Petro suspende diálogos con el ELN: “Lo ocurrido en Catatumbo son crímenes de guerra”

El presidente Gustavo Petro anunció la suspensión del proceso de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), tras los recientes actos de violencia ocurridos en la región del Catatumbo, Norte de Santander. A través de un mensaje en sus redes sociales, el mandatario calificó las acciones del grupo insurgente como “crímenes de guerra” y señaló que estas violaciones a los derechos humanos demuestran la falta de voluntad de paz por parte del ELN.

“El ELN ha cometido en el Catatumbo crímenes de guerra. Se suspende el proceso de diálogo con este grupo, ya que no tiene ninguna disposición para avanzar hacia la paz”, afirmó Petro. Este anuncio representa un punto crítico en la búsqueda de la «paz total», estrategia priorizada por el Gobierno para poner fin a décadas de conflicto armado en Colombia.

El Catatumbo, una región estratégica en la frontera con Venezuela, ha sido escenario de enfrentamientos entre diversos grupos armados ilegales. La violencia reciente, que ha afectado gravemente a la población civil, minó la confianza en las negociaciones que el Gobierno venía adelantando con el ELN.

En respaldo a la decisión del presidente, los negociadores de paz del Gobierno, liderados por Vera Grabe y el senador Iván Cepeda, expresaron su solidaridad con las víctimas y condenaron los actos criminales en la región. Cepeda subrayó que enfrentarse a otros grupos armados no debe implicar agresiones contra la población civil y reafirmó que, aunque el Gobierno mantiene su voluntad de diálogo, no tolerará crímenes de guerra.

La suspensión de los diálogos evidencia los desafíos en la búsqueda de una paz duradera en el país, marcando un momento de tensión en las relaciones entre el Gobierno y el ELN.

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(Crédito: Colprensa / La Voz del Catatumbo / Facebook)

Tragedia en el Catatumbo: familia asesinada en ataque armado

En la noche del miércoles 15 de enero, tres miembros de una familia, incluido un bebé de seis meses, fueron asesinados en un ataque armado en la vía que conecta Cúcuta con Tibú, en la región del Catatumbo, Norte de Santander. Las víctimas fueron identificadas como Zulay Durán y Pacheco Miguel Ángel López, propietario de la funeraria San Miguel de Tibú.

El múltiple homicidio ocurrió en la vereda La Valera, en el corregimiento La Silla, una zona marcada por la presencia de grupos armados. Según primeras versiones, hombres armados interceptaron el vehículo en el que se desplazaba la familia y abrieron fuego.

Se presume que el ataque fue perpetrado por miembros del Clan del Golfo, también conocido como el Ejército Gaitanista de Colombia (AGC). Sin embargo, las autoridades no han podido ingresar al lugar debido a los riesgos en la zona. Miembros del gremio funerario acudieron para salvaguardar los cuerpos.

El presidente Gustavo Petro calificó el hecho como “lamentable” en su cuenta oficial de la red social X. En su mensaje, confirmó que entre las víctimas estaba un bebé y anunció que la Policía avanza en la recolección de información para esclarecer los hechos.

Este trágico caso, la segunda masacre del año, refleja la grave crisis de seguridad en el Catatumbo, una región fronteriza azotada por disputas entre grupos armados ilegales que continúan sembrando violencia y miedo.

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25 de noviembre: La Desaparición Silenciosa de Nuestras Hijas

