Miller Ojeda: el legado de un líder social asesinado en Las Gardenias

Un hombre que transformó vidas en un barrio marcado por la violencia y que hoy llora su pérdida. Los habitantes del bloque 11 de la urbanización Las Gardenias, al suroccidente de Barranquilla, están conmocionados por el asesinato de Miller Ojeda Muñoz, un líder social que dedicó su vida a transformar su comunidad. El crimen ocurrió la noche del viernes 17 de enero de 2025, cuando hombres armados lo atacaron en una esquina del conjunto residencial que administraba. Junto a su cuerpo, dejaron un letrero que decía: “Por sapo”.

Para los vecinos, ese calificativo es incomprensible. Desde que llegó al barrio, Miller trabajó incansablemente por mejorar la calidad de vida en Las Gardenias. Su labor se enfocó en alejar a los jóvenes de los caminos de la violencia y brindarles nuevas oportunidades. Con el apoyo de la Alcaldía Distrital, ayudó a muchos a regresar a las aulas, alistarse en el Ejército o emprender sus propios negocios.

“El barrio era invivible antes de que él llegara. Miller orientó a nuestros jóvenes, no porque fueran malos, sino porque necesitaban una guía. Hoy, muchos han cambiado gracias a su ejemplo”, expresó una vecina. Además, Miller fomentó actividades comunitarias, talleres y reuniones para fortalecer la convivencia en el bloque 11.

Administrador de propiedad horizontal con varias especializaciones, Miller fue un referente en la organización y la paz del sector. Su compromiso, sin embargo, también le generó enemigos: aquellos que se benefician del caos en Las Gardenias. “Lo asesinaron los que prefieren la muerte sobre la reconciliación”, denunció en redes Yul Fuenmayor Ripoll, amigo del líder social.

La Policía Metropolitana y Medicina Legal ya investigan el caso, que ha dejado en duelo a toda la comunidad. Este crimen no solo ha generado indignación, sino también una movilización colectiva que exige justicia. Los vecinos se han unido para exigir que este asesinato no quede en la impunidad y que el ejemplo de Miller sea recordado como un llamado a la paz y la esperanza en medio de la adversidad.

En medio del dolor, Las Gardenias se compromete a continuar el trabajo de Miller, demostrando que su legado vivirá en cada joven que decida tomar un camino diferente y en cada iniciativa comunitaria que busque un futuro mejor.

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El Catatumbo en crisis: el ELN intensifica ataques contra firmantes de paz

ELN intensifica ataques contra firmantes de paz en el Catatumbo: dos excombatientes asesinados

La región del Catatumbo, en Norte de Santander, vive una escalada de violencia desatada por el conflicto entre el ELN y las disidencias de las Farc. Desde el 16 de enero, los enfrentamientos han dejado víctimas entre la población civil, incluyendo exguerrilleros que firmaron el Acuerdo de Paz con el gobierno de Juan Manuel Santos.

En videos difundidos en redes sociales, se observa a guerrilleros del ELN recorriendo casa por casa en el corregimiento de San Pablo, municipio de Teorama, buscando a firmantes del acuerdo. Horas después, los cuerpos de Albeiro Díaz Franco y Yurgen Martínez Delgado fueron hallados sin vida. Ambos habían decidido dejar las armas y acogerse al proceso de paz.

Adicionalmente, otros dos firmantes fueron asesinados en los municipios de El Tarra y Convención, aunque no se han revelado sus identidades. Testimonios no confirmados indican que más personas en la misma condición podrían haber sido retenidas por el ELN.

El gobernador de Norte de Santander, William Villamizar, informó que los enfrentamientos han causado al menos 23 muertos oficialmente, mientras reportes extraoficiales elevan la cifra a 34 fallecidos y 20 heridos. Villamizar destacó que la situación habría podido prevenirse, pues las autoridades locales ya habían advertido sobre el riesgo de una escalada violenta desde diciembre.

