José Albeiro Liz Muchicon: Un Sabedor Ancestral Víctima del Exterminio Indígena y del Conflicto Intraétnico en el Cauca

El 27 de enero de 2025, el Cauca sumó un nombre más a la lista de líderes indígenas asesinados: José Albeiro Liz Muchicon, médico tradicional, mayor y sabedor ancestral del territorio U’sxa Guyumús (Togoima) del pueblo Nasa de Tierradentro, municipio de Páez. Con su muerte, el 2025 ya cuenta con 13 líderes asesinados en Colombia , evidenciando la complejidad y gravedad de la situación de violencia en la región.

José Albeiro Liz Muchicon era ampliamente reconocido por su invaluable aporte al fortalecimiento de la autonomía territorial y su rol fundamental en los programas de salud del pueblo Nasa. Como médico tradicional, su sabiduría espiritual y su dedicación a la medicina ancestral eran pilares en la preservación cultural y la protección de la comunidad. Su asesinato deja un vacío irreparable en el corazón de su pueblo.
En horas de la noche, dos hombres armados irrumpieron en su vivienda. Sin mediar palabra, descargaron una ráfaga de disparos, propinándole 14 impactos de bala. A pesar de ser trasladado de inmediato al hospital, José Albeiro perdió la vida en el trayecto.

Este acto cobarde ha generado un profundo rechazo en la comunidad, que lamenta la pérdida de un líder espiritual que luchó incansablemente por el bienestar de su gente.
El asesinato de José Albeiro Liz Muchicon no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia de exterminio que amenaza la existencia de los pueblos indígenas en el Cauca. Esta situación se agrava con el conflicto intraétnico, en el que indígenas que integran grupos armados ilegales han terminado atentando contra sus propias comunidades.
La presencia de grupos armados ilegales en el territorio ha generado una crisis humanitaria que afecta la autonomía y seguridad de los pueblos indígenas, quienes se enfrentan no solo al despojo territorial, sino también a la violencia perpetuada por sus propios miembros cooptados por estructuras armadas.

Frente a esta grave situación, las comunidades indígenas instan a los grupos armados ilegales a respetar la vida de la población civil y a cumplir con los principios del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Además, exigen al Gobierno Nacional que tome medidas urgentes para garantizar la seguridad y la atención efectiva de la crisis humanitaria que atraviesa la región.

José Albeiro Liz Muchicon deja un legado de resistencia, sabiduría y lucha por la vida digna de su comunidad. Su asesinato no debe quedar en el olvido, sino ser el punto de inflexión para que el Estado y la sociedad actúen con decisión para proteger a los pueblos indígenas y sus líderes, quienes día a día defienden la vida, la cultura y el territorio en medio de un conflicto que no cesa.

¿DÓNDE ESTÁ NARLY?

Han transcurrido cinco años desde la desaparición forzada de Narly Gómez Jiménez y, al día de hoy, su paradero continúa siendo un misterio. La pregunta se mantiene vigente en cada rincón del Cauca y del país: ¿DÓNDE ESTÁ NARLY?. Para su hija —hoy de 10 años— el interrogante es todavía más doloroso: “¿Dónde está mi mamá?”. A diario, la menor sigue dibujando esperanzas en cartas dirigidas a su madre, aguardando su regreso. Sin embargo, y a pesar de múltiples denuncias y de la exigencia de familiares y organizaciones sociales, no se tiene noticia alguna sobre Narly.

Presunta muerte de Ever Yobany Imbachi y la impunidad de sus familiares

En el transcurso de las investigaciones, se ha conocido que Ever Yobany Muñoz Imbachi —excompañero sentimental de Narly y señalado como principal implicado en su desaparición— habría sido asesinado en el departamento del Huila. No obstante, sus hermanos, quienes participaron activamente en los hechos que rodean la desaparición de Narly, no han sido vinculados formalmente al proceso judicial.
Según testimonios de habitantes del municipio de La Sierra, estos familiares presuntamente saben dónde se encuentra Narly y han llegado a vanagloriarse con expresiones de que “jamás será encontrada”. Además, los allegados de Narly han denunciado hostigamientos y amenazas por parte de estos individuos, cuyo propósito sería apropiarse de los bienes que dejó el militar asesinado. Esto mantiene en constante zozobra a la familia de Narly y a su hija, quienes han tenido que enfrentar no solo la ausencia de la madre, sino también un acoso permanente que pone en riesgo su integridad y su seguridad.