«El sur, los vientos del sur traen el cambio», dijo el presidente Gustavo Petro, y así fue: el sur dio la fuerza al proyecto que hoy nos gobierna. Pero esos vientos, antes de esperanza, hoy son pestilentes.
Este 25 de noviembre de 2024, Día de la No Violencia contra las Mujeres, no podemos ignorar cómo la guerra se ensaña con nuestras jóvenes y niñas en el sur. Los vientos del cambio se han vuelto vientos de muerte. Como Madres y Mujeres reclamamos la vida antes de que el silencio y el olvido lo consuman todo.
Mauren Alejandra Ulchur tenía apenas catorce años. Su uniforme escolar aún olía a infancia, pero eso no detuvo a quienes la arrancaron de su salón en el Instituto Técnico Agrícola de La Plata, Huila, a finales de agosto de 2024. No fue la única. Detrás de ella, siete niñas más fueron llevadas mediante engaños, como si en las aulas no quedaran más que cuerpos a disposición de la guerra.
Gracias a la intervención de Naciones Unidas, seis niñas lograron regresar. Pero Mauren Alejandra no fue una de ellas. La encontraron este sábado 23 de noviembre, enterrada en una fosa común en El Ceral, una vereda montañosa de Buenos Aires, Cauca. Murió en medio de un combate entre las estructuras Jaime Martínez y el ELN.
En el colegio donde fue reclutada, las clases continúan como si nada. Ocho menores arrancadas de ese plantel, un informe de la ONU, y aún no pasa nada. Ni la denuncia, ni la muerte, ni el terror bastan para mover la maquinaria del Estado.
Laura Andrea Duarte, de 21 años, tampoco tuvo opciones. La promesa de un trabajo en el Alto Naya la hizo salir de su casa sin mirar atrás. No sabía que el «empleo bien pagado» la llevaría al control de la estructura Jaime Martínez. Cuando se negó a ser reclutada, la asesinaron. Su familia busca su cuerpo, buscando consuelo en otras familias que también buscan a sus hijos desaparecidos.
Erika Vanessa Trochez tenía 17 años cuando la misma estructura la tomó. Fue llevada a un campamento en Villa Colombia, Jamundí. Su madre, una mujer de fuerza desgarradora, llegó hasta donde estaba su hija para pedir que se la devolvieran. Suplicó, lloró, pero la respuesta fue un castigo: Erika fue trasladada a Buenaventura, más lejos, más inaccesible. Hoy no se sabe dónde está. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó a favor de la menor medidas cautelares, pero los días pasan y el silencio del Gobierno Nacional es sepulcral.
Hellen Sofía Chilo, de 12 años, fue vista por última vez el 20 de noviembre de 2024 en Santander de Quilichao, con su uniforme escolar puesto. Versiones indican que caminaba acompañada por un adulto desconocido, quien aparentemente la llevó hasta Popayán. Santander de Quilichao suma una historia más de una niña desaparecida, una historia que se pierde en el silencio y la indiferencia
Melanie Sofía Oviedo salió el 2 de noviembre, al final de la tarde, a pasear su mascota por las calles del barrio San Pedro en Palmira, Valle del Cauca. Llevaba falda negra, saco blanco, medias y zapatillas blancas. No regresó.
Juliana Quilindo Muñoz, de 13 años, es hija de la comunidad indígena Polindara del Cauca y vivía en la ruralidad de Pradera, Valle del Cauca. Desde el 2 de noviembre de 2024, su desaparición ha generado alarma en las redes sociales, donde circulan carteles solicitando información sobre su paradero. Sin embargo, hasta el momento, su rastro sigue siendo un misterio, y su familia y comunidad siguen esperando respuestas.
Heylin Ruiz Mensa, de 13 años, desapareció el 25 de octubre de 2024 desde su casa en el barrio San Marino de Cali. Su fotografía, con una balaca y una sonrisa, cuelga en los postes del barrio. Su familia sigue buscando, pero hasta ahora, no sabemos nada de ella.
Lizet Tatiana Morales Tálaga, de 15 años, estudiaba en el Colegio San Antonio de Padua en Timbío, Cauca. El 28 de octubre de 2024 salió de clases como cualquier otro día, pero nunca llegó a casa. Es la misma historia que se repite una y otra vez en los municipios del Cauca: niñas que salen de su colegio y nunca regresan. Cada día que pasa sin noticias, la esperanza se mezcla con la angustia, y el dolor de la desaparición se hace más profundo.
Katherine Aranda, 15 años, desapareció el mediodía del 29 de octubre. La vieron por última vez cerca del barrio Pedro León en Corinto, Cauca. Desde entonces, la montaña guarda silencio.
Jenny Vanessa Poloche y Yensi Poloche, de 12 y 16 años, compartieron la misma desaparición. Sus huellas se borraron en la Institución Agrícola de Piamonte, Cauca, el 23 de octubre de 2024. La escuela, ese lugar que debería protegerlas, quedó en silencio. La vida sigue su curso, pero ellas no vuelven.
Helen Sofía Mopán, de 13 años, desapareció en agosto de 2024, cuando salió de su casa en La Unión, Nariño, sin dejar rastro. Desde entonces, su familia y comunidad no han tenido noticias de ella. Como muchas otras niñas en el sur de Colombia, Helen se suma a la lista de las desaparecidas.
Anyela Mildred Ipia Acalo, de 15 años, desapareció el 14 de octubre de 2024, mientras regresaba de Caldono hacia su casa en la vereda Asnazu, Suárez, Cauca. En el sector de Mondomo, alguien la vio subir a una camioneta. Su paradero sigue siendo incierto. Se rumorea que podría estar en Muchique Los Tigres, en Santander de Quilichao. La Estructura Dagoberto Ramos de las FARC la reclutó, como ha ocurrido con tantas otras niñas.
25 de noviembre de 2024, Día de la No Violencia contra la Mujer, y nada pasa.
Hoy, como todos los días, denunciamos cómo la guerra y la muerte siguen arrancando a nuestras niñas y jóvenes del sur. Pero no pasa nada. Ellas se convierten en una cifra más, en un número olvidado en un programa de Excel, en un cartel de «se busca» que no ofrece respuestas. No están en casa, no están en sus colegios, no están con sus familias ni en sus comunidades. La muerte nos habita, la guerra ha tomado el control, y la indiferencia sigue siendo la única respuesta.
No hay cambio posible si nuestras niñas desaparecen sin dejar rastro. No hay esperanza mientras el silencio y la indiferencia sigan siendo la respuesta. Hoy, más que nunca, el sur clama por justicia, por memoria, por un país que no olvide a sus hijas, que se niegue a ser indiferente ante su dolor. Que los vientos del sur no sigan trayendo muerte y guerra. Que los vientos del sur sean, por fin, el verdadero cambio: un cambio que permita a las mujeres vivir libres de violencia.

Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad y del Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz.