinato, incluyendo al actual presidente Gustavo Petro. Dorado confesó que estos seguimientos buscaban eliminar a los líderes izquierdistas, como en el fallido intento de asesinato de Antonio Navarro.

Dorado relató su vinculación con el Ejército en 1984, comenzando una carrera criminal que incluyó seguimientos a políticos como Gustavo Petro, Antonio Navarro, Álvaro Leyva y Aida Avella, con reportes directos al general Ivan Ramírez Quintero. Según Dorado, la Brigada XX, bajo el mando de Ramírez, estaba alineada con grupos paramilitares.

Entre los crímenes más destacados confesados por Dorado y que involucran a Ivan Ramirez Quintero se incluyen:

  • Manuel Cepeda Vargas (1994): Asesinato del senador de la Unión Patriótica, ordenado por generales como Harold Bedoya y Martín Carreño, con el grupo de sicarios dirigido por el mayor César Corredor.
  • Eduardo Umaña Mendoza (1998): Abogado de derechos humanos asesinado tras meses de seguimiento ordenado por Ramírez Quintero.
  • Guillermo Marín (1986): Exmilitante del M-19 secuestrado y torturado por sargentos Garzón y Medina, sobrevivió al ataque.
  • José Cuesta Novoa (1988): Concejal de Bogotá sometido a torturas por orden del general Ramírez.
  • Amparo Tordecilla (1989): Integrante del EPL secuestrada y asesinada en un intento de sabotear acuerdos de paz.
  • Nydia Érika Bautista (1987): Exmilitante del M-19 secuestrada, victima de violencia sexual y torturada hasta la muerte, con órdenes de altos mandos militares.
  • Alirio Pedraza (1990): Abogado de derechos humanos secuestrado y asesinado, sus restos enterrados clandestinamente.
  • José Miller Chacón (1993): Asesinato del exintegrante de la Unión Patriótica, seguido y ultimado por sicarios de la Brigada XX.
  • Pedro Movilla (1993): Líder del Partido Comunista secuestrado, torturado y asesinado.

Dorado detalló la estructura criminal dentro del Ejército, dirigida por Ramírez Quintero y apoyada por otros altos oficiales, con operaciones lideradas por una Compañía de Operaciones Especiales.

Desde 1977 hasta finales de 1998, los organismos de inteligencia del Ejército Nacional utilizaron todos los recursos disponibles para perseguir a personas vinculadas a movimientos políticos de izquierda. Esta persecución siguió un patrón común: primero, se controlaba y vigilaba a estas personas, investigando su vida personal, horarios, hábitos, residencia, trabajo, y círculos sociales, a menudo mediante infiltración. Luego, miembros de las unidades de inteligencia del ejército, vestidos de civil o con uniforme, procedían al secuestro y/o privación ilegal de la libertad de estas personas.

Las víctimas eran llevadas a instalaciones de las Fuerzas Militares o a lugares clandestinos, normalmente utilizando vehículos particulares registrados bajo unidades militares. No se presentaban órdenes de captura autorizadas por jueces ni se informaba a los familiares sobre el paradero de las víctimas. En estos lugares, las víctimas eran sometidas a torturas y tratos inhumanos para obtener información sobre grupos insurgentes o para que señalaran a otras personas. La mayoría de estos casos culminaron en desapariciones forzadas.

Estas revelaciones ponen de manifiesto la urgente necesidad de que el Estado colombiano revise y transforme su doctrina militar. La actual doctrina de seguridad nacional, basada en la noción del «enemigo interno» , guerra de baja intensidad y la estrategia contra insurgente, ha propiciado un entorno donde violaciones de derechos humanos y crímenes atroces pueden cometerse con impunidad. Es imperativo que se adopten nuevas políticas y enfoques que prioricen la protección de los derechos humanos y la dignidad de todos los ciudadanos. Solo así se podrá garantizar que la institución castrense no vuelva a producir individuos capaces de cometer tales monstruosidades.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad

La lucha de los últimos Pubenenses contra el exterminio

La comunidad indígena de San José de Julumito sigue enfrentando un proceso discriminación y de despojo. Recientemente, durante un procedimiento de clarificación de resguardo realizado por la Agencia Nacional de Tierras en los terrenos pertenecientes al cabildo indígena, que incluyen la escuela, la cancha, el cementerio y el puesto de salud, tanto funcionarios gubernamentales como miembros de la comunidad fueron objeto de maltrato e insultos racistas. Se repitió constantemente la denigrante frase de que «esos indios quieren todo regalado». Es importante resaltar que la sala civil del Tribunal Superior de Popayán en proceso de declarativo de pertenencia presentando por la Iglesia Católica, decidió que esos predios por su carácter ancestral son de la Comunidad Indígena de San José de Julumito.

Esta situación se deriva de un contexto más amplio de violencia y segregación racial en el corregimiento de Julumito, zona rural de Popayán. Desde que la empresa Asoinca-Provitec se apoderó de los terrenos de Hispala y Limonar-Balcones, las agresiones contra los indígenas locales han aumentado. La presencia de esta empresa ha agudizado los conflictos territoriales y ha generado un clima de hostilidad hacia la comunidad indígena.

La gentrificación rural impulsada por Asoinca-Provitec en el corregimiento de Julumito y otras zonas rurales de Popayán ha sido especialmente perjudicial, exacerbando las tensiones en la región. La gentrificación rural visibiliza los procesos de transformación en la tenencia de la tierra en espacios rurales que pasan de estratos bajos a medios y altos, llevando a la transformación de su composición social, es decir un proceso de exterminio de población campesina e indígena en dichos territorios, por tanto, la no producción de alimentos para abastecer la ciudad.

Además, la presencia de grupos armados ha agravado la situación, amenazando y hostigando a los líderes del cabildo indígena. Desde el 2023, se han registrado amenazas por parte del ELN mediante panfletos contra los líderes indígenas, y en los meses de abril y mayo de 2024, se han producido incursiones armadas que han obligado al desplazamiento forzado de las autoridades tradicionales de la comunidad.

Pero para el común de la gente, incluido los afiliados de Asoinca-provitec— docentes agremiados encargados de la educación de Popayán— los indígenas del Cabildo de San José de Julumito son unos“indios invasores y quieren todo regalado”, desconociendo que esos predios de los que se han apropiado,  son ancestrales y llevan consigo la memoria indígena Pubenense de la ciudad de Popayán.

La comunidad de San José de Julumito, situada a 7 km del municipio de Popayán en el noroccidente de la cabecera municipal, es un asentamiento modesto con aproximadamente 150 habitantes de ascendencia julumiteña, según la antropóloga y exgobernadora indígena Lourdes González, con una presencia significativa de otras etnias relacionadas por parentesco.

El proceso de poblamiento especial ha sido una constante a lo largo de los años, remontándose a la llegada de los ibéricos. Según Carlos Vergara Cerón, los antepasados Pubenenses arribaron a las costas caucanas utilizando las mismas vías de acceso que hoy existen, especialmente marítimas. Los Pubenenses, de origen polinésico según Vergara, se distinguían por sus rasgos finos, proporciones agradables y la ausencia de rituales caníbales, además de su preocupación por la estética. Aunque preferían los climas fríos, se destacaban como músicos, legado que perdura en las chirimías, populares en la región. Antes de la guerra, se pintaban con achiote, una práctica aún presente en su gastronomía.

Este autor menciona la existencia del cacique Julumito, cuyo territorio abarcaba gran parte de la meseta, con límites delineados por los ríos que hoy bordean Popayán: Cauca, Ejido y Molino: “A demás se habla de la existencia del locuaz aborigen Julumito, con sus fantásticos relatos en Latacunga sobre las bellas condiciones de la planicie de Pubenense, este convenció a Belalcázar para ordenar la expedición de sus capitanes inmediatamente, obrando en ellos con tanta precipitud, debido a los encantadores paisajes que les pintaba con calor el sonreído indio, que extremeño, no alcanzo a solicitar el permiso de su jefe, el capitán Francisco Pizarro”

El archivo histórico del Cauca alberga documentos de encomiendas del Pueblo de Julumito desde el siglo XVII, indicando que formaban parte del gran pueblo Pubenense en la planicie de Popayán. Los Julumitos estaban sujetos al pago de impuestos a la corona española mediante la encomienda, como lo confirman censos y correspondencia oficial de la época. Esta información fue suministrada por la Agencia Nacional de Tierras, la Gobernación del Cauca y el Ministerio del Interior a la Comunidad. Quienes han reconocido que existe una territorio ancestral del pueblo de los Julumitos.

En 1920, el concejo municipal reconoció el padrón de familias indígenas en Julumito, contabilizando 90 familias. Desde 1924, el Cabildo Indígena de Julumito, liderado por Marcelino Medina, emprendió acciones legales para el reconocimiento de tierras comunitarias, enfrentando la oposición de la Arquidiócesis de Popayán, que reclamaba propiedad sobre los terrenos.

En 1926, se adjudicaron las tierras al Cabildo de San José de Julumito en usufructo para la Iglesia Católica, aunque la comunidad indígena conservaba la propiedad. A lo largo de los años, surgieron disputas sobre la propiedad de las tierras, lo que llevó al cabildo indígena a parcelarlas equitativamente entre los comuneros indígenas para preservarlas. Es decir por la presión de la iglesia católica, la comunidad indígena se disolvió mediante la parcelación de su territorio.

La población del Resguardo de San José de Julumito se identifica como descendientes de los Pubenenses. A pesar de la segregación racial, buscan afirmar su identidad como descendientes de los Julumitos, basándose en su ubicación geográfica, apellidos históricos y tradiciones. Las primeras familias portaban apellidos como Chamizo, Trujillo, Angucho, Guasca, Yacumal y Luligo.

En su resistencia contra la segregación y el exterminio, la comunidad se aferra a su historia como pueblo de los Julumitos y lucha por el restablecimiento de sus derechos territoriales.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

 

Las no tan visibles prácticas genocidas

Por: Sofía López, abogada defensora de derechos humanos y periodista de la Corporación Justicia y Dignidad.

 

El genocidio es uno de los crímenes más graves según el derecho internacional y consiste en cometer actos orientados a destruir total o parcialmente un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Los genocidios tienen las siguientes características:

 

  • Intención deliberada de destrucción de un grupo: En un genocidio, hay una intención clara y deliberada de destruir al grupo en cuestión. Esto puede manifestarse en masacres, deportaciones forzadas, esterilización forzada, entre otros métodos.
  • Un grupo como víctima: El genocidio se dirige a un grupo específico en función de su raza, etnia, religión u origen nacional. El objetivo es eliminar a este grupo o una parte significativa de él.
  • Sistemático y generalizado: Los actos de genocidio son sistemáticos, generalizados y planificados. No son eventos aislados, sino que siguen un patrón y a menudo están respaldados por políticas estatales o grupos armados.
  • Violencia extrema: Los actos de violencia en un genocidio son extremadamente letales y pueden incluir asesinatos en masa, tortura, violencia sexual y otros métodos diseñados para causar un daño máximo al grupo objetivo.
  • Negación y ocultamiento: A menudo, los perpetradores de un genocidio intentan negar su responsabilidad o encubrir los hechos, lo que dificulta una pronta justicia.
  • Hechos de gran impacto histórico: Los genocidios tienen un impacto duradero en las comunidades afectadas y en la historia de un país o región. Pueden dejar cicatrices profundas en la memoria colectiva.
  • Reacción internacional: Los genocidios a menudo generan respuestas de la comunidad internacional, como investigaciones, tribunales penales internacionales y esfuerzos humanitarios para prevenir más violencia.

La normatividad internacional que aborda el genocidio incluye principalmente la «Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio» adoptada por las Naciones Unidas en 1948. Esta convención es el tratado principal que define y prohíbe el genocidio a nivel internacional. Esta convención señala elementos esenciales para determinar la existencia de un genocidio, prohíbe el genocidio y establece la obligación de los Estados de prevenir y sancionar este delito. También establece la jurisdicción universal, lo que significa que los Estados tienen la responsabilidad de perseguir y sancionar a los perpetradores de genocidio, sin importar dónde ocurra. La Convención también abrió la puerta para la creación de tribunales internacionales que pueden juzgar a individuos acusados de genocidio. Por ejemplo, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) y el Tribunal Penal Internacional para Rwanda (TPIR) se establecieron en virtud de esta Convención.

El Estatuto de Roma que da origen a la Corte Penal Internacional (CPI), incluye disposiciones que abordan el genocidio y permiten el enjuiciamiento de individuos por este delito. La Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, así como la Convención sobre la Prevención y la Sanción del Delito de Apartheid, también prohíben actos relacionados con el genocidio.

Algunos genocidios son más reconocidos y documentados en la historia, entre ellos están:

  • Holocausto (1941-1945): Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi liderado por Adolf Hitler llevó a cabo el Holocausto, en el que asesinaron a aproximadamente 6 millones de judíos, además de perseguir y matar a otros grupos, como los gitanos, socialistas, militantes de izquierda y los discapacitados.
  • Genocidio en Ruanda (1994): En un período de aproximadamente 100 días, grupos extremistas hutus asesinaron a cerca de 800,000 tutsis y hutus moderados en Ruanda. Este genocidio fue marcado por una violencia extrema y la falta de respuesta efectiva de la comunidad internacional.
  • Genocidio Armenio (1915-1923): Durante la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano llevó a cabo un genocidio contra la población armenia, en el que murieron alrededor de 1.5 millones de armenios.
  • Genocidio en Bosnia (1992-1995): Durante el conflicto en la antigua Yugoslavia, se llevaron a cabo actos de genocidio en Bosnia, incluyendo la masacre de Srebrenica en la que murieron alrededor de 8,000 bosnios musulmanes.
  • Genocidio de Herero y Nama (1904-1908): En lo que hoy es Namibia, el Imperio Alemán llevó a cabo un genocidio contra las poblaciones Herero y Nama, matando a decenas de miles de personas.
  • Genocidio en Darfur (2003-presente): La región de Darfur en Sudán ha sido testigo de un conflicto prolongado en el que se han cometido actos de genocidio contra poblaciones no árabes por parte de milicias apoyadas por el gobierno sudanés.

Y nosotros por supuesto como colombianos fuimos testigos de un genocidio, el de la Unión Patriotica, en donde se cometieron “cerca de 6.000 crímenes contra militantes de la UP, entre los cuales más de 3.000 fueron asesinatos y más de 500 desapariciones forzadas, no fueron acciones aisladas. Fue “un plan de exterminio sistemático de los militantes e integrantes de la UP llevado a cabo por actores estatales y/o terceros con la tolerancia o aquiescencia del Estado” Así lo determino La Corte Interamericana de Derechos Humanos en su sentencia. Por razones técnicas no fue definido como genocidio, pero si como un delito de Lesa Humanidad igualmente grave.

Hoy, los medios tradicionales de comunicación acusan al presidente Gustavo Petro de antisemitismo por hacer un llamado a la Paz en el conflicto Arabe-Israelí, y denunciar al mundo los padecimientos del pueblo Palestino en el marco de un proceso genocida. El conflicto entre Palestina e Israel es un conflicto que involucra cuestiones territoriales, políticas y religiosas. Las raíces del conflicto se remontan a la creación del Estado de Israel en 1948, que llevó a la expulsión y el desplazamiento forzado de Palestinos. Los principales asuntos sobre este conflicto incluyen la disputa sobre Jerusalén, los territorios ocupados por los colonos, la configuración del genocidio de los Palestinos y la invisibilización del mismo anteponiendo en los grandes medios de comunicación el derecho a la seguridad de Israel.

Llama la atención que en Israel los judíos ortodoxos se están desvinculando de sus autoridades estatales acusándolas de sionismo, para ellos, lo que hacen los sionistas en contra del pueblo Palestino va entra de la Torá y la religión judía. Durante esta semana la policía ha allanado sinagogas y residencias, así mismo ha capturado a judíos anti-sionistas, se tiene información de que cerca de 1000 judíos anti-sionistas se encuentran privados de su libertad en cárceles de Israel por oponerse a la ocupación de los territorios Palestinos.

Mientras escribo este articulo se denuncia en redes sociales y no en medios tradicionales de comunicación:

-Masacre de periodistas de Reuters y Al Jazeera por el bombardeo de Israel en el sur de Líbano,

-Asesinato del periodista y artista palestino Ali Nassman en la Franja de Gaza,

– Masacre de 25 palestinos en la zona de Bei Lahia ,

– Bombardeo de Israel en contra de varios automotores en donde se desplazaban Palestinos del norte de la Franja de Gaza a quienes el mismo ejército israelí les había ordenado evacuar. En este acto terrorista 40 palestinos fueron asesinados y 150 resultaron heridos.

El gobierno de Israel ha superado su propio récord, en tan solo tres días ha asesinado a cerca de 447 bebes, niñas y niños Palestinos. En contraste el exministro de defensa Diego Molano bendice al Estado de Israel en las redes sociales, Molano, el mismo que ordenó el bombardeo de campamentos guerrilleros a sabiendas de que se encontraban niños reclutados a quienes señaló de máquinas de guerra y quien ordenó asesinar y mutilar a los jóvenes manifestantes del paro nacional.

Debe juzgar el lector si estamos frente a prácticas genocidas, porque la justicia internacional no lo hará, tampoco en lo atinente la justicia colombiana.

 

Las acusaciones que siguen persiguiendo a Álvaro Uribe Vélez.

Por: Sofía López Mera, Abogada Defensora de Derechos Humanos y Periodista de la Corporación Justicia y Dignidad.

En sesiones reservadas ante la Justicia Especial para la Paz -JEP-, el comandante paramilitar Salvatore Mancuso vinculó al expresidente Álvaro Uribe Vélez en las masacres de El Aro y La Granja, así como en el asesinato del defensor de derechos humanos, Jesús María Valle Jaramillo. En pronunciamientos judiciales anteriores a dichos testimonios se viene vinculando a Álvaro Uribe Vélez en la comisión de estos crímenes de Lesa Humanidad.

Las masacres de La Granja, El Aro y el homicidio del abogado Jesús María Valle Jaramillo son graves violaciones a los derechos humanos, con carácter sistemático y generalizado, que, leídas en un mismo contexto, implican, de forma activa al entonces Gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez.

El 11 de junio de 1996, cerca de 30 integrantes de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), comandadas por los hermanos Castaño Gil y Salvatore Mancuso, incursionaron en el corregimiento de La Granja, en Ituango, Antioquia. Los paramilitares recorrieron el casco urbano, ordenaron cerrar todos los establecimientos de comercio, amenazaron a los pobladores, torturaron y asesinaron a cuatro campesinos en frente de sus vecinos y familiares.

Una vez consumada la incursión en La Granja, miembros de la sociedad civil del municipio de Ituango, entre ellos el abogado y defensor de Derechos Humanos, Jesús María Valle Jaramillo, elevó comunicaciones a las autoridades departamentales informándoles sobre la presencia paramilitar en la región. El 20 de noviembre de 1996 se comunicó con el entonces Gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez y con el Defensor Regional del Pueblo con el fin de solicitar protección para la población de Ituango.

Desde el 22 hasta el 31 de octubre de 1997, un grupo de aproximadamente 150 paramilitares de las ACCU bajo el mando de Isaías Montes Hernández, alias “Yunior” y respaldados con un anillo de seguridad del Bloque Mineros del Bajo Cauca, comenzaron una serie de asesinatos desde los corregimientos de Puerto Valdivia hasta El Aro, en Ituango, Antioquia. Con lista en mano acusaron a pobladores de ser colaboradores de los grupos guerrilleros, posteriormente asesinaron y torturaron a 12 personas, desplazaron a otras 1472 personas, quemaron 42 de las 60 casas del pueblo, hurtaron 1200 reses y secuestraron a quienes les ayudaron a llevarlas.

Estos hechos fueron alertados por el abogado José María Valle Jaramillo y no fueron bien recibidos por Álvaro Uribe Vélez y el Comandante de la Cuarta Brigada, Carlos Alberto Ospina. El primero de estos acusó al defensor de derechos humanos de “animadversión contra la fuerza pública”; por su parte, el comandante de la Cuarta Brigada negó la existencia de paramilitares en Ituango.

 

Días antes del asesinato de José María Valle Jaramillo, este había acudido ante la Fiscalía Regional de Medellín para denunciar la existencia de un grupo paramilitar en Ituango. En esta ocasión dijo: “Yo siempre vi y así lo reflexioné que había como un acuerdo tácito o como un ostensible comportamiento omisivo, hábilmente urdido entre el comandante de la Cuarta Brigada, el comandante de la Policía de Antioquia, el doctor Álvaro Uribe Vélez, el doctor Pedro Juan Moreno y Carlos Castaño. Todo el poder de los grupos de autodefensa se ha consolidado por el apoyo que ese grupo ha tenido con personas vinculadas al Gobierno”. El 27 de febrero de 1998, integrantes de la banda de sicarios “La Terraza” irrumpieron en la oficina de Jesús María Valle Jaramillo y lo asesinaron.

El 1 de julio de 2006, mediante la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos se condenó al Estado colombiano por las masacres y desplazamientos forzados cometidos en los corregimientos de El Aro y La Granja, en Ituango, en 1996 y 1997; y en sentencia de 27 de noviembre de 2008 la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por el asesinato del defensor de Derechos Humanos, Jesús María Valle Jaramillo.

En septiembre de 2013, la sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín, ordenó remitir a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes las versiones de por lo menos 30 paramilitares para que con base en ellas se investigue a Álvaro Uribe Vélez por haber promovido el paramilitarismo. El nombre de Uribe también aparece en el proceso por la masacres de La Granja, El Aro y el asesinato del abogado José María Valle Jaramillo.

El 31 de mayo de 2018, la Corte Suprema de Justicia decidió declarar crímenes de Lesa Humanidad las masacres del Aro y La Granja, así como el crimen del defensor de Derechos Humanos Jesús María Valle Jaramillo, en el marco de una indagación preliminar adelantada por esta alta corte en contra de Álvaro Uribe Vélez. En estos procesos existen varios testimonios de excomandantes paramilitares como los de Diego Fernando Murillo, alias don Berna y Daniel Rendón, alias Don Mario.