Omisiones estatales y la ineficacia de las medidas cautelares de la CIDH

El 22 de abril de 2020, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares a favor de Narly y de su hija, al considerar la situación de extrema gravedad y urgir al Estado colombiano a tomar acciones inmediatas para dar con su paradero. Sin embargo, a la fecha, estas medidas no han surtido el efecto esperado:
• El Estado no ha cumplido con su obligación de ubicar a Narly.
• La protección de la menor se ha visto gravemente vulnerada, pues continúan los hostigamientos por parte de las personas implicadas en la desaparición.

Denuncias de violencia previa y fallas en la investigación

El caso de Narly no surgió de manera aislada. El 16 de diciembre de 2019, ella denunció a Ever Yobany por agresiones físicas y psicológicas. A pesar de exponer ante la Fiscalía General de la Nación los maltratos que sufrió durante su convivencia, no se le otorgó ninguna medida de protección. Esa inacción permitió que, con el paso de las semanas, se consumara su desaparición forzada.
Tras los hechos, los familiares realizaron labores de búsqueda: recabaron testimonios, inspeccionaron posibles lugares donde pudo haber estado Narly y consiguieron pruebas como audios, prendas de vestir, mensajes y números telefónicos. Aun así, la Fiscalía Séptima especializada, a cargo de la fiscal Martha Liliana Cerón, demoró en realizar diligencias clave, como la entrevista en cámara Gessel a la menor, la toma de declaraciones a testigos o la inspección de la camioneta alquilada el 27 de enero de 2020. Incluso se negó a recibir prendas halladas por la familia en la zona donde supuestamente desapareció Narly.
En lugar de informarles sobre los avances —respetando la reserva del sumario—, los investigadores han manifestado sentirse “estresados” por la insistencia de quienes solo buscan justicia. El panorama de impunidad se agrava con la reciente muerte de Ever Yobany y la nula vinculación de sus familiares a la investigación, pese a los múltiples indicios que los relacionan con los hechos.

La desescolarización de la hija de Narly

A todo lo anterior se suma la afectación directa a la menor, quien ya vive la tragedia de no saber qué pasó con su madre. Los familiares de Narly han denunciado que la menor fue desescolarizada por parte de la Secretaría de Educación de Popayán y solo mediante una acción de tutela lograron su reintegro a una institución educativa.
No obstante, la niña también ha sido víctima de acoso por parte de la docente responsable, quien la señala insistentemente por manifestar síntomas de déficit de atención. Estas situaciones incrementan la vulnerabilidad de la menor y profundizan el trauma generado por la desaparición de su madre.

¿Qué ocurrió el 27 de enero de 2020?

Ese día, Narly Gómez Jiménez fue vista por última vez en compañía de su excompañero sentimental y padre de su hija, Ever Yobany Muñoz Imbachi, soldado profesional adscrito al Grupo de Caballería Liviano Meteoro. Según las averiguaciones familiares, Narly, Ever Yobany y su hija se trasladaron a una zona rural de Popayán para supuestamente revisar unos lotes. Sin embargo, la menor manifestó que su padre se fue con su madre, la dejó encerrada y más tarde regresó solo, con los brazos manchados de sangre.
Testigos de la zona declararon haber visto a la pareja discutiendo y bajando en dirección a un río, para luego observar al militar de regreso, sin camisa, mojado y visiblemente alterado. Posteriormente, Ever Yobany alquiló una camioneta y se dirigió al corregimiento de Guachicono (municipio de La Vega) junto con su hermana Ruby Muñoz, con la aparente intención de dejar a la niña con familiares que no contaban con la autorización de Narly. Finalmente, la menor fue entregada a los parientes de la víctima.
Ese mismo 27 de enero se denunció la desaparición forzada ante la URI de la Fiscalía de Popayán, asignándose la investigación a la Fiscalía Séptima especializada con número de radicación 190016000601202000871.

La impunidad continúa

Resulta alarmante que, pese a los múltiples indicios que señalaban a Ever Yobany Muñoz Imbachi como principal implicado en la desaparición forzada de Narly Gómez Jiménez, la Fiscalía General de la Nación no haya avanzado en diligencias contundentes antes de la muerte de este. Igualmente, sus hermanos —testigos clave y posibles cómplices— no han sido llamados a responder. El Ejército Nacional, en particular la brigada a la que pertenecía Ever Yobany, tampoco ha contribuido a esclarecer los hechos ni a brindar información que facilite encontrar a Narly.

Exigimos respuestas: ¿Dónde está Narly?