El conflicto ha provocado desplazamientos masivos, cierre de escuelas y paralización del comercio. Las instituciones educativas evalúan modelos virtuales para garantizar la seguridad de estudiantes y docentes, mientras se han habilitado iglesias y colegios como refugios temporales. La región también enfrenta una alerta amarilla en el sistema de salud para atender a las víctimas.

Villamizar lamentó que los avances en la paz logrados durante los últimos meses se hayan desmoronado tras la suspensión de las negociaciones con el ELN en diciembre. «Mientras existían mesas de diálogo, algunos municipios llegaron a estar hasta nueve meses sin homicidios. Hoy enfrentamos una situación devastadora», afirmó.

En medio del caos, circulan comunicados supuestamente emitidos por el ELN, que acusan al comandante disidente alias Richard de ser un «paramilitar» y exigen su entrega. Sin embargo, Villamizar advirtió que estos mensajes deben ser verificados antes de ser considerados oficiales.

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crédito montaje Infobae.com

Macabro hallazgo en Dosquebradas: tras operativo policial se encontró un cuerpo sin vida y se realizaron capturas en la que sería una «Casa de pique»

Un operativo realizado por la Policía Metropolitana de Pereira en la noche del lunes 13 de enero de 2025, en el barrio El Japón de Dosquebradas, Risaralda, reveló un inquietante escenario. Las autoridades capturaron a tres adultos y aprehendieron a un menor de edad tras encontrar el cuerpo sin vida de un hombre de 25 años, atado de manos y pies, junto con armas y otros materiales que están siendo analizados.

El procedimiento se desencadenó por denuncias ciudadanas sobre actividades ilícitas en dos viviendas del sector, donde presuntamente se vendían drogas y podrían realizarse prácticas relacionadas con desmembramientos. Aunque el comandante de la Policía Metropolitana, coronel Yeison Ramos, descartó inicialmente la existencia de una “casa de pique”, señaló que el caso está en investigación.

Los capturados son originarios de varias localidades del Eje Cafetero y Valle del Cauca. Según información preliminar, podrían estar vinculados al tráfico de drogas sintéticas y disputas territoriales con otro grupo criminal. Estas luchas habrían originado homicidios selectivos en la región.

Durante el allanamiento, las autoridades incautaron un revólver sin licencia, armas corto-punzantes, teléfonos móviles y otros elementos clave para las investigaciones. En uno de los inmuebles, los sospechosos intentaron escapar, desatando un enfrentamiento armado con la Policía.

Este caso aumenta la preocupación en Dosquebradas y Pereira, donde entre octubre y diciembre de 2023 se hallaron al menos siete cuerpos desmembrados. Las autoridades investigan si los capturados están relacionados con estos crímenes, mientras buscan desarticular estructuras criminales en la región.

Los detenidos fueron puestos a disposición de la justicia por cargos de homicidio, porte ilegal de armas y tráfico de estupefacientes. El menor será presentado ante un juez de infancia y adolescencia para definir su situación legal.

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Homicidio en el Resguardo Embera Chamí: investigan caso de indígena asesinado en Risaralda

El pasado domingo 5 de enero, a las 11:40 a. m., las autoridades recibieron el reporte del asesinato de Adán Enevia Dovigama, un hombre de 73 años perteneciente a la comunidad indígena Dotumá, en el Gran Resguardo Unificado Embera Chamí. El hecho ocurrió en la vereda Alto Humacas, ubicada a tres horas del casco urbano de Mistrató, Risaralda.

La Policía de Risaralda informó que el hecho de sangre se produjo por el impacto de un arma de fuego. El cuerpo de Enevia fue trasladado a Medicina Legal alrededor de las 4:00 p. m. para iniciar los procedimientos forenses que permitan esclarecer las circunstancias de su muerte.

Hasta el momento, no se han identificado testigos del incidente. Según declaraciones de su esposa, el hombre salió de casa en la madrugada, y poco después se escuchó una detonación. A pesar de que los vecinos acudieron al lugar, afirmaron no haber visto nada debido a la intensa lluvia que caía en ese momento.

La Policía, la Fiscalía y representantes de la comunidad indígena han anunciado la conformación de una mesa de trabajo en los próximos días para avanzar en la investigación y aclarar lo sucedido.

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 Tragedia en Yopal: El asesinato de una joven de 16 años sacude a la comunidad

Un lamentable y doloroso hecho conmociona a Yopal, Casanare. En la carrera 27 con calle 24, Saúl Ramírez, exagente del DAS, escolta y funcionario de la Alcaldía de Yopal, disparó contra Yanith Sigua, una adolescente de tan solo 16 años, quitándole la vida. Tras cometer el crimen, Ramírez intentó suicidarse, siendo trasladado con urgencia a un centro asistencial, donde finalmente falleció.

Este trágico suceso ha dejado a la comunidad de Yopal en un profundo estado de consternación y tristeza. A su vez, plantea serias preguntas sobre las circunstancias que llevaron a este lamentable desenlace. Los hechos aún están siendo investigados por las autoridades, quienes buscan esclarecer las motivaciones detrás de esta tragedia.

La violencia que arrebató la vida de Yanith ha encendido alarmas en la sociedad sobre la importancia de abordar las raíces de este tipo de conflictos, mientras los habitantes de Yopal se unen en el duelo y exigen justicia.

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Segundo feminicidio del 2025 en el Cauca: Paola Andrea Quinayás fue asesinada en Timbío

El Cauca registra su segundo feminicidio en menos de 48 horas. Paola Andrea Quinayás, una mujer oriunda de El Bordo, fue asesinada con arma de fuego el 1 de enero en la parcelación La Marqueza, zona rural de Timbío. Según las autoridades, sujetos desconocidos llegaron al lugar donde ella celebraba el inicio del año con amigos y dispararon en repetidas ocasiones. Pese a ser trasladada al hospital, llegó sin signos vitales.

Este crimen ocurre un día después del asesinato de Dayana Camila Ruiz en Argelia, quien murió intentando defender a su madre en una riña familiar presuntamente ocasionada por su padre en estado de alicoramiento.

La Secretaría de la Mujer del Cauca y organizaciones como la Ruta Pacífica de las Mujeres han condenado estos hechos, subrayando que la violencia de género en la región es alarmante. Advierten que factores como la violencia estructural y la presencia de actores armados incrementan los riesgos para las mujeres.

Ambos casos reflejan la urgencia de acciones efectivas por parte del Estado y la sociedad para erradicar la violencia contra las mujeres y garantizar justicia para las víctimas.

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ASESINAN A FIRMANTE DE PAZ EN SAN VICENTE DEL CAGUÁN

San Vicente del Caguán, Caquetá – La comunidad de este municipio está de luto tras un nuevo hecho de violencia. La noche del 5 de enero de 2025, Wilmer Ruiz Delgado, un firmante de paz de 41 años, fue asesinado en el asentamiento Cataleya No. 2, en horas cercanas a las 8:45 p.m. Según informaron vecinos del sector, el agresor huyó rápidamente después de cometer el crimen.

Las autoridades ya se encuentran investigando el caso para esclarecer los detalles de este asesinato. Personal de la Fiscalía General de la Nación y de Medicina Legal se desplazaron al lugar para realizar el levantamiento del cuerpo y continuar con las diligencias judiciales correspondientes.

Con este crimen, suman ya 445 los firmantes de paz asesinados desde la firma del acuerdo en 2016, una cifra alarmante que muchos califican como un genocidio. La impunidad sigue siendo la constante en la mayoría de estos casos, dejando una vez más a las víctimas y sus familias en la desesperanza.

25 de noviembre: La Desaparición Silenciosa de Nuestras Hijas

«El sur, los vientos del sur traen el cambio», dijo el presidente Gustavo Petro, y así fue: el sur dio la fuerza al proyecto que hoy nos gobierna. Pero esos vientos, antes de esperanza, hoy son pestilentes.
Este 25 de noviembre de 2024, Día de la No Violencia contra las Mujeres, no podemos ignorar cómo la guerra se ensaña con nuestras jóvenes y niñas en el sur. Los vientos del cambio se han vuelto vientos de muerte. Como Madres y Mujeres reclamamos la vida antes de que el silencio y el olvido lo consuman todo.
Mauren Alejandra Ulchur tenía apenas catorce años. Su uniforme escolar aún olía a infancia, pero eso no detuvo a quienes la arrancaron de su salón en el Instituto Técnico Agrícola de La Plata, Huila, a finales de agosto de 2024. No fue la única. Detrás de ella, siete niñas más fueron llevadas mediante engaños, como si en las aulas no quedaran más que cuerpos a disposición de la guerra.
Gracias a la intervención de Naciones Unidas, seis niñas lograron regresar. Pero Mauren Alejandra no fue una de ellas. La encontraron este sábado 23 de noviembre, enterrada en una fosa común en El Ceral, una vereda montañosa de Buenos Aires, Cauca. Murió en medio de un combate entre las estructuras Jaime Martínez y el ELN.
En el colegio donde fue reclutada, las clases continúan como si nada. Ocho menores arrancadas de ese plantel, un informe de la ONU, y aún no pasa nada. Ni la denuncia, ni la muerte, ni el terror bastan para mover la maquinaria del Estado.
Laura Andrea Duarte, de 21 años, tampoco tuvo opciones. La promesa de un trabajo en el Alto Naya la hizo salir de su casa sin mirar atrás. No sabía que el «empleo bien pagado» la llevaría al control de la estructura Jaime Martínez. Cuando se negó a ser reclutada, la asesinaron. Su familia busca su cuerpo, buscando consuelo en otras familias que también buscan a sus hijos desaparecidos.
Erika Vanessa Trochez tenía 17 años cuando la misma estructura la tomó. Fue llevada a un campamento en Villa Colombia, Jamundí. Su madre, una mujer de fuerza desgarradora, llegó hasta donde estaba su hija para pedir que se la devolvieran. Suplicó, lloró, pero la respuesta fue un castigo: Erika fue trasladada a Buenaventura, más lejos, más inaccesible. Hoy no se sabe dónde está. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó a favor de la menor medidas cautelares, pero los días pasan y el silencio del Gobierno Nacional es sepulcral.
Hellen Sofía Chilo, de 12 años, fue vista por última vez el 20 de noviembre de 2024 en Santander de Quilichao, con su uniforme escolar puesto. Versiones indican que caminaba acompañada por un adulto desconocido, quien aparentemente la llevó hasta Popayán. Santander de Quilichao suma una historia más de una niña desaparecida, una historia que se pierde en el silencio y la indiferencia
Melanie Sofía Oviedo salió el 2 de noviembre, al final de la tarde, a pasear su mascota por las calles del barrio San Pedro en Palmira, Valle del Cauca. Llevaba falda negra, saco blanco, medias y zapatillas blancas. No regresó.
Juliana Quilindo Muñoz, de 13 años, es hija de la comunidad indígena Polindara del Cauca y vivía en la ruralidad de Pradera, Valle del Cauca. Desde el 2 de noviembre de 2024, su desaparición ha generado alarma en las redes sociales, donde circulan carteles solicitando información sobre su paradero. Sin embargo, hasta el momento, su rastro sigue siendo un misterio, y su familia y comunidad siguen esperando respuestas.
Heylin Ruiz Mensa, de 13 años, desapareció el 25 de octubre de 2024 desde su casa en el barrio San Marino de Cali. Su fotografía, con una balaca y una sonrisa, cuelga en los postes del barrio. Su familia sigue buscando, pero hasta ahora, no sabemos nada de ella.
Lizet Tatiana Morales Tálaga, de 15 años, estudiaba en el Colegio San Antonio de Padua en Timbío, Cauca. El 28 de octubre de 2024 salió de clases como cualquier otro día, pero nunca llegó a casa. Es la misma historia que se repite una y otra vez en los municipios del Cauca: niñas que salen de su colegio y nunca regresan. Cada día que pasa sin noticias, la esperanza se mezcla con la angustia, y el dolor de la desaparición se hace más profundo.
Katherine Aranda, 15 años, desapareció el mediodía del 29 de octubre. La vieron por última vez cerca del barrio Pedro León en Corinto, Cauca. Desde entonces, la montaña guarda silencio.
Jenny Vanessa Poloche y Yensi Poloche, de 12 y 16 años, compartieron la misma desaparición. Sus huellas se borraron en la Institución Agrícola de Piamonte, Cauca, el 23 de octubre de 2024. La escuela, ese lugar que debería protegerlas, quedó en silencio. La vida sigue su curso, pero ellas no vuelven.
Helen Sofía Mopán, de 13 años, desapareció en agosto de 2024, cuando salió de su casa en La Unión, Nariño, sin dejar rastro. Desde entonces, su familia y comunidad no han tenido noticias de ella. Como muchas otras niñas en el sur de Colombia, Helen se suma a la lista de las desaparecidas.
Anyela Mildred Ipia Acalo, de 15 años, desapareció el 14 de octubre de 2024, mientras regresaba de Caldono hacia su casa en la vereda Asnazu, Suárez, Cauca. En el sector de Mondomo, alguien la vio subir a una camioneta. Su paradero sigue siendo incierto. Se rumorea que podría estar en Muchique Los Tigres, en Santander de Quilichao. La Estructura Dagoberto Ramos de las FARC la reclutó, como ha ocurrido con tantas otras niñas.
25 de noviembre de 2024, Día de la No Violencia contra la Mujer, y nada pasa.
Hoy, como todos los días, denunciamos cómo la guerra y la muerte siguen arrancando a nuestras niñas y jóvenes del sur. Pero no pasa nada. Ellas se convierten en una cifra más, en un número olvidado en un programa de Excel, en un cartel de «se busca» que no ofrece respuestas. No están en casa, no están en sus colegios, no están con sus familias ni en sus comunidades. La muerte nos habita, la guerra ha tomado el control, y la indiferencia sigue siendo la única respuesta.
No hay cambio posible si nuestras niñas desaparecen sin dejar rastro. No hay esperanza mientras el silencio y la indiferencia sigan siendo la respuesta. Hoy, más que nunca, el sur clama por justicia, por memoria, por un país que no olvide a sus hijas, que se niegue a ser indiferente ante su dolor. Que los vientos del sur no sigan trayendo muerte y guerra. Que los vientos del sur sean, por fin, el verdadero cambio: un cambio que permita a las mujeres vivir libres de violencia.

Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad y del Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz.

 

¡Comisión de esclarecimiento YA!

Por: Sofía López Mera, Abogada, periodista y defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.

En el contexto de la conmemoración de los tres años del estallido social en Colombia, las víctimas y organizaciones sociales que han sufrido la represión del gobierno de Iván Duque se reunieron con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Su objetivo fue solicitar apoyo para la creación de la Comisión de Esclarecimiento de los Hechos del Estallido Social de 2021, así como pedir una audiencia temática durante el 190º periodo de sesiones, que se celebrará en la sede de la CIDH en Washington DC en julio de este año.

Las víctimas y organizaciones de los departamentos de Risaralda, Valle del Cauca, Cauca y Nariño denunciaron la violencia sufrida y los mecanismos de impunidad instaurados por la Fiscalía General de la Nación. Se destacaron las amenazas, persecuciones y hostigamientos recibidos por las víctimas que denunciaron los hechos, así como la falta de funcionamiento de los mecanismos de garantías para la protesta social y la mesa de víctimas de la fuerza pública que se caracterizan por la escasa participación de las regiones.

Durante el encuentro con la CIDH, se resaltaron los incumplimientos del Estado de Colombia respecto a las recomendaciones emitidas por este organismo durante su visita de trabajo en 2021. Se puso énfasis en la persistencia de mecanismos de impunidad en el suroccidente del país, especialmente en la ineficacia de la Fiscalía General de la Nación para identificar y sancionar a los responsables, tanto agentes estatales como no estatales, que perpetraron graves violaciones a los derechos humanos, especialmente contra los jóvenes manifestantes. Se denunciaron las deficiencias en los procesos forenses llevados a cabo por el Instituto de Medicina Legal, señalando que estas instituciones parecen estar más enfocadas en montajes judiciales contra los jóvenes que en buscar justicia para las víctimas de las violaciones a los derechos humanos.

Se resaltó la situación de desamparo en la que se encuentran las víctimas, muchas de las cuales han sido sometidas a múltiples desplazamientos forzados tras presentar sus denuncias. Sin embargo, se ha encontrado obstáculos para recibir atención humanitaria por parte de la Defensoría del Pueblo y la Unidad de Víctimas, argumentando que no califican como víctimas del conflicto

 

 

rmado. Es fundamental aclarar que estas personas son víctimas de acciones irregulares perpetradas por la Policía Nacional y los escuadrones paramilitares conformados durante el paro nacional.

Durante la reunión se pusieron de relieve casos específicos de violencia, como los homicidios de Michael Aranda y Daniel Sánchez, llevados a cabo por la policía el 28 de mayo en Siloé, así como el atentado contra la Minga indígena el 9 de mayo, que dejó gravemente heridos a 8 comuneros indígenas, en estos hechos criminales participaron tanto la policía como de individuos armados de civil. También se mencionó el trágico asesinato de Angie Valencia en el sector de Calipso y el caso de Lucas Villa en el viaducto de Pereira. Además, se abordaron los casos de desapariciones forzadas en el Valle del Cauca durante el paro nacional, así como la persecución de los jóvenes líderes de las protestas y su actual situación de indefensión.

Se señalaron los hechos ocurridos el 28 de mayo en Pasto, Nariño, que dejaron un número indeterminado de heridos, incluido Cristian Yovani Bastidas, quien fue víctima de mutilación ocular y posteriormente se suicidó debido a las profundas afectaciones emocionales que sufrió. En el departamento del Cauca, se denunciaron los ataques sufridos por defensores de derechos humanos y periodistas, quienes a pesar de haber informado a la Defensoría del Pueblo sobre los actos de agresión, hostigamiento y amenaza durante el paro en Popayán, no vieron avances en las investigaciones.

También se denunciaron las prácticas racistas que quedaron instaladas desde el paro nacional, donde a los miembros de pueblos indígenas se les prohibió el acceso a ciertos lugares exclusivos de la ciudad de Cali, así como los ataques a las sedes del Consejo Regional Indígena del Cauca y sus instalaciones de salud en Popayán por parte de sectores extremistas que reprimen la protesta social.

El Paro Nacional de 2021 fue una acción política importante que llevó al presidente Gustavo Petro al cargo, pero las víctimas del estallido social se sienten abandonadas y enfrentan una desesperanzadora impunidad. Por esta razón la Comisión de Esclarecimiento de los Hechos del Paro busca establecer los derechos a la verdad, la justicia y la reparación integral de las víctimas, así como garantizar la no repetición de los hechos.

Este viernes, las víctimas del suroccidente y sus organizaciones presentarán la propuesta de la Comisión de Esclarecimiento de los Hechos del Paro Nacional ante los Ministerios de Defensa y Justicia. Además, están a la espera de una reunión con el Vice Ministerio de Juventudes para abordar esta importante iniciativa.

En América Latina, se han establecido diversas comisiones de esclarecimiento para abordar casos de violaciones a los derechos humanos y corrupción. Por ejemplo, la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en el caso Ayotzinapa fue creada en 2014 por el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, tras la desaparición de 43 estudiantes en Iguala, México. Esta comisión, integrada por expertos nacionales e internacionales en derechos humanos y criminología, se encargó de investigar los hechos de manera independiente.

Otro ejemplo es la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), establecida en 2006 mediante un acuerdo entre el gobierno guatemalteco y la ONU. La CICIG tenía como objetivo apoyar al Estado de Guatemala en la lucha contra la impunidad, fortaleciendo las instituciones para combatir la corrupción y el crimen organizado. Cabe destacar que en esta comisión participaron destacados profesionales como el actual ministro de defensa de Colombia, Iván Velásquez, y la actual Fiscal General de la Nación, Adriana Camargo.