Durante el mes de noviembre de este año y en calidad de testigo ante la JEP, Mancuso manifestó tener información que involucraba a Uribe en el asesinato del defensor de derechos humanos, Jesús María Valle Jaramillo: “Está vinculado (Uribe) a una reunión donde estuvo Carlos Castaño con el secretario de Gobierno de Uribe, Pedro Juan Moreno (…) Pedro Juan pidió básicamente que se ejecutara esta acción porque el defensor de derechos humanos estaba atacando de manera frontal tanto a Uribe como a él, y al general Carlos Alberto Ospina” (…) El asesinato de Valle se planeó en la finca Hojaragüai, que en las filas de los paramilitares era conocida como La Siete. Allí se reunieron Carlos Castaño y Pedro Juan Moreno, quien fue secretario de Gobierno del departamento durante el mandato de Uribe (…)Pedro Juan llega justamente de parte de Uribe y de los generales que le estoy contando, justamente porque los estaba atacando directamente a ellos, incluso los había denunciado judicial y públicamente”, dijo Mancuso.

Mancuso también señaló que fue el mismo Pedro Juan Moreno, quien traía las orientaciones del expresidente Uribe a los paramilitares: (…) “La Granja y El Aro, eso fue un pedido directamente también desde el gobernador Uribe a través de Pedro Juan Moreno, que es el que trae esta reunión, a esa asistimos Carlos, estuve yo, estuvo Rodrigo Doble Cero, estuvo no sé si Monoleche, en esa estuvieron varias personas, estuvo Nicolás Bergonzoli, varias personas estuvieron”.

En la mañana de este lunes 27 de noviembre, Álvaro Uribe Vélez llegó junto a sus abogados al búnker de la Fiscalía a rendir su versión libre en medio de la indagación que se sigue por la masacre de El Aro, ocurrida en octubre de 1997, así como por el homicidio del defensor de Derechos Humanos, Jesús María Valle Jaramillo, perpetrado en febrero de 1998.

La diligencia se realizó por solicitud de Álvaro Uribe Vélez, quien pidió formalmente ser escuchado en este proceso, tras las declaraciones ante la JEP del exjefe paramilitar, Salvatore Mancuso, en las que señaló que tenía una presunta responsabilidad en estos hechos.

El abogado Miguel Ángel del Rio en calidad de Representante de las víctimas afirmó: “Esto es más de lo mismo, el mismo show de la Fiscalía General de la Nación. Nosotros no confiamos en este despacho porque, valga la pena decir, quien maneja esta investigación es Javier Cárdenas, el fiscal tercero delegado ante la Corte. El fiscal Cárdenas solicitó la preclusión de la investigación por Álvaro Uribe Vélez con elementos únicamente relevantes que tiene esa investigación”.

Con el paso del tiempo el viejo adagio popular cobra vigencia: “Si no lo juzga la justicia de los hombres, que lo juzgue la historia”.

De la Asamblea Nacional Constituyente y otras Herejías

La teoría de la evolución de Charles Darwin fue considerada una herejía en su época porque hizo frente a las creencias religiosas y científicas predominantes sobre el origen de las especies. Hoy en día esta teoría es ampliamente aceptada como uno de los pilares fundamentales de la biología y ha inspirado avances significativos en nuestro entendimiento del mundo natural.

La música de compositores como Ludwig Van Beethoven y Richard Wagner desafió las convenciones musicales de sus tiempos, siendo considerada una herejía en algunos círculos. Beethoven, con sus innovadoras sinfonías y su música de cámara, amplió los límites de la música clásica, desafiando las expectativas de la época. Wagner, con sus óperas épicas y su concepto de «Gesamtkunstwerk» (obra de arte total), introdujo nuevas formas de expresión musical y teatral que influyeron en generaciones posteriores de compositores y directores, aunque también enfrentó críticas y controversias por sus ideas innovadoras.

El existencialismo, especialmente representado por filósofos como Jean-Paul Sartre y Friedrich Nietzsche, desafió las ideas tradicionales sobre el significado de la vida, la moralidad y la existencia humana. Aunque sus ideas fueron consideradas herejías en su momento, hoy son profundas reflexiones sobre la condición humana y la libertad individual.

Montealegre Lynett, refiriéndose a su propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente vía decreto legislativo, indicó: «Esto no es una ruptura constitucional, es una herejía constitucional«. En los últimos días, se ha generado un debate político debido a las declaraciones del ex Canciller Álvaro Leyva, quien afirmó que el presidente podría convocar una Asamblea Constituyente por decreto, en el marco del Acuerdo de Paz con las FARC. Esta idea ha sido respaldada por el presidente Gustavo Petro y es avalada por el ex fiscal general, Eduardo Montealegre, en su calidad de académico.

Montealegre sostuvo que el presidente podría convocar a una Asamblea Nacional Constituyente a través de un decreto autónomo, es decir, un decreto con fuerza de ley. Según él, esta facultad deriva de los Acuerdos de Paz de La Habana, que son considerados un tratado internacional de obligatorio cumplimiento.

Sin embargo, Montealegre señaló que «En estos casos no se requiere ir al Congreso, el presidente de la República en desarrollo directo de ese tratado de paz, puede expedir un decreto que se llama reglamento constitucional autónomo que tiene fuerza de ley, que equivale a la ley donde convoque la Asamblea». La legalidad del decreto presidencial estaría sujeta a la revisión de la Corte Constitucional, y eventualmente serían los colombianos quienes se pronunciarían en las urnas.

Lo cierto es que el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) buscaron dar estabilidad y seguridad jurídica al Acuerdo de Paz suscrito en 2016 mediante su internacionalización normativa. Este acuerdo fue firmado como un Acuerdo Especial conforme al derecho internacional humanitario y anexado a una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, vinculada a una declaración unilateral del Estado colombiano ante la organización.

Esta estrategia de internacionalización permitió identificar el estatus legal del Acuerdo y sus consecuencias tanto a nivel interno como internacional. Nos encontramos ante un documento jurídico de carácter internacional, abarcando derechos humanos y derecho internacional humanitario.

Siendo un instrumento jurídico internacional, el Acuerdo de Paz se incorporó a la constitución política colombiana a través del bloque de constitucionalidad, conforme al artículo 93 de la Constitución. Este artículo establece la integración de tratados internacionales de derechos humanos en el ordenamiento jurídico nacional.

En la página 8, párrafo 2 del Acuerdo de Paz en el instrumento jurídico internacional, se establece: «Por lo anterior, el Gobierno de Colombia y las FARC-EP, con el ánimo de consolidar aún más las bases sobre las que edificará la paz y la reconciliación nacional, una vez realizado el procedimiento de refrendación, convocarán a todos los partidos, movimientos políticos y sociales, y a todas las fuerzas vivas del país a concertar un gran ACUERDO POLÍTICO NACIONAL encaminado a definir las reformas y ajustes institucionales necesarios para atender los retos que la paz demande, poniendo en marcha un nuevo marco de convivencia política y social.»

Este, es entonces un mandato constitucional, a través del bloque de constitucionalidad, que abre el camino para la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Según Montealegre Lynett, esta convocatoria puede realizarse por vía de decreto con fuerza de ley, cumpliendo así con un tratado internacional. Por lo tanto, la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente tiene una base legal sólida y representa un paso necesario y urgente para la implementación de las reformas necesarias para consolidar la paz y la reconciliación en Colombia.

Al final, solo podemos afirmar que, de ser posible la expedición del decreto con fuerza de ley, la Corte Constitucional, muy alineada a las estrategias de golpe de estado judicial, cerrará la posibilidad de la Asamblea Constituyente. Sin duda alguna, la rama judicial colombiana es una férrea opositora del Gobierno de Gustavo Petro. No es una herejía, es una utopía constitucional, soñar con que, por fin, los cambios que necesita este país se materialicen con la tan anhelada Asamblea Nacional Constituyente.

Por: Sofía López Mera, Abogada, Periodista y Defensora de Derechos Humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

La Tercera Intifada

Por: Sofía López, Abogada Defensora de Derechos Humanos y Periodista de la Corporación Justicia y Dignidad.

Una intifada es un levantamiento popular contra una fuerza ocupante o gobierno opresor. La palabra «intifada» tiene su origen en el árabe y se traduce como «levantamiento» o «agitación». Proviene de la raíz árabe «nafada», que significa «sacudir» o «despertar».

Desde los años ochenta, el término «intifada» se refiere a una serie de levantamientos Palestinos contra la ocupación israelí. La primera intifada Palestina comenzó en diciembre de 1987 y fue un levantamiento popular en los territorios ocupados por Israel, específicamente en la Franja de Gaza y Cisjordania. Las protestas y disturbios se fueron convirtiendo en una expresión de descontento contra la ocupación israelí, su objetivo era la autodeterminación del pueblo Palestino y formar un Estado propio. El levantamiento lo lideraron Fatáh —Las siglas invertidas del Movimiento Nacional de Liberación Palestino que significan “victoria”—, el Frente Popular para la Liberación de Palestina y el Partido Popular Palestino, tres partidos que conforman la Organización para la Liberación Palestina (OLP), y tuvo un carácter eminentemente pacífico. La resistencia y la sociedad civil se inclinaron por el boicot económico, el no pago de impuestos y por desobedecer a la autoridad israelí.

En 1988, el entonces líder de la OLP, Yasir Arafat, declaró la existencia del Estado de Palestina a la par que reconoció al de Israel, con lo que admitía la coexistencia de un Estado árabe y otro judío que propuso la ONU en 1947.

Esto no gustó a la organización “Hamás”, que no quería ceder ante Israel y se declaró como partido rival de la OLP. Es importante recordar que miembros del Gobierno israelí, han reconocido su participación en la creación del grupo fundamentalista Hamás. En marzo de 1981, el general israelí Yitzhak Segev, gobernador de Gaza para ese entonces, reconoció en una entrevista con “The New York Times”: que Israel participó activamente en la creación, financiación y expansión de Hamas. El objetivo era crear una fuerza que hiciera de muro de contención a la OLP de Yasir Arafat.

La intifada culminó en 1993 con la firma de los acuerdos de Oslo entre la OLP y el Gobierno israelí. En estos acuerdos la OLP reconoció el derecho de Israel a existir con seguridad, mientras Israel declaró que la OLP es el órgano representativo del pueblo Palestino. El convenio establecía la retirada israelí de Gaza y Jericó, el reconocimiento de la autonomía Palestina en forma de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

La primera intifada dejó 1.200 Palestinos asesinados por el ataque de Israel, consolidó el movimiento de resistencia, organizó a la sociedad civil Palestina y se ganó el apoyo de la opinión pública internacional, que percibió a Israel como un Estado que oprimía a un pueblo que se defendía con piedras.

La Intifada del año 2000, también conocida como la «Segunda Intifada» o la «Intifada Al-Aqsa», comenzó en septiembre y se generó por el viaje del líder israelí Ariel Sharon al Monte del Templo en Jerusalén, en la mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más sagrado del islam. Esto fue visto como una grave provocación para los Palestinos, en rechazo, los jóvenes Palestinos iniciaron la segunda intifada. Esta intifada terminó oficialmente el 24 de febrero de 2005, dejando más de 5000 Palestinos asesinados. Además, la victoria de Israel significó el aislamiento definitivo de la Franja de Gaza.