El Estado colombiano está obligado a buscar a los desaparecidos, proteger a las víctimas y sancionar a los responsables. Hasta la fecha, no se ha cumplido con esos deberes en el caso de Narly Gómez Jiménez.
Las organizaciones sociales, los familiares y amigos de Narly seguiremos exigiendo su reaparición con vida. Continuaremos señalando a los presuntos responsables y a las entidades estatales que, por acción u omisión, han contribuido a perpetuar la impunidad.

Hoy, 27 de enero de 2025, reclamamos al Estado colombiano, a la Fiscalía General de la Nación y en especial a la fiscal especializada Martha Liliana Cerón que procedan con celeridad y transparencia. Que se explique a la familia de Narly —y a la sociedad civil— por qué a lo largo de estos cinco años no se han adelantado acciones efectivas que conduzcan a su paradero, garanticen justicia y protejan a su hija.

¡Seguiremos buscando a Narly hasta encontrarla!

 

La Escombrera: Crimen de Estado y la Lucha por la Verdad

El hallazgo reciente de restos humanos en La Escombrera, un sector de la Comuna 13 de Medellín, reaviva el debate sobre las desapariciones forzadas y la responsabilidad del Estado colombiano en estos crímenes de lesa humanidad. Según la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), los restos pertenecen a al menos cuatro personas, todas ejecutadas con tiros de gracia entre 2002 y 2003, un período marcado por operaciones militares como la controvertida Operación Orión.

La JEP ha enfatizado que insinuar que las familias de las víctimas enterraron a sus seres queridos en este lugar es una postura que minimiza el sufrimiento y la lucha incansable por la verdad que estas han llevado a cabo durante décadas. Desde que en 2001 surgieron las primeras denuncias sobre el uso de La Escombrera como fosa común, el Estado ha demostrado una alarmante negligencia al ignorar estas alertas, lo que ha prolongado la impunidad de los responsables.

En los últimos meses, tras remover más de 37.000 metros cúbicos de tierra y escombros, se logró exponer una pequeña porción de la verdad oculta en este lugar. La investigación confirma que dos de las víctimas fueron asesinadas y enterradas en el mismo sitio, lo que evidencia el uso de La Escombrera como lugar de ejecución y encubrimiento. A pesar de estas revelaciones, se estima que más de 500 personas desaparecieron durante este período, aunque el número real podría ser mayor debido al miedo de muchas familias a denunciar.

La JEP ha llamado a los familiares de víctimas a aportar muestras de ADN para agilizar la identificación de los restos. Hasta ahora, los avances forenses han permitido preservar estructuras óseas hasta en un 85%, lo que podría facilitar la identificación y entregar respuestas a las familias que han vivido en incertidumbre durante décadas.

Este caso también pone en cuestión el rol del Estado, no solo como garante de derechos, sino como responsable directo por su participación o connivencia en estas violaciones masivas. La Operación Orión, llevada a cabo con el argumento de combatir a grupos armados ilegales, se tradujo en desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, hechos que el aparato estatal no puede evadir ni ignorar.

El caso de La Escombrera subraya la necesidad de una justicia transicional eficaz y una reparación integral para las víctimas. Solo a través de un compromiso genuino con la verdad y la justicia será posible cerrar las heridas abiertas por estas graves violaciones a los derechos humanos.

#DesaparicionesForzadas #JusticiaTransicional #ResponsabilidadDelEstado #VerdadYReparación #LaEscombrera

 

«La compasión debe prevalecer sobre el miedo»: El llamado de la obispa Budde frente al autoritarismo de Trump

Imagen tomada de la red

Durante un sermón histórico en la Catedral Nacional de Washington, la obispa episcopal Mariann Edgar Budde lanzó un contundente mensaje al presidente Donald Trump y a su administración: «La compasión debe prevalecer sobre el miedo». Haciendo referencia al impacto devastador de las políticas de su gobierno sobre comunidades vulnerables, Budde destacó el sufrimiento de los inmigrantes indocumentados y los niños LGBTQ+, quienes enfrentan un clima de hostilidad que amenaza sus derechos fundamentales. «Los inmigrantes no son delincuentes; son constructores de este país», afirmó, provocando incomodidad entre la élite presente, incluida la administración de Trump.

Este llamado es una denuncia no solo moral, sino también de los peligros de un gobierno cuyas políticas se han caracterizado por un autoritarismo que pone en riesgo la vulneración de los derechos fundamentales y humanos en el planeta, la estabilidad democrática de los países de la región y la soberanía de los pueblos del mundo.

Desde su primer mandato y reforzado en su regreso al poder, Trump ha intensificado la persecución de migrantes, en especial de comunidades latinas. Con la implementación de operaciones masivas de deportación y la militarización de la frontera sur, su gobierno ha convertido a estas personas en chivos expiatorios. Familias han sido separadas, niños encerrados en centros de detención y comunidades enteras han vivido bajo el temor constante de redadas. Esta estrategia, más que abordar problemas estructurales, ha profundizado la xenofobia y socavado los principios de derechos humanos.

En una de las acciones más polémicas de su mandato, Trump ha ordenado la invasión de Panamá bajo el pretexto de combatir el narcotráfico, lo que resultaría, Dios no lo quiera, en una ocupación que viola la soberanía del país centroamericano y desataría protestas internacionales. De manera similar, su intento por adquirir Groenlandia de Dinamarca escalaría en un conflicto diplomático que culminaría en una operación militar para establecer presencia estratégica en el Ártico, una zona vital para el equilibrio climático global.

La insistencia de Trump en «recuperar el Golfo de México» como un territorio de control estadounidense representa una amenaza directa a la soberanía de México y otros países de la región. Mediante sanciones económicas y bloqueos comerciales, su administración busca apropiarse de recursos naturales estratégicos bajo la justificación de «seguridad energética», perpetuando una historia de intervenciones imperialistas en América Latina.

Las políticas ambientales de Trump son un ataque frontal contra la lucha global por la sostenibilidad. Su retiro del Acuerdo de París y la eliminación de regulaciones ambientales están acelerando la explotación indiscriminada de recursos naturales, desde la apertura de reservas naturales a la minería hasta la expansión del fracking en áreas protegidas. El impacto de estas decisiones no solo afecta a Estados Unidos, sino que agrava la crisis climática a nivel mundial, amenazando a las generaciones futuras.

El mensaje de la obispa Budde no es solo un acto de valentía, sino un llamado a la resistencia frente a un liderazgo que atenta contra los derechos humanos, la soberanía de los pueblos y la integridad del planeta. La administración Trump representa una oscura etapa para la civilización que requiere no solo la denuncia, sino también la acción colectiva para preservar los principios democráticos y proteger a los más vulnerables.

La pregunta sigue siendo: ¿Responderán los pueblos del mundo con la fuerza necesaria para detener este avance autoritario? La historia no perdonará la indiferencia.

#DerechosHumanosYa
#ResistenciaAlAutoritarismo
#SoberaníaDeLosPueblos
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Restauración de los Murales de la Memoria en Solidaridad con las Madres Buscadoras y en Denuncia contra las Violaciones de Derechos Humanos

El pasado domingo 19 de enero, el movimiento social y de derechos humanos, artistas populares y la ciudadanía de Popayán se reunieron en el sector del Tablazo para la creación de un mural en solidaridad con las Madres Buscadoras de la Comuna 13 de Medellín. Estas valientes mujeres, víctimas de negacionismo estatal, continúan luchando incansablemente por encontrar a sus seres queridos desaparecidos durante la Operación Orión.

El evento contó con la participación de aproximadamente 100 personas, quienes plasmaron en un mural de 500 metros de largo en la carretera Panamericana de Popayán, frases como «Las cuchas tienen razón» y «Uribe dio la orden», en alusión a los 6.402 casos de falsos positivos ocurridos durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Asimismo, el Movimiento Nacional de Madres y Mujeres por la Paz pintó un mural en denuncia de la desaparición forzada de 589 niños, niñas y adolescentes en el Cauca tras la firma del Acuerdo de Paz. Este llamado exigió su liberación inmediata y la erradicación del reclutamiento forzado en la región.

Sin embargo, el día de hoy, 21 de enero, los murales fueron vandalizados. Manchas negras cubrieron gran parte de las obras, especialmente aquellas que incluían el rostro y nombre de Álvaro Uribe Vélez, lo que sugiere que los responsables son afines al uribismo. Este acto de censura ocurre cerca de terrenos pertenecientes a la senadora uribista Paloma Valencia, lo que genera aún más interrogantes sobre los intereses detrás de estos hechos.

Lejos de desanimarse, el movimiento social ha convocado a una jornada de restauración de los murales de la memoria en la Loma del Tablazo, programada para la tarde de hoy. Este acto busca reafirmar el compromiso de la ciudadanía con la verdad, la justicia y la memoria de las víctimas de desaparición forzada y otras graves violaciones a los derechos humanos.

¡Invitamos a toda la comunidad a sumarse a esta jornada por la memoria y la dignidad!

