Manos Rojas: niños reclutados en el Cauca

Hoy, 12 de febrero, Día Internacional de las Manos Rojas, no hablamos en abstracto.

Hoy ponemos nombres.

Estamos buscando a niños y niñas del Cauca que desaparecieron en medio de la guerra, del control armado y de la indiferencia institucional. No son cifras: son historias interrumpidas.

Jefri Mejía Solarte, de 15 años, desapareció el 9 de febrero de 2026 en zona rural del corregimiento San Joaquín, municipio de El Tambo, Cauca. Salió al campo. Nunca regresó. Desde entonces, su familia no tiene información sobre su paradero. Su desaparición ocurrió en un contexto de violencia y alto riesgo de reclutamiento forzado, pero no se activó oportunamente ningún Mecanismo de Búsqueda Urgente.

En Buenos Aires, Cauca, desapareció Xamara Solarte, niña y estudiante, reclutada directamente desde el entorno escolar. Fue vista por última vez en su colegio. Nunca volvió a casa. Su caso revela una verdad incómoda y dolorosa: los colegios en Colombia no son espacios seguros para la niñez. La guerra también entra a las aulas, recluta en silencio y se lleva a las niñas sin dejar rastro.

En Santander de Quilichao, tres adolescentes desaparecieron en un contexto de control territorial armado. Entre ellos está Brayam Steven Balanta Lasso, de 15 años, promesa del fútbol, reconocido por su talento, su disciplina y su sueño de llegar lejos con un balón. Era buen estudiante, buen hijo y excelente deportista. Salió un día y jamás regresó a su casa. Su desaparición no se explica desde la lógica de la vida, solo desde la lógica de la guerra.

A la fecha, ninguno de estos niños y niñas ha sido encontrado. Las búsquedas no avanzan. Las respuestas no llegan. El silencio institucional pesa tanto como la ausencia.

Estos casos se suman a una realidad devastadora: entre 2017 y 2025, al menos 2.949 niños, niñas y adolescentes fueron reclutados forzadamente en Colombia, y solo en el Cauca existen 709 investigaciones activas por este delito. Las cifras crecen. Los niños desaparecen.

Hoy, en el Día de las Manos Rojas, denunciamos que los estamos buscando y que el Estado no está llegando a tiempo.

Hacemos un llamado urgente a que nos duelan nuestros niños y niñas en la guerra, a que su desaparición no se normalice, a que sus nombres no se borren.

Las manos rojas son para decirlo claro:

la niñez no se recluta, no se desaparece y no se abandona.

Los queremos vivos.

 

Por Justicia & Dignidad / Periodismo independiente e investigativo

Sanando heridas, sembrando futuro

El aula máxima de la Facultad de Ciencias Naturales, Exactas y de la Educación de la Universidad del Cauca parecía, el pasado 15 de mayo, más bien un territorio de resistencia tejida con palabras. Desde las siete y media de la mañana, empezaron a llegar los cuerpos. Algunos cargaban cicatrices. Otros, memorias. Todos, una certeza: que la educación puede más que la guerra.

La profesora Paloma Muñoz, con la firmeza de quien entiende el valor de la palabra sembrada, fue anfitriona de un encuentro que se alejó de los salones fríos de la academia para convertirse en fogón colectivo. Se celebraba el Día del Maestro y la Maestra, sí, pero se celebraba sobre todo la posibilidad de seguir enseñando en un país donde la muerte también da cátedra.

El evento —convocado por el Observatorio Educativo y Pedagógico del Cauca— no fue un simposio más. Fue un espacio para preguntarse con coraje: ¿cómo acontece la educación en territorios donde los niños y las niñas han sido empujados al conflicto, al silencio, al olvido?

Desde la primera plenaria, se habló claro. La lideresa social Martha Elena Giraldo, del Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz, no trajo discursos escritos. Trajo historias. Habló del reclutamiento forzado —ese secuestro lento de la niñez— y del coraje de 50 mujeres que, desde distintos pueblos y geografías, han formado una Guardia Intercultural Humanitaria para salvar la vida. Mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas, feministas y buscadoras, unidas por el mismo dolor, pero también por la misma esperanza: que ningún niño más cargue un fusil en vez de un cuaderno.

Por su parte, Fernando Hurtado Daza, educador popular y director de la Casa de Educación Popular La Caracola, compartió una experiencia que no cabe en cifras: la de acompañar a niños y niñas de las comunas más empobrecidas de Popayán con herramientas que a veces el Estado olvida —el teatro, la lectura, la escritura, el cine—. Con ellas, dice, se pueden abrir ventanas cuando la vida parece sólo tener muros.

“No queremos que nuestros niños sueñen con ser sicarios , actored armados o reinas, queremos que sueñen con ser libres, libres de esta maldita guerra , libres de esta sociedad de consumo ”, dijo uno de los asistentes, en medio de la plenaria de la tarde. Y el auditorio enmudeció. No por indiferencia, sino porque esa frase golpeaba el pecho como un eco de todo lo que allí se estaba compartiendo.

La jornada cerró con arte, porque el arte también es territorio de paz. La Licenciatura en Educación Artística mostró lo que puede una canción, un trazo, una danza, cuando se trata de reparar lo que la violencia ha querido arrancar.

Y entre palabra y palabra, quedó claro lo esencial: que la educación popular no es una metodología, sino un acto radical de ternura y rebeldía. Que enseñar en medio del dolor es, también, una forma de resistir. Y que mientras haya una maestra, un maestro, una comunidad dispuesta a enseñar desde el amor, este país tiene futuro.

Desde Popayán, entre la lluvia de mayo y la dignidad intacta, una voz colectiva dijo lo que no suele salir en los noticieros:

Sí, a través de la educación popular podemos construir paz.

Gracias, profesora Paloma. Gracias, Unicauca. Gracias a quienes no se rinden. Aquí seguimos, contando lo que importa.

Por Prensa Justicia & Dignidad

¿DÓNDE ESTÁ NARLY?

Han transcurrido cinco años desde la desaparición forzada de Narly Gómez Jiménez y, al día de hoy, su paradero continúa siendo un misterio. La pregunta se mantiene vigente en cada rincón del Cauca y del país: ¿DÓNDE ESTÁ NARLY?. Para su hija —hoy de 10 años— el interrogante es todavía más doloroso: “¿Dónde está mi mamá?”. A diario, la menor sigue dibujando esperanzas en cartas dirigidas a su madre, aguardando su regreso. Sin embargo, y a pesar de múltiples denuncias y de la exigencia de familiares y organizaciones sociales, no se tiene noticia alguna sobre Narly.

Presunta muerte de Ever Yobany Imbachi y la impunidad de sus familiares

En el transcurso de las investigaciones, se ha conocido que Ever Yobany Muñoz Imbachi —excompañero sentimental de Narly y señalado como principal implicado en su desaparición— habría sido asesinado en el departamento del Huila. No obstante, sus hermanos, quienes participaron activamente en los hechos que rodean la desaparición de Narly, no han sido vinculados formalmente al proceso judicial.
Según testimonios de habitantes del municipio de La Sierra, estos familiares presuntamente saben dónde se encuentra Narly y han llegado a vanagloriarse con expresiones de que “jamás será encontrada”. Además, los allegados de Narly han denunciado hostigamientos y amenazas por parte de estos individuos, cuyo propósito sería apropiarse de los bienes que dejó el militar asesinado. Esto mantiene en constante zozobra a la familia de Narly y a su hija, quienes han tenido que enfrentar no solo la ausencia de la madre, sino también un acoso permanente que pone en riesgo su integridad y su seguridad.

Omisiones estatales y la ineficacia de las medidas cautelares de la CIDH

El 22 de abril de 2020, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares a favor de Narly y de su hija, al considerar la situación de extrema gravedad y urgir al Estado colombiano a tomar acciones inmediatas para dar con su paradero. Sin embargo, a la fecha, estas medidas no han surtido el efecto esperado:
• El Estado no ha cumplido con su obligación de ubicar a Narly.
• La protección de la menor se ha visto gravemente vulnerada, pues continúan los hostigamientos por parte de las personas implicadas en la desaparición.

Denuncias de violencia previa y fallas en la investigación

El caso de Narly no surgió de manera aislada. El 16 de diciembre de 2019, ella denunció a Ever Yobany por agresiones físicas y psicológicas. A pesar de exponer ante la Fiscalía General de la Nación los maltratos que sufrió durante su convivencia, no se le otorgó ninguna medida de protección. Esa inacción permitió que, con el paso de las semanas, se consumara su desaparición forzada.
Tras los hechos, los familiares realizaron labores de búsqueda: recabaron testimonios, inspeccionaron posibles lugares donde pudo haber estado Narly y consiguieron pruebas como audios, prendas de vestir, mensajes y números telefónicos. Aun así, la Fiscalía Séptima especializada, a cargo de la fiscal Martha Liliana Cerón, demoró en realizar diligencias clave, como la entrevista en cámara Gessel a la menor, la toma de declaraciones a testigos o la inspección de la camioneta alquilada el 27 de enero de 2020. Incluso se negó a recibir prendas halladas por la familia en la zona donde supuestamente desapareció Narly.
En lugar de informarles sobre los avances —respetando la reserva del sumario—, los investigadores han manifestado sentirse “estresados” por la insistencia de quienes solo buscan justicia. El panorama de impunidad se agrava con la reciente muerte de Ever Yobany y la nula vinculación de sus familiares a la investigación, pese a los múltiples indicios que los relacionan con los hechos.

La desescolarización de la hija de Narly

A todo lo anterior se suma la afectación directa a la menor, quien ya vive la tragedia de no saber qué pasó con su madre. Los familiares de Narly han denunciado que la menor fue desescolarizada por parte de la Secretaría de Educación de Popayán y solo mediante una acción de tutela lograron su reintegro a una institución educativa.
No obstante, la niña también ha sido víctima de acoso por parte de la docente responsable, quien la señala insistentemente por manifestar síntomas de déficit de atención. Estas situaciones incrementan la vulnerabilidad de la menor y profundizan el trauma generado por la desaparición de su madre.

¿Qué ocurrió el 27 de enero de 2020?

Ese día, Narly Gómez Jiménez fue vista por última vez en compañía de su excompañero sentimental y padre de su hija, Ever Yobany Muñoz Imbachi, soldado profesional adscrito al Grupo de Caballería Liviano Meteoro. Según las averiguaciones familiares, Narly, Ever Yobany y su hija se trasladaron a una zona rural de Popayán para supuestamente revisar unos lotes. Sin embargo, la menor manifestó que su padre se fue con su madre, la dejó encerrada y más tarde regresó solo, con los brazos manchados de sangre.
Testigos de la zona declararon haber visto a la pareja discutiendo y bajando en dirección a un río, para luego observar al militar de regreso, sin camisa, mojado y visiblemente alterado. Posteriormente, Ever Yobany alquiló una camioneta y se dirigió al corregimiento de Guachicono (municipio de La Vega) junto con su hermana Ruby Muñoz, con la aparente intención de dejar a la niña con familiares que no contaban con la autorización de Narly. Finalmente, la menor fue entregada a los parientes de la víctima.
Ese mismo 27 de enero se denunció la desaparición forzada ante la URI de la Fiscalía de Popayán, asignándose la investigación a la Fiscalía Séptima especializada con número de radicación 190016000601202000871.

La impunidad continúa

Resulta alarmante que, pese a los múltiples indicios que señalaban a Ever Yobany Muñoz Imbachi como principal implicado en la desaparición forzada de Narly Gómez Jiménez, la Fiscalía General de la Nación no haya avanzado en diligencias contundentes antes de la muerte de este. Igualmente, sus hermanos —testigos clave y posibles cómplices— no han sido llamados a responder. El Ejército Nacional, en particular la brigada a la que pertenecía Ever Yobany, tampoco ha contribuido a esclarecer los hechos ni a brindar información que facilite encontrar a Narly.

Exigimos respuestas: ¿Dónde está Narly?

El Estado colombiano está obligado a buscar a los desaparecidos, proteger a las víctimas y sancionar a los responsables. Hasta la fecha, no se ha cumplido con esos deberes en el caso de Narly Gómez Jiménez.
Las organizaciones sociales, los familiares y amigos de Narly seguiremos exigiendo su reaparición con vida. Continuaremos señalando a los presuntos responsables y a las entidades estatales que, por acción u omisión, han contribuido a perpetuar la impunidad.

Hoy, 27 de enero de 2025, reclamamos al Estado colombiano, a la Fiscalía General de la Nación y en especial a la fiscal especializada Martha Liliana Cerón que procedan con celeridad y transparencia. Que se explique a la familia de Narly —y a la sociedad civil— por qué a lo largo de estos cinco años no se han adelantado acciones efectivas que conduzcan a su paradero, garanticen justicia y protejan a su hija.

¡Seguiremos buscando a Narly hasta encontrarla!

 

Restauración de los Murales de la Memoria en Solidaridad con las Madres Buscadoras y en Denuncia contra las Violaciones de Derechos Humanos

El pasado domingo 19 de enero, el movimiento social y de derechos humanos, artistas populares y la ciudadanía de Popayán se reunieron en el sector del Tablazo para la creación de un mural en solidaridad con las Madres Buscadoras de la Comuna 13 de Medellín. Estas valientes mujeres, víctimas de negacionismo estatal, continúan luchando incansablemente por encontrar a sus seres queridos desaparecidos durante la Operación Orión.

El evento contó con la participación de aproximadamente 100 personas, quienes plasmaron en un mural de 500 metros de largo en la carretera Panamericana de Popayán, frases como «Las cuchas tienen razón» y «Uribe dio la orden», en alusión a los 6.402 casos de falsos positivos ocurridos durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Asimismo, el Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz pintó un mural en denuncia de la desaparición forzada de 589 niños, niñas y adolescentes en el Cauca tras la firma del Acuerdo de Paz. Este llamado exigió su liberación inmediata y la erradicación del reclutamiento forzado en la región.

Sin embargo, el día de hoy, 21 de enero, los murales fueron vandalizados. Manchas negras cubrieron gran parte de las obras, especialmente aquellas que incluían el rostro y nombre de Álvaro Uribe Vélez, lo que sugiere que los responsables son afines al uribismo. Este acto de censura ocurre cerca de terrenos pertenecientes a la senadora uribista Paloma Valencia, lo que genera aún más interrogantes sobre los intereses detrás de estos hechos.

Lejos de desanimarse, el movimiento social ha convocado a una jornada de restauración de los murales de la memoria en la Loma del Tablazo, programada para la tarde de hoy. Este acto busca reafirmar el compromiso de la ciudadanía con la verdad, la justicia y la memoria de las víctimas de desaparición forzada y otras graves violaciones a los derechos humanos.

¡Invitamos a toda la comunidad a sumarse a esta jornada por la memoria y la dignidad!

#MemoriaYResistencia
#MadresBuscadoras
#MuralesPorLaVerdad
#JusticiaParaLasVíctimas
#NuncaMásFalsosPositivos

La montaña de fuego despierta: reseña sobre el Puracé y su actividad volcánica reciente

Crédito de la imagen: Yamamoto

Historia y contexto cultural

El volcán Puracé, cuyo nombre proviene del idioma indígena quechua y significa «Montaña de Fuego,» es un símbolo del departamento del Cauca y del Macizo Colombiano. Este macizo es conocido como la “Estrella hídrica de Colombia” porque de allí nacen importantes ríos como el Magdalena, el Cauca y el Caquetá. Durante siglos, el Puracé ha sido considerado sagrado por las comunidades indígenas que habitan la región, como los Misak (o Guambianos). Ellos lo perciben como una conexión espiritual con la naturaleza y la madre tierra, lo que le otorga un profundo valor cultural.

Geografía y ubicación

El volcán Puracé se encuentra a unos 25 kilómetros al oriente de Popayán, en el Parque Nacional Natural Puracé, una de las áreas protegidas más importantes de Colombia. Forma parte del cinturón volcánico de los Andes y del complejo volcánico del Macizo Colombiano. Es un estratovolcán activo que alcanza una altitud de 4.650 metros sobre el nivel del mar. En su entorno, se destacan paisajes de páramos, lagunas, aguas termales, cascadas y una rica biodiversidad que incluye especies emblemáticas como el cóndor de los Andes.

Comportamiento histórico

El Puracé es uno de los volcanes más activos de Colombia, con un historial que se remonta a tiempos precolombinos. Sus erupciones han sido registradas desde el siglo XVII, aunque no todas tienen documentación detallada. Las más significativas ocurrieron en el siglo XX, especialmente en 1949, 1950 y 1956, cuando el volcán mostró actividad explosiva que afectó las comunidades cercanas con emisiones de ceniza, flujos piroclásticos y lava.

En 1977, una erupción importante provocó daños en zonas aledañas, y desde entonces ha tenido actividad sísmica y fumarólica recurrente, especialmente en su cráter principal. Aunque no ha registrado erupciones mayores en las últimas décadas, su comportamiento sigue siendo monitoreado de cerca por el Servicio Geológico Colombiano debido a su carácter activo.