 

Entre septiembre del año 2000, cuando estalló la Segunda Intifada, y el 6 de octubre de 2023, víspera del ataque de Hamás — durante aproximadamente 23 años—, cerca de 10.672 Palestinos fueron asesinados en el marco del exterminio sionista del Estado de Israel. Esta cifra ha sido superada en poco más de un mes de acciones militares de Israel en contra del pueblo Palestino. Los datos de OCHA (la oficina para coordinación de asuntos humanitarios de la ONU) señalan que entre el 7 de octubre y el 12 de noviembre, han sido asesinados 11.263 Palestinos: 11.078 en los ataques contra Gaza y 185 en Cisjordania.

Estos hechos reúnen la característica de un genocidio según normas del derecho internacional de los derechos humanos, del derecho internacional humanitario y del derecho penal internacional. Un Genocidio trasmitido en vivo y en directo por redes sociales y medios de comunicación alternativos, donde se cuentan por miles los cuerpos de los Palestinos desmembrados y carbonizados, la destrucción de bienes civiles como casas de habitación, hospitales, escuelas, colegios, iglesias católicas, mezquitas, albergues de refugiados, todos bombardeados en el marco del ataque militar israelí, así también como el corte del suministro de agua, energía e internet.

Multitudinarias marchas en apoyo a Palestina y en contra de la agresión del ejército de ocupación en Palestina se registran en varias ciudades a lo largo de todo el planeta. Más de medio millón de personas han marchado en Londres, capital inglesa, desde Hyde Park hasta los aledaños de la embajada de Estados Unidos en Nine Elms, exigiendo un alto el fuego y el final de los ataques israelíes a Gaza. En Francia y Alemania a pesar de ser prohibidas las manifestaciones a favor del pueblo Palestino, estas se han realizado y han sido multitudinarias. “Gaza, Gaza, París está contigo” coreaban los manifestantes en París. En la capital de Rumania, cientos de personas se reunieron en el centro de Bucarest, muchos de ellos ondeando banderas Palestinas y coreando “Salven a los niños de Gaza”. Miles de personas se manifestaron de forma pacífica por las calles de Sídney y otras ciudades australianas en favor de Palestina y en contra de los bombardeos de Israel. En España, Belgica, Irlanda, Austria, se cuentan por miles los marchantes pro-palestinos. En Israel ciudadanos israelíes también han salido a las calles a protestar contra el primer ministro Benjamin Netanyahu exigiendo su dimisión. En New York y San Francisco en EE.UU se ha registrado marchas gigantescas y en Washington, miles de manifestantes marcharon en la casa Blanca, ondeando banderas Palestinas y algunos coreando: «Biden, Biden, no puedes esconderte, te has unido al genocidio», así mismos, cientos de judíos, se congregaron en el capitolio, gritando “no en nuestro nombre”, diferenciándose del sionismo israelí. Los manifestantes también se reunieron en las ciudades de Estambul y Ankara en Turquía, un día antes de la visita del secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken. En la capital de Irak, Bagdad, miles de personas se han concentrado para manifestar su apoyo a los Palestinos, en Jordania, miles de manifestantes han estado avanzando en caravana desde Amán, hacia la frontera de Israel, en el oeste del país, para protestar contra los bombardeos efectuados por Israel contra la Franja de Gaza. En Malacia miles de personas se manifestaron en el centro de Kuala Lumpur en apoyo a Palestina para condenar la guerra declarada por Israel contra Gaza. En Caracas la marcha fue multitudinaria y le fue entregado al embajador Palestino, Fadi Alzaben, un documento reconociendo a Palestina independiente acorde a las resoluciones de las Naciones Unidas. Los ecuatorianos se manifestaron en la sede de la embajada de Israel, con banderas y consignas, llamaron al fin del sionismo y a una Palestina libre. Los peruanos en la ciudad de Lima cantaban “no es una guerra, sino un genocidio” y “Perú y Palestina un mismo corazón”. Miles de mexicanos salieron a las calles para expresar su indignación por la matanza de Palestinos y exigir el fin de la agresión de Israel. En Chile se realizó un multitudinario concierto para recoger fondos a favor de las víctimas en Gaza. Y en Colombia las centrales obreras y ONGs han convocado para el 29 de noviembre –Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino— una marcha en rechazo al genocidio cometido por el Sionismo Israelí. Y también aquí en Popayán se realizan actividades por parte del Comité Caucano de Solidaridad con Palestina.

Los pueblos del mundo se levantan en contra del sionismo colonialista de Israel, exigen la liberación e independencia de Palestina y cese al genocidio. Estamos frente a una Tercera Intifada, pero esta Intifada es Global. Levantamientos mundiales contra los imperialismos genocidas: La Intifada de los pueblos del mundo contra todas las formas de opresión.

La historia de Valery Chilgueso y la lucha por la justicia

“Buenas tardes, Doctora Sofía. Habla Valery Chilgueso”. Con una voz de niña, pero con la elocuencia de una adulta, así saludó Valery en un mensaje de voz de WhatsApp, contándome cómo fue su reclutamiento forzado. Era evidente que la dinámica de la guerra le arrebató su infancia, enfrentándola a situaciones que ningún niño colombiano debería vivir. Continuó su relato explicando que la habían reclutado en las filas de la columna Urias Rondón mediante engaños. Señaló que desde que su hermano se fugó del grupo armado, la persecución contra la familia se hizo insostenible, clamando por ayuda: «Yo necesito ayuda, como me pueden colaborar, sinceramente esto se pasó a mayores, nos buscan ya la marquetalia, elenos, y necesitamos unas ayudas de ustedes, como nos pueden colaborar por favor, a mi madre, a mis hermanos, a mi familia». Envió el mensaje de voz cuando se encontraba en el hogar que le asignó el ICBF, donde fue discriminada por ser indígena y haber sido combatiente. Luego, en la última carta que le escribió a su madre, dijo: «Somos una desgracia para la familia, pero recuerda que por estudiar no pagan, y por eso tomamos esa decisión de irnos para donde usted ya sabe y queremos ayudarla. Nunca se olvide de mí y de mi hermano. Yo siempre la voy a apoyar, querer, amar y respetar. Si algún día llega a ocurrir algo conmigo, no intente lo que usted me dijo». Lo que Valery temía que ocurriera, sucedió. El 8 de marzo fue asesinada en un combate entre las estructuras de las EMC de las FARC y el ELN. Ella, menudita, con tan solo 14 años, a quien esta maldita guerra le arrebató su infancia.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha adoptado la Resolución 34/2024, otorgando medidas cautelares a Valery Chilgueso y a Diana Montilla Moreno, abogada defensora de derechos humanos, así como a sus respectivos núcleos familiares. Esta decisión se adoptó por la gravedad y urgencia de la situación en la que se encuentran, con sus derechos a la vida e integridad personal enfrentando un riesgo de daño irreparable.

La medida cautelar evidencia el flagelo del reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes en el departamento del Cauca. Esta práctica, que constituye una grave violación a los derechos humanos, se ha visto exacerbada por la intensificación de la guerra en la región. Grupos armados ilegales han aumentado sus actividades de reclutamiento forzado, aprovechando la vulnerabilidad de las comunidades rurales, sumiéndolas en un ciclo de violencia y desplazamiento forzado interminables.

Además, también aborda la preocupante situación de seguridad de los abogados defensores de derechos humanos en el suroccidente colombiano. En el contexto actual, los defensores enfrentamos crecientes amenazas y hostigamientos por la realización de nuestra labor. El recrudecimiento del conflicto armado en Colombia ha intensificado los ataques y persecuciones contra  quienes buscamos el acceso a la justicia para la superación de la impunidad y la defensa de los derechos humanos.

En el 2021, cuando la menor indígena Valery Chilgueso Dagua, hija de Sonia Chilgueso, tenía 12 años, fue reclutada a la fuerza por estructuras de las EMC de las FARC. En agosto de 2023, Valery llegó herida al hospital de Pasto, donde pidió ayuda a la abogada defensora de derechos humanos Diana Montilla. Con la asistencia de Montilla, la menor fue remitida a un hogar del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Sin embargo, Valery fue discriminada por ser indígena y haber sido combatiente, y no fue escolarizada, razones por las cuales se fugó mientras estaba bajo custodia del ICBF. Mientras tanto en la ciudad de Pasto la abogada Diana Montilla empezó a sufrir seguimientos y hostigamientos por haber ejercido su labor de acompañamiento a la menor.

El 8 de marzo, Sonia Chilgueso recibió la noticia de que su hija había fallecido en un combate con el ELN en el municipio de Cumbitara, Nariño. El cuerpo sin vida de Valery permaneció a la intemperie durante aproximadamente tres semanas hasta que la familia, a través de la Corporación Justicia y Dignidad, presentó una solicitud de medida cautelar ante la Comisión Interamericana. Su cuerpo fue trasladado a Medicina Legal de Cali, donde hasta la fecha no ha sido entregado a sus familiares.

El caso de Valery no es único, ya que su hermano, también menor de edad e indígena, fue reclutado forzadamente, aunque logró escapar de las filas de las EMC de las FARC y fue remitido al ICBF. Al igual que su hermana, se escapó del ICBF y se instaló en una zona rural del Cauca. Después de la desaparición de Valery, el menor y su madre, Sonia Chilgueso, empezaron a ser perseguidos por el grupo armado, sufriendo tres desplazamientos forzados en el Cauca antes de salir del departamento debido a la inminente materialización de las amenazas de muerte. Ante esta situación, la familia de Valery y la comunidad indígena exigen respuestas claras y acciones concretas por parte de las autoridades para esclarecer el caso y garantizar justicia para la menor y su familia, pero también protección integral en salvaguarda de su vida e integridad..

La Comisión Interamericana determinó que las personas beneficiarias de la medida cautelar están expuestas a amenazas graves, incluyendo ser declaradas objetivos militares, seguimientos por parte de grupos armados, desplazamientos forzados e intentos de secuestro. “Un caso particularmente preocupante es el de la hija de Sonia Chilgueso, cuyo paradero es desconocido y se teme que haya fallecido en un enfrentamiento entre grupos armados. Este caso ilustra la urgencia y gravedad de la situación”.

En respuesta a estos riesgos, la CIDH ha solicitado al Estado de Colombia que adopte las siguientes medidas:

  1. Implementar medidas necesarias y culturalmente adecuadas para proteger los derechos a la vida e integridad personal de las beneficiarias.
  2. Determinar la situación de V.C.D., hija de Sonia Chilgueso Dagua, cuyo paradero es desconocido.
  3. Concertar las medidas a adoptarse con las beneficiarias y/o sus representantes.
  4. Informar sobre las acciones adelantadas para investigar los hechos que dieron lugar a la medida cautelar y evitar su repetición.

«No te preocupes por mí, mamá, voy a estar bien», dijo Valery en su última carta a doña Sonia. «Te quiero mucho, te amo y gracias por tu cariño, comprensión y por apoyarme. Te amo de todo corazón. Cuídate mucho, madre. Te quiero un montón, madre«. Así se despidió una niña que jamás debió conocer la guerra ni morir asesinada en un combate. Los familiares de Valery esperan que, con la medida cautelar otorgada por la Comisión Interamericana, puedan al menos darle una sepultura digna a sus restos, que aún se encuentran en Medicina Legal.

«Que pare el reclutamiento, nosotras las mujeres no parimos hijos para la guerra».

Por: Sofía López Mera, abogada, defensora de derechos humanos y periodista de la Corporación Justicia y Dignidad.