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Catatumbo: Entre el narcotráfico y la violencia, el absurdo de una guerra revolucionaria financiada por cocaína

Créditos de la imagen: insightcrime.org/

La guerra a muerte entre las organizaciones criminales por guerrilleras en el Catatumbo evidencia la historia de una región controlada militarmente por grupos armados, tanto legales como ilegales, con fines de narcotráfico. Desde 1931, cuando la Gulf Oil Company inició la explotación petrolera, el Catatumbo ha estado marcado por la violencia, la resistencia indígena Barí, y la colonización impulsada por intereses económicos.

A partir de los años ochenta, el territorio se convirtió en escenario de confrontación entre guerrillas como el ELN, EPL y FARC-EP. La llegada de las AUC en 1999, con apoyo del Ejército, desató un aumento drástico en los homicidios y consolidó un corredor estratégico para el narcotráfico. En 2002, Carlos Castaño afirmó que el 70% de los ingresos paramilitares provenían del Catatumbo, mientras la población sufría necesidades básicas insatisfechas, precaria educación y ausencia de servicios esenciales.

La crisis económica, junto con la disminución de la actividad petrolera y la limitada presencia estatal, impulsó la expansión de cultivos ilícitos como la coca, especialmente en municipios como Tibú y El Tarra.

El paro campesino de 2013 marcó un punto de inflexión en la región, con miles de campesinos organizados a través de la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), quienes exigieron al Gobierno mejores condiciones de vida, acceso a servicios básicos y el cese de la erradicación forzada de cultivos de coca. Tras semanas de movilizaciones y enfrentamientos, se alcanzaron acuerdos sustanciales como la suspensión de fumigaciones aéreas, el cese de la erradicación manual y el compromiso de implementar programas alternativos para los campesinos.

Sin embargo, el cumplimiento de estos acuerdos ha sido limitado. Aunque la producción de coca se disparó, alcanzando más de 11,000 hectáreas en 2015, los compromisos estatales en infraestructura, educación, y desarrollo rural quedaron rezagados. Esto perpetuó la dependencia de los cultivos ilícitos como única fuente de sustento para muchos campesinos, que imposibilita la transformación de las condiciones estructurales que han perpetuado la crisis en el Catatumbo.

Las comunidades del Catatumbo siguen sufriendo debido a la violencia alimentada por el narcotráfico. Grupos armados ilegales controlan el territorio y luchan por las rutas del narcotráfico, afectando a campesinos, indígenas y urbanos. A la pobreza histórica se suman el desplazamiento, homicidios selectivos y reclutamiento de menores, mientras el Estado permanece ausente en áreas clave como salud, educación y desarrollo rural. Ejemplo de esto es la guerra a muerte que se libra desde el 12 de enero de 2025 entre las organizaciones el ELN y la estructura 33 de las disidencias de las FARC en el norte de Santander y que tiene su origen en la pérdida de un cargamento de cocaína en noviembre de 2024, según informes de inteligencia militar.

Estos informes, elaborados por oficiales de inteligencia militar, detallan el enfrentamiento entre los guerrilleros del ELN y la estructura 33 de las disidencias de las FARC en el Catatumbo. Según los reportes, alias «Richard», jefe de finanzas de la disidencia 33, acordó una alianza con el ELN sin consultar a sus comandantes superiores. Esta alianza buscaba evitar interferencias mutuas en áreas de control, rutas y contactos relacionados con el narcotráfico.

La pérdida de un cargamento de cocaína generó desconfianza entre las dos organizaciones criminales. El 12 de enero de 2025, fue asesinado alias «Catre», jefe del frente Juan Fernando Porras del ELN. Tres días después, el 15 de enero, la familia López fue masacrada en la misma región. En las investigaciones, un informe de inteligencia militar reveló que el trabajo de Miguel Ángel López en una funeraria lo puso en conflicto con los grupos armados ilegales. López recibía amenazas por su labor de recoger y enterrar a víctimas de ambos bandos. Al día siguiente, el 16 de enero, se reportaron siete enfrentamientos armados en el Catatumbo.

Alias «Richard», señalado como responsable de la nueva confrontación, cuenta con aproximadamente 290 hombres armados, aunque solo 40 de ellos estarían combatiendo directamente contra el Frente de Guerra Nororiental del ELN, que dispone de 15 estructuras y 2,380 hombres en el norte de Santander. De este total, 1,900 estarían involucrados en los enfrentamientos con las disidencias. Este conflicto ha dejado más de 80 personas asesinadas.

A través de inteligencia militar, se ha identificado que alias «Richard» estaría solicitando apoyo a otras estructuras disidentes de las antiguas FARC en Arauca y Cesar.