La tragedia de los estudiantes del Liceo en 1949

El 26 de mayo de 1949, una trágica erupción del volcán Puracé cobró la vida de 16 estudiantes del Liceo Nacional Alejandro de Humboldt de Popayán. Motivados por una excursión previa de compañeros, los jóvenes organizaron una expedición al volcán, a pesar de la oposición de los rectores del Liceo y de la Universidad del Cauca.

La excursión partió de Popayán a las 4:00 a.m., dejando atrás a un compañero que, al llegar tarde, decidió viajar solo para alcanzar al grupo. Al llegar cerca del volcán, los indígenas locales advirtieron a los estudiantes sobre la intensa actividad volcánica y se negaron a servir como guías. Sin embargo, el grupo continuó su ascenso, apostando quién llegaría primero a la cima.

Se estima que alrededor de las 9:15 a.m., mientras los estudiantes estaban en la parte alta del volcán, ocurrió una erupción que se escuchó hasta en Popayán. La explosión estuvo acompañada de emisiones de cenizas, gases y fuertes detonaciones que lanzaron bloques de material volcánico. Inmediatamente después, don Benjamín Arboleda, habitante de la zona, organizó una comisión de rescate y logró auxiliar a los dos únicos sobrevivientes: Napoleón Montealegre y Alberto Ávila.

Este lamentable suceso resalta la importancia de atender las advertencias locales y comprender los riesgos asociados a la actividad volcánica. El volcán Puracé, cuyo nombre significa «Montaña de Fuego» en quechua, es uno de los más activos de Colombia, y su monitoreo constante es esencial para la seguridad de las comunidades y visitantes.

Estado actual

Hoy en día, el Puracé continúa mostrando actividad fumarólica en su cráter, liberando gases como dióxido de azufre. Las comunidades cercanas, así como las autoridades científicas, mantienen una vigilancia constante para prevenir riesgos ya que en la noche del 19 de enero presentó recientemente un incremento en su actividad volcánica. Desde la noche del 19 de enero de 2025, a las 23:06, se ha registrado de manera continua una señal sísmica tipo «tremor», asociada a un aumento de presión interna en el volcán. Esta actividad ha provocado emisiones de ceniza que se han dispersado hacia el suroccidente del volcán.

En respuesta a este comportamiento, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) ha declarado la alerta amarilla para el volcán Puracé. Este nivel de alerta indica que el volcán puede presentar fenómenos como emisiones esporádicas de ceniza (erupciones menores) y presencia de gases volcánicos perceptibles en las zonas aledañas.

Las comunidades cercanas han reportado caída de ceniza y olor a azufre, lo que ha generado preocupación entre los habitantes. Las autoridades locales, en coordinación con el SGC, han intensificado el monitoreo del volcán y han recomendado a la población mantenerse informada y seguir las indicaciones de los organismos de gestión del riesgo.

El volcán Puracé es uno de los más activos de Colombia y forma parte del Parque Nacional Natural Puracé. Su edificio volcánico tiene forma de un cono truncado, con un cráter interno y otro externo concéntricos de 500 y 900 metros de diámetro, respectivamente. La actividad fumarólica se concentra en el interior del cráter, principalmente en una gran grieta que atraviesa el fondo y en un importante campo fumarólico en el flanco externo norte del volcán, conocido como «Fumarola Lateral».

Dada la naturaleza cambiante de la actividad volcánica, es fundamental que las comunidades y visitantes de la región se mantengan atentos a las actualizaciones proporcionadas por las autoridades competentes y tomen las precauciones necesarias para garantizar su seguridad.

Fuentes y Referencias:

Servicio Geológico Colombiano https://www2.sgc.gov.co/Noticias/Paginas/71-a%C3%B1os-de-la-erupcion-del-volcan-Purace.aspx?utm_source=chatgpt.com

https://www2.sgc.gov.co/Noticias/Paginas/Boletin-extraordinario-del-Volcan-Purace-20-Enero-2025.aspx?utm_source=chatgpt.com

https://www.swissinfo.ch/spa

https://www.swissinfo.ch/spa/alerta-amarilla-por-aumento-de-actividad-del-volc%C3%A1n-purac%C3%A9-en-el-suroeste-de-colombia/88751911?utm_source=chatgpt.com

https://www.noticiascaracol.com/colombia

https://www.noticiascaracol.com/colombia/alerta-amarilla-en-volcan-purace-tras-aumento-de-actividad-sismica-caida-de-ceniza-y-olor-a-azufre-rg10?utm_source=chatgpt.com

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Segundo feminicidio del 2025 en el Cauca: Paola Andrea Quinayás fue asesinada en Timbío

El Cauca registra su segundo feminicidio en menos de 48 horas. Paola Andrea Quinayás, una mujer oriunda de El Bordo, fue asesinada con arma de fuego el 1 de enero en la parcelación La Marqueza, zona rural de Timbío. Según las autoridades, sujetos desconocidos llegaron al lugar donde ella celebraba el inicio del año con amigos y dispararon en repetidas ocasiones. Pese a ser trasladada al hospital, llegó sin signos vitales.

Este crimen ocurre un día después del asesinato de Dayana Camila Ruiz en Argelia, quien murió intentando defender a su madre en una riña familiar presuntamente ocasionada por su padre en estado de alicoramiento.

La Secretaría de la Mujer del Cauca y organizaciones como la Ruta Pacífica de las Mujeres han condenado estos hechos, subrayando que la violencia de género en la región es alarmante. Advierten que factores como la violencia estructural y la presencia de actores armados incrementan los riesgos para las mujeres.

Ambos casos reflejan la urgencia de acciones efectivas por parte del Estado y la sociedad para erradicar la violencia contra las mujeres y garantizar justicia para las víctimas.

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JOVEN FUE ASESINADA POR DEFENDER A SU MADRE EN EL CAUCA: EL AGRESOR SERÍA SU PADRE

En el corregimiento de El Mango, municipio de Argelia, Cauca, un nuevo acto de violencia intrafamiliar cobró la vida de Dayana Camila Ruiz Bolaños, una joven de 19 años que intentó proteger a su madre durante una discusión familiar.

Los hechos ocurrieron la noche del jueves 2 de enero de 2025, cuando Dayana Camila se interpuso para defender a su madre, quien presuntamente estaba siendo agredida por su esposo. En medio del altercado, la joven recibió un disparo que acabó con su vida.

A pesar de la alerta de emergencia por feminicidios decretada por el presidente Gustavo Petro desde 2023, los feminicidios siguen siendo una constante y cada vez son más las víctimas de la violencia patriarcal.

Desde Justicia y Dignidad, condenamos este atroz acto y exigimos respuestas inmediatas. Es urgente que las autoridades garanticen justicia para Dayana Camila y protección para su madre. Asimismo, hacemos un llamado al gobierno nacional a implementar acciones reales y efectivas que protejan la vida y dignidad de las mujeres en Colombia.

¡Ni una más! ¡Ni una menos!

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LA DIFÍCIL TAREA DE RECUPERAR EL CAÑÓN DEL MICAY

Enclavado en la vertiente occidental de la cordillera de los Andes, el Cañón del Micay, en el departamento del Cauca, ha sido testigo de décadas de conflicto armado. En este cañón confluyen tres municipios caucanos: El Tambo, Argelia y López de Micay. Allí nacen ríos como el Guapi, el Timbiquí y el Plateado, siendo el más importante el río San Juan de Micay.
El río San Juan atraviesa el cañón desde la cordillera occidental hasta las costas del Pacífico, ubicándolo en una posición geoestratégica que conecta cañones ricos en reservas de agua dulce, recursos minerales (níquel, cobre y oro aluvial) y biodiversidad, con el océano Pacífico. Esta región abarca todos los pisos térmicos, desde tierras frías con cumbres de hasta 3,500 metros, hasta tierras bajas cálidas que descienden hacia el Pacífico. Según datos del Programa Nacional de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, los municipios del Cañón del Micay representan también el 75 % de las 25.000 hectáreas de cultivos de coca del Cauca.
En 1967 se constituyó legalmente el municipio Argelia en el departamento del Cauca. A fines de la década de 1970, el Frente 8 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se asentó en la región. Aunque otros grupos guerrilleros como el M-19 y el Ejército Popular de Liberación (EPL) también incursionaron en el área durante la época de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. Las FARC-EP consolidaron su poder estableciéndose también con el Frente 60 «Jaime Pardo Leal» a finales de los años 90.
La llegada del Ejército de Liberación Nacional (ELN) a la parte baja del municipio de Argelia desde El Tambo y el Pacífico en la década del 2000 marcó un nuevo capítulo en la historia del conflicto. Paralelamente, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez intensificó la militarización de la región. En 2007, se establecieron puestos de policía en El Mango y El Plateado, coincidiendo con la llegada de los paramilitares de Los Rastrojos al mando de Alias “Daniel”. Durante la década de los 2000, el Frente 8 de las FARC fue debilitado casi hasta su exterminio, dejando solo al Frente 60 en la región. El ELN tomó el control territorial de El Tambo y de 12 veredas del norte de Argelia. El Ejército Nacional entró a la región mediante las operaciones Espada I y Espada II, resultando en varias ejecuciones extrajudiciales bajo la modalidad de falsos positivos.
En 2011, las FARC-EP recuperaron el Cañón del Micay tras derrotar a los paramilitares en un combate con más de 30 muertos. Entre 2015 y 2016, miles de campesinos bloquearon las operaciones militares contra cultivos ilícitos, y la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (ASCAMTA) estableció una Mesa de Interlocución y Acuerdos (MIA) con el gobierno para resolver conflictos sociales y económicos. Esta Mesa, formada durante el Paro Nacional Agrario de 2013, se enfocó en iniciar el diálogo y alcanzar acuerdos específicos para el municipio de Argelia.
Con la firma de los acuerdos de Paz en 2016 y la desmovilización de las FARC, el Cañón del Micay quedó bajo el control del Frente José María Becerra del ELN, que hizo presencia en varios corregimientos desde El Plateado hasta San Juan de Micay.
En 2017, Óscar Eduardo Sandoval, alias “Andres” o «El Mocho», lideró una facción disidente que luchó contra el ELN para controlar corregimientos como El Plateado y El Mango. En 2018, esta facción se renombró como «Carlos Patiño» o «Floresmiro Acosta», bajo el mando de Gentil Duarte e Iván Mordisco.
En 2018, el presidente Iván Duque ordenó una mayor militarización del Cañón del Micay para acabar con las disidencias de las FARC. Sin embargo, esto coincidió con la expansión militar de la columna Carlos Patiño en la región, la expulsión del ELN y una bonanza cocalera.
En 2020, la columna Carlos Patiño intentó de nuevo avanzar hacia el corregimiento de El Sinaí, enfrentándose a la Segunda Marquetalia y al ELN. Esta ofensiva no prosperó debido a la contención de estos dos grupos.
Desde 2022, los habitantes han denunciado la aparición del grupo «Los Pocillos», formado por exguerrilleros-firmantes de paz, aliados con el ejército. Este grupo busca expulsar a la columna Carlos Patiño y controlar rutas de narcotráfico. Medios de comunicación como la revista Cambio han confirmado un supuesto acuerdo entre el Ejército Nacional y estos grupos, con audios del mayor general Hernando Herrera Díaz admitiendo reuniones con “Los Pocillos” y el ELN. Posteriormente, Los Pocillos se integraron a la Segunda Marquetalia y continúan enfrentando a la columna Carlos Patiño desde el corregimiento de Puerto Rico sin alcanzar a tener control sobre el corregimiento del Plateado y el cañón del Micay.
En 2023, el presidente Gustavo Petro lanzó la Operación Trueno para recuperar el control del Micay y fomentar el diálogo entre el gobierno y la sociedad. A pesar de la presencia militar, los grupos armados aún dominan la región. A finales de agosto, Petro ordenó movilizar 1,000 soldados para retomar el control del Cañón del Micay y promover la sustitución de economías ilícitas a favor del campesinado.
En junio de 2024, desde la Casa de la Moneda en Popayán, el director del DNP, Alexander López Maya, junto con el gabinete ministerial, el Ministerio de Defensa y el presidente Petro, lanzaron la Misión Cauca. Esta iniciativa busca transformar el Cauca, mejorar las condiciones de vida y sustituir economías ilícitas por proyectos productivos. Sin embargo, las organizaciones populares y la sociedad civil no fueron invitadas a la presentación ni consultadas para asegurar la efectividad de la política pública.
Desde mediados de julio, se realiza otra ofensiva del frente Carlos Patiño hacia el corregimiento de El Sinaí intensificando el conflicto armado en el Cañón del Micay. La columna Carlos Patiño se enfrenta al ejército y a la Segunda Marquetalia por el control de la parte alta de Argelia. Desde el 15 de julio, La Carlos Patiño ha sitiado a los habitantes de Argelia, establecido retenes ilegales, atacado poblaciones como El Sinaí, El Encanto, La Playa y La Belleza, y sembrado minas antipersonales que han confinado a la población campesina. Estos actos han resultado en desplazamientos masivos, amenazas a líderes, asesinatos y secuestros de campesinos. En El Plateado, un artefacto explosivo lanzado por Carlos Patiño en una cancha sintética mató a un niño de 10 años y dejó 12 heridos.
Desde 2018, se han asesinado 18 líderes campesinos de ASCAMTA. Desde 2020, aproximadamente 20,000 personas han sido desplazadas forzosamente. Estos desplazamientos son en su mayoría temporales, ya que muchos de los campesinos en Argelia provienen de otras regiones del país como Putumayo, Caquetá, Guaviare y Nariño, y suelen regresar a sus lugares de origen debido a la falta de una política pública seria por parte del Gobierno Nacional para atender a la población desplazada.
Los desplazados que llegan a Popayán enfrentan maltratos por parte de funcionarios del municipio de Popayán y de la Unidad para las Víctimas, quienes no permiten el acompañamiento de organizaciones defensoras de derechos humanos. Esto obliga a los desplazados a regresar a Argelia, donde se encuentran en medio de las confrontaciones armadas. El Ministro de Defensa, Iván Velásquez, ha pedido a los habitantes de Argelia no realizar asonadas contra la fuerza pública, pero no se ha implementado un plan de atención humanitaria para los civiles atrapados en los operativos militares y afectados por las infracciones al derecho internacional humanitario cometidas por grupos armados ilegales. Sin una protección efectiva de la vida de la población civil, la Misión Cauca y la recuperación del Cañón del Micay no tendrán éxito.
Por: Sofía López Mera, Abogada, Periodista y Defensora de Derechos Humanos de la Corporación Justicia y Dignidad