Considerando la relevancia y el éxito de iniciativas similares en la región, se espera que la propuesta de las víctimas del estallido social sobre la creación de una comisión de esclarecimiento sea bien recibida por el gobierno nacional y se inicien las rutas para el restablecimiento de los derechos de las víctimas.

¡Comisión de esclarecimiento Ya !

Hallazgos y recomendaciones preliminares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre la situación de Colombia.

Por invitación del presidente Gustavo Petro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos realizó una visita in loco en Colombia con el propósito de observar los impactos de las distintas formas de violencia en la situación de los derechos humanos. La delegación que condujo la visita estuvo liderada por la Presidenta de la CIDH, Comisionada Roberta Clarke; el segundo vicepresidente y Relator para Colombia, José Luis Caballero; los Comisionados Stuardo Ralón y Arif Bulkan, y las Comisionadas Andrea Pochak y Gloria De Mees, junto a la Secretaria Ejecutiva, Tania Reneaum, la Secretaria Ejecutiva Adjunta, María Claudia Pulido, la Jefa de Gabinete, Patricia Colchero, y especialistas de la Secretaría Ejecutiva. Así mismo, integraron la delegación los Relatores Especiales para la Libertad de Expresión, Pedro Vaca, y sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Javier Palummo.

La delegación visitó la ciudad de Bogotá y los departamentos de Antioquia, Cauca, Chocó, La Guajira, Magdalena, Nariño, Putumayo y Valle del Cauca. En dichos lugares, la CIDH se entrevistó con autoridades de los diferentes poderes del Estado y se escuchó a organizaciones de la sociedad civil, grupos indígenas y afrocolombianos, activistas, personas defensoras y con liderazgo social y comunitario, sindicatos y gremios empresariales, así como de partidos políticos. La CIDH también visitó algunos de los principales centros de reclusión del país.

En la rueda de prensa del viernes 19 de abril, la CIDH presentó sus observaciones preliminares destacando varios aspectos de la crítica situación de derechos humanos y humanitaria que padece Colombia.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos indicó que Colombia, un país caracterizado por desigualdades extremas y arraigada pobreza, enfrenta una compleja transformación socioeconómica en medio de prácticas históricas de racismo y discriminación de clases. La presencia de grupos armados delincuenciales en territorios vulnerables agrava esta situación, generando un clima de violencia que socava los derechos humanos en el país.

El acuerdo de paz de 2016, centrado en el abandono de armas, la justicia transicional y el dejar las economías ilegales, se percibía como un punto de inflexión hacia una sociedad más justa e incluyente. Sin embargo, la implementación de estas acciones ha enfrentado  obstáculos significativos, incluida la persistencia de la violencia contra firmantes de paz,  defensores de derechos humanos y líderes sociales.

Las comunidades indígenas, afrocolombianas, raizales y palenqueras, así como el pueblo ROM, han sido sistemáticamente excluidas. Además, el patriarcado ha instaurado una jerarquía de género que subyuga a mujeres, adolescentes, niñas y personas LGBTI. Esta discriminación se agudiza al entrelazarse con factores económicos, fortaleciendo así la exclusión social y política.

En las áreas habitadas principalmente por comunidades étnicas, persisten una serie de problemas graves, como asesinatos, amenazas a líderes y lideresas, reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes, y un aumento en la extorsión y el secuestro. La presencia y control territorial de los grupos armados han llevado a situaciones de resistencia, confinamiento y desplazamiento interno de la población, lo que representa una crisis que amenaza la identidad cultural y la supervivencia de estas comunidades

Las mujeres y personas LGBTI, especialmente aquellas pertenecientes a comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas con discapacidad o en situación de movilidad, continúan siendo víctimas de violencia sexual y reproductiva en las áreas rurales bajo control de grupos armados.

A pesar de que  a pesar de que los grupos étnicos, mujeres y población LGBTI sufren de manera desproporcionada los impactos de los conflictos, siguen siendo excluidos de manera sistemática de participar equitativamente en los procesos de paz y en la gobernanza. Además, enfrentan mayores barreras para acceder a la educación, la tierra y otros recursos productivos.

La raíz del conflicto armado en Colombia, así como de las recientes manifestaciones masivas en 2019, 2020 y 2021, reside en la desigualdad y la discriminación arraigadas en el país. En muchos territorios rurales, el Estado tiene una presencia mínima, lo que resulta en la falta de seguridad, servicios sociales, acceso a la educación e infraestructuras básicas. Los grupos armados aprovechan esta vulnerabilidad para reclutar principalmente a niñas, niños y adolescentes.

El conflicto armado en Colombia, desideologizado y centrado en economías ilícitas como la minería ilegal y el tráfico de drogas y de personas, ha generado violencia indiscriminada, reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes, y desplazamiento interno masivo. La falta de presencia estatal en zonas rurales profundiza la inseguridad y la exclusión.

Además, la crisis humanitaria se agrava con el flujo masivo de personas en movimiento, incluyendo venezolanos, haitianos, ecuatorianos y personas de otros países fuera de la región, lo que incrementa el riesgo de trata de personas, explotación sexual y otras formas contemporáneas de esclavitud.

A pesar de los avances en la implementación del acuerdo de paz, no existe una efectiva coordinación entre entidades gubernamentales para la ejecución de las medidas acordadas. Es necesario priorizar la participación efectiva de las comunidades étnicas en la implementación y garantizar la protección de los derechos de quienes participan en el proceso de paz.

La continuidad de estos problemas se atribuye a la impunidad sistemática, que implica una falta de diligencia en las investigaciones y una falta de identificación y sanción de los responsables intelectuales incluso cuando hay condenas. La impunidad sistemática en Colombia supone un obstáculo significativo para la justicia y la superación de violaciones de derechos humanos. Es fundamental fortalecer la coordinación entre autoridades y garantizar una investigación y sanción efectivas de los responsables de violaciones de derechos humanos.

Además, la Comisión Interamericana visitó centros de detención y observó condiciones inaceptables a pesar de los esfuerzos para tratar a la población penitenciaria.

Los testimonios recopilados de diversas regiones del país reflejan la angustia, la incertidumbre y el sufrimiento que experimentan frente a la violencia reinante, la imposición del dominio territorial por parte de grupos armados y la convivencia forzada con ellos. Todo esto se desarrolla en un contexto de abandono histórico por parte del Estado.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomendó al Estado de Colombia lo siguiente:

  • Desarrollar políticas redistributivas que garanticen el acceso pleno a los derechos y disminuyan la desigualdad en Colombia.
  • Cumplir con la obligación internacional de proteger la vida y la integridad de las personas en todo el territorio nacional, especialmente en las zonas donde se hayan decretado ceses al fuego bilaterales, alineando las nuevas negociaciones con grupos armados a la ruta establecida en el acuerdo de paz de 2016.
  • Priorizar el debate constructivo y los consensos en el Congreso para la aprobación de leyes necesarias para la implementación del acuerdo de paz, incluyendo la reforma a la ley de víctimas.
  • Exhortar a la fiscalía general de la nación y al poder judicial a investigar, juzgar y sancionar a los responsables de graves violaciones de Derechos Humanos.
  • Fortalecer la coordinación entre autoridades nacionales, departamentales y municipales, garantizando la participación efectiva de las comunidades en el desarrollo de proyectos productivos, infraestructura, acceso al agua, construcción de vías de comunicación y oferta de alternativas para todas las personas, especialmente la juventud.

La CIDH espera que el Estado y la sociedad en su conjunto pueden lograr los acuerdos sociales y políticos necesarios para impulsar las transformaciones que permitan alcanzar la paz y garantizar la vigencia de los Derechos Humanos en Colombia. Reconociendo que esto requerirá de un compromiso firme con el diálogo participativo y el respeto a los derechos humanos en todas las esferas de la sociedad colombiana.

Por: Sofía López Mera, abogada y periodista, defensora de derechos humanos de la Corporación Justicia y Dignidad.