Esta guerra entre grupos ilegales deja un saldo de aproximadamente 80 personas asesinadas en los municipios de Convención, Ábrego, Teorama, El Tarra, Hacarí y Tibú. Entre las víctimas se encuentran 7 firmantes de paz y el líder social Carmelo Guerrero, de la Asociación por la Unidad Campesina del Catatumbo (ASUNCAT). A estas cifras se suman los confinamientos en los mismos municipios. Algunas personas han sido rescatadas, mientras que otras han salido en caravanas terrestres, motorizadas o fluviales. Muchas, incluyendo firmantes de paz, líderes sociales, niños y niñas, enfrentan riesgos especiales de secuestro o asesinato debido a señalamientos del ELN. Aunque algunos rescates han sido exitosos, muchas personas siguen refugiándose en las montañas sin haber sido rescatadas.

La Asociación de Comunidades y Caciques del Pueblo Yukpa reporta riesgos de desplazamiento en varias comunidades. Yukpa Tayaya, en San Pablo, Teorama, registra 126 personas desplazadas. En el Centro Piloto Karacha, en Tibú, 180 personas enfrentan la misma situación, de las cuales cinco se desplazaron hacia Venezuela. En las comunidades Ucha Petajpo y Manüracha, en Cúcuta, 325 personas se encuentran desplazadas, junto con cinco familias adicionales provenientes de otras comunidades. La comunidad indígena Barí Irocobingkayra se desplazó completamente al resguardo Catalaura, en La Gabarra, por alerta preventiva.

El desplazamiento masivo en la región es una preocupación creciente. En Cúcuta, muchas familias han llegado y se está realizando un censo en el Palacio Municipal. En Ocaña, un gran número de familias se encuentran albergadas en el coliseo. Tibú ha recibido a personas provenientes de áreas rurales, mientras que algunas familias de La Gabarra han partido por vía fluvial. En Ábrego, varias familias se han desplazado, especialmente en la vereda Hoyo Pilón. El Tarra está acogiendo a un grupo de personas en un albergue, y en la región del Zulia, en Venezuela, también se han registrado personas que cruzaron la frontera debido al desplazamiento forzado.

Tres firmantes de paz fueron secuestrados en Convención y Teorama. El pasado jueves, 20 personas fueron secuestradas, 10 de ellas mujeres. De estas, 17 continúan retenidas. Además, 12 personas han sido secuestradas con fines extorsivos.

Las actividades económicas, educativas y de subsistencia están suspendidas en los municipios afectados. Se reporta escasez de alimentos, afectando incluso a las comunidades indígenas. Personas mayores, niños, niñas, adolescentes, mujeres gestantes y personas con discapacidad enfrentan graves consecuencias y necesitan protección especial y atención urgente.

Iris Marín, defensora del pueblo, advirtió sobre la magnitud de la crisis humanitaria en el Catatumbo, destacando que en solo cuatro días se han desplazado al menos 11,000 personas. Hasta las 6:30 de la tarde, se reportaron:

  • 2,178 núcleos familiares desplazados en Ocaña.
  • 5,065 personas albergadas en Cúcuta.
  • 2,500 personas confinadas en varios municipios.

La situación ha alcanzado niveles críticos, con comunidades enteras en riesgo de desplazamiento y una vulneración generalizada del principio de distinción. Las víctimas incluyen líderes sociales, firmantes del Acuerdo de Paz, y personas con especial protección constitucional, como niños, niñas, mujeres gestantes, personas con discapacidad e indígenas.

Mientras tanto, en los municipios de Convención, Ábrego, Teorama, El Tarra, Hacarí y Tibú, se multiplican los desplazamientos masivos, la destrucción de medios de vida y la violencia indiscriminada. Las comunidades indígenas Yukpa y Barí reportan desarraigos forzados, mientras líderes sociales y firmantes de paz enfrentan persecuciones y asesinatos.

En medio de esta tragedia, surgen preguntas que nadie parece querer responder: ¿cómo es posible que grupos que se proclaman defensores del pueblo terminen matándose entre ellos por el control de rutas de narcotráfico? Al final, la realidad parece absurda: una «guerra revolucionaria» financiada con cocaína, donde los «libertadores» terminan enfrentándose como empresarios rivales en una disputa comercial, mientras el pueblo al que dicen representar sigue muriendo de hambre, de miedo y de olvido.

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Las Madres del Catatumbo por la Paz se pronuncian ante la grave crisis humanitaria en la región

En este sentido comunicado, las Madres del Catatumbo por la Paz alzan su voz desde una región azotada por la violencia en estos momentos. Con el sentido de pertenencia y la legitimidad de quienes han perdido tanto, hacen un llamado urgente al cese de la guerra, al diálogo y a la intervención por la vida y la dignidad de sus comunidades.

aquí reproducimos el comunicado de manera textual e íntegra:

Tibú, 16 de enero de 2025

Comunicado de las Madres del Catatumbo por la Paz

A las guerrillas del ELN y Estado Mayor Central de las FARC-EP

Nos dirigimos a ustedes, no como enemigos, sino como madres. Nosotras, que hemos dado vida, que hemos cuidado, que hemos llorado en silencio tantas pérdidas en esta tierra herida por la violencia, les pedimos desde el corazón que detengan la guerra.

Hoy el Catatumbo está nuevamente manchado de sangre. Las balas que intercambian no solo hieren a quienes empuñan las armas, sino que desgarran los sueños de nuestras comunidades, rompen familias y siembran terror en el corazón de nuestras niñas y niños. ¿Cuántos muertos más necesita esta guerra para que entiendan que todos perdemos?

Hoy, nuestras casas están llenas de silencio, pero no es el silencio de la tranquilidad. Es el de un miedo profundo que obliga a las familias a resguardarse tras sus puertas, mientras los cadáveres permanecen en el monte, esperando que alguien les devuelva su dignidad. Les pedimos, con el amor y la desesperación de madres, que pongan fin a esta guerra absurda. El camino es el diálogo, no las balas. Ustedes tienen el poder de decidir si esta región sigue siendo un campo de muerte o un territorio de esperanza.

Al Gobierno Nacional, encabezado por el presidente Gustavo Petro, le pedimos que intervenga de manera inmediata. Es su responsabilidad proteger a las comunidades que han creído en la paz y que hoy son las principales víctimas de esta confrontación. No podemos permitir que el fuego consuma a nuestra gente mientras esperamos soluciones desde la distancia.

Hacemos un llamado a los organismos internacionales y defensores de derechos humanos para que no nos dejen solas. Que miren al Catatumbo, que escuchen nuestras voces y que acompañen este clamor desesperado por la vida.

Desde esta tierra que ha sufrido tanto, seguimos soñando con la paz. No porque sea fácil, sino porque es lo único que nos queda.

Con el corazón en la mano, Madres del Catatumbo por la Paz

¡NO PARIMOS HIJAS E HIJOS PARA LA GUERRA!

JUNTA DIRECTIVA ASOCIACIÓN DE MADRES DEL CATATUMBO POR LA PAZ

#PazParaElCatatumbo
#NoMásGuerra
#MadresPorLaPaz
#DiálogoYEsperanza
#VidaDigna

Miller Ojeda: el legado de un líder social asesinado en Las Gardenias

Un hombre que transformó vidas en un barrio marcado por la violencia y que hoy llora su pérdida. Los habitantes del bloque 11 de la urbanización Las Gardenias, al suroccidente de Barranquilla, están conmocionados por el asesinato de Miller Ojeda Muñoz, un líder social que dedicó su vida a transformar su comunidad. El crimen ocurrió la noche del viernes 17 de enero de 2025, cuando hombres armados lo atacaron en una esquina del conjunto residencial que administraba. Junto a su cuerpo, dejaron un letrero que decía: “Por sapo”.

Para los vecinos, ese calificativo es incomprensible. Desde que llegó al barrio, Miller trabajó incansablemente por mejorar la calidad de vida en Las Gardenias. Su labor se enfocó en alejar a los jóvenes de los caminos de la violencia y brindarles nuevas oportunidades. Con el apoyo de la Alcaldía Distrital, ayudó a muchos a regresar a las aulas, alistarse en el Ejército o emprender sus propios negocios.

“El barrio era invivible antes de que él llegara. Miller orientó a nuestros jóvenes, no porque fueran malos, sino porque necesitaban una guía. Hoy, muchos han cambiado gracias a su ejemplo”, expresó una vecina. Además, Miller fomentó actividades comunitarias, talleres y reuniones para fortalecer la convivencia en el bloque 11.

Administrador de propiedad horizontal con varias especializaciones, Miller fue un referente en la organización y la paz del sector. Su compromiso, sin embargo, también le generó enemigos: aquellos que se benefician del caos en Las Gardenias. “Lo asesinaron los que prefieren la muerte sobre la reconciliación”, denunció en redes Yul Fuenmayor Ripoll, amigo del líder social.

La Policía Metropolitana y Medicina Legal ya investigan el caso, que ha dejado en duelo a toda la comunidad. Este crimen no solo ha generado indignación, sino también una movilización colectiva que exige justicia. Los vecinos se han unido para exigir que este asesinato no quede en la impunidad y que el ejemplo de Miller sea recordado como un llamado a la paz y la esperanza en medio de la adversidad.