La educación no importa en una ciudad como Popayán

A lo largo de la historia, Popayán ha sido reconocida como la «ciudad culta» debido a su destacada contribución a la formación de presidentes, pensadores, escritores y personas influyentes que han aportado conocimiento fundamental para el desarrollo del país. Sin embargo, en la actualidad, este título parece quedarle grande a Popayán, ya que evidencia una lamentable tendencia de desprecio hacia la educación y la cultura. En el siguiente artículo, suministramos al lector ejemplos concretos que ilustran este alarmante desdén, centrándonos especialmente en la transformación de escuelas y colegios ubicados en el corazón de Popayán y su consecuente impacto simbólico en la ciudad.

En la década de los años 30, Popayán vio nacer una institución educativa pionera: la escuela de niñas Filomena Segura, situada en la carrera 5a con calle 2a Norte No 2N-36. Posteriormente, por decisión de la Asamblea el 12 de julio de 1935, se le otorgó el nombre de Centro Docente Filomena Segura, rindiendo así homenaje a la destacada educadora Filomena Segura de Ayerbe. Esta visionaria mujer fue la primera en liderar la educación no solo en Colombia, sino en toda Latinoamérica. En la Secretaría de Educación Departamental reposa una placa en su honor.

Este centro educativo desempeñó un papel fundamental en la formación de las niñas provenientes de familias trabajadoras de la plaza de mercado, así como de aquellas que residían en los asentamientos surgidos tras el devastador terremoto de 1983. Se erigió como un colegio público que brindó educación a las niñas de escasos recursos en este sector de la ciudad.

Paradójicamente, este emblemático espacio educativo ha experimentado una transformación deprimente, convirtiéndose en una estación de policía y en un lugar de detención transitoria. Esta metamorfosis desdibuja la esencia original para la cual fue concebido, enviando un mensaje claro: la ciudad parece priorizar el control y el castigo en detrimento de su compromiso con la educación. La reutilización del antiguo centro educativo refleja una preferencia por el control y la sanción en lugar de fomentar la educación y el desarrollo integral de la sociedad.

La Escuela Gerardo Garrido tuvo sus inicios en una residencia ubicada en la carrera 6a No 6N – 12 en 1954, bajo la dirección del profesor Alfredo Zúñiga. Posteriormente, se trasladó a su sede actual entre las carreras 5a y 6a No SN – 27, en un terreno donado por el entonces alcalde Gerardo Garrido, en cuyo honor recibió su nombre. El centro educativo fue inaugurado como Centro Docente en 1956.

Inicialmente, la escuela Gerardo Garrido, situada junto a la plaza de mercado del barrio Bolívar, desempeñaba un papel crucial en la educación de los niños cuyos padres trabajaban en la plaza. Lamentablemente, sin motivo aparente, la escuela cerró sus puertas, dejando a los niños de la plaza de mercado sin un lugar para estudiar. Tras su cierre, el edificio se deterioró y ahora se ha convertido en un lugar frecuentado por habitantes de calle y consumidores de sustancias alucinógenas, representando un alto riesgo para la seguridad.

Lo que antes era una oportunidad de educación para los niños de la plaza de mercado, hoy se ha transformado en un sitio de decadencia para la juventud, comparable a un pequeño Bronx del cual es difícil que un adicto pueda salir. Este cambio de destino transmite un mensaje desalentador a los niños de la plaza, sugiriendo que no merecen un futuro mejor y que su destino está condenado a la marginalidad.

La Institución Educativa Laura Valencia, situada en la carrera 9 con calle 1, en el sector del Monasterio, experimentó una transformación inusual durante el periodo de confinamiento por la pandemia del COVID-19 en 2020. Bajo el pretexto de la emergencia sanitaria, la escuela, conocida anteriormente como la «Escuela del Manguito», fue convertida en una carceleta.

Este plantel educativo tuvo un papel crucial en la comunidad, ya que fue inaugurado en 1967 en un terreno donado por la señora Laura Valencia, quien expresó claramente que el propósito de la donación era que funcionara como una escuela. Sin embargo, durante la pandemia, las autoridades tomaron la decisión de cerrar la escuela debido al riesgo que suponía su ubicación cercana al río Molino. A pesar de la importancia histórica y social que tuvo la institución, las autoridades no fueron capaces de construir un muro de contención para preservar el establecimiento. En un principio, la comunidad del sector presentó una solicitud para que los estudiantes de la Escuela Laura Valencia fueran trasladados a la Escuela La Filomena, donde ya operaba la estación de policía. Sin embargo, lamentablemente, esta petición no recibió atención por parte de la Secretaría de Educación. En su lugar, la secretaría tomó la decisión de cerrar la Escuela Laura Valencia.

Sorprendentemente, en lugar de invertir recursos en la protección y restauración de la escuela, las autoridades optaron por adaptarla como una cárcel. Esta medida ha generado indignación en la comunidad, ya que las autoridades, en lugar de salvaguardar un centro educativo importante, destinaron recursos para transformarlo en una institución penitenciaria.

La situación descrita revela una preocupante falta de compromiso con el derecho a la educación en la ciudad de Popayán. El hecho de que el principal sindicato de agremiación docente del departamento del Cauca no haya liderado ninguna lucha en defensa de la educación local es inquietante. Más aún, la transformación de este sindicato en un emporio empresarial con actividades que van desde supermercados, bombas de gasolina hasta una empresa inmobiliaria, sin duda, rebelan cuáles son sus prioridades y su compromiso con la educación en la ciudad.

La denuncia que pesa sobre el sindicato por su presunta participación en el despojo de tierras a una comunidad indígena, así como las prácticas de gentrificación llevadas a cabo por su empresa inmobiliaria, están generando un conflicto territorial de proporciones sin precedentes en la ciudad. Esta situación no solo impacta negativamente en la población rural, sino que también contribuye a la propagación de mensajes de odio y racismo dirigidos hacia la comunidad indígena pubenense. Lo alarmante es que estos mensajes discriminatorios son liderados por aquellos que tienen la responsabilidad de velar por la educación en la ciudad, haciendo más gravosa la problemática.

El cierre de instituciones educativas y la imposición de lógicas relacionadas con el crimen, el mercado, el control y la sanción penitenciaria indican una dirección preocupante para la ciudad. Popayán, al manifestar un simbolismo tan marcado de desprecio por la educación y promover prácticas que afectan negativamente a comunidades vulnerables, no augura señales positivas en términos de progreso, calidad de vida y desarrollo humano. Este es un llamado a la sociedad Payanesa, a sus autoridades y a las agremiaciones docentes para que aborden esta problemática, construyendo un entorno más inclusivo y equitativo en la ciudad desde el quehacer educativo.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

La piedra del parque Caldas y la piedra en el zapato para la gente de bien

«No hay respuestas únicas para nuestras realidades olvidadas. No existen soluciones claras y rápidas, simplemente no las hay. Aquí estoy, intentando sobrevivir, pero no puedo irme lejos, no alcanzo. Me dieron este refugio temporal, y desde aquí sigo pensando en el mundo allá en la periferia donde la Olla Comunitaria traza su camino contra el hambre. De algo estoy seguro: hay caminos, hay muchos caminos. Mientras haya caminos podemos seguir caminando. Personas como tú y yo estamos destinadas a seguir caminando, a seguir levantando la voz. Nunca dejaremos de caminar; caminamos la palabra para la memoria de la huella, caminamos en torno al fogón de la cocina, caminamos en el asentamiento, con las maricas, las víctimas, con las viudas y los huérfanos que dejó esta maldita guerra impuesta. Pero seguimos caminando y mientras haya camino y semillas, nuestra misión será caminar y sembrar.»

Eso dice Andrés Maíz, defensor de derechos humanos y líder social de Popayán y del Cauca, en el suroccidente de Colombia. Maíz enfrenta hoy una persecución atroz que busca su eliminación física y, sobre todo, política. Porque ciudades coloniales como Popayán y sociedades translesbohomofóbicas como la colombiana no soportan, ni desde la izquierda ni desde la derecha, que una persona de sexo-género diversa se enfrente al statu quo exigiendo dignidad para los más desfavorecidos, justicia para las víctimas y vida para seguir defendiendo la vida. Personas como Andrés Maíz se han convertido en una piedra en el zapato para la gente de bien en el departamento del Cauca.

Desde el año 2000, cuando denunció como periodista la venta de sustancias alucinógenas en la escuela de Puelenje, fue blanco constante de amenazas. El fiscal de turno, en su burocrática sabiduría, le dio un consejo: «Quédese en silencio». Pero Maíz hizo lo contrario, continuó su labor de denuncia.

En 2004, durante el paro estudiantil, su voz se hizo escuchar y fue víctima de señalamientos en medio de una asamblea universitaria. Dos años más tarde, después de una movilización, fue perseguido y sobrevivió a un atentado que quedó impune.

En 2013, su lucha en defensa de la plaza de mercado y su esfuerzo por preservar el patrimonio gastronómico y cultural de Popayán le valieron nuevas amenazas junto a otros líderes de la Cooperativa Mesalarga.

En 2018 fue señalado de insurgente cuando fungía como miembro gestor de la marcha de la comida, que es una apuesta política del proceso de liberación de la madre tierra en el norte del Cauca.

En septiembre de 2020, Andrés Maíz fue detenido bajo una orden de captura, acusado por homicidio en grado de tentativa contra el investigador del CTI de la Fiscalía, Diego Alejandro Quinayás, cuando el líder social se encontraba en una marcha exigiendo desde el movimiento de lxs sin techo la creación de un banco de tierras. Sin embargo, tras las audiencias preliminares, fue liberado debido a la falta de elementos probatorios.

En 2021, en medio de la represión estatal durante el paro nacional, el ministro de Defensa, Diego Molano, lo estigmatizó, ofreciendo una recompensa de 50 millones de pesos por su captura y acusándolo de pertenecer a las disidencias de las FARC y de ser responsable del incendio de la URI y los patios de tránsito en Popayán. Las amenazas se materializaron meses después en panfletos en los campamentos humanitarios de lxs Sin Techo, forzándolo al desplazamiento.

Al año siguiente, sufrió un intento de detención ilegal bajo una supuesta orden de captura, un hecho aún sin esclarecer. Las amenazas de muerte se intensificaron, llegando en forma de panfletos y mensajes de un grupo armado, persiguiendo su labor como defensor de derechos humanos, gestor cultural, cocinero e investigador de la memoria de sabores, saberes y haberes, vocero político del Movimiento Popular Comunitario Lxs Sin Techo y de la Colectiva Trans Marika Mariposas Negras.

En 2024, la policía advirtió sobre un posible atentado contra Andrés Maíz, información luego confirmada por la fiscalía. Tristemente, la amenaza se hizo evidente para su madre y su hija cuando hombres armados se apostaron frente a su casa, vigilando la entrada.

Desde la izquierda también acechan su liderazgo y el de las autoridades tradicionales del cabildo indígena de San José de Julumito, donde es comunero. En 2023, la junta directiva de Asoinca lo señaló en Radio Mil Cuarenta y redes sociales, mostrando su fotografía y acusándolo de contratar una oficina de cobro para atentar contra la directiva sindical. Esto marca solo el comienzo de otro capítulo de persecución y amenazas.

Pronto, panfletos del ELN en el corregimiento de Julumito lo declararon objetivo militar. Debido a esta amenaza, él y otras autoridades tradicionales han tenido que abandonar su hogar en Julumito por la incursión armada que pone en riesgo sus vidas. Los señalamientos de Asoinca, los panfletos del ELN y estas incursiones armadas buscan proteger los procesos de gentrificación rural que han desplazado a la población rural del municipio de Popayán.

¿Y por qué no mencionar que no se le permitió tomar posesión como concejal electo? Una simple advertencia de la Procuraduría bastó para que no se posesionara, sin que se agotara el debido proceso. No hubo decisión administrativa ni acciones legales que lo justificaran. A pesar de la voluntad de cerca de 1300 ciudadanos que lo eligieron concejal por el Pacto Histórico, su elección fue ignorada tanto por su partido como por las instancias electorales.

En este momento, Andrés Maíz lidera una campaña judicial para preservar el emblemático Parque Caldas como patrimonio biocultural de los habitantes de Popayán. Esta iniciativa busca revocar una recomendación de la Procuraduría, tras una solicitud del jurisconsulto Mario Cajas, reconocido abogado de la academia de jurisprudencia. En su solicitud, Cajas argumentó que la piedra del Parque Caldas sufre deterioro con las actividades culturales y artísticas que allí se realizan, dejando entrever una visión clasista que prioriza la conservación material del mobiliario sobre la vida comunitaria y popular de los habitantes de Popayán.

Para el jurista, según nuestra interpretación, la piedra se desgasta, cuando los chirimeros tocan su música, los skaters practican en sus patinetas, los bailarines de música andina danzan junto a la torre del reloj, cuando se celebran festivales gastronómicos y la gente disfruta de ellos, cuando los artesanos exhiben sus productos, o cuando el vendedor ambulante simplemente se gana su sustento en este lugar.

Este enfoque basado en la ciudad aséptica ignora por completo que el Parque Caldas ha sido históricamente un espacio de encuentro donde confluyen relaciones sociales, económicas, políticas, culturales y espirituales de la comarca, otrora primera plaza de mercado de la ciudad de Popayán.

En este contexto, Andrés Maíz enfrenta acusaciones infames, como la de supuestamente instigar desde la alcaldía, para que no se realice el Congreso Gastronómico en el Parque Caldas, pese a que no es funcionario ni contratista de la administración y, por el contrario, reclama por vía judicial su colectivo, comunitario y popular para la comunidad payanesa. A pesar de las calumnias, Andrés Maíz seguirá siendo la piedra en el zapato de la gente de bien de Popayán, perseverando porque mientras haya caminos y semillas, su misión será avanzar, resistir y defender los derechos y la vida de aquellos que luchan por su ciudad y su cultura.