En medio del dolor, Las Gardenias se compromete a continuar el trabajo de Miller, demostrando que su legado vivirá en cada joven que decida tomar un camino diferente y en cada iniciativa comunitaria que busque un futuro mejor.

#JusticiaParaMiller #LíderSocial #NoMásImpunidad #LasGardeniasUnidas #ReconciliaciónYa

 

El Catatumbo en crisis: el ELN intensifica ataques contra firmantes de paz

ELN intensifica ataques contra firmantes de paz en el Catatumbo: dos excombatientes asesinados

La región del Catatumbo, en Norte de Santander, vive una escalada de violencia desatada por el conflicto entre el ELN y las disidencias de las Farc. Desde el 16 de enero, los enfrentamientos han dejado víctimas entre la población civil, incluyendo exguerrilleros que firmaron el Acuerdo de Paz con el gobierno de Juan Manuel Santos.

En videos difundidos en redes sociales, se observa a guerrilleros del ELN recorriendo casa por casa en el corregimiento de San Pablo, municipio de Teorama, buscando a firmantes del acuerdo. Horas después, los cuerpos de Albeiro Díaz Franco y Yurgen Martínez Delgado fueron hallados sin vida. Ambos habían decidido dejar las armas y acogerse al proceso de paz.

Adicionalmente, otros dos firmantes fueron asesinados en los municipios de El Tarra y Convención, aunque no se han revelado sus identidades. Testimonios no confirmados indican que más personas en la misma condición podrían haber sido retenidas por el ELN.

El gobernador de Norte de Santander, William Villamizar, informó que los enfrentamientos han causado al menos 23 muertos oficialmente, mientras reportes extraoficiales elevan la cifra a 34 fallecidos y 20 heridos. Villamizar destacó que la situación habría podido prevenirse, pues las autoridades locales ya habían advertido sobre el riesgo de una escalada violenta desde diciembre.

El conflicto ha provocado desplazamientos masivos, cierre de escuelas y paralización del comercio. Las instituciones educativas evalúan modelos virtuales para garantizar la seguridad de estudiantes y docentes, mientras se han habilitado iglesias y colegios como refugios temporales. La región también enfrenta una alerta amarilla en el sistema de salud para atender a las víctimas.

Villamizar lamentó que los avances en la paz logrados durante los últimos meses se hayan desmoronado tras la suspensión de las negociaciones con el ELN en diciembre. «Mientras existían mesas de diálogo, algunos municipios llegaron a estar hasta nueve meses sin homicidios. Hoy enfrentamos una situación devastadora», afirmó.

En medio del caos, circulan comunicados supuestamente emitidos por el ELN, que acusan al comandante disidente alias Richard de ser un «paramilitar» y exigen su entrega. Sin embargo, Villamizar advirtió que estos mensajes deben ser verificados antes de ser considerados oficiales.

#CatatumboEnCrisis #FirmantesDePaz #ELN #DerechosHumanos #ConflictoArmado

 

Caso Sara Michel Vargas: capturan a su primo como presunto responsable de desaparición

En un avance clave en la investigación sobre la desaparición de Sara Michel Vargas Vega, de 11 años, las autoridades capturaron en Sogamoso, Boyacá, a Juan Carlos Rodríguez Vargas, primo de la menor. Según la Fiscalía General de la Nación, Rodríguez es el principal sospechoso del delito de desaparición forzada.

El caso, que conmociona a la región, comenzó el pasado 24 de diciembre, cuando Sara Michel desapareció tras salir de su hogar en la vereda Vanegas, luego de una discusión familiar. Desde entonces, la Fiscalía activó el Mecanismo de Búsqueda Urgente (MBU) y otros protocolos de búsqueda, sin resultados inmediatos. Posteriormente, el 29 de diciembre, inició una investigación penal formal bajo la hipótesis de desaparición forzada.

Un hecho inquietante es que el detenido participó en manifestaciones organizadas por la familia para exigir celeridad en la búsqueda de la niña, lo que ha generado desconcierto en la comunidad. Mientras tanto, el hallazgo de restos humanos el 12 de enero en el sector El Espino, zona rural de Sogamoso, mantiene en vilo a la familia. Aunque se identificaron prendas y calzado que podrían pertenecer a Sara Michel, Medicina Legal aún no confirma la identidad del cuerpo.

La Alcaldía de Sogamoso aseguró que las investigaciones están avanzando, y que se espera un pronto esclarecimiento de los hechos. La confirmación de la identidad de los restos será crucial para la investigación, mientras el proceso judicial contra Rodríguez Vargas sigue su curso